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Política C&T

Una prueba de calidad

Un estudio incluye a Brasil figura en el ranking de los países que hacen más investigación científica de relevancia

Hasta hace poco tiempo, el esfuerzo de los científicos brasileños por publicar sus trabajos y ampliar su relevancia en el concierto de la ciencia internacional podía medirse mediante datos cuantitativos. Se sabía, por ejemplo, que entre 1981 y 2000 creció más de cuatro veces el número de artículos científicos del país publicados en periódicos internacionales indexados (el salto fue de 2,6 mil a más de 12 mil) ?siendo que Brasil es actualmente responsable por alrededor del 1,5% de la investigación hecha en el planeta. Pero un estudio publicado en la edición del 15 de julio de la revista británicaNature suministró un inédito indicador de la calidad de la investigación brasileña ?por cierto, con resultados bastante animadores.

Firmado por David King, docente de la Universidad de Cambridge y principal asesor científico del gobierno del Reino Unido, el estudio The scientific impact of nations efectuó un peculiar análisis de los artículos publicados a lo largo de ocho años en la base Thomson ISI (Institute for Scientific Information). Dicha base indexa más de 8 mil periódicos y revistas científicas rigurosamente seleccionadas, referentes a 164 áreas del conocimiento, y muestra el vigor de la actividad de investigación de cada país. King se abocó únicamente a la flor y nata de esos artículos: el 1% más citado en otros artículos y publicaciones durante el período 1993-2001. Este criterio evalúa la repercusión obtenida por un trabajo científico y es considerado fidedigno para medir su importancia. Cuanto más se los cita a los artículos, más se convierten en datos de referencia.

El resultado del análisis de King tomó la forma de un ranking de los 31 países que producen el 97,5% de las investigaciones más citadas en el planeta. En dicho ranking, Brasil aparece en un meritorio 23º lugar. El país tuvo cien artículos publicados entre los más importantes en el período 1993 -1997, y amplió esa participación a 188 artículos en el período siguiente, de 1997 a 2001. “Es una señal de que la calidad de nuestra investigación mejoró efectivamente”, dice Rogério Meneghini, coordinador de investigación del Laboratorio Nacional Luz Sincrotón (LNLS), un estudioso de la cienciometría, área de investigación destinada a generar informaciones para estimular la superación de los retos de la ciencia.

Cuando se evalúa el total de trabajos publicados, los resultados brasileños también son bastante significativos. El país publicó 27.874 artículos en la base Thomson ISI entre 1993 y 1997 (el 0,84% del total), y 43.971 artículos en el período que va de 1997 a 2001 (el 1,21% del total). Entre ambos períodos evaluados en el estudio, Brasil fue superado por Corea del Sur que, con la marca de 55.739 publicados entre 1997 y 2001 produjo más del doble que en el período anterior. Pero superó a países como Polonia, Dinamarca y Finlandia, aunque los tres continúan al frente en el ranking de los artículos más citados.

Un extraño en el nido
Los ocho países líderes producen el 84,5% de la producción científica contabilizada en el ranking de los artículos más citados. Son, en ese orden, Estados Unidos, el Reino Unido, Alemania, Japón, Francia, Canadá, Italia y Suiza. Los nueve países siguientes son responsables del 13% de los artículos (Holanda, Australia, Suecia, España, Bélgica, Dinamarca, Israel, Rusia y Finlandia). Son naciones pequeñas, muchas de ellas con un alto grado de desarrollo humano, y que logran mantener una inversión en innovaciones tecnológicas ?el extraño en ese nido es la gigante Rusia, que sufre todavía los dolores del ingreso en el mundo capitalista.

Brasil está en el tercero pelotón de naciones, grupo que responde por el 2,5% de las citas. El país figura en la 23ª posición en el ranking, detrás de Austria, China, Corea del Sur, Polonia y la India, y al frente de Taiwán, Irlanda, Grecia, Singapur, Portugal y Sudáfrica (este último, el único país africano que aparece en el ranking), Irán (la única nación islámica) y Luxemburgo.

A simple vista puede parecer un lugar no muy destacado ?pero esa impresión no resiste a un análisis más profundo. El hecho esencial es que Brasil está incluido en el ranking de los 31 países más significativos para la ciencia en el planeta. Ningún otro país latinoamericano forma parte de esta lista, ni siquiera naciones como Argentina y México, con historial en el área de investigación científica y premios Nobel en su bagaje. Éstos integran el cuarto y último pelotón, en el cual se aglomeran los restantes 162 países del planeta. Estas naciones dividen el 2,5% correspondiente al resto de los artículos más citados y quedaron afuera del ranking de David King. La importancia de cada una de éstas en la producción científica mundial solamente se hace visible luego de dos o más cifras decimales.

Otra ponderación necesaria se refiere a la evolución de Brasil en esos indicadores. La posición del país en el ranking se encuentra en franca expansión. Las cifras publicadas en la revistaNature muestran la producción de los 31 países en dos momentos ?de 1993 a 1997 y de 1997 a 2001. Como ya se ha visto, la comparación entre los dos períodos muestra que el desempeño de Brasil ha dado un salto de calidad. Fueron 188 artículos entre los más citados entre 1997 y 2001 (o un 0,5% del total), ante cien del período anterior (el 0,29%).

Estados Unidos, pese a su amplia ventaja por sobre los demás países, vio su espacio relativo reducirse discretamente en el ranking, de un 65,6% en el primer período a un 62,7% en el más reciente, terreno ocupado en buena medida por los países de la Unión Europea. También llama la atención el desempeño de un club de países emergentes en la investigación científica, del cual Brasil forma parte. Otros ejemplos son Corea del Sur, que saltó de 97 artículos entre los más citados entre 1993 y 1997 a 294 en el período siguiente; China (trepó de 153 citaciones a 375) y la India (un salto de 112 a 205).”En el caso de países como Brasil, en los cuales la producción es fuertemente creciente, los efectos de agregar datos de cinco años esconden cosas importantes. Con seguridad, el dato brasileño de 2001 es mucho mejor que el de 1997″, afirma Carlos Henrique de Brito Cruz, rector de la Universidad Estadual de Campinas y ex presidente de la FAPESP.

El ranking no desmenuza las afinidades de la investigación de cada país, y tampoco apunta las áreas vinculadas a los artículos publicados. Se puede inferiren el caso brasileño que algunas áreas del conocimiento tuvieron un peso específico en el desempeño en alza. La investigación genómica ciertamente es una de ellas. Un análisis reciente llevado a cabo por Rogério Meneghini mostró que el número de artículos sobre investigación genómica publicados por brasileños en periódicos científicos internacionales indexados creció un 72,4% entre 1998 y 2003.

El número de citaciones también va en aumento. La conclusión del secuenciamiento de la bacteria Xylella fastidiosa , que fue el artículo de portada de la revista Nature en julio de 2000, ya suma 200 citas, tal cono lo contabilizó Meneghini. El secuenciamiento y la comparación de los genomas de otras dos bacterias, la Xanthomonas citri y la Xanthomonas campestri, también publicados por Nature en mayo de 2002, tuvieron buena repercusión entre los investigadores y cuentan con 60 citas. La mayor parte de las publicaciones brasileñas en el área se relaciona con las investigaciones desarrolladas por la Organización para el Secuenciamiento y Análisis de Nucleótidos (Onsa), patrocinada por la FAPESP.

El objetivo del estudio de David King, además de escudriñar el desempeño del Reino Unido, consistía en medir el foso de calidad que separa a las investigaciones de los países desarrollados de las de los países en desarrollo. El investigador británico constata con preocupación que ese abismo es todavía más significativo de lo que hacen suponerlo los indicadores de gastos en ciencia de cada nación. Los países más ricos, observa KIng, consolidan su delantera con relación al resto del mundo. China, Brasil, India y Corea del Sur, gracias a las inversiones hechas durante la última década, constituyen honrosas excepciones en ese panorama.

Citando expresamente los casos de China y la India, el investigador inglés afirma que el ranking de las citas de artículos es insuficiente como para dar una plena dimensión de los avances alcanzados. “Los principales centros científicos de la India forman masa crítica de calidad y han hecho contribuciones notables al desarrollo del país”, escribió. Con relación a China, King elogió las inversiones hechas en infraestructura de investigación, que atrajeron nuevamente al país a investigadores que se especializaron en el exterior.

King sostiene que un desarrollo económico sostenible requiere un compromiso más efectivo con la generación de conocimiento. Recuerda que “aun modestos avances en salud, saneamiento, alimentación y transportes requieren aptitudes en ingeniería, tecnología, medicina, economía y ciencias sociales mayores que las que muchos países logran efectivamente alcanzar”. Y concluye: “Los círculos viciosos de la pobreza y la dependencia solo se cortarán mediante una efectiva colaboración en la construcción de capacidades entre países de mayor y menor vigor científico”.

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