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historia del arte

El gótico en los trópicos

Estudio pionero en Brasil analiza la obra del xilógrafo alemán Albrecht Dürer que se encuentra guardada en Río de Janeiro

BIBLIOTECA NACIONAL Ángel con la Llave del Abismo pertenece a la serie Apocalipsis, el primer libro de Dürer, hecho cuando el artista tenía 25 años.BIBLIOTECA NACIONAL

¿Quien dice que las revistas adormecidas en los consultorios odontológicos no tienen otra utilidad a no ser la de entretener al próximo paciente? La historiadora del arte Sandra Daige Antunes Hitner esgrime buenos argumentos como para dar por tierra con tal teoría. Fue precisamente al hojear uno de esos ejemplares, que un amigo suyo halló un reportaje referente a unos grabados desconocidos de Dürer (1471-1528) presentes en el patrimonio de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro, y comentó el hecho con ella.

Recorrer la obra de este artista con influencias renacentistas que modificó la estética alemana era una misión a la medida de esta investigadora, enamorada de los nórdicos medievales. Nacía así su proyecto de doctorado, desarrollado en la Escuela de Comunicación y Artes (ECA) de la Universidad de São Paulo (USP) y financiado por la FAPESP. Dicho proyecto consistía en constatar la autenticidad y la antigüedad de la obra de este artista alemán, la mayor víctima de plagios de la historia de las artes, y el grabador de xilografías más codiciado del mundo.

En su maestría, Sandra había sido la primera investigadora de Brasil en investigar un patrimonio artístico con métodos de laboratorio utilizados por los restauradores, tales como los rayos X, infrarrojo y ultravioleta, la luz tangencial y el análisis químico de la pintura y la madera. Para tener una idea acerca de la importancia de su investigación, solamente obras que han pasado por pericias de esa índole pueden figurar en los catálogos internacionales, puesto que disponen de un dictamen que lo comprueba. En su maestría, Sandra había realizado este trabajo con la obra del primitivo flamenco Hieronymus Bosch, del Museo de Arte de São Paulo (Masp).

Cuando escogió a Dürer, la investigadora pensó que estaba frente a una empresa fácil. Las grandes dificultades ya habían sido vencidas con la investigación sobre Bosch, en la cual todo era novedad -Sandra realizó pasantías en Bruselas, Bélgica, para aprender a analizar los resultados surgidos del uso de esos métodos para probar la autenticidad de las obras. Tamaña fue entonces su sorpresa cuando se deparó con el patrimonio carioca, proveniente de la Real Biblioteca portuguesa. Ese acervo llevaba décadas siendo víctima de la ignorancia de sus guardianes.

De acuerdo con un informe que aparece en la tesis de la investigadora, cuyo autor fue José Zephirino Brum, director de la Biblioteca Nacional de Río en 1876, las obras de Dürer estaban en pésimo estado, depositadas en cajoneras, carcomidas por los insectos, en un ambiente no climatizado y desgastadas por el aire marino. “Imaginé que fuese a encontrar solamente cosas importantes, al fin y al cabo, era el acervo del rey”, comenta Sandra. Pero, definitivamente, no fue eso lo que aconteció. Entre las xilografías analizadas, hay muchos de escasa calidad artística.

Sandra Hitner encontró en la biblioteca 167 piezas de Dürer, todas mezcladas -xilograbados (estampas de papel provenientes de matrices esculpidas en madera), y grabados al buril y al aguafuerte (matrices de metal). Su primer trabajo consistió separar unos de otros. Finalizada esa etapa, la investigadora se detuvo en las 91 xilografías que halló. Para iniciar la investigación de autenticidad, era necesario estudiar el material -en el caso del xilograbado, el papel. Pero ella no sabía trabajar con este material, pues todo su conocimiento se basaba en la pericia de pinturas en madera.

Para familiarizarse con el material, la historiadora tomó contacto con el archivo de estampas de Dürer de la Colección Eugène Dutuit, existente en el Musée Petit Palais, en París. Luego continuó sus estudios en Nuremberg y Berlín, Alemania, y en Viena, Austria, en el Museo Albertina, espacios que albergan las más importantes colecciones de Dürer en el mundo. “Casi me desmayo cuando comparé lo que vi afuera con la colección que estaba en Brasil”, narra Sandra. Según la investigadora, hasta el color del papel era completamente distinto, ya que la calidad del material medieval también varía.

La característica más importante para la definición de esa calidad, además del color, eran los dibujos de las marcas de agua, pues de acuerdo con el dibujo que el papel porta puede definirse la edad y el sitio en donde fue fabricado. Observando los diversos dictámenes de los principales archivos, Sandra pudo constatar que la colección brasileña no era tan especial como suponía. Los xilograbados son estampas retiradas de una matriz de madera, y solamente pueden considerarse auténticas cuando son estampadas por el maestro. En cambio, su originalidad no es identificada con el autógrafo.

El análisis de una xilografía es un trabajo harto complicado, debido a los defectos en las impresiones. Cuanto más antigua es la matriz, más descaracterizado queda el dibujo. Las piezas presentan lagunas, aparecen gastadas, deterioradas o alteradas por la acción del tiempo y por el calor y la humedad de la intemperie. Las matrices de madera son atacadas por los gorgojos, que dejan vestigios sobre la superficie en forma de caminos u orificios, y en las impresiones, estos insectos se denuncian por los círculos blancos o las marcas ovales. Las restauraciones efectuadas en el transcurso de los siglos destruyen indicios importantes de autenticidad. Cuanto más remiendos hay, mayor es la descaracterización del dibujo, lo que acaba por opacar la belleza de la xilografía, que reside precisamente en sus rasgos continuos y claros. Cuanto más “joven” parece, la impresión va quedando más interrumpida y borrosa. Existen piezas de Albrecht Dürer retiradas de la matriz original desde el siglo XVI hasta el siglo XIX.

Una vez dominada la técnica de reconocimiento del papel medieval, Sandra inició el trabajo con otros métodos de laboratorio. Incidió luz rasante o tangencial para analizar la constancia de las capas de pintura. Los colocó bajo lentes microscópicas y luz ultravioleta, para observar las restauraciones y eventuales borrones restauradores. Fotografió con película infrarroja, para captar las marcas de agua y las subyacentes, en caso de que existieran. De esta forma, pudo reunir un conjunto de datos, lo suficiente como organizar los dictámenes.

Apocalipsis
Las más conocidas xilografías de Dürer son las de las series cristianas: Apocalipsis, Gran Pasión y Vida de María. Detrás de cada uno de ellos había un texto escrito por un monje benedictino. Dürer hizo pocos grabados sueltos -que son raros-, como forma de prueba y para regalos. Pero todos contenían un manuscrito detrás. Ése fue otro motivo para descartar unos cuantos grabados del acervo real portugués. Muchos de ellos no contenían texto en el reverso.

Otra ausencia notoria eran las marcas de agua o filigrana -diversas estampas no las tenían. Para completar, cuando Sandra estaba en Berlín, investigando diccionarios, se dio cuenta de que muchas marcas de agua del patrimonio brasileño no se correspondían con las reconocidas en Alemania. Para estar segura de que las “brasileñas” eran amorfas, se dirigió al Archivo Superior Municipal de Stuttgart, el mayor centro aglutinante de filigranas de la actualidad. Allí estaba el fichero de Gehard Piccard, científico que desarrolló un minucioso trabajo con las marcas de agua de la escuela alemana medieval. Durante dos semanas, la investigadora analizó más de 8 mil fichas de marcas de agua posibles. Y en la comparación confirmó su desconfianza: el acervo de Río no se correspondía con ningún ejemplar del Centro Piccard.

De 1999 en adelante, Sandra viajó una vez por año en busca de material comparativo. Entre otros especialistas, estableció contacto con el profesor Matthias Mende, de Nuremberg, uno de los grandes conocedores de Dürer en todo el mundo, de quien recibió libros facsímiles con xilografías, material fundamental para dar continuidad a la investigación. En Berlín, en donde los grabados de Dürer están sueltos, la investigadora contó con la aquiescencia de los guardadores del museo para poder fotografiar lo que deseara, aun aquello que no fuera permitido. También pudo tocar las obras, para asimilar los pequeños detalles.

Finalizado el proyecto de investigación de la historiadora, 26 de las 91 xilografías del patrimonio brasileño obtuvieron el dictamen de originalidad. No obstante, es posible notar en algunos de éstos que, pese a hallarse dentro de los patrones de originalidad, es decir, habiendo sido retirados de la matriz original de Dürer, la estampa no es de buena calidad. “Con todo, tenemos en el acervo diversas otras estampas originales de calidad, algunas datadas con precisión”, dice Sandra. La historiadora incluyó en su tesis doctoral, separadas, estampas que no se mostraron claras al análisis, dispensando el dictamen. Éstas fueron catalogadas por respeto a su valor documental. Aquéllas que sorprendieron por la variación en los dibujos de las marcas de agua serán enviadas al Centro Piccard, en Stuttgart, para su catalogación.

Pero al final, resta una pregunta: ¿cómo un acervo real tiene en su colección ejemplares tan desiguales? Existe la posibilidad de que algunos grabados hayan sido cambiados tras la salida de la corte portuguesa de Brasil. O, quién sabe, quizá los embajadores del rey, encargados de escrutar preciosidades en Europa para la Corona, no entendiesen mucho de arte. Lo cierto es que en ese campo de la Historia todavía hay mucho por hacer en la Biblioteca Nacional.

El proyecto
Investigación Historiográfica de un Patrimonio Brasileño: Los Grabados de Albrecht Dürer – Acervo de la Biblioteca Nacional de Río de Janeiro (nº 99/02588-6); Modalidad Beca de doctorado; Director de Tesis João Evangelista B. R. da Silveira – Escuela de Comunicación y Artes de la USP; Becaria Sandra Daige Antunes Corrêa Hitner – Escuela de Comunicación y Artes de la USP

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