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Tecnología

Para hacer transfusiones más seguras

Un aparato asegura la calidad de la sangre destinada a pacientes inmunodeficientes

Un aparato construido en la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la Universidad de São Paulo es capaz de asegurar la calidad de la sangre empleada en las transfusiones de personas inmunodeficientes, que pueden presentar incompatibilidad con las células de defensa inmunológica del donador. Este artefacto es el resultado del estudio de posdoctorado del biofísico Evamberto Garcia de Góes, bajo supervisión del profesor Dimas Tadeu Covas. El prototipo, que está instalado en la Fundación Hemocentro de Ribeirão Preto (FHRP), protege a la sangre de la temperatura ambiente (debe permanecer refrigerado) y facilita una mejor exposición del producto cuando se lo acopla a los aparatos que hacen la irradiación de rayos gamma o X.

Actualmente el procedimiento ideal es el uso de los irradiadores específicos, creados a tal fin, que utilizan fuentes de cesio 137 para producir los rayos gamma. Pero sucede que cuestan más de 100 mil dólares.Como los bancos de sangre no puede en su mayoría adquirir el aparato, la irradiación se efectúa con aparatos de cobaltoterapia que emplean cobalto 60 para emitir rayos gamma, o en aceleradores lineales que emiten rayos X ambos diseñados originalmente para irradiar pacientes con cáncer.

“El problema es que en ambos casos la irradiación demora entre 30 minutos y dos horas para concluirse, y durante ese período, la sangre queda expuesta a la temperatura ambiente, lo que puede comprometer su calidad”, explica Góes, desde 2001 profesor del Centro Universitario Franciscano de Santa María, Río Grande do Sul. “La función principal de nuestro prototipo consiste en permitir la utilización de los dos equipos con la misma eficiencia del irradiador específico, pero exento de la exposición a la temperatura ambiente. Todo esto a un costo de 10 mil reales (valor financiado por la FHRP)”, dice el investigador.

El prototipo desarrollado por Góes consiste en un recipiente térmico con dos compartimentos: uno para las bolsas de plaquetas, con temperatura de 22°C, y el otro para los hematíes, con una temperatura de entre 2°C y 4°C. Un motor accionado por computadora hace que el recipiente gire frente al haz de radiación, permitiendo la distribución uniforme de los rayos y asegurando las dosis adecuadas para cada bolsa. De acuerdo con Evamberto, esto es importante porque, tanto las dosis insuficientes como las excesivas pueden comprometer la eficiencia del proceso.

El giro también se destina a mantener los derivados de la sangre agitados, condición indispensable para las plaquetas. “Realizamos una serie de estudios físicos y biológicos para hallar una frecuencia de rotación para el recipiente que fuese capaz de homogeneizar las dosis de radiación en las bolsas de sangre y suministrar un grado de agitación ideal para las plaquetas, sin comprometer la calidad de los hematíes”, dice el profesor Góes.

“La irradiación de la sangre es necesaria para evitar una reacción rara, pero fatal, conocida como enfermedad del injerto contra el hospedador, asociada a la transfusión (DEVH-AT), que se produce en pacientes con deficiencia inmunológica, como las personas sometidas a transplantes o que padecen algún tipo de leucemia”, dice Góes. Los agentes de la reacción son los linfocitos T, que actúan en la defensa orgánica. Cuando estas células, presentes en la sangre del donador, identifican una eventual incompatibilidad con la sangre del paciente, comienzan a multiplicarse y a atacar de manera directa o indirecta a algunos sistemas del organismo del receptor. Al cabo de pocos días, provocan necrosis de los tejidos y falencia de la médula.

En pacientes con las defensas orgánicas normales, un eventual ataque sería neutralizado por la acción eficiente de su sistema inmunológico, pero no es eso lo que sucede con los pacientes inmunodeficientes”, explica Góes. El profesor aclara que el tipo de incompatibilidad que desencadena el ataque no es el resultado de las diferencias de grupo sanguíneo o factor RH, sino de la disparidad génica asociada al sistema de histocompatibilidad (la capacidad genética de un tejido o de un órgano para ser aceptado por un receptor).

Rotura de la molécula
La DEVH-AT puede ser devastadora, pues no responde a ningún tipo de tratamiento y es fatal en la mayoría de los casos. La irradiación, según Góes, es la forma más segura de evitar la enfermedad, ya que ésta rompe la molécula de ADN del linfocito T, impidiendo su división y eliminando su capacidad de propagarse en el organismo del paciente. Lo ideal, según Góes, sería que la sangre utilizada en pacientes con deficiencia inmunológica no tuviera ni siquiera una de estas células en condición de armar una respuesta inmunológica contra el paciente. Pero, de acuerdo con la literatura médica actual, se considera que es segura la sangre que posee hasta 10 mil linfocitos T viables por cada kilo de peso del paciente. Si el enfermo pesa 70 kilos, por ejemplo, solamente puede haber 700 mil linfocitos T en el volumen total de sangre que éste recibirá.

En su investigación doctoral, realizada en el Instituto Alberto Luiz de Coimbra de Posgrado e Investigación en Ingeniería (Coppe), de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), antes de desarrollar el prototipo, Góes, Covas y la bióloga Maristela Delgado Orellano elaboraron una técnica en la Fundación Hemocentro de Ribeirão Preto, que permite la detección de una célula T viable en un universo de un millón de células, aumentando así significativamente la seguridad del paciente. Esta técnica también forma parte de la metodología empleada en el prototipo desarrollado en el proyecto de posdoctorado.

La importancia de mejorar la calidad de la irradiación de la sangre en equipos no específicos para este fin configura, según Góes, la comprobación mediante estudios de que la mayoría de las instituciones brasileñas irradia a la sangre en equipos de radioterapia. En Brasil, un estudio llevado a cabo por el propio Góes y por José Carlos Borges, de la UFRJ, su director de tesis doctoral, demostró en 1996 que solamente el 10% de los bancos de sangre del país poseían el irradiador específico. La situación no es tan diferente en Estados Unidos, donde, según un artículo publicado en la revista Blood en 1991, una investigación efectuada con 99 hemocentros, 397 bancos de sangre de hospitales y 948 servicios de transfusión arrojó que el 87,7% de esas instituciones no disponían de facilidades en el sitio para irradiar sangre mediante el uso del irradiador específico, y empleaban, al igual que las brasileñas, equipos de radioterapia.

El prototipo desarrollado por Góes atrajo el interés de la empresa MGM Indústria e Comércio de Equipamentos Médicos, con sede en Ribeirão Preto. De acuerdo con Marcos Rocha, director comercial de la empresa, su equipo ha constatado la viabilidad técnica del aparato. MGM está analizando ahora la adecuación del prototipo a las normas de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa), y su factibilidad económica y de producción.

En caso de que en la firma decidan producir el aparato, pretenden ponerlo en el mercado en un plazo que va de seis meses a un año. Según Rocha, los análisis se concluirán en los próximos meses y, a lo que todo indica, la empresa se inclinará por la producción del artefacto. “Tenemos sumo interés en industrializar un prototipo desarrollado en la universidad”, dice Rocha, y a su vez recuerda que es tradicional en MGM producir equipos desarrollados por científicos brasileños. La empresa entró al mercado hace diez años, al lanzar un colposcopio de bajo costo, que abarató el diagnóstico del cáncer de cuello de útero.

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