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Ciencia

La vida y la muerte, juntas sobre la arena

Biólogos de Río de Janeiro evalúan el grado de destrucción de 17 zonas de restinga, en las que aún viven especies exclusivas

La expedición terminó con sabor a melancolía. Durante cinco meses, 20 biólogos recorrieron 1.600 kilómetros de la costa brasileña, desde el sur de Río de Janeiro hasta el sur de Bahía. Casi palmo a palmo, estudiaron las plantas y los animales que viven en medio de la restinga, una vegetación baja y húmeda que crece sobre la arena, entre el mar y las montañas. Hallaron 12 especies de animales que habitan exclusivamente en ese ambiente, como la rana arborícola Xenohyla truncata, de 3 centímetros de longitud, que se esconde en el interior de las bromelias. Pero a medida que proseguían, adentrándose por pantanos y bajo una pertinaz lluvia, los investigadores sentían que la satisfacción por sus descubrimientos se iba transformando en desaliento, al constatar la desaparición gradual de ese ambiente.

Edificios de lujo y favelas avanzan sobre las restingas, también utilizadas como depósito ilegal de basura y fuente clandestina de arena para la construcción civil. Allí en donde aún es paradisíaca, la restinga enfrenta los efectos erosivos del turismo desordenado y la apertura de estacionamientos y senderos. El equipo responsable de este relevamiento, coordinado por cuatro profesores de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Uerj) -Monique Van Sluys, Carlos Frederico Duarte da Rocha, Helena de Godoy Bergallo y Maria Alice Alves-, evaluó cada una de las actividades humanas que amenazan a las diez restingas inicialmente analizadas -cinco de las cuales están situadas en el llamado corredor de biodiversidad de la Sierra do Mar (las de Grumari, Maricá, Massambaba, Jurubatiba y Grussaí), cuatro en el corredor central del Bosque Atlántico (Setiba, Guriri, Prado y Trancoso) y una en el extremo sur de Espírito Santo (Praia das Neves).

Cada acción humana -desde la construcción de carreteras hasta la apertura de senderos de ingreso a las playas- recibió una nota de cero a dos, de acuerdo con su impacto sobre el ambiente. La suma de los puntos resultó en un primer diagnóstico preciso de las condiciones de conservación de las restingas de esa franja del litoral brasileño. “La restinga con peor nivel de conservación es la de Prado, Bahía, con 20 puntos”, revela Rocha. En situación igualmente crítica se encuentran dos restingas de Río, las de Grumari y Grussaí, ambas con 15 puntos, seguidas de cerca por las de Setiba, Espírito Santo, y Massambaba, también en Río, con 12 puntos cada una. “Ahora podemos analizar de manera más concreta la dimensión de los daños”, dice Luiz Paulo de Souza Pinto, director del Centro de Conservación de la Biodiversidad de Conservation International de Brasil, uno de los socios de la UERJ en el proyecto.

Aunque el área de restinga se ha contraído 500 hectáreas entre 1995 y 2000, y eso teniendo en cuenta únicamente a los estados de Río de Janeiro y Espírito Santo, de acuerdo con un estudio de la organización no gubernamental SOS Mata Atlântica existen aún tramos en buen estado de conservación. En la actualidad, el área relevada abarca 17 restingas, de las cuales siete se encuentran en buen estado de preservación, tres en un estadio intermedio y siete están bastante degradadas. “En Trancoso, Bahía, ha quedado apenas el tramo aledaño a Barra do Rio do Frade”, comenta Rocha. “El resto ha sido destruido”. Debido a que algunas de estas áreas se encuentran todavía relativamente aisladas de las ciudades y de los turistas -y solamente por eso-, logran por ahora escapar de aquello que parece ser el destino de este conjunto de vegetación situado a orillas del mar, llamado puerta de entrada del Bosque Atlántico. Pero éste es precisamente uno de los problemas.

Souza Pinto recuerda que las restingas prácticamente desaparecen frente al Bosque Atlántico, una vegetación más exuberante, y a la cual están asociadas -e igualmente devastada desde que los colonizadores europeos llegaron con sus carabelas. Aún hoy en día las restingas siguen siendo muy poco estudiadas, pese a que se extiendan por una franja de alrededor de 5 mil kilómetros a lo largo de la costa brasileña, el tramo más ocupado del territorio, con alrededor de 87 habitantes por kilómetro cuadrado -cinco veces más que el promedio nacional.

Las restingas, formadas por la acumulación de arena y otros sedimentos en las regiones llanas de las que el mar retrocedió durante los últimos 5 mil años, exhibe rasgos diferenciados. Sobre suelo arenoso, pobre en nutrientes y con salinidad elevada, crece únicamente un tipo de vegetación rastrera, constituida principalmente por gramíneas -es el trecho que está más expuesto a la acción humana, y el de más difícil recomposición, precisamente debido a la composición del suelo.

A medida en que se aleja de las playas, surgen arbustos y pequeños montes de entre 2 y 5 metros de altura, con enredaderas, bromelias y cactus. Solamente más adelante, a 1 ó 2 kilómetros del mar, aparecen árboles de mediano y gran porte, que pueden llegar a los 20 metros de altura, como la higuera roja, el lapacho amarillo, la ‘cuaresmera’ o ‘manacá-da-serra’ (tibouchina) y el gallinazo (‘guapuruvú’).

“Este cambio en la estructura de la restinga ya se conocía”, dice Monique. “En tanto, los estudios sobre la fauna de los vertebrados en las restingas permanecían en segundo plano”. Esa laguna fue ocupada en parte con este estudio. En el transcurso de la expedición, realizada entre noviembre de 1999 y marzo de 2000, el equipo carioca catalogó 147 especies de animales que viven en las restingas. Predominan entre éstas las aves (96 especies), seguidas por los anfibios (28 especies), los pequeños mamíferos (12) y los reptiles (11).

Animales exclusivos
El inventario de la diversidad biológica reveló que existen 12 especies exclusivas de esta región -y por tal razón llamadas endémicas-, descritas por el equipo de la UERJ en el libro A Biodiversidade nos Grandes Remanescentes Florestais do Estado do Rio de Janeiro e nas Restingas da Mata Atlântica, lanzado en junio por la editorial RiMa. Ése es el caso de la Xenohyla truncata, una rana arborícola de hasta 3 centímetros de longitud, que pesa poco más de 4 gramos, y muestra un comportamiento poco común entre los anfibios: se alimenta de pequeños frutos, al margen de comer insectos, tal como es habitual entre estos animales, e interviene así en la propagación de las plantas, al esparcir las semillas en la restinga de Maricá, en donde fue hallada.

En tanto, en las restingas de la costa de Río de Janeiro, desde Marambaia hasta Cabo Frío, vive un lagarto con pequeñas rayas marrones y anaranjadas en el lomo: el Liolaemus lutzae, también llamado lagartija de arena. Esta especie abundó hasta la década del 70; empero, hoy en día corre riesgo de extinción, en la medida en que su hábitat se desvanece, debido a la ocupación humana. En algunas áreas, tales como Prainha, en el municipio de Río, Barra Nova, en Sacuarema, y Praia dos Anjos, en Arraial do Cabo, norte del estado, ya no se ven más ejemplares de ese pequeño reptil. Con sus hasta 7 centímetros sin contar la cola, es una de las presas preferidas de lechuzas y gavilanes.

Pero a veces logra escapar utilizando un peculiar artificio: cuando es perseguido, el lagarto se desprende de su cola, y el movimiento que el apéndice hace sobre la arena después de su desconexión del cuerpo atrae hacia sí la atención de los predadores, que de este modo no siempre se dan cuenta de que el animal está huyendo.Entre las aves, la única especie endémica de la restinga es el ‘formigueiro-do-litoral’ (Formicivora littoralis), registrada apenas en una de las áreas estudiadas en el estado de Río de Janeiro. Está amenazada de extinción debido a la degradación acelerada de su hábitat. Otra especie que vive en las restingas, y cuya supervivencia también está en juego, es el ‘sabiá-da-praia’ (paraulata llanera; sinsonte común; Mimus gilvus).

En latín, mimus quiere decir imitador, y esto se debe a su capacidad para reproducir el canto de otros pájaros, una de las características distintivas de esta especie, que llega a medir casi 25 centímetros. Con su cola larga y su plumaje gris claro en el lomo y blanco sobre los ojos, se asemeja a las especies de la familia de los zorzales (en Brasil, sabiás), como el zorzal colorado.

Endemismo concentrado
En las restingas las especies endémicas se concentran en dos regiones -evidentemente, en aquellas que se encuentran en mejor estado de conservación, que siguen siendo aún poco visitadas por los turistas y los constructores de edificios de condominios. La primera de éstas la constituyen tramos aislados dispersos a los largo de 500 kilómetros, desde Linhares y Gurirí, en el norte de Espírito Santo, hasta Prado y Trancoso, en el sur de Bahía. Allí puede encontrarse al Cnemidophorus nativo, por ejemplo, un lagarto con dos rayas laterales blancas y una dorsal en color salmón sobre el cuerpo verde oliva.

Esta especie, descrita en un artículo publicado en la revista científica Herpetologica, tiene hasta 6 centímetros de longitud, y exhibe una característica rara entre los reptiles: es formada únicamente por hembras, que se reproducen mediante un proceso conocido como partenogénesis -el óvulo se desarrolla y se transforma en un ser adulto sin necesidad de ser fertilizado por un espermatozoide.

Al sur, el endemismo es alto en las restingas de Maricá y Jurubatiba, en Río de Janeiro. Solamente allí vive otro pequeño lagarto, similar al C. nativo, el Cnemidophorus littoralis, presentado en la revista Copeia. “La concentración de especies endémicas en dichas regiones”, dice Rocha, “obedece probablemente a las variaciones acaecidas durante los últimos 10 mil años en el nivel del océano, que generaron el aislamiento de poblaciones de ancestros, que de esta manera divergieron genéticamente y constituyeron especies diferenciadas.”

Pero, al fin y al cabo, ¿las restingas desaparecerán? Si esto dependiera de los investigadores de Río, no. En el libro en el que detallan los descubrimientos de la expedición, los estudiosos muestran aquello podría hacerse para al menos reducir el impacto humano. Las acciones consideradas prioritarias son la extensión de las áreas actualmente protegidas por ley y la realización de estudios más abarcativos sobre las especies de plantas y animales halladas en las restingas, sumados al desarrollo de programas de educación ambiental en las regiones del litoral atlántico.

Los investigadores plantean también la transformación de áreas de ambiente más degradado -como las restingas de Grussaí, en el norte de Río de Janeiro, Praia das Neves, en el municipio de Presidente Kennedy, Espírito Santo, y Trancoso, en Bahía- en unidades de protección integral, en las cuales se permite únicamente la realización de investigaciones científicas, y actividades educativas y de recreación. “En Grussaí existe todavía una importante área remanente en buen estado, que pese a ser pequeña, debería preservarse”, recomienda Rocha.

“El entorno está muy degradado, como consecuencia de la ocupación irregular del suelo”, agrega. De acuerdo con Rocha, otra reliquia que debería preservarse es la restinga de Praia das Neves, que presenta una rara riqueza y diversidad de especies, aunque todavía no existe en dicha zona un área de conservación. El diagnóstico sobre el estado de conservación de las restingas confirma la relación entre el grado de destrucción de un ambiente y la ausencia de políticas públicas.

En las así llamadas unidades de protección integral, como el Parque Nacional de la Restinga de Jurubatiba, en donde puede encontrarse la más preservada de las restingas estudiadas, la acción predatoria del hombre es bastante reducida. Así y todo, sin protección ni fiscalización el impacto humano tiende a eliminar la vegetación natural y a reducir las chances de supervivencia de los animales que viven en el lugar. Incluso el clima de las ciudades podría cambiar sin las dunas y la vegetación costera, que ayudan la regular la temperatura. “El ritmo de destrucción es muy acelerado”, se lamenta Monique.

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