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Música para Dios

Alumnos y docentes de São Paulo se reúnen en el interior de Minas Gerais para una celebración del repertorio barroco

A mediados del próximo mes de julio, alrededor de 30 músicos dejarán de lado sus vacaciones de la Escuela de Comunicación y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA/USP) para ir a Prados, una pequeña localidad ubicada a 500 kilómetros de la capital paulista y en el interior de Minas Gerais. Durante 16 días, ellos formarán parte de la localidad. Harán conciertos, tocarán con algunos de sus 7.700 habitantes y darán clases de música para los estén interesados.

Los eventos serán gratuitos, en una simbiótica interacción entre la población y los músicos forasteros. Entre una actividad y otra, intercambiarán información sobre antiguas piezas musicales sacras escritas por negros y mulatos, guardadas en los archivos de las viejas bandas de Minas. Aún hoy en día es posible encontrar rarezas del siglo XVIII que no se ejecutan desde hace 200 años. En Prados, una parte del pasado colonial brasileño volverá a la vida.

Y ésta no será la primera vez que eso ocurra. El Festival de Música de Prados se realiza anualmente desde 1977, siempre con el mismo espíritu de integración entre los visitantes y la población. Ninguno de los músicos gana por su participación en el evento. La FAPESP solventa la mayor parte de los costos de viáticos y hospedaje de los alumnos y docentes, pero no existe ni por asomo toda la publicidad con la que otros festivales cuentan. Por cierto, no existe publicidad alguna.

El evento es conocido solamente entre unos pocos estudiantes y docentes de la USP y en algunas localidades vecinas a Prados, como São João del-Rei y Tiradentes. “Es quizá el único festival de música en el que la población tiene una interacción real con los músicos”, dice el maestro Olivier Toni, profesor titular (actualmente jubilado) y uno de los fundadores del Departamento de Música de la ECA (1970).

Toni también ayudó a crear la Orquesta de Cámara de São Paulo (1956), la Orquesta Sinfónica Joven Municipal de São Paulo (1968), la Escuela Municipal de Música de São Paulo (1969), la Orquesta Sinfónica de la USP (1972) y la Orquesta de Cámara de la USP (1995). Fue a su vez el mentor del evento de Prados y es aún hoy su principal motor.El descubrimiento de la ciudad fue producto de la curiosidad de este investigador. El maestro y algunos alumnos suyos visitaban São João del-Rei en 1974 cuando decidieron consultar el archivo de la Sociedad Lira Sanjoanense.

La institución cuenta con un archivo musical que alberga una gran cantidad de originales y copias de obras religiosas antiguas producidas en la región, e incluso una buena colección de otras ciudades de la época colonial en Brasil. Sorprendidos con la excelencia del material hallado, el grupo pidió permiso a la institución para microfilmar todo aquello que fuera posible.

A la época el equipo de Toni llevaba siempre consigo un aparato portátil de microfilmado en el maletero del coche cuando se internaba en misiones exploratorias por Minas Gerais, en busca de originales poco conocidos. Nunca sabían qué podrían encontrar en las iglesias y en las sociedades seculares, por eso convenía estar siempre preparados para no perder el viaje.

Al preguntar dónde había más músicas del siglo XVIII, como las encontradas en la Lira Sanjoanense, les mencionaron Prados, a 26 kilómetros de allí. El investigador arribó a la localidad con diez alumnos y encontró al maestro Ademar Campos Filho, encargado de la banda y responsable del archivo. “Durante la Semana Santa Campos llevaba aquella antigua música a las procesiones y la ejecutaba”, comenta Toni. Campos les mostró documentos y piezas de José Joaquim Emerico Lobo de Mesquita (1746-1805) y Manoel Dias de Oliveira (1764-1837), entre otras.

Microfilmaron todo. Después de tres días de charlas e investigaciones, Toni le sugirió a Campos la realización del festival, idea que fue aceptada sin más trámites.”Quise hacer un evento para que la gente participase, no para que solamente lo presenciasen, pagando por eso”, dice el maestro, resaltando que es difícil encontrar una familia en Prados que no cuente con algún músico. “El proyecto consiste en tocar para los habitantes, tocar junto con ellos y hacer que ellos toquen solos”.

Toni y los alumnos dan clases de armonía y música. En general explican las particularidades de los instrumentos y al final del festival ponen en escena una pequeña pieza teatral. Este año el tema girará en torno al 300° aniversario de la ciudad. En total los músicos paulistas trabajan anualmente con 200 habitantes, de los cuales la mitad son niños.

Se hacen dos conciertos por semana. Todos prefieren tocar en una de las dos iglesias de la ciudad, especialmente en la do Rosário, la antigua iglesia de los esclavos, que es del final del siglo XVIII. “Allí hay un clavicordio y la acústica es excepcional, sin reverberación”, dice Toni. La clausura se lleva a cabo en la Iglesia Matriz de Santo Antônio. El programa del festival es casi siempre de música barroca, lo que incluye muy a menudo el repertorio colonial brasileño.

En estos 26 años de festival ha sido posible descubrir a algunos jóvenes talentosos; muchos de éstos ahora tocan en orquestas brasileñas. Músicos e investigadores de renombre han estado ya en Prados junto con Toni, como Sílvio Ferraz, Willy Corrêa de Oliveira, Alex Klein, Rubens Ricciard, José Eduardo Martins y Roberto Mincvuk. La ciudad es atrayente pues permite tocar, enseñar y hacer investigación.

El equipo comandado por Toni microfilmó por primera vez archivos musicales de varias otras ciudades de Minas Gerais, como Piranga, Aiuruoca e Itabira, y de municipios paulistas, como es el caso de Pindamonhangaba. A veces, de esos estudios surgen descubrimientos sorprendentes, que demoran para ser aceptados. Uno de las más importantes de éstos se refiere al período más remoto en el que se hizo música sacra en Brasil.

Hasta los años 1940, era dado como seguro que el sacerdote José Maurício Nunes Garcia (1767-1830) había sido el primer compositor brasileño. De acuerdo con todos los expertos, el padre José Maurício, un carioca mulato y padre de cinco hijos, era un gran compositor. Mário de Andrade consideraba que suMisa de réquiem era “la obra maestra de la música religiosa brasileña”.

“En el siglo XVIII quienes hacían y ejecutaban música eran los esclavos libertos”, explica Olivier Toni. Como en general los blancos brasileños y portugueses no hacían nada (y se jactaban de ello), los negros y los mulatos hallaron un modo de ganar dinero tocando sus músicas sacras en la iglesia y en eventos religiosos.

Esto también era usado por los negros como una tentativa de granjearse una cierta consideración en el seno de la sociedad (no estaban dadas las condiciones para importar permanentemente artistas de Europa). “Ellos hacían una música europea sui generis, muy característica de las colonias. Era más sencilla, pero espontánea”, observa el investigador. “De cualquier manera, tenía que ser lo más parecida posible a la música europea, es decir, con la música de sus antiguos dueños”. Si no fuera así, no sería aceptada.

El primer compositor
Quien echó por tierra el mito del padre José Maurício como el primer compositor brasileño fue Francisco Curt Lange (1903-1997), investigador alemán naturalizado uruguayo que realizó un intenso trabajo en el interior brasileño. En 1944, en uno de sus pasos por el país, adquirió un pequeño lote de músicas en Minas Gerais. Entre ellas se deparó con Antífona de Nossa Senhora , de Lobo de Mesquita.

Inicialmente Curt Lange pensó que se tratase de la obra de algún autor portugués y decidió investigar. Antiguamente era común que las iglesias guardasen las actas de nacimiento y de defunción y Lange terminó por descubrir que Lobo de Mesquita había sido bautizado en una iglesia donde solamente se registraba a los pardos. “Gracias a Curt Lange, la musicología brasileña ganó 40 años de historia y quedó claro que hubo otros compositores antes que el padre José Maurício”, comenta Toni.

Aun con esa prueba, el investigador alemán fue muy cuestionado. Hasta que en 1958 el historiador y musicólogo Régis Duprat, actualmente profesor titular de la ECA, encontró en la colección “Alberto Lamego”, del Instituto de Estudios Brasileños (IEB/ USP), los manuscritos originales de Recitativo e ária , datados de 1759. Escrita en Bahía, de autor anónimo, esta obra era profana y, lo que es más sorprendente, tenía un texto cantado en portugués.

Había sido dedicada a una autoridad enviada por el Marqués de Pombal al Brasil. “La obra es magnífica, escrita para voz, violín y bajo, y su autor quizá sea el padre Caetano Mello de Jesus”, dice Toni, que la estrenó en 1960. Con ese descubrimiento de Duprat, concluyó definitivamente la polémica. Recitativo e ária había sido compuesta antes incluso del nacimiento del padre José Maurício.

La muerte de la música sacra
La música religiosa empezó a declinar con la Independencia de Brasil, en 1822. Con ella se extingue la capilla musical, una función de la Iglesia que tenía el objetivo de elaborar y ejecutar música sacra para acompañar los oficios religiosos. Con la Independencia, los músicos pasaron a vivir cada vez más de la música profana, abandonando la práctica de la música religiosa. “La separación definitiva entre el Estado y la Iglesia alteró la concepción vigente hasta 1822. Es un fenómeno interesante que ocurrió luego de las independencias de casi todas las naciones latinoamericanas”, dice Toni.

En lo que depende de este director de orquesta, profesor, investigador y músico (fue fagotista), la obra sacra brasileña no caerá en el olvido. “Tengo una enorme fascinación por la música religiosa, porque ésta le permite al compositor identificarse dentro de una gama enorme de expresividad en una misma pieza”, afirma.

Tanto las misas como las obras religiosas con música generan grandes momentos: comienzan tranquilas, se aceleran, se vuelven introspectivas y, en el caso de las misas, concluyen dulcemente, en paz con Dios. Tal pasión es motivo suficiente como para hacer que el ateo Olivier Toni reclute alumnos para continuar a los 78 años, y todos los años, internándose por 15 días en la colonial Prados para hacer y escuchar música dentro de sus iglesias.

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