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PSIQUIATRÍA

El peso del mundo

El hecho de mudarse de país, o del campo a la ciudad, si bien es producto la búsqueda de mejores condiciones de vida, hace que se eleve el riesgo de surgimiento de casos de esquizofrenia

EDUARDO CESAREn los últimos años han madurado varios estudios llevados adelante por médicos ingleses, daneses, alemanes, estadounidenses y brasileños que relacionan las causas externas, es decir, las de orden social o ambiental, con el afloramiento de la esquizofrenia, un trastorno mental hasta ahora asociado exclusivamente a la genética o a anomalías en el cerebro. La urbanización, los movimientos migratorios, la discriminación racial o traumas tales como abusos sexuales en la infancia son vistos hoy en día como factores capaces de influir en el surgimiento de ese desorden mental caracterizado por un progresivo alejamiento de la realidad.

Aquello que en general despunta como una irritabilidad continua, sin razón aparente, desemboca lentamente en el aislamiento social, el desinterés por la apariencia, el pensamiento incoherente y los dichos desordenados. En casos extremos se manifiesta a través de falsas convicciones, como es el caso de los delirios de persecución, o de falsas percepciones – las alucinaciones -, y eso cuando no se enfila hacia el extremo opuesto, el mutismo y la inmovilidad casi total, la llamada catatonía.

Incluso una simple infección puede accionar los mecanismos biológicos que levan a la esquizofrenia, un problema que afecta a alrededor de 25 millones de personas en el mundo – mientras que en Brasil son alrededor de un millón. En los años 70, cuando era todavía un estudiante de medicina, Wagner Farid Gattaz se impresionó al leer los estudios que relacionaban el incremento de casos de esquizofrenia en los niños cuyas madres habían sido afectadas por el virus de la gripe durante una epidemia ocurrida en Europa en 1957.

Algunos años después, como pasante de un hospital pediátrico de São Paulo, Gattaz examinó a niños que llegaban con vómitos y fuertes dolores de cabeza, afectados por la meningitis durante la epidemia registrada en el estado de São Paulo en los años 70. Causada normalmente por bacterias, la meningitis es una inflamación de las membranas llamadas meninges que recubren el cerebro y la medula espinal, y puede ocasionar la muerte en pocas horas.

“Pasé 30 años preguntándome cuáles podrían ser las consecuencias de la meningitis en aquellos niños que sobrevivieron cuando adultos”, dice Gattaz. Y hace pocos años, como investigador del Instituto de Psiquiatría de la Universidad de São Paulo (USP), halló la respuesta. Con su alumno de posgrado André Abrahão, Gattaz evaluó el estado de salud mental de 173 personas (77 varones y 96 mujeres) de una edad media de 30 años, que tuvieron meningitis entre su nacimiento y los 4 años de edad.

Comparó dicho estado con el de hermanos que no pasaron por la infección y constató que la contracción de la meningitis durante la primera infancia lleva a que se incremente cinco veces el riesgo de surgimiento de esquizofrenia a la edad adulta.Su estudio, que está siendo publicado en los European Archives of Psychiatry and Clinical Neuroscience, refuerza la hipótesis de que factores infecciosos pueden interactuar con el organismo de cada individuo de distintas maneras, y aumentar el riesgo de contraer dicha enfermedad. “Nuestra tarea consiste ahora el revelar cómo se da esa interacción”, comenta. “Conociendo los factores de riesgo biológicos y ambientales, elevaremos las posibilidades de detectar la enfermedad más prematuramente e iniciar así su tratamiento más rápido”. Hoy en día, la esquizofrenia es tratada con medicamentos antipsicóticos, asociados a estrategias de rehabilitación y reintegración social y profesional.

Las ciudades
La delimitación de los factores de riesgo ambientales de la esquizofrenia, debatidos en un encuentro que reunió a los principales expertos mundiales del área en abril de 2003 en Guarujá, litoral paulista, amplia la mirada sobre un problema mental que tiende a ser definido únicamente con base en las observaciones clínicas de los pacientes. “Es preocupante notar que la urbanización y la fragmentación social están estimulando el avance rápido de la esquizofrenia”, comenta el psiquiatra Glynn Harrison, de la Universidad de Bristol, Inglaterra, en un estudio presentado en el congreso de Guarujá. “Para los médicos de todo el mundo”, dice Harrison, “el desafío consiste en abrir la caja negra de la cultura y encontrar nuevas formas de abordaje de este problema.”

Estudios recientes confirman la impresión de que no es realmente muy sano vivir en las metrópolis. El riesgo de contraer problemas mentales crece junto con los niveles de urbanización, definidos de acuerdo con la densidad de domicilios por kilómetro cuadrado, en una escala con cinco categorías (de menos de 500 casas hasta más de 2.500 en una misma área), según un estudio coordinado por Jim van Os, de la Universidad de Maastricht, Holanda, llevado a cabo con 7.076 personas de entre 18 y 64 años. Este mismo estudio deja clara la alta incidencia de enfermedades mentales en individuos con traumas tales como abusos sexuales o pérdida prematura de los padres, especialmente de la madre, o en inmigrantes, probablemente debido a la discriminación que sufrieron en los países adonde se mudaron.

En un relevamiento realizado con 2,1 millones de suecos nacidos entre 1954 y 1983, Elizabeth Cantor-Graee, de la Universidad de Lund, demostró que los que emigraron a Dinamarca tienen una probabilidad 2,5 veces mayor de desarrollar esquizofrenia que los suecos que permanecieron en el país. De acuerdo con dicho estudio, publicado en 2003 en el British Journal of Psychiatry, los daneses que vivieron fuera del país y regresaron tienen casi dos veces más riesgos de desarrollar ese trastorno mental que sus hermanos que permanecieron en su tierra natal.

En el marco de otro estudio, publicado en 2001 en la citada revista, Carsten Bøcker Pedersen y Preben Bo Mortensen informaron que los habitantes de Copenhague, la capital de Dinamarca, están sujetos a un riesgo dos veces mayor de volverse esquizofrénicos que sus conterráneos que viven en el campo. Los resultados preliminares de un estudio realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 19 países muestran que el índice de casos graves es mayor en los países calificados como desarrollados (del 40%) que en los países en desarrollo (un 24%).

Fragilidades
Por ahora solamente existen relaciones un tanto vagas relativas a las formas en que los episodios de la vida desmoronan el equilibrio mental de las personas. “La urbanización interactúa con las vulnerabilidades de cada individuo y con los riesgos familiares en las enfermedades mentales”, dice Van Os, de Holanda. Los factores ambientales influirían directamente sobre el funcionamiento de las neuronas (las células nerviosas) del cerebro, alterando las conexiones – o sinapsis – entre éstas. Estas modificaciones en la comunicación entre las neuronas deteriorarían el funcionamiento del cerebro, elevando así la probabilidad de aparición de desequilibrios mentales severos.

Las causas externas pueden también actuar de otra forma, en un plano más profundo, como un gatillo que acciona uno o más de los alrededor de 30 genes de alguna manera relacionados con este problema. Cuando son activados, los genes pueden actuar sobre las neuronas cerebrales directa o indirectamente, mediante alteraciones metabólicas que dañan las conexiones entre las células nerviosas. Pero la sola predisposición genética a la esquizofrenia no parece ser suficiente como para explicar la alteración de las sinapsis. Hace décadas se descubrió algo importante en estudios llevado a cabo con individuos gemelos: si uno de éstos se vuelve esquizofrénico, el otro tiene un 50% de riesgo de desarrollar también la enfermedad. Puede ser mucho, ante la probabilidad de un 1% de que la esquizofrenia surja en una persona sin ningún caso de la enfermedad en la familia. Pero, si la causa de la esquizofrenia fuese puramente genética, sería de esperar que tal riesgo fuera del 100%, toda vez que los gemelos portangenes iguales. De cualquiera manera, entre genes compartidos y ambiente compartido, los genes pesan más.

Desde hace diez años, psiquiatras y neurólogos han descubierto algunas peculiaridades del cerebro de los esquizofrénicos que reflejan esa maraña de reacciones entre el ambiente, los genes y los procesos bioquímicos. Existen alteraciones de la dopamina y el glutamato, las moléculas de comunicación entre las neuronas, y una circulación menor de sangre en algunas áreas, en comparación con el cerebro de las personas mentalmente sanas, por ejemplo.

En los esquizofrénicos, las cavidades del medio del cerebro, llamadas ventrículos, son mayores; el hipocampo, clave para la memoria y el aprendizaje, es menor – y las neuronas del hipocampo se excitan más que en otras personas. Asimismo, tal como añade el psiquiatra Stephan Heckers, del Hospital General de Massachusetts, Estados Unidos, “falta un tipo de célula nerviosa llamada interneurona, que controla la actividad de otras neuronas del hipocampo”.

El Proyecto
Metabolismo de los Fosfolípidos en la Esquizofrenia y en la Enfermedad de Alzheimer
Modalidad
Proyecto Temático
Coordinador
Wagner Farid Gattaz – Facultad de Medicina de la USP
Inversión
R$ 1.590.193,43

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