Imprimir Republicar

Cine

La Hollywood de Pernambuco

Una tesis rememora el Ciclo de Recife: aquellos jóvenes que hicieron películas como las norteamericanas para el cine local

En 1929, Gilberto Freyre recibió una extraña visita en la redacción de A Província, uno de los más tradicionales periódicos de Recife. Un anciano — un aristócrata de la antigua generación de señores de ingenios de Zona da Mata, Pernambuco — llegaba allí para solicitarle al por ese entonces joven director del periódico, que mandase a la policía a buscar a unos de los fantasmas que estaban haciendo de su vida un infierno. Asustado ante el singular pedido, Freyre sugirió al amigo que consultase a un psiquiatra.

Y fue así como empezó a recabar historias de fantasmas para escribir un libro. Era un signo de esos tiempos. La ciudad ya no era la misma. El Recife de las lámparas de aceite se rendía a las fulgurantes luces de la modernidad. Y el proprio Freyre, un gran defensor de las tradiciones del nordeste brasileño, no lograba tomarse en serio estas historias. Se había terminado el espacio para las historias al pie del horno de leña, contadas por las nanas a los señoritos malcriados. Automóviles, helados, aviones y películas norteamericanas seducían a la nueva generación, ávida de emociones propias del siglo de la velocidad.

En esa ciudad que hacía hincapié en esconder su pasado — cambiándoles los nombres a sus calles, construyendo edificios modernos y abriendo avenidas —, un grupo de jóvenes resolvió hacer películas como los estadounidenses para exhibirlas en los cines de la ciudad. Empezaba entonces uno de los más importantes ciclos del cine regional brasileño, muy poco conocido hasta hoy. Luciana Corrêa de Araújo, investigadora del área de cine del Programa de Posgrado en Multimedios de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), se encuentra abocada a una investigación de posdoctorado en cuyo marco pretende analizar el Ciclo de Recife, identificando el escenario social y cultural donde se realizaron estas producciones.

“Durante este período”, dice Luciana, “conviven con particular intensidad las ambiciones de modernidad y el deseo de mantener las tradiciones, un proceso que se desenvuelve en diversos aspectos y que, entre sus principales manifestaciones, muestra la polémica que involucró al sociólogo Gilberto Freyre, que llegaría a escribir el ‘Manifiesto Regionalista’, y el periodista Joaquim Inojosa, vinculado a los intelectuales de la Semana del 22, un gran entusiasta y divulgador de las ideas modernistas en el nordeste de Brasil”.

Esta polémica toma cuenta de Recife y tendrá efectos tanto sobre la producción de películas como sobre la crítica periodística de los films exhibidos en las salas de cine de la ciudad. Las sesiones no transcurrían únicamente en el famoso Cine Royal, siempre recordado. “Insisto en este punto porque se suele hablar solamente del Royal, pero la investigación llevada a cabo en los diarios indicó que las películas se exhibían en otros cines; y algunos films incluso recorrían un circuito de exhibición significativo, que contemplaba salas del centro y de los barrios.”

Uno de los hitos principales del Ciclo de Recife es el regreso a la ciudad del orfebre Edison Chagas, proveniente de Río de Janeiro, por ese entonces capital de la República, con la idea de hacer cine de estilo norteamericano en Pernambuco. En Río, Chagas había trabajado en pequeñas producciones cinematográficas, donde había aprendido algunas técnicas que luego utilizara para las producciones del Ciclo. Rápidamente se junta al grabador Gentil Roiz, que tenía una cámara de segunda mano y escribía argumentos para películas imaginarias.

Junto al estudiante de ingeniería Ary Severo fundan Aurora-Film, la primera y las más importante productora del Ciclo. En 1924 filman su primer largometraje. “En poco tiempo logran reunir a unos 30 jóvenes que ejercían diversas ocupaciones: periodistas, empleados de comercio, artistas y otros, que vislumbraron en Aurora una oportunidad de pasar de ser aficionados a actores y técnicos de cine”, comenta la investigadora.

Inicialmente las producciones eran baratas y contaban con la buena voluntad de los jóvenes que gravitaban en torno a la productora. Pero, con el correr del tiempo, los costos de producción y de distribución se fueron elevando y la productora empezó a afrontar serios problemas económicos. Aurora-Film quebró dos veces, pero sus mentores siguieron haciendo cine de diversas maneras.

Retribuição, el primer film del Ciclo, se estrena en marzo de 1925. Escrita y dirigida por Gentil Roiz, con fotografía de Edison Chagas, esta película cuenta la historia — típicamente hollywoodiana —, de una pareja en busca de un tesoro y que lucha contra un grupo de bandidos. Componían el elenco Barreto Junior y Almery Steves, que más tarde sería reconocida como la mayor estrella del Ciclo do Recife. El film fue un rotundo éxito en el Cine Royal, lugar que se convertiría en la principal vidriera del cine pernambucano producido en el período, gracias a su copropietario, el portugués Joaquim Matos, cuya actuación garantizó la exhibición de las películas en gran estilo siempre.

Durante el período que va de 1922 a 1931 se produjeron 13 películas con trama y varias de las llamadas películas naturales, “que es la nomenclatura de la época para las películas de no ficción”, de acuerdo con Luciana Corrêa de Araújo. Inmediatamente después de Retribuição, salen Um ato de humanidade yJurando vingar, ambas de 1925. Aun contando con el éxito comercial deRetribuição , la productora tuvo que hacer una película comercial para equilibrar sus finanzas, y fue así como surgió Um ato de humanidade, una propaganda de Garrafada do Sertão, un remedio artesanal de Laboratório Maciel.

En esta cinta, Jota Soares — que se convertiría en un nombre importante del Ciclo de Recife — hacía su debut como actor, en el papel de un joven sifilítico que se curaba milagrosamente tomando dicha poción. “Es interesante acotar que estas películas de propaganda ayudaron a profesionalizar a los jóvenes cineastas, y también se convirtieron en el ganapán de muchos, una vez concluido el Ciclo”, dice la investigadora.

Poco después se estrenaba Jurando vingar, en la cual los jóvenes cineastas intentan repetir la estructura de la primera película, con una fuerte influencia del cine norteamericano. Pero en esta ocasión la reacción del público no fue tan entusiasta. Los tres entonces resolvieron filmar la propia realidad de Recife. Pensando en ello, surgió Aitaré da praia en 1926 (la película fue preservada y hoy en día se encuentra disponible en DVD).

En ella, el pescador Aitaré es el novio de Cora, una inocente muchacha de una pequeña aldea. Diversos desencuentros separan a los héroes, hasta que llega el esperado final feliz. En esta película, de la que participan actores como Almery Steves y Jota Soares, se muestran tanto las hermosas playas del lugar como el exquisito ambiente de la aristocracia de Recife. El embate entre tradición y modernidad puede verse de manera evidente en la cinta, que tiene una hora de duración.

El film fue un gran éxito y llegó a exhibirse en otras ciudades. La noticia de que existía un grupo empeñado en hacer cine en Recife llegó rápidamente a Río de Janeiro, con críticas especializadas a cargo de periodistas como Adhemar Gonzaga y Pedro Lima. Esto suscitó el interés de parte de otros emprendedores que deseaban hacer cine. Surgieron cuatro nuevas productoras: Vera Cruz-Film, Planeta-Film, Veneza-Film y Olinda-Film. En 1925 se ruedan también Filho sem mãe, de Planeta, una película perdida que, según se cuenta, contaría con la presencia de “cangaceiros” en su trama, lo que indica el aprovechamiento dramático de personajes típicos de la región.

Picante
Pese a las dificultades económicas derivadas de la producción de Aitaré da praia, los integrantes de Aurora-Film se abocaron a realizar la más ambiciosa de las películas del Ciclo de Recife: A filha do advogado, que se estrenó en 1926 y tenía una duración de 92 minutos. Con guión de Ary Severo y dirección de Jota Soares, el film es un melodrama en torno a una tórrida historia de seducción, que dejaría al escritor Nelson Rodrigues con envidia por no ser su autor. Helvécio, el héroe de esta historia, es hijo de un famoso abogado de la ciudad: el doctor Paulo, y lleva una vida bohemia.

Su padre tiene una amante y una hija de esa relación ilícita: Heloísa. Helvécio, no sabiendo que la muchacha es su media hermana, intenta seducirla violentamente. Se desata entonces una pelea y ella lo mata. Nadie acepta defenderla en el tribunal, hasta que un extraño aparece dispuesto a ayudarla. En el elenco están Jota Soares, Guiomar Teixeira, Euclides Jardim, Norberto Teixeira, Olíria Salgado, Ferreira Castro, Jasmelina de Oliveira y Severino Steves. La película llegó a exhibirse en Río, pero las deudas ocasionadas por su producción fueron muy abultadas y Aurora-Film fue a la quiebra por segunda vez.

Pero esta quiebra no implicó que los cineastas que habían creado la productora parasen de rodar películas. Edison Chagas continuó filmando en Liberdade-Film, que lanzó Dança, amor e ventura en 1927, y No cenário da vida en 1930, ésta última un drama romántico que seguía la línea de A filha do advogado. “En 1930 termina la producción de filmes con trama del Ciclo, en medio a la consolidación del cine sonoro, a las dificultades para exhibir las películas locales y al conturbado momento político y económico que atravesaba el país.”

Con todo, las películas con trama representan tan solo una parte de la producción del Ciclo de Recife. Los documentales son menos conocidos todavía y muestran a la ciudad en fechas especiales, como en Pernambuco e sua exposição de 1924 , de Ugo Falangola y J. Cambière, Carnaval pernambucano de 1926, de Aurora-Film, y O progresso da ciência médica, realizado por Edison Chagas en 1927. En el marco del proyecto de investigación de Luciana Corrêa de Araújo, el Ciclo do Recife es entendido dentro de un espectro más amplio, que extrapola el campo cinematográfico, para abocarse a la sociedad y la cultura pernambucana de los años 1920. “Una de las principales cuestiones que signan el período es el embate entre la tradición y la modernidad”.

Uno de los espacios privilegiados para detectar esta tensión los constituyen los periódicos y revistas de la época. “Los diarios de Recife, las revistas y las columnas de cine de Río de Janeiro muestran una visión contemporánea capaz de enriquecer y problematizar las lecturas hechas posteriormente”, añade. Las últimas películas del Ciclo de Recife se exhiben en 1930, pero la producción cinematográfica de la ciudad se extiende a lo largo de las décadas posteriores. Una producción constituida sobre todo por noticieros de cine y documentales, que no alcanzan a tener la misma repercusión que los films con trama realizados en la época del cine mudo.

Con el super 8, en la década de 1970, el cine pernambucano toma nuevo aliento, con realizadores que también escribían en los periódicos de la ciudad, como Fernando Spencer, Celso Marconi y Geneton Moraes Neto. Y a partir de la nueva oleada de los años 1990, la producción vuelve a extenderse más allá de los límites del estado. Surgen películas como Baile perfumado (1987), O rap do pequeno príncipe contra as almas sebosas (2000) y Amarelo manga (2004) que, al igual que la producción del Ciclo de Recife, encuentran un terreno fértil en el diálogo entre lo moderno y lo tradicional.

El Proyecto
El Ciclo do Recife, las Películas y las Historias (nº 01/10071-5); Modalidad
Beca de Posdoctorado; Supervisora Lúcia Nagib — Programa de Posgrado en Multimedios/Unicamp; Investigadora Luciana Sá Leitão Corrêa de Araújo — Programa de Posgrado en Multimedios/Unicamp

Republicar