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Memoria

La vida en forma de sacacorchos

Hace 50 años, James Watson y Francis Crick develaban la estructura del ADN

Un artículo de apenas 980 palabras, publicado en la edición del 25 de abril de 1953 de Nature, y una pequeña nota en el periódico New Chronicle anunciaron oficialmente aquello que el físico inglés Francis Crick había difundido sin ningún cuidado dos meses antes. Luego de lograr armar un modelo en tres dimensiones del ácido desoxirribonucleico (ADN), junto al zoólogo estadounidense James Watson, Crick le contó la novedad a todos aquéllos que desearan escucharla en el pub The Eagle, de Cambridge, Inglaterra: “Descubrimos el secreto de la vida”. A decir verdad, Crick y Watson descubrieron la real estructura del ADN, algo fundamental para comprender cómo éste funciona. A simple vista, el éxito de ese dúo parecía improbable. Watson era un prodigio.

Empezó a cursar zoología a los 15 años en la Universidad de Chicago. A los 19 años ya se había recibido y a los 22 ya era doctor. Crick, aunque igualmente brillante, había desarrollado un trayectoria errática. En 1951, cuando Watson lo encontró en Cambridge, tenía 35 años, no había concluido su doctorado, postergado a causa de la Segunda Guerra Mundial, y ya había pasado por varias líneas de investigación, sin detenerse en ninguna de ellas. El azarlos reunió en el Laboratorio Cavendish, con ambos intrigados con los misterios del ADN. Maurice Wilkins y Rosalind Franklin, otros dos científicos del King’s College de Londres, también trabajaban en el tema.

Éstos produjeron películas fotográficas de una molécula de ADN que mostraban un patrón en cruz formado por la difracción de rayos X, y le cedieron un fotograma al dúo del Cavendish, en enero de 1953. Cálculos de Crick ya habían demostrado que la molécula de ADN tendría una forma helicoidal, similar a la de un sacacorchos, y la película corroboró dicha idea. Pero sucede que otros científicos también participaban de esa carrera para develar la estructura del ADN.

El que más se acercaba a la solución era Linus Pauling, que trabaja en Estados Unidos, pero estaba también Alexander Todd, químico de Cambridge, quien identificó las bases adenina (A), guanina (G), timina (T) y citosina (C). Erwin Chargaff, un norteamericano, había descubierto que la cantidad de A era igual a la de T, y la de G correspondía a la C en cualquier muestra de ADN.

Pero faltaba demostrar cómo éstas se ordenaban. Watson y Crick construyeron modelos en tres dimensiones, y el 28 de febrero de 1953, notaron que un par A-T, bases conectadas por puentes de hidrógeno, tenía la misma forma que un par G-C, y dichos pares de bases formarían el eje de una estructura con su soporte principal de azúcar y fosfato (del lado externo). Nueve años después, Watson, Crick y Wilkins ganaron el Nobel. Rosalind había muerto en 1958, antes del premio. Esa revelación desató una oleada de descubrimientos que atravesó la segunda mitad del siglo XX, y está aún lejos de haber terminado.

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