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Ciencia

Hubo un tiempo en que los pinos eran enanos

Fósiles de araucarias de 220 millones de años suministran un testimonio de la transformación de esa especie en árboles de gran porte

TANIA DUTRA / UNISINOSDurante más de dos centenas de millones de años, la tierra escondió y se encargó de preservar los vestigios de un ser rudimentario. Pero al final del año 2000, debido a un golpe de suerte, o quizás a su olfato de paleontólogo, investigadores del Museo de Ciencias Naturales de la Fundación Zoobotánica y del museo de la ciudad de Mata, en el estado de Río Grande do Sul, encontraron un afloramiento en la zona de Faxinal do Soturno, cerca de Santa María, en la región central del estado, en donde había un fragmento vegetal petrificado de forma circular, y de unos 5 centímetros de diámetro: una piña fosilizada.

Ese órgano, en el cual se producen las semillas de la especie, es exclusivo de las coníferas, uno de los más primeros grupos que ganaron porte arbóreo en el globo terráqueo. Con todo, y en un primer momento, esa muestra inicial no suscitó gran entusiasmo. Al fin y al cabo, los alrededores de Santa María, ciudad situada a unos 200 kilómetros de Porto Alegre, ya habían suministrado fósiles de animales aparentemente más instigadores, sobre todo de dinosaurios primitivos y premamíferos, que se encuentran entre los más antiguos representantes de esos grupos en el planeta. La piña petrificada de la vieja conífera, confrontada con los restos de esos animales, no parecía ser algo tan prometedor.

Pero a mediados del año pasado ese punto de vista empezó a cambiar. Una nueva expedición al sitio paleontológico, esta vez con gente de la Universidad del Valle do Río dos Sinos (Unisinos), rescató en el mismo nivel de sedimentos en el que había sido hallada la piña – una capa de 30 centímetros de espesor perteneciente a la Formación Caturrita, de edades cercanas a los 220 millones de años- otros remanentes de órganos de coníferas: ramas, retoños, hojas y troncos.

Hace algunos meses, cuando empezó a estudiar de manera más minuciosa ese conjunto de fósiles vegetales, la especialista en plantas fósiles Tânia Lindner Dutra, de la Unisinos, emplazada en la ciudad de São Leopoldo, empezó a percibir la importancia de los hallazgos. “Éstos constituyen el más preservado registro fósil de coníferas que ya se haya encontrado en Brasil en sedimentos tan antiguos”, afirma Tânia. “El hecho de encontrar piñas, troncos y ramas de ese grupo de árboles en un solo afloramiento es algo que difícilmente sucede”. Según la investigadora, los fragmentos de coníferas rescatados en la localidad ‘gaúcha’ reúnen características encontradas actualmente en algunos representantes de las modernas araucarias, pero ciertamente pertenecieron a especies ya extinguidas de esos árboles.

Formas conservadas
Los fósiles llamaron la atención, pero no por su avanzada edad geológica, estimada entre 220 y 209 millones de años, del final del período geológico conocido como Triásico, sino por otro rasgo: su estado de conservación es sorprendentemente bueno. Por obra del azar y de la naturaleza, los sedimentos de origen lacustre y fluvial de la capa geológica que albergaba estos fósiles vegetales mantuvieron con increíble nitidez los contornos y la forma de las coníferas.

De manera diferente a los que suele suceder con fósiles muy antiguos, que se aplanan, debido al peso de las capas geológicas que los aprisionan y los preservan, las partes de coníferas halladas en Faxinal do Soturno mantienen su tridimensionalidad. Algunos fragmentos, como las ramas, aparecen recubiertos externamente por compuestos de hierro, una peculiaridad que les da un aspecto inflado. Las hojas espiraladas de las coníferas fosilizadas de la Formación Caturrita son básicamente de dos tipos: cortas y cuadradas, o alargadas, en un formato que se asemeja al de una lanza. Pero esto no quiere decir necesariamente que la mismas hayan pertenecido a dos especies distintas de árboles, ya que los pinos, incluso hoy en día, pueden presentar patrones diferentes de follaje, de acuerdo con la edad de la rama o su estadio de crecimiento.

En Faxinal do Soturno no se halló ni una sola planta entera, con todos sus órganos unidos unos con otros. Por el momento, se hace imposible precisar cuántas coníferas formada el conjunto de fósiles vegetales extraídos de las rocas ‘gaúchas’, y ni siquiera si todos los órganos encontrados pertenecían al mismo tipo de individuo. “No hemos descubierto todavía un árbol completo, que presentara una conexión orgánica”, afirma la investigadora de la Unisinos. “Pero las partes de coníferas rescatadas probablemente pertenecían a plantas emparentadas, que vivían en una área muy cercana.”

Por el tamaño de sus leños, esos ejemplares de primitivas araucarias parecen haber sido más bien arbustos que árboles de gran porte. “Su altura era de unos 2 metros, los troncos tenían entre 15 y 20 centímetros de diámetro, y anatómicamente se parecen a unas formas primitivas de araucarias descubiertas en la India y en Argentina, que vivieron entre el final del período Permiano y el Triásico Superior (hace entre 260 y 200 millones de años)”, dice Tânia.

El ancho de las ramas oscila entre los 2 y los 5 centímetros, y la longitud llega a los 20 centímetros. Son dimensiones bastante modestas, si se las comparan con las de las modernas coníferas, entre las cuales se destacan las más elevadas y longevas plantas del planeta. Las gigantescas sequoias, por ejemplo, típicas del Hemisferio Norte, son los mayores árboles existentes sobre la faz de la Tierra: a veces superan los 100 metros de altura. La única especie de araucaria existente en Brasil, el popular pino brasileño o pino de Paraná (Araucaria angustifolia), puede llegar los 50 metros de altura, y su tronco puede llegar a medir hasta 2 metros de diámetro.

Pero existe una explicación para este notorio contraste de dimensiones entre las coníferas del siglo XXI y sus formas ancestrales. En un movimiento más o menos similar y contemporáneo al experimentado por los dinosaurios, que de diminutos reptiles, dieron origen a criaturas de porte aventajado, las coníferas, entre el final del Triásico y del Jurásico, hace cerca de 200 millones de años, también asumieron proporciones gigantescas. En un determinado momento de la Historia, dichas especies, por entonces vegetales de dimensiones discretas, empezaron a adquirir porte de árboles, impulsadas por los cambios climáticos que se estaban produciendo en el planeta.

“Esos fósiles de araucarias primitivas de Faxinal do Soturno deben ser representantes del último momento en el que los grupos de coníferas que tienen actualmente grande porte aún eran arbustivos”, comenta Tânia, que trabajó con un financiamiento de alrededor 15 mil reales otorgado por la Unisinos y el Conselho Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq).

Para corroborar esta hipótesis, la investigadora hace referencia a los restos petrificados de grandes troncos de coníferas, que desde 1931 han venido siendo encontrados en la región de Mata y en otras partes de Río Grande do Sul. Estos fósiles, también relacionados con la familia Araucariaceae moderna, ya poseían troncos de alrededor de 1 metro de diámetro. Fueron descubiertos en un nivel geológico del Triásico un poco más reciente que el del afloramiento de Faxinal, que suministró los restos de coníferas arbustivas.

“Las coníferas de Mata serían más antiguas que las de Faxinal”, estima la investigadora. “Es razonable creer que el aumento del tamaño de las coníferas en varias partes del globo se produjo durante un lapso de tiempo de alrededor de 17 millones de años”. Si ese cambio de tamaño entre las coníferas ocurrió efectivamente al final del Triásico, tal como llevan a creer las evidencias fósiles, Río Grande do Sul es el único estado de Brasil, hasta el momento, en el que se han encontrado los signos de esa transición.

Cerca del mar
Aunque existen registros fósiles que ubican el surgimiento de las primeras coníferas hace alrededor de 400 millones de años, ese grupo de plantas gimnospermas – caracterizadas por tener semillas descubiertas, es decir, sin estar protegidas por un fruto o una flor – recién empezó a tener importancia en la flora del planeta mucho más tarde, y coincidiendo con el desarrollo de los grandes dinosaurios. Es interesante recordar que, en ese punto de la historia de la Tierra, el mundo era muy diferente al que es la actualidad.

El clima era sumamente cálido y seco, y todos los continentes estaban unificados en una inmensa masa de tierra chamada Pangea, cuyo centro era prácticamente un gran desierto. Las coníferas existían cerca de los bordes de los continentes, en sitios sujetos a la influencia marítima, supuestamente más húmedos. Su auge en términos de vegetación arbórea coincidió prácticamente con el primado de los dinosaurios en la Tierra (hace 220 y 65 millones de años). Esa simultaneidad con el apogeo de las míticas criaturas explica en parte el gran interés por conocer la evolución de este grupo de árboles. “Algunos dinosaurios, como por ejemplo los brontosaurios, se alimentaban con las ramas de las coníferas”, dice Tânia.

En razón de la deriva progresiva de los continentes, sumada a una serie de alteraciones climáticas, y al surgimiento de las plantas con flores (angiospermas) – con diversas ventajas adaptativas -, las coníferas (y las gimnospermas) perdieron su primado en el planeta. En la actualidad, la presencia de este grupo de árboles – pinos, sequoias, cedros, cipreses y abetos – se restringe a áreas de clima más templado, generalmente en lugares de altas latitudes o altitudes. Las Araucariaceae, la familia de gimnospermas con la cual los órganos de las protoaraucarias fosilizadas de Faxinal do Soturno guardan alguna relación, se restringen al Hemisferio Sur y a tres diferentes géneros distintos: Wollemia, Agathis y Araucaria.

La araucaria, bastante visible en Brasil desde la última glaciación, que empezó hace 1,5 millones de años y terminó hace 10 mil años, ya ocupó un área cercana a los 200 mil kilómetros cuadrados. Hoy en día es encontrada en vastas áreas de clima templado y lluvioso, en los estados de Río Grande do Sul, Paraná y Santa Catarina, con manchas dispersas en el sudeste y el nordeste de São Paulo, sur de Minas Gerais, sudoeste de Río de Janeiro y el este de la provincia argentina de Misiones. Esas áreas, sumadas, no superan el 4% de la superficie ocupada original. El pino más antiguo de Brasil y aún vivo se encuentra en el municipio de Canela, en Río Grande do Sul. Tiene 48 metros de altura y una edad estimada de 700 años.

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