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Ciencia

El termómetro de la evolución

La diferencia de temperatura de los oídos sugiere la existencia de un cerebro complejo en una variedad de mono tití

Un termómetro parecido a aquél que usan las madres para tomarles la fiebre a sus hijos ha arrojado un indicio de que el cerebro de una pequeña especie de primate que vive en Brasil, el Callithrix penicillata, conocido popularmente en el país como sagüí del Cerrado, el tití de pincel negro, puede ser más desarrollado de lo que se pensaba. Cuando se los somete a una situación de intensa presión psicológica, como puede serlo la captura a manos de un ser humano con el auxilio de una red, algunos de estos animales presentan una temperatura significativamente más baja – algunas décimas de grados Celsius menos – en el oído derecho de que en el izquierdo.

“Este dato sugiere que el estrés provoca una importante activación de estructuras neurales en el hemisferio derecho del cerebro de los titíes”, dice Carlos Tomaz, del Centro de Primatología de la Universidad de Brasilia (UnB), principal autor del trabajo con estos pequeños animalitos, que pesan entre 250 y 450 gramos, y miden no más de 25 centímetros de longitud.El registro de una temperatura menor en el tímpano derecho indica que ha habido una activación mayor de estructuras nerviosas situadas en ese lado del cerebro. Pero, ¿cómo se deduce esto? Sucede que las áreas activas del cerebro son ligeramente más frías que las inactivas. Esto ocurre porque la actividad neuronal atrae un mayor flujo de sangre, lo cual tiene un efecto refrescante sobre las áreas activadas.

Por lo tanto, si un evento estresante hace que la temperatura del oído derecho de los llamados sagüíes del Cerrado sea un poco más baja que la verificada en el oído izquierdo, los investigadores pueden deducir que ese hemisferio cerebral, es decir, el derecho, es el más utilizado en este tipo de situación. Esta conclusión lleva a otra, aún más interesante. “Nuestro trabajo es una evidencia fisiológica de que existe una especialización o asimetría cerebral en los titíes”, afirma Tomaz. Los resultados de las mediciones realizadas por el equipo de la UnB, que registró la temperatura de 24 sagüíes del Cerrado (14 machos y 10 hembras) mantenidos en cautiverio en el centro de primates de la UnB, fueron publicados en la edición de julio del Brazilian Journal of Medical and Biological Research.

El estudio también suministra indicios de que existe una relación inversamente proporcional entre la temperatura del oído derecho de los titíes y el número de ocasiones en que los animales habían sido capturados por el hombre a lo largo de su vida. Los monos que habían sido capturados entre 5 y 9 veces tenían una temperatura media en el oído derecho de alrededor de 38° Celsius – un grado menos que la media de los titíes que habían sido capturados como máximo 4 veces. Es como si la experiencia de repetidas capturas les hubiese enseñado a los titíes a activar en forma más intensa la porción de su cerebro implicada en la respuesta al estrés, en este caso, el hemisferio derecho. Como si éstos hubieran aprendido a accionar ese lado del cerebro cuando surgen eventos amenazadores.

Una estrategia de supervivencia

Si uno de los lados del cerebro de un animal es más utilizado que el otro durante el desarrollo de una tarea o como respuesta a un estímulo, los científicos dicen que ese ejemplar presenta una especialización hemisférica o lateralización cerebral. Ese rasgo denota una cierta complejidad operativa de su sistema nervioso central, y suele estar asociado a primates antropoides, es decir con formas semejantes a las del hombre, como es el caso del chimpancé – al margen del propio ser humano, claro. “La lateralización cerebral vuelve más refinadas las respuestas emocionales”, comenta Tomaz.

“Esto sería ventajoso para el comportamiento defensivo de los animales”. De acuerdo con una teoría conocida como jerarquización de las funciones cerebrales, la especialización hemisférica es de gran valía en situaciones de alto estrés, como lo son aquéllas que comprenden riesgo de captura por parte de un posible agente agresor. Frente al peligro, el cerebro de los animales dotados de tal capacidad activa prioritariamente las estructuras implicadas en la formulación de una estrategia de supervivencia. Los demás circuitos cerebrales, que no están directamente vinculados a la respuesta al estrés, pero sí los están con relación a otros tipos de estímulos, solamente serán accionados posteriormente, en un momento más oportuno. De esta forma se evita la competencia entre las diversas funciones y estructuras cerebrales que generaría una pérdida de tiempo e indecisión en un momento crítico determinado.

Por ser un representante de los llamados monos del Nuevo Mundo (un grupo de simios surgidos hace 40 millones de años en América Central y del Sur, que evolutivamente se encuentra más distante del hombre y de los primates antropoides), a los titíes rara vez se los tiene en cuenta como posibles candidatos naturales a la especialización cerebral, una característica típica de un sistema nervioso central más sofisticado. De acuerdo con la visión aún dominante sobre estos animales, el funcionamiento de su cerebro debería ser más primitivo que el de primates más cercanos al ser humano.

Es decir que aunque el cerebro de los titíes esté divido anatómicamente en dos hemisferios, debería operar de manera más primaria: debería funcionar como si un fuese una entidad única, sin dar muestras de especialización hemisférica. Al hallar, con el auxilio de un termómetro, ciertos rasgos de complejidad en la respuesta neuronal al estrés en ejemplares de C. penicillata, el trabajo de la UnB siembra dudas sobre la percepción más difundida al respecto del funcionamiento del cerebro de los monos del Nuevo Mundo, y hace arreciar el debate sobre los albores de la especialización hemisférica en los animales. “Nuestros datos provenientes de los titíes de pincel negro pueden ser importantes para entender mejor el origen de la asimetría cerebral en primates”, dice Tomaz.

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