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Política C&T

Con ritmo de samba

Los científicos se valen de nuevos lenguajes para llevar la ciencia a la gente

Mientras los sambistas de la “escola” carioca Unidos da Tijuca se abrían paso en el Sambódromo de la avenida Marquês de Sapucaí, con el enredo intitulado “El arte de la ciencia en tiempos de lo imposible” durante último Carnaval, los científicos de la Casa de la Ciencia, una entidad de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) celebraban los resultados de un audaz proyecto. Junto al “carnavalesco” [director] Paulo Barros, reconstituyeron la historia de los más notables descubrimientos científicos, traduciéndolos en alegorías, disfraces, sonidos y ritmo.

Algunos llegaron a temer que el enredo reeditase el Samba do crioulo doido, la obra maestra de Stanislaw Ponte Preta, seudónimo de Sérgio Porto. Pero la cuestión es que las dollys, los santos dumonts, los alquimistas, las “passistas” [bailarinas] enrolladas en las espirales del ADN y el mismísimo Roald Hoffmann, premio Nobel de Química de 1981, se fusionaron en sincretismo y samba para entusiasmar al público y le valieron a la escola el título de subcampeona del Carnaval carioca 2004. “Fue el momento propicio para ver lo que significa la popularización de la ciencia”, recuerda Fátima Brito, directora ejecutiva de la Casa de la Ciencia.

Iniciativas como la de este equipo de la UFRJ son cada vez más frecuentes en Brasil. También durante el último Carnaval de Manaos, a 4 mil kilómetros del Sambódromo carioca, la escola de samba A Grande Família rindió homenaje a los 50 años del Instituto de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, sigla en portugués). A la carroza abrealas, que aludía a un laboratorio de investigación, le seguía el ala de los científicos; y luego venían los meliponicultores (los criadores de abeja sin aguijón) y los agricultores dedicados al cultivo de plantas medicinales, entre otros. La última carroza, que representaba al programa de posgrado en Biología Tropical y Recursos Naturales, comandaba el ala de la acuicultura, de los investigadores del futuro y de las clásicas bahianas.

Y también dejaba espacio al “bloco” [bloque] Eles e Elas, formado por gays y simpatizantes que, aunque no integraban el enredo, forman parte de la historia de la escola. El impacto de la presencia de los temas de ciencia tanto en el Carnaval carioca como en el de Manaos, y la recepción del público entusiasmaron al físico Ildeu Camargo Moreira, director del recientemente creado Departamento de Popularización y Divulgación de la Ciencia dependiente de la Secretaría de Ciencia y Tecnología para la Inclusión Social del Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT). Para Camargo, éstos son dos ejemplos inequívocos que indican que es posible juntar ciencia y cultura en Brasil. “La ciencia es técnica y no tiene que ver con la cultura y el arte. Hay que implementar un conjunto de acciones para acercarlas.”

La ciencia por televisión
Desde comienzos del mes de abril, Moreira se aboca a la tarea de detectar, articular y apoyar acciones que consoliden una cultura de educación para la ciencia en todo el país. El físico recorrió Brasil en el marco de un vasto levantamiento del estado del arte de la popularización y difusión de la ciencia. Constató así que la divulgación científica ha mejorado mucho en las últimas dos décadas, con un incremento sustancial del número de revistas, libros y sitios web, y una mayor apertura de los medios hacia el tema (lea el reportaje de la página 48). “Pero la situación de la educación científica y la popularización de la ciencia está aún muy lejos de ser razonable”, asevera. Los problemas van de la formación de “comunicadores” a la ausencia de políticas abocadas al tema.

Una vez concluido el diagnóstico, Camargo Moreira inició la elaboración de un gran proyecto de popularización y divulgación de la ciencia y la tecnología, que prevé desde el apoyo a la creación de nuevos museos de ciencia hasta el estímulo a las exposiciones itinerantes, lo incluye esfuerzos tendientes a la ampliación de la presencia de la ciencia en los medios de comunicación, principalmente en televisión. “Junto a la revista Ciência Hoje, de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), estamos negociando con la Red Globo la realización de inserciones rápidas sobre el tema. Con ese mismo objetivo articulamos contactos con los canales de televisión vinculados a [la estatal] Radiobrás”, comenta Moreira. Esta idea también se extenderá a los medios impresos.

Y hay más: en sociedad con el Laboratorio de Periodismo (Labjor) de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), el MCT — a través de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep) — va a apoyar la construcción de un portal de popularización de la ciencia y la tecnología, que congregará a las iniciativas disponibles sobre comunicación en ciencia y periodismo científico, entre otras cosas. También se articula la realización de un foro nacional de popularización de la ciencia, del cual participarían el Ministerio de Educación y otros órganos del gobierno, junto a sectores representantes de la comunidad científica de todo el país. “El foro debe que tener carácter nacional, ya que nuestra meta es implementar una política nacional de ciencia”, justifica Moreira.

Este conjunto de iniciativas llegará a su ápice durante la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología, que el MCT está organizando para el segundo semestre y que reunirá a escuelas, universidades y agencias de fomento, entre otras instituciones, en una promoción simultánea de eventos ligados a la investigación y al conocimiento. La propuesta del MCT pretende articularse a las políticas de estímulo a la innovación en Brasil. “Para estimular la innovación se debe crear una mentalidad favorable, con un público más amplio”, argumenta Moreira.

En ese sentido, ya se han tomado algunas medidas prácticas, lo que da muestras de la disposición del gobierno nacional para hacer que el proyecto avance. La Finep, por ejemplo, ha destinado 1,3 millones de reales al Fondo Sectorial de Energía para la difusión de informaciones sobre el tema. El Centro Museos de Ciencias recibió 4 millones de reales para la ampliación de proyectos — lo que incluye la incubación de museos — y en poco tiempo más se anunciarán nuevos recursos para el apoyo a proyectos de “ciencia móvil”, como el del Proyecto Museo Itinerante (Promusit) de la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul (PUC-RS).

A bordo de un semirremolque
El Promusit es en realidad un semirremolque de 21 metros de longitud que transporta 60 experimentos y decenas de kits pedagógicos utilizados en talleres y cursos orientados a alumnos y docentes. Descargado con el auxilio de un montacargas capaz de soportar una tonelada y media, el semirremolque se transforma en un moderno auditorio, con aire acondicionado, equipos de audio, home theater, sistema de comunicación vía Internet y satélite, entre otras cosas.

El equipo del Promusit está compuesto por 12 docentes, 10 técnicos especializados y 10 pasantes, capacitados para enseñar ciencia “de manera lúdica e interactiva”, tal como dice Jetter Bertoletti, director del Museo de Ciencia y Tecnología de la PUC-RS, mentor del proyecto. El mismo, inaugurado en 2001, cuenta con el apoyo de la Fundación Vitae, el Banco Santander y el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), al margen de la propia universidad. El año pasado el museo móvil fue visitado por más de 200 mil personas en más de 20 ciudades del estado del sur de Brasil. “El museo combina el proceso de popularización de la ciencia con la educación inicial y permanente de docentes en el área científica”, comenta Bertoletti.

“La popularización y la educación para la ciencia se confunden”, afirma Leopoldo de Meis, docente titular de Bioquímica del Instituto de Ciencia Biomédica de la UFRJ, autor de una serie de libros de historietas sobre ciencia, de una obra de teatro y de una película de divulgación científica. “El conocimiento nuevo ha crecido exponencialmente. Las informaciones, muchas veces se entreveran, y así es difícil tomar decisiones”, observa. Desde hace años Meis procura empecinadamente desarrollar un lenguaje adecuado para hacer que las informaciones científicas se torne más accesibles para los jóvenes y niños.

El profesor observa que, fuera del ambiente académico, los diarios, las revistas y la televisión, entre otros medios, les muestran la ciencia a la gente poniendo de relieve su aplicación, su utilidad y su impacto para el desarrollo del país. “Raramente se habla del costado lúdico de la ciencia, vinculado al deseo del hombre de entender el Universo”, sostiene. Esta omisión contribuye a que los científicos sean mostrados como “locos, desvariados y solitarios”, y la ciencia como una actividad “lógica”, carente de creatividad, según detectó en el marco de una investigación realizada con niños y con jóvenes que habían aprobado el examen de ingreso a la universidad en la década de 1980.

En cambio, el arte era entendido por ese mismo público como sinónimo de emoción, de creatividad y de novedades. Por eso Meis decidió aprender el lenguaje de las artes para enseñar ciencia. En 1996, con el apoyo de la Fundación Vitae y de la FAPESP, lanzó su primer publicación: El método científico, distribuida en las escuelas. En 1998 hizo la segunda: La respiración y la 1ª ley de la termodinámica — o el alma de la materia. Y se dispone a lanzar la tercera, sobre la historia de las vacunas.

Varias otras experiencias de interfaz entre la ciencia y el arte se encuentran en fase de desarrollo en Brasil. El proyecto Ciencia en Escena, una de las iniciativas del Museo de la Vida de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), es una de éstas. La primera obra, El mensajero de las estrellas, de Ronaldo Nogueira da Gama, que contaba la vida de Galileo Galilei, llegó a un público estimado en 28 mil personas, y la segunda, El misterio de la vinchuca, que cuenta la epopeya del descubrimiento de la enfermedad por Carlos Chagas, está en cartelera desde el año 2000.

El monocordio de Pitágoras
La integración entre ciencia y arte también es el buque insignia de la programación de la Estación Ciencia de São Paulo, que actualmente es administrada por la Universidad de São Paulo (USP). Niños y jóvenes podrán presenciar allí la obra El monocordio de Pitágoras hasta mediados de junio. La pieza es una clase espectáculo que combina música y matemática mediante la utilización de las escalas musicales descubiertas por el filósofo griego Pitágoras. En el texto el autor y actor Pedro Paulo Salles interpreta a un artista popular del nordeste brasileño que narra mediante coplas historias que a su vez le fueron contadas por sus antepasados sobre la creación del monocordio — un instrumento musical de una sola cuerda —, los experimentos y las deducciones de Pitágoras para llegar a las escalas musicales.

“El teatro, por su potencial comunicativo, se configura como una herramienta fundamental para el aprendizaje y la difusión científica”, comenta Cauê Matos, coordinador del Núcleo de Arte Escénico de la Estación Ciencia, responsable de la elaboración de los textos. Los montajes de los espectáculos están a cargo del Grupo de Teatro Estación Ciencia de la Cooperativa Paulista de Teatro. Se espera que Pitágoras siga la misma senda de éxito que La estrella de la mañana, puesta en escena 130 veces para un público estimado en 25 mil personas.

La Estación Ciencia fue inaugurada en 1987 por iniciativa del CNPq en un antiguo galpón reciclado, junto a la Estación Ferroviaria de Lapa, cuya arquitectura se remonta a los comienzos del siglo XX. El término Estación con el cual se la denominó remite a los viajes al mundo del conocimiento científico y a su cercanía con las estaciones de tren y de metro. Alrededor de 1.700 niños y jóvenes visitan diariamente la Estación Ciencia. “Durante los fines de semana ellos generalmente regresan, acompañados por sus padres”, cuenta Wilson Teixeira, su director. Al margen de las obras de teatro, los chicos pueden conocer el Laboratorio Virtual, que cuenta con animaciones y juegos interactivos, con el objetivo de divulgar la ciencia en forma lúdica y divertida, con el apoyo de Internet.

Educación para la ciudadanía
Si las experiencias de la UFRJ, el Inpa, la PUC-RS, la Fiocruz y la Estación Ciencia pueden considerarse que son buenos modelos de proyectos de popularización del conocimiento, las actividades desarrolladas por los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepids) sostenidos por la FAPESP son ejemplos exitosos de difusión científica. En el Centro de Terapia Celular (CTC) de Ribeirão Preto, además de investigarse la utilización de células madre en el tratamiento de enfermedades, se desarrollan proyectos educativos con alumnos de la enseñanza básica y media de la red pública. Y se apuesta al desarrollo de jóvenes talentos.

Mediante actividades impulsadas por la Casa de la Ciencia — solventada por el Hemocentro y que en poco tiempo más se transformará en Museo y Laboratorio de Enseñanza de Ciencias — y programas tales como el Cazatalentos, este centro desarrolla metodologías de aprendizaje que despiertan la curiosidad y la práctica científica. Los alumnos son seleccionados por sus docentes en escuelas de toda la región, para que juntos desarrollen actividades de iniciación científica fuera de las aulas. “Abordamos temas esenciales para nuestras vidas, no solamente para la educación en ciencia, sino también para el ejercicio de la ciudadanía”, explica Marco Antonio Zago, coordinador del CTC.

En dichos cursos se utilizan a menudo técnicas de dramatización para fijar los conceptos relacionados con cuestiones de difícil comprensión, como la clonación, los transgénicos o el desarrollo de las enfermedades. Joyce da Silva y Daine Dias, por ejemplo, ambas de 14 años, escribieron una obra de teatro para prevenir a sus compañeras contra el cáncer de mama, popularizando así los conceptos específicos. En la obra, la paciente, que se llama María, le pregunta a la médica Débora cómo salió el resultado del estudio. La médica le responde: “Usted no ha hecho metástasis. Las metástasis se producen cuando las células del tumor entran al torrente sanguíneo y se esparcen por otras partes del cuerpo. Ha tenido suerte, pues el nódulo estaba en su fase inicial, lo que le permitirá tratarlo a tiempo y con tranquilidad”. María, tal revelan las dos chicas, se trató con la doctora Débora hasta curarse de la enfermedad.

Los proyectos desarrollados por el centro tienen en las clases dictadas por el equipo de investigadores su eje central, como así también son centrales la investigación en grupo y las actividades en las escuelas. Incluyen también la edición de un periódico, la divulgación de informaciones en una página en la web y otras formas de expresión que, tal como sostiene Zago, permiten contabilizar en la medida exacta su comprensión de la materia.

Ádamo Siena, de 14 años, que integra el equipo de alumnos del CTC desde 2002, hizo una historieta con 75 láminas, basándose en la obra La agonía de una célula, escrita y producida por él mismo y sus compañeros, con objetivo de popularizar algunos conceptos sobre virus (vea la ilustración de la página 50). “Si el alumno logra hacerlo, significa que entendió, que pensó en el tema y que tiene capacidad para decidir sobre éste”, observa Zago. Aficionado a la biología celular y molecular, Ádamo y otros tres compañeros de grupo fueron seleccionados y recibieran becas en el marco del Programa de Iniciación Científica Junior, que cuenta con el patrocinio de la FAPESP y del CNPq.

El refuerzo a las actividades docentes en clase también es la tónica de las actividades de difusión del Centro de Estudios del Genoma Humano, otro de los diez Cepids apoyados por la Fundación. Ya se han publicado tres libros bajo el título Conceptos de biología, dos libros paradidácticos sobre clonación humana y secuenciamiento de ADN y una guía de apoyo didáctico para docentes. “El centro también organiza cursos dirigidos docentes de la enseñanza media y para periodistas interesados en genética moderna”, comenta José Mariano Amabis, coordinador de Difusión. Entre los docentes, el área de genética molecular es prácticamente desconocida.

Y no existe material didáctico disponible para que se éstos puedan informar sobre temas tales como tests de paternidad y organismos genéticamente modificados, entre otros, que forman actualmente parte del universo de dudas de gran parte de los niños y los jóvenes. “Nuestro objetivo es mejorar la calidad de la enseñanza, trabajar con los contenidos básicos de la genética y la práctica pedagógica”, dice Amabis.

Los hologramas y Newton
En otro Cepid, el de Investigación en Óptica y Fotónica (Cepof) — que reúne a investigadores del Instituto de Física de la Unicamp, del Instituto de Física de la USP de São Carlos y del Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen, sigla en portugués) —, la televisión, la radio y los periódicos de la región son utilizados como medios para la divulgación de conceptos y la popularización de la ciencia. En São Carlos, por ejemplo, el centro erigió un pequeño estudio donde se producen los programas de la serie Video y ciencia, de entre 5 y 15 minutos de duración, que abordan 50 temas tales como hologramas, láseres, las leyes de Newton y las leyes de Kepler, entre otros, todos a disposición de las escuelas.

Otra serie, denominada En la senda de los científicos, que ya cuenta con 18 tomos, cuenta la historia de los autores de los grandes descubrimientos, desde Arquímedes hasta Pascal, incluyendo a los brasileños Vital Brazil y Carlos Chagas. “Todos los títulos, al margen de distribuirse en las escuelas, están disponibles en los videoclubes de São Carlos y los interesados pueden retirarlos sin cargo”, comenta Wanderly Bagnato, coordinador del Cepof. “Existe demanda e interés, ya que los videoclubes están solicitando más copias.”

El mismo estudio produce, también en formato para televisión, una serie de clases dirigidas a estudiantes universitarios del primero y segundo año de las carreras de ciencias exactas. Los cursos se transmiten por la TV Universitaria, distribuida por Net y TV Comunitaria. “Las clases son utilizadas en facultades particulares”, dice orgulloso Bagnato. El centro mantiene también un programa diario en Radio USP — que tiene el nombre de Minuto de ciencia, con informaciones sobre plantas medicinales, agrotóxicos y radioterapia, entre otros — y una columna dominical publicada en varios periódicos de la región.

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