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Ciencia

La riqueza y la tragedia, juntas

Queda apenas un 2,4% de la vegetación natural de la región conocida como Triângulo Mineiro (Minas Gerais), diez veces menos que el mínimo recomendable

Una de las regiones agrícolas más productivas de Brasil, conocida Triângulo Mineiro, está empezando a pagar caro por su acelerado desarrollo económico durante las últimas décadas. La tala desmesurada de la vegetación natural, intensificada en los años 60 con los programas federales de expansión de las fronteras agrícolas, ha provocado un efecto que ya es sentido por la población: comienza a faltar agua en los sembradíos y en las áreas urbanas de Uberaba, Araguarí y Ituiutaba, algunas del as principales ciudades de esta región integrada por 64 municipios, y que tiene una población de 1,7 millones de habitantes.

Ha de entenderse. Aquéllos que pasan por el Triângulo Mineiro, una zona del extremo oeste del estado de Minas Gerais, encuentran tan solo resquicios del paisaje predominante hace 40 años. De esa vegetación natural, denominada Cerrado (Sabana), que cubría la mitad del estado, queda apenas un 2,4%, diez veces menos que lo exigido por ley, de acuerdo con un relevamiento coordinado por el geógrafo Samuel do Carmo Lima, de la Universidad Federal de Uberlândia (UFU).

En los 54 mil kilómetros cuadrados de una de las más ricas regiones de Minas Gerais, predominan los pastajes y monótonas plantaciones de soja, maíz y caña de azúcar, en lugar de los hoy raros, pequí, sucupira, pau-terra y otros árboles de hasta 10 metros de altura, de troncos tortuosos, gruesa corteza y follaje espeso, notables por su resistencia al fuego, mezclados con vegetación rastrera y capín.

“Existe vegetación natural únicamente en las áreas de relieve más inclinado y en los llamados ‘grotões’ (depresiones profundas entre las montañas)”, comenta Lima. Su estudio, financiado por la Fundación de Apoyo a la Investigación de Minas Gerais (Fapemig), demostró que no es solamente en el Triângulo que el área de Cerrado se encuentra por debajo del limite impuesto por ley: la actual legislación brasileña prevé la conservación de un 20% de la vegetación natural en las propiedades rurales, y prohíbe la tala de la cobertura vegetal que acompaña a los ríos y arroyos, los llamados bosques ciliares. En algunas de las otras diez regiones analizadas, el Cerrado prácticamente ha desaparecido ?en el Valle del río Jequitinhonha, la región más pobre de Minas Gerais, queda un 0,09% de dicha vegetación, y en la región metropolitana de Belo Horizonte, un 0,77%.

En todo el estado, los remanentes del Cerrado no superan una décima parte de lo que ya ha existido. “Como consecuencia del manejo inadecuado y descuidado de la tierra, estamos perdiendo anualmente alrededor de un centímetro de la capa superficial más fértil del suelo”, dice Lima. “La erosión, además de reducir la productividad, eleva los costos de la producción agrícola.” Y no es solamente al abrir las canillas que la población lo sufre. Por no cumplir con las exigencias legales de preservación de la cobertura vegetal del suelo, los titulares de las propiedades rurales están sufriendo multas, que varían entre los mil y los 200 mil reales, éste último valor en los casos más graves, que involucran devastación en grandes propiedades o lotes ilegales a orillas de los ríos. Cristina Garvil, directora de la Superintendencia de Agua y Desagües de Ituiutaba, apunta otro problema: “Los productores rurales no tiene dinero para cercar y reforestar las áreas perdidas.”

Los planes
Para afrontar estos problemas, la Asociación de Municipios del Valle do Parnaíba (Anvap) creó una organización en la sociedad civil de interés público: Caiapônia Instituto de Saneamiento Ambiental. Por suerte, aun con tan poca vegetación natural que queda, el Triângulo Mineiro es una de las regiones del estado con la mayor área de Cerrado preservada, algo que ayudará bastante en la recuperación de áreas devastadas. Lima calcula que 15 mil kilómetros cuadrados, casi un tercio de todo el Triângulo, debe ser replantado para que las propiedades rurales exhiban la cobertura natural mínima determinada por ley. “Pasarán unos diez años para que podamos ver resultados más consistentes, pero estoy confiado”, dice Lima.La reforestación, a un costo estimado en 400 mil reales, comenzará este mismo año, con prioridad para las microcuencas, que abastecen de agua a las poblaciones de Uberlândia, Uberaba, Araguarí, Ituiutaba y Tupaciguara, las principales ciudades de la zona. En dichas áreas se instalarán cercas, para impedir la invasión del ganado y permitir que la vegetación natural se regenere, aunque sea lentamente. Los puntos de devastación avanzada, en tanto, requerirán de un trabajo prolongado, que incluye la creación de viveros de especies autóctonas antes de la reforestación.

Un reservorio de agua
Las talas en esta región, iniciadas durante el período colonial, estuvieron siempre vinculadas a la conquista de espacio para el ganado y la agricultura. Pero el corte de árboles se intensificó al final de los años 50, con la construcción de Brasilia, y se expandió en las décadas siguientes, con los proyectos federales de expansión de la frontera agrícola hacia las regiones norte y centro-oeste. “Los programas federales de instalación de infraestructura, y los proyectos estaduales de apoyo a la producción agropecuaria en dicha región, transformaron a las áreas del llamado Cerrado, antes vistas como estériles, en tierras productivas”, afirma Eduardo Nunes Guimarães, del Instituto de Economía de la Universidad Federal de Uberlândia.De hecho, la agricultura avanzó y quizás demasiado.

Hoy en día falta agua porque desaparecieron incluso los bosques ciliares, que protegen las orillas de los ríos. Sin éstos, los ríos reciben la tierra proveniente de la erosión de los suelos, y se tornan más playos. El problema se agrava porque el suelo desnudo retiene el agua de lluvia con menor intensidad. Así, no logra mantener las reservas subterráneas de agua, la napa freática, que sostiene a los bosques, a los cultivos y a las ciudades. “El Triângulo es todavía un reservorio de agua para el país”, resalta Lima. Allí está ubicado uno de los puntos de abastecimiento del Acuífero Guaraní, un reservorio que se expande por debajo de las regiones sudeste y sur de Brasil, y parte de Paraguay, Argentina y Uruguay. “Pero esta reserva se está vaciando, sin la cobertura vegetal que asegura la reposición de agua.”

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