Imprimir Republicar

Cultura

Vietnam fue acá

La prensa brasileña se valió de las guerras de Asia para referirse a conflictos internos

Era la década de 1950: los aparatos de televisión empezaban a invadir los hogares en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. El impacto de las imágenes transmitidas por televisión fue tan grande que provocó un cambio radical en los medios gráficos. En un momento sumamente delicado, pues el mundo presenciaría en un breve lapso de tiempo más conflictos en Corea y Vietnam, cuyas imágenes en las pantallas televisivas y en los medios impresos marcarían para siempre los corazones y las mentes estadounidenses.

Pero las marcas de ese cambio en la prensa no tardarían en llegar acá, pese a que a la época la guerra en Brasil era otra, con nacionalistas que anhelaban la industrialización del país con recursos propios, y liberales, que soñaban con una potencia agrícola y con la inserción de Brasil en el escenario mundial. La prensa nacional se apropiaría de la Guerra de Corea para fortalecer a uno u otro lado de la discusión. Años más tarde, en plena dictadura militar, lo propio ocurriría con la conflagración de Vietnam, usada por la gran prensa para reforzar el mito externo e interno del “peligro comunista”, y por el periodismo de izquierda para denunciar al imperialismo y la tortura.

Tal el análisis que se sostiene en O imaginário e as guerras da imprensa [El imaginario y las guerras en la prensa ] (Papel Virtual Editora, 293 páginas), tesis doctoral transformada en libro de Orivaldo Leme Biagi, que estudia cómo se produjo la apropiación de estos dos conflictos por parte de los medios de comunicación brasileños. Leme Biagi aprovechó el trabajo para mostrar también de qué manera la televisión cambió la manera de hacer periodismo impreso, primero en Estados Unidos y luego en Brasil. La guerra de Corea fue la primera contienda bélica seguida por TV, y la de Vietnam fue la primera transmitida en vivo.

Este nuevo elemento revolucionó la forma de realizar las coberturas de guerra. En Corea, por ejemplo, el presentador Walter Cronkite, ante una cámara de televisión, empleaba un mapa de las Coreas, un pizarrón y tiza para mostrar el avance de las tropas, lo que le significó un gran éxito. Sus transmisiones y la noticia de la muerte del primer soldado norteamericano fomentan el alistamiento por parte de los jóvenes. En Vietnam, las imágenes del conflicto tendrían un efecto opuesto, pues alimentarían la contracultura y las protestas contra la intervención de EE.UU.

Debido al peso de las imágenes del cine y la televisión, la prensa estadounidense corre de prisa para adaptarse e invierte pesadamente en la modernización gráfica y, principalmente, en el uso de la fotografía. Allá surgen revistas tales como Life ; acá, O CruzeiroFatos&Fotos y principalmente Manchete . Los periódicos brasileños, que hasta entonces se regían según el modelo francés, abandonan los largos artículos con textos rebuscados y se inician en notas menores, con mayo número de fotos. “Quiénes conocen las redacciones de los diarios actualmente saben que la gran discusión no siempre pasa por qué artículo será titular, sino por qué foto saldrá en la portada”, dice.

El investigador observa que, con el comienzo de la Guerra de Corea, las diferencias entre nacionalistas y liberales se agudizaron, incluso en los círculos militares. La elección de Getúlio Vargas echó más leña al fuego. “La disputa fue dura. Había incluso una discusión sobre si Brasil debería o no debería enviar tropas para apoyar a Estados Unidos en su acción en Corea, con los nacionalistas en contra, pues veían en el conflicto la opresión del gobierno de estadounidense”, dice Biagi, para quien la gran prensa decidió sencillamente no informar sobre los hechos del gobierno.

Vargas fue identificado con los nacionalistas, y éstos, debido a sus posturas, con los comunistas. Biagi recuerda que solamente Samuel Wainer informaba sobre las decisiones del gobierno. El debate entre nacionalistas y liberales recién se cerró con la caída de João Goulart. De acuerdo con el investigador, antes de oficializar su presencia militar en Vietnam, EE.UU. suplantó a todos los gobiernos que, debido a su línea política o económica, pudieran cuestionar de alguna manera su ideario. “No es mera coincidencia que el golpe militar en Brasil haya ocurrido el 31 de marzo y que la intervención militar en Vietnam se haya iniciado en agosto. Ellos primero resolvieron la situación en Latinoamérica y luego partieron hacia la guerra abierta en Asia.”

Osasco
En su libro el estudioso muestra de qué manera los medios estadounidenses inmediatamente abrazaron la causa y, por su parte, los brasileños siguieron el ejemplo. Sin embargo, eso fue cambiando poco a poco. Mientras la derecha se valía de la Guerra de Vietnam para mostrar a los heroicos norteamericanos en su lucha contra el comunismo internacional, la izquierda usaba la tortura de vietcongs para sostener que la práctica era común por estas tierras también. Pero este escenario cambiaría rápidamente en 1968, con la ocupación de la embajada estadounidense en la ofensiva de Tet. “Vietnam pasó a ser tan popular que en las huelgas de las ciudades Contagem [Minas Gerais] y Osasco [São Paulo] el nombre de ese país llegó a las consignas: las imágenes de la guerra aparecían hasta en Canal 100 en los cines, que solamente mostraba fútbol”, comenta Biagi.

Vietnam fue la primera y la última guerra mostrada con sangre y dolor por televisión. Y el resultado de ello fue la movilización de la opinión pública en EE.UU. y en el resto del mundo contra la ofensiva militar. Según el investigador, hay tres imágenes que signan el conflicto: la foto del monje budista inmolándose en protesta, en 1963; la del agente norteamericano volándole con la cabeza a punta de fusil a un vietcong arrodillado a sus pies y la foto inolvidable, de 1972: aquélla de la nena desnuda corriendo quemada con napalm.

Tanto los medios como el gobierno estadounidense aprendieron la lección. Durante la primera Guerra del Golfo, en los años 1990, las TVs transmitieron imágenes en colores de los llamados bombardeos quirúrgicos, que supuestamente acertaban sólo en blancos militares. Ahora, en Irak, más de lo mismo. Pero parece que no les está saliendo bien. “Existe un hecho nuevo que es Internet y la pluralidad de opiniones e informaciones que la red pone a disposición”, dice el historiador. La cobertura de la prensa fue favorable a la acción en Vietnam desde 1964 hasta 1971; recién entonces la marea empezó a cambiar.

“Pero ahora pasaron solo tres años desde aquel 11 de Septiembre y la propia prensa norteamericana ha empezado a hacer su mea culpa, y apunta problemas graves tanto en la decisión de ir a la guerra como en la ocupación militar de Irak”. Una multiplicidad de fuentes y la velocidad de la información marcan la diferencia. “La administración Bush fue a la guerra prometiendo que iba a terminar con un régimen dictatorial que hacía uso de la tortura, pero no logró siquiera transformar a Irak en una democracia y, lo que es peor, recurrió también a la tortura”, dice.

En este libro, Biagi narra los ascensos y las caídas de la prensa brasileña: cómo la tecnología determinó la supervivencia de Manchete y la decadencia de O Cruzeiro, todo a causa de la calidad de las imágenes. Cómo las alianzas con el gobierno y las fuentes de financiación, como el Banco do Brasil, por ejemplo, fueron fundamentales para la supervivencia de uno u otro medio. Cómo inversiones faraónicas en el momento equivocado llevaron a las empresas de medios a entrar en dificultades económicas. Su investigación construye un buen análisis acerca de cómo las guerras del papel y de las imágenes pueden ser casi tan violentas como las de verdad. Al fin y al cabo, como ya se dijo alguna vez, en cualquier guerra, la primera baja es la verdad.

El Proyecto
El Imaginario y las Guerras en la Prensa: Estudio de las Coberturas Realizadas por la Prensa Brasileña en la Guerra de Corea (1950-1953) y en la Guerra de Vietnam, Durante la Así Llamada “Fase Americana” (1964-1973) (nº 96/09417-4); Modalidad Beca de Doctorado; Director de tesis Italo Arnaldo Tronca – Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas/Unicamp; Becario Orivaldo Leme Biagi – Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas/Unicamp

Republicar