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Reseñas

La noche de los generales según Gaspari

El tercer tomo sobre la dictadura muestra el desmonte del régimen militar

Este tercer libro de la serie de cinco que Elio Gaspari planeó para historiar el período dictatorial brasileño me parece que es aún mejor que los anteriores. No sé muy bien por qué, pues continua empleando los mismos recursos que hicieron de lo dos primeros hitos imprescindibles para el estudio de esa época. Gaspari recompone los hechos con la memoria de un elefante y la paciencia de un camello. Comenta lo ocurrido en un estilo rápido e irónico, y erige el escenario con técnica teatral. Pero, ¿qué hay de nuevo, a no ser la narración de los sucesos del período, y el desmenuzamiento de la sorprendente trayectoria de una dictadura que a su vez se deshace?

El segundo libro, intitulado A ditadura escancarada [La dictadura sin tapujos ], termina en el momento en que el gral. Ernesto Geisel se aprestaba a ocupar la Presidencia de la República: “Geisel recibiría una dictadura militar a la que había apoyado sabiendo que dentro de ella estaba armada una máquina de exterminio de líderes izquierdistas. Ya no había más guerrilla, mucho menos terrorismo. Había sobrado solamente la máquina”. El tercer tomo sigue paso a paso el desmonte de ese ingenio. No obstante, cabe preguntar: ¿por qué la primera parte del nuevo libro, intitulada O sacerdote e o feiticeiro [El sacerdote y el hechicero ], que traza las biografías de Geisel y del gral.

Golbery do Couto e Silva, ocupa una tercera parte del texto. Seguidamente, la segunda parte narra el retorno al Planalto [la Casa de Gobierno] de ambos personajes, separados del núcleo de la política luego de haber sido derrotados por Costa e Silva. Luego la tercera y la cuarta hacen un seguimiento del gobierno de Geisel hasta la inesperada derrota de Arena, el partido de gobierno, en 1974, a manos de las fuerzas de oposición congregadas en el Movimiento Democrático Brasileño (MDB).

Estas dos últimas partes retoman el ritmo elegante de los libros anteriores, aunque los acontecimientos son descritos con una tonalidad más dramática, como si el desenlace de un período negro de nuestra historia estuviera al acecho en cada suceso.A simple vista las dos biografías tan solo extienden los perfiles que Elio Gaspari describe a lo largo de sus libros. La técnica es sencilla: la narración de cada jugada política es interrumpida por referencias biográficas del personaje que acabó de entrar en escena.

Pero las historias de vida de Geisel y de Golbery, al margen de ser más detalladas, procuran mostrar el carácter, el tipo de performance de la que cada actor se convierte en responsable. Todo sucede como si en torno a cada individualidad se abriera un aura de comportamientos típicos posibles. Por cierto, basta con abrir el libro para reparar que el título de la tapa, A ditadura derrotada , aparece ahora como subtítulo de O sacerdote e o feiticeiro .

De allí el doble registro de este tercer tomo: por un lado, la narración de cada evento en sus pormenores; por otro, el montaje de dos tipos de actores políticos. El primero es un alemán pobre que se convierte en general, imbuido de reglas y de la creencia en la indestructible validez de las instituciones militares. Para él no hay libertad para el desorden, la revuelta o la acción contra el gobierno. En principio es contrario a la tortura, pero acepta su empleo como último recurso de la práctica represiva. El segundo es un plasma atrevido, que se ve sí mismo desconectado de todo, pero fiel a sus amistades y rencoroso con sus enemistades; devorador de libros y de ideas: soldado de la guerra ideológica.

Corriendo bajo el torrente de los acontecimientos se arma la historia de estos dos tipos ligados entre sí como carne y uña, pero diferentes en el modo de concebir el arte de la política. Esta diferencia hace eclosión en el preciso momento en que se concreta la derrota de Arena y la dictadura se ve cuestionada en las urnas. El gobierno de Geisel se da cuenta de que las elecciones de 1974 había cobrado un peso simbólico considerable. La oposición se había organizado en torno a la candidatura de Ulysses Guimarães y, por primera vez después de 1964, la izquierda retorna al juego electoral. En las elecciones de 1970 se había mantenido al margen, contribuyendo al inédito índice del 30,8% de votos en blanco o nulos, pero en este momento se lanza a la lucha. Desde el punto de vista del gobierno, la situación parecía estar bajo control, el país estaba en orden y todo anunciaba una victoria sobre el MDB que, con todo, no debería ser aplastante a fin de hacer viable el bipartidismo con que sueñan las mentes bien pensantes.

Una semana antes de las elecciones, el gobierno se da cuenta de que había perdido la puja, pero no en las proporciones en que la derrota se luego se dio. Cayó por eso en la trampa que tejiera para evitar que cualquier idea nueva se hiciera pública. Obviamente, las diversas tendencias que componían este gobierno comienzan a moverse, cada una de ellas imaginando cómo sería posible en el marco de una legalidad postiza plasmar un fraude de la voluntad expresada en las urnas. Golbery se retrae: no era un aprendiz de hechicero, pero veía que su escoba mágica se estaba transformando en un ejercito de escobillas incontrolables. Ahora bien, ¿el descontrol no era todo aquello que el gobierno militar pretendía cohibir? Una vez derramada la leche, Geisel reacciona: “Es así y se acabó”.

Ahora podía únicamente ser fiel al lema de su vida, y entregarse a la “lenta, gradual y segura distensión”. Pero a su modo: como un general, que ante la inesperada y maleable fortuna de los acontecimientos sabe aferrarse al momento de su virtud y se vuelve capaz de tocar un nervio de la existencia, aunque esto consuma su propio ser.

José Arthur Giannotti es filósofo y profesor emérito de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la USP. Es también coordinador del área de filosofía del Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento (Cebrap)

A ditadura derrotada [La dictadura derrotada]
Elio Gaspari
Companhia das Letras
576 páginas
R$ 49,50

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