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Opinión

Una victoria del espíritu emprendedor

No todo fue fácil, pero el riesgo valió la pena

Uno de los principales radios de acción de la tecnología de alto valor agregado, que aproxima el sector académico al sector productivo en los países desarrollados, son los programas de innovación tecnológica. En Brasil, éstos han empezado a cobrar fuerza. Es el caso del Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE), por ejemplo, ideado por la FAPESP. La empresa Clorovale participó de este programa, concluyó las investigaciones, desarrolló e industrializó dispositivos en diamante sintético (diamante-CVD) y se convirtió en la primera industria del mundo en fabricar y vender puntas odontológicas hechas con ese material y acopladas a aparatos de ultrasonido, en reemplazo de las tradicionales de rotación.

Con ello se transforma en la primera empresa que paga royalties a la FAPESP, que financió las investigaciones y la patente. Para los investigadores, esto significa una victoria del espíritu emprendedor de un equipo que asumió el riesgo del error con una inmensa voluntad de acertar. Pero no fue fácil. Son inmensas las dificultades que un investigador-emprendedor afronta, no solamente para asegurar financieramente el proyecto, sino también para superar los obstáculos burocráticos que se interponen en el camino del emprendedorismo aliado a la alta tecnología. A ejemplo del equipo fundador de Clorovale, en gran parte proveniente del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe, sigla en portugués), la actividad emprendedora debe ir más allá de las actividades académicas.

Hoy en día, esta práctica no cuenta con facilidades que aseguren la continuidad del proyecto empresarial sin pérdida del vínculo con la institución precursora de la investigación. Por eso se hace necesaria la mejora o la creación de nuevas maneras de evaluar la razón costo-beneficio de la producción científica y tecnológica, incluido allí ese importante medio de conexión de este proceso que es la industria con innovación. Para minimizar tales dificultades, la implementación del proyecto de Ley de Innovación, ideado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT), y presentado y discutido con la comunidad científica y tecnológica, es un buen comienzo. La ley traerá al país la práctica de la creación de empleos calificados en sectores en los que predomina la importación de productos industrializados y la alta tecnología. También permitirá que un investigador pueda ser emprendedor sin perder el vínculo con la institución.

Crear esa cultura en Brasil, sabemos, es una tarea difícil, pero completamente posible. Para ejemplificar, podemos mencionar las etapas por las cuales pasó el proyecto diamante-CVD, iniciado en el Inpe, hasta salir al mercado. Elaborado en busca de aplicaciones espaciales, dicho proyecto mostró también la posibilidad de hallar, paralelamente, otras aplicaciones de alto valor agregado, que pudieran acceder al mercado, siempre y cuando la razón costo-beneficio fuera debidamente justificable. Se visualizaron entonces las fresas odontológicas con punta de diamante-CVD, de las que los consumidores directos serían los odontólogos, profesionales habituados a las innovaciones, aunque éstas en gran medida llegasen importadas. Una vez demostrada la factibilidad técnica, varias empresas del área odontológica fueron contactadas, con el objetivo de implementar la industrialización.

Pero no hubo éxito. Por eso la salida fue crear un emprendimiento, que con la ayuda del PIPE, estudió la factibilidad técnica y económica y efectuó la transferencia de la tecnología del Inpe. Luego desarrolló el proceso de producción, y por último, con la ayuda económica de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), en el marco del Programa Innovar, fue posible desarrollar el marketing adecuado y el inicio de las respectivas ventas de un producto inédito en el mundo. Con ello, la administración de la empresa tuvo que hacerse más dinámica, lo que exigió el conocimiento sobre la gestión de los negocios, y llevó a los directivos a buscar auxilio en una carrera de Master Business Administration (MBA), que impulsase un aprendizaje gerencial de las diferentes formas de abordaje de la industria con innovación.

Vladimir Jesus Trava Airoldi es investigador del Inpe y fundador de Clorovale

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