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Ciencia

La región amazónica lucha contra la malaria

Ensayos de laboratorio comprueban la acción biológica de ciertas plantas de la selva empleadas por las poblaciones nativas

Fueron más de 350 días de expediciones a través de siete localidades del estado brasileño de Amazonas, en busca del conocimiento popular referente a los tratamientos contra el paludismo. Lin Chau Ming, de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de Botucatú, y Ari de Freitas Hidalgo, de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Federal de Amazonas (Ufam), se propusieron relevar el repertorio de hojas, raíces, lianas y cortezas de plantas usadas para prevenir o mitigar los síntomas de la malaria entre habitantes de la zona de Manaos y de la ribera del río Solimões.

De las 71 personas entrevistadas, con edades entre 34 y 83 años, solamente ocho nunca habían contraído la malaria, mientras que 32 habían padecido la enfermedad al menos tres veces — y dos hombres afirmaron que habían tenido malaria más de 20 veces. En síntesis, casi todos eran víctimas recurrentes de la molestia, habituados a buscar en la selva sustancias para combatir sus síntomas.

Ming e Hidalgo recabaron informaciones referentes al uso de 126 especies de plantas descritas como eficaces no solamente contra el paludismo, sino también contra sus consecuencias, como los problemas hepáticos y renales o la anemia. De las especies apuntadas, 82 se referían específicamente a la malaria o a la fiebre, su principal síntoma, y otras 91 al hígado, el órgano más afectado.

En un ensayo preliminar, los investigadores evaluaron la acción de los extractos de las plantas en larvas de Artemia franciscana, un microcrustáceo utilizado para detectar el potencial bioactivo de ciertas sustancias, debido a su capacidad para sobrevivir a la paralización metabólica. Solamente 22 de las 126 plantas no presentaron ningún efecto sobre las larvas de Artemia.

En algunos casos, como en los de los extractos de la sacaca (Croton cajucara), del camapú o bolsa mulaca (Physalis angulata) y de la caapeba (Potomorphe peltata), murieron todas las larvas. En otras ocasiones, el resultado fue menos expresivo, lo que no alcanza como para descalificar la sabiduría popular. Un ejemplo es una liana: la “saracura-mirá” (Ampelozizyphus amazonicus), la materia prima utilizada en la elaboración de una bebida medicinal espumante conocida como cerveza de indio.

En las pruebas, la mortalidad del crustáceo se ubicó entre el 61% y el 70%. Pero existen indicios de que esta planta puede efectivamente tener un papel en la prevención del paludismo, tal como dicen los pobladores ribereños. Investigadores de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG) y de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) demostraron que el extrato de “saracura-mirá” bloquea el ciclo de la malaria en el organismo, impidiendo que el protozoo causante de la enfermedad llegue al torrente sanguíneo y provoque con ello ataques febriles.

En tanto, otros científicos ya habían descrito vegetales utilizados contra la malaria, pero se limitaron a confeccionar listas de plantas, Maria das Graças Brandão, de la UFMG, fue un poco más allá: efectuó relevamientos en dos estados brasileños, Rondônia y Pará, y ensayos con el Plasmodium falciparum, el protozoo causante de la malaria. Pero esta es la primera vez que se evalúa la eficiencia de extractos de plantas utilizadas en Amazonas — y 22 de las 127 especies no habían sido mencionadas antes en el marco de ningún otro estudio. En la siguiente fase, los extractos serán sometidos a pruebas más severas, con cepas uniformes de Plasmodium falciparum, cultivadas en el Instituto de Medicina Tropical de Amazonas.

La intención es usar el conocimiento popular como un atajo para obtener nuevos medicamentos. Tales herramientas pertenecen a la esfera de la etnobotánica, que es el estudio del uso de plantas por parte de agrupamientos humanos. “La malaria fue introducida en la Amazonia hace más de 200 años, y tanto los indios como los campesinos tuvieron que desarrollar medios propios para tratarse”, dice Ming.

“Este aprendizaje es un punto de partida para la investigación de nuevas drogas.”Las estrategias disponibles en el combate contra la enfermedad han llegado a su límite. Los mosquitos que transmiten el mal, del género Anopheles, están desarrollando resistencia a los insecticidas, y la cloroquina, el más tradicional remedio contra la malaria, no está siendo más eficaz contra algunas cepas del Plasmodium falciparum.

Existe otra opción: la hierva asiática Artemisia annua, de la cual se produce la artemisinina, pero su costo de producción es aún elevado. Los indios y las poblaciones ribereñas padecen la malaria desde el siglo XVIII, cuando la enfermedad llegó proveniente de África junto con los colonizadores. El hecho de tener en cuenta esta experiencia puede conducir a nuevas estrategias de combate.

Los riesgos
El paludismo es una enfermedad debilitante, que provoca fiebres y anemia, lo deja al organismo propenso a contraer otras dolencias. Reduce el rendimiento en el trabajo, exige el traslado de las víctimas a lugares que reúnan las condiciones adecuadas para realizar el diagnóstico y, en algunos casos, puede ser letal, sobre todo en individuos mal nutridos. “En caso de contraer malaria durante el embarazo”, comenta Ming, “puede haber malformación del feto, atraso en el desarrollo intrauterino o incluso aborto, eso sin contar las secuelas permanentes en el niño.”

El Brasil, el 99% de los casos de malaria se registran en la región norte, donde la afección mantiene una fuerza arrolladora: de los 11 mil casos detectados en Amazonas en 1985, la cifra trepó a 180 mil en 2000, cayendo a 40 mil al año siguiente. “En 1999 se registró el mayor brote en Amazonas, con 167.722 casos detectados y seguramente muchos miles no incluidos en las estadísticas”, comenta Hidalgo. “En ese momento decidí trabajar con mayor ahínco en la búsqueda de alternativas tendientes a mitigar el sufrimiento causado por la malaria.”

Entre 2001 y 2003, Ming y Hidalgo, en el marco de cinco viajes, que duraron en promedio dos meses y medio cada uno, visitaron tres localidad de la región de Manaos (Careiro, Presidente Figueiredo y Rio Preto da Eva) y cuatro ubicadas en el área de influencia del río Solimões (Atalaia do Norte, Benjamin Constant, Tefé y Coari).

En cada lugar, seleccionaron a los entrevistados con el apoyo de agentes de la Fundación Nacional de Salud (Funasa) y de voluntarios de la Pastoral del Niño. Aunque la Funasa impulsa campañas periódicas donde se resalta la importancia de combatir a los mosquitos, gran parte de los entrevistados cree aún que la malaria se propaga realmente a través del agua (lea en el recuadro).

“Muchos asocian la malaria a las habas (vainas) que se desprenden de un árbol: el ‘baú-baú’, y contaminan el agua”, dice Hidalgo. “En realidad lo que existe es una coincidencia entre el ciclo reproductivo del árbol y las crecientes, que inundan los terrenos y favorecen la proliferación de los mosquitos, y, por consiguiente, de la malaria”. Hidalgo y Ming pretenden repetir la investigación en la ribera del río Negro antes de 2006. Allí es más fuerte la presencia de indios que la de campesinos.

Los medicamentos de la tierra
Los técnicos de la Funasa recorren la región amazónica desde hace décadas. Dan charlas y encabezan campañas de prevención y erradicación del mosquito transmisor de la enfermedad, llamado “carapanã”. Extraen sangre para la realización de análisis y distribuyen medicamentos. Pese a ese intenso trabajo, el uso de plantas es una práctica frecuente, principalmente como una forma de evitar los efectos colaterales de los comprimidos, tales como mareos o náuseas, que a veces se confunden con los síntomas de la propia enfermedad.

Con hojas, raíces o cortezas de plantas como el huasai del amazonas (Euterpe precatoria), el copaíbo (Copaifera sp) y la “caapeba” u hoja santamaría (Pothomorphe peltata) se trata la malaria y los problemas que ésta causa, como la hepatitis y la anemia. Pero árboles de uso medicinal como la “carapanaúba” o jichituriqui (Aspidosperma sp) son en ocasiones talados para ceder su lugar a pequeñas plantaciones.

La fiebre que viene del agua
Más de estudiar las plantas y sus formas de uso, Lin Chau Ming y Ari de Freitas Hidalgo reunieron testimonios sobre la visión de la malaria en la región Amazónica, cuál es su causa y cómo proceder con ella. “En algunas localidades, la malaria es considerada casi tan común como la gripe”, dice Ming. “Se convive con ella como con un resfrío”. Es también llamada paludismo, tembladera o simplemente fiebre; los habitantes más antiguos todavía se acuerdan de cuando la trataban como “sezão” o “maleita”.

“Me dolía mucho la cabeza, sentía muchos escalofríos y dolor en los huesos. Me dio una tembladera tan grande que pensé que iba morirme. Me envolvía en sábanas y sábanas. Después sentí mareos, estaba débil. La primera vez no fue tanto así, pero la segunda pensé que iba a morirme”. Maria José Rodrigues, 50 años, Tefé.

“Frío, fiebre, dolor en los huesos y en el cuerpo. Me enrollaba en un paño y el frío no pasaba. Duele mucho la cabeza, eso te mata, parece que uno va a enloquecer”. Nazaré Reis, 46 años, Careiro.

Los científicos arribaron a la conclusión de que la estrategia de combate contra la malaria puede no estar surtiendo los efectos deseados, entre otros motivos debido a la convicción de la población de que la enfermedad puede tener más de una causa: al menos la mitad de los entrevistados no considera que es totalmente cierta la información dada por los técnicos sobre las formas de transmisión del protozoo causante de la enfermedad.

“La cosa es así: dicen que la trae el mosquito, pero yo no les creo. Es el agua”. Isaías Gomes, 54 años, Tefé. “La gente dice que es ‘carapanã’, pero para mí es el agua. Caen muchas habas y el agua se pudre, se envenena. Las habas traen el veneno, si uno toma agua con habas le agarra malaria”. Nelsina Vitor, 81 años, Careiro. “Hubo unas enfermeras que pasaron por acá diciendo que se pesca ‘carapanã’, pero no sé si acá en la comunidad alguien ya se la agarró así”. Aldair Ramirez, 39 años, Benjamin Constant.

Para la mayoría de los entrevistados (el 84,5%), los que están con malaria o ha salido de una deben hacer una régimen específico y evitar algunos tipos de carne, principalmente las grasas “conocidas en la Amazonia como ‘reimosas'”, para evitar que la enfermedad reaparezca nuevamente.”El que está con malaria tiene el hígado jorobado, está muy sensible, no puede comer lo que quiere. Hay cosas que patean al hígado, especialmente la comida con mucha grasa. Los enfermos deben comer cosas livianas”. Irondina Machado, 65 años, Careiro.

“La carne de tapir, fíjese usted. Pueden haber pasado 15 ó 20 días, uno ya no siente más nada, pero si come carne de tapir va a ver que vuelve. Es mucho, mucha ‘reimosa’. Ave María, yo le tenía más miedo a la carne de tapir que a cualquier otra cosa”. Manoel Pinto, 79 años, Careiro.

“¿Pirarucú? ¡Ni soñando! Basta que coma que el bicho vuelve. Se hincha todo, el hígado, el estómago. La sangre se echa a perder, si le pica y se rasca se revienta todo”. Sandra Amaral, 66 años, Rio Preto da Eva .”Si uno come pirarucú o piraña, la pasa mal. Ella sube más, se hace más fuerte pa – maltratar el órgano de la persona. Evite esas cosas y ella lo deja en paz”. Artur Fortes, 74 años, Benjamin Constant.

El Proyecto
Etnobotánica de Plantas Antimaláricas de la Ribera del Río Solimões y la Zona de Manaos
Modalidad
Línea Regular de Auxilio a la Investigación
Coordinador
Lin Chau Ming — Unesp
Inversión
R$ 31.025,11

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