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Entrevista

Bertha Koiffmann Becker: Una visión de la región amazónica, sin extremismos

Luego recorrer y estudiar la región amazónica durante 30 años, Bertha Koiffmann Becker plantea ahora una visión integrada, sin extremismos, como único camino para conciliar la preservación y el desarrollo de esa región que cubre algo poco más de la mitad del territorio brasileño. Para esta geógrafa política de 73 años, que ejerció la docencia durante 40 en la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y otros 18 en el Instituto Río Branco, los grandes emprendimientos empresariales, más allá de la aversión que generaron las experiencias fracasadas de los años 1970, deben coexistir con pequeños proyectos de producción familiar.

“No lograremos resolver el problema del desarrollo de la Amazonia únicamente con pequeños proyectos de producción familiar”, argumenta la investigadora, quien coordina el subprograma Dimensiones Humanas del Experimento de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera de la Amazonia (LBA), un megaproyecto científico que reúne a expertos de Latinoamérica, Europa y Estados Unidos.

Para ella, se debe preservar eficazmente, pero también se deben descubrir nuevas maneras de atribuirles valor económico a los recursos naturales, contando para ello con la participación de los habitantes de la región, pues “de lo contrario la selva no logrará competir con la explotación predatoria de la madera, con la ganadería y con la soja”. En la siguiente entrevista, concedida en el amplio apartamento donde vive desde hace seis años, en el 13º piso de un edificio situado en la Avenida Atlántica, Río de Janeiro, con una deslumbrante vista al mar, Bertha Becker deshace diversos equívocos sobre la Amazonia: no, no se trata de un vacío demográfico, sino de una región con alrededor de 20 millones de habitantes y una sorprendente tasa de urbanización.

¿Por qué usted caracteriza a la región amazónica como una selva urbanizada?
Ése es un calificativo que creé en 1985, debido al proceso de urbanización de la Amazonia, que durante las últimas décadas del siglo XX acusó las más altas tasas de Brasil en ese sentido. Hubo un flujo enorme de gente proveniente de todos los estados, en gran medida inducido por el gobierno federal en el marco del programa de integración nacional, donde la ocupación de la región amazónica fue una prioridad. Y como no todos lograron tener acceso a la tierra, y los que lo lograron después la perdieron debido a los conflictos por la posesión de la tierra, la población se dirigía a los núcleos urbanos. De acuerdo con el Censo de 2000, el 69,07% de la población se concentraba en los núcleos urbanos. Algunos sostienen que eso no es urbano, sino más bien un gran acampamento rural. Pero eso no importa, porque la urbanización se mide no solamente de acuerdo con el crecimiento y la multiplicación de las ciudades, sino también según la difusión de los valores urbanos por parte de la poblaciónrural, mediante redes de telecomunicaciones y movilidad laboral. Quienes trabajan en la ciudad y en el campo, estacionalmente, se mueven de aquí para allá, de allá para acá y así van aprendiendo, van absorbiendo los valores urbanos. Yo estudié mucho esta cuestión de la movilidad. Los migrantes querían ir a la ciudad para darles educación a los hijos. Es así nuestro proceso de urbanización. A algunos colegas no les agrada ese abordaje porque consideran que nuestra urbanización es igual a la de Europa y Estados Unidos pero no lo es.

En el estudio que usted hizo para la Conferencia del LBA, comenta que los núcleos urbanos constituyen el mayor problema de la Amazonia actualmente. ¿Por qué?
Porque están hinchados. Todo el mundo habla únicamente de la destrucción de la selva, pero los núcleos urbanos son actualmente uno de los mayores problemas ambientales de la Amazonia, porque allí vive mucha gente que no tiene acceso a nada, y que tiene serios problemas de salud y de saneamiento. No sé cómo, pero algo tenemos que hacer.

Usted también apunta hacia una visión integrada de la región amazónica, sin maniqueísmos…
Exactamente. Se dice que mejor son los pequeños, los que no destruyen, pobrecitos; los malos son las grandes empresas… Todos creen que no hay posibilidades de conciliación y no se dan cuenta de que cada un tiene un rol, con cosas buenas y también cosas malas. Ése es el maniqueísmo que aún impera, principalmente porque hubo una influencia muy grande, en la década de 1980 para la del 90, de una visión que a la época era muy justa, de denuncia de todo aquel movimiento militar de ocupación de la Amazonia. Yo misma elaboré un libro con esas denuncias:Geopolítica da Amazônia , en 1982. Pero ocurre que el mundo ha cambiado y Brasil también. Y luego llegó toda la izquierda festiva, que cree que todo lo que es grande es malo, y todo lo que viene del gobierno es malo, y eso fue una tragedia para Brasil. Después vino el Consenso de Washington, con la propuesta del Estado mínimo, la historia de que el Estado está en las últimas, y nosotros en vez de ver que eso era algo de afuera entramos en la guerra contra el Estado. Eso fue muy malo, porque hoy en día todos piden más Estado.

Porque se necesita al Estado, porque ese discurso vino de afuera, y esos países, Estados Unidos, Inglaterra, ninguno acabó con su Estado, era un discurso para la periferia. Acá la academia también entró en esa. El resultado de ello es que actualmente, en cualquier lugar de la Amazonia, con cualquier persona que usted hable, mire: sin ir más lejos estuve ahora en Altamira, estado Pará, que es un núcleo político importantísimo para la sociedad civil; la primera reivindicación que surge es la presencia del Estado. Para impedir que tomen las tierras. Al hablar con un productor ganadero, la primera reivindicación suya también es la presencia del Estado, pero por razones distintas: ellos creen que no es necesario mantener tantas áreas de bosques, quieren reducirlas debido al riesgo de invasión. Y tienen conflictos enormes en las fronteras, conflictos de soberanía…

¿Cuáles son esos conflictos de soberanía?
En que en ese proceso que pone a todos en contra del Estado y de ser a favor solamente de lo pequeño y de lo bueno ha habido una penetración de una ideología ambientalista a través de actores externos. Por ejemplo: algunas ONGs, que se movilizan políticamente, organizaciones religiosas, principalmente evangelistas, y la cooperación internacional de investigación. La región amazónica se convirtió así en un terreno fértil para la acción externa: esta gente llegó con dinero y ayudó a los movimientos sociales y a los pequeños productores, que estaban luchando por la supervivencia y para permanecer en la tierra, y así se transformaron en centinelas de la selva. No soy antiambientalista, pero tampoco soy ambientalista. No quiero que destruyan la selva: no lo quiero, definitivamente; pero no quiero tampoco que se expulse a los grandes productores, a los siringueros y a los pobladores ribereños. No es bueno movilizar a esa población contra el Estado. Tampoco lo es crear áreas protegidas en la Amazonia. Hay que hacer áreas protegidas, pero cuando se las protege se retiran grandes porciones de territorio del circuito productivo. No soy contraria a las unidades de conservación, pero no quiero que todo quede únicamente preservado. Porque, si no usan la tierra para producir, ¿qué van a hacer con ella Debemos respetar a la naturaleza, pero también debemos usar el patrimonio y la tierra. Debemos usarla de una manera no destructiva, pero hay que usarla.

Parece que salimos traumatizados de los años 1970 y no queremos pensar más en grandes proyectos para la Amazonia.
Yo estoy hablando precisamente de eso, de los traumas. ¿Petrobrás no puede actuar en la Amazonia? Tiene que actuar. Hay gente que es contraria a la construcción del gasoducto… Hay un movimiento sumamente hostil con relación a las grandes empresas. Carajás fue un enclave, pero ya no lo es, está pagando royalties y beneficiando a las localidades aledañas. Es importante desarrollar junto a las poblaciones locales un modelo basado en la explotación de los recursos locales, pero no resolveremos el problema del desarrollo de la región amazónica únicamente con pequeños proyectos de producción familiar. Algunos de ellos han tenido sus logras, de escala incluso, pero la mayoría no tiene escala suficiente, son demasiado chicos, no tienen acceso la carretera vecina para transportar su producción. Tienen que existir los pequeños, las pequeñas empresas, las medianas empresas, el pequeño proyecto de agricultura familiar, quiero que los siringueros se organicen y todo eso, pero también debemos dar lugar a los grandes proyectos, proyectos modernos de producción. Aún hay muchos minerales allá. Tienen que coexistir las dos cosas, uno no debe excluir al otro.

Pero, ¿cómo conciliar esos extremos?
Es una buena pregunta. Habría que hacer antes que nada toda una planificación, empezar conciliando políticas públicas, con una estrategia orquestada, que contemple la diversidad de los recursos y la diversidad social. Pero lo que sucedió es que cada uno llegó e hizo lo que le venía en gana, fue un viva la pepa. No fue una zona tan grande porque el gobierno militar tuvo mucho más planeación de lo que se piensa. Pasamos la década de 1990 con una presión fortísima de preservación ambiental, producto de dos lógicas distintas, pero con el mismo proyecto. Una lógica es la de la preocupación ambiental, que es legítima, no cabe duda. La naturaleza como fuente de vida. La otra vino con la revolución científica y tecnológica, en el sentido de ver que la naturaleza se transformaba en un bien escaso; entonces era preciso hacer stock de capital natural. Esto es, para las grandes potencias. ¿Y dónde estás las existencias de capital natural? En los países periféricos, en tanto que la tecnología de uso de la naturaleza bajo nuevos moldes y tecnologías avanzadas proviene de los países centrales. Tenemos así una desigual distribución de la tecnología y de la naturaleza. Y entonces se produjo toda una presión conservacionista para mantener áreas preservadas, para no destruir el capital natural… Para los ambientalistas, es una forma de garantizar la vida. Y para los intereses económicos y geopolíticos, una forma de hacer reservas de capital natural para su uso futuro.

¿Es un mecanismo capcioso, no es verdad?
Lo es, por supuesto. Está dándose un proceso de mercantilización de los elementos de la naturaleza. Al capital natural, que antes era capital natural de realización futura, ahora lo están usando, están empezando a explotarlo. En los grandes foros globales está desarrollándose un intento de regular el mercado del aire, el de la biodiversidad y el del agua. ¿Qué es el Protocolo de Kyoto, sino la regulación del mercado del aire, donde se venden cuotas de aire para que otro país siga contaminando?

¿Cuál es su propuesta para la región amazónica?
Una revolución científico-tecnológica que emplee la biodiversidad en todos sus niveles: desde los extractos y aceites hasta los fármacos, que constituyen la tecnología más sofisticada, que requiere de grandes inversiones. En este sentido, existen algunas experiencias tendientes a agregarle valor a la biodiversidad: en Manaos, por ejemplo, la empresa Natura y también Croda, una multinacional inglesa, están explotando aceites. Debemos pensar en la agregación de valor en la propia selva, con los pobladores ribereños, con inclusión social. Así habría cadenas productivas formándose desde las populaciones tradicionales hasta los centros de biotecnología, donde es posible hacer extractos, jarabes y fármacos. La pesca, o una parte ella, es biodiversidad. Se puede industrializar la pesca, es una de las mayores posibilidades de la Amazonia y nadie la usa. La están depredando. La biodiversidad es aquello que permite generar riqueza, un fármaco engendra riqueza, un jarabe y un cosmético también. ¿Yqué es aquello que puede generar riqueza con inclusión social y sin depredar el ambiente La tecnología. Es la única forma.

En sus estudios usted hace bastantes referencias al derroche en la explotación maderera.
Con la madera es un desastre, porque la explotan reventando bosques. El problema es que las madereras son uno de los sectores que más empleo generan en la Amazonia. Por eso es difícil pararlas, pero tenemos que inventar una forma de aprovechar mejor la madera. Está en marcha también un proceso de certificación de la madera, con manejo forestal; eso es importante. No se puede seguir talando bosques para extraer materia prima, tampoco se puede dejar que la soja entre en la selva. La soja tiene mucho espacio para avanzar en áreas deforestadas. A lo que asistimos hoy en día en la región amazónica es a una guerra entre los usos actuales y futuros del territorio. La soja es sumamente importante para el país y la selva tiene una riqueza potencial enorme. Al final del siglo XX la frontera agropecuaria llegó al borde de la selva y destruyó bosques de transición e incluso el bosque verdadero. A comienzos de la década de 1990 hubo un movimiento destinado a detener esta destrucción, con la política deáreas protegidas que ayudó a contener o ímpetu de la soja, que se expande con base en una logística poderosa y una agroindustria tecnificada. Existe un alto riesgo de que la soja se expanda más aún y derribe bosques más intensamente. Las áreas protegidas por sí solas no resuelven el problema, quizás las áreas indígenas logren ponerle coto de mejor manera, porque están ocupadas. Debemos asignarles valor económico a los recursos naturales, para afrontar la competencia con lascommodities . De lo contrario la selva no logrará competir con la explotación predatoria de la madera, la ganadería y la soja.

¿La Amazonia es un problema para Brasil?
Es un problema y un potencial, porque desde el ponto de vista del gobierno existe una preocupación con la cuestión de la soberanía y de los agentes externos en la Amazonia. En la frontera política hay contactos con las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), el narcotráfico y el contrabando. Todo eso ante la fragilidad de las instituciones del Estado, que no están en condiciones ni tienen capacidad de controlar. Ésta es una de las grandes cuestiones de Brasil: ver cómo fortalecer las instituciones en el marco del Estado de Derecho. Otra preocupación es la guerra entre los productores familiares de un lado (entre los productores familiares se cuenta al siringuero, al indio y al pequeño agricultor; a todos los que viven de la tierra) y los ambientalistas, que en general están juntos, en el marco de una sociedad que hace presión para no cambiar las cosas dentro de la región. Del otro lado están la soja, los granos, que son una de las bases de la economía del país, que se está extendiendo abrumadoramente.

Mientras haya mercado y China continúe comprando, la soja se expandirá, pues se basa en una logística poderosísima. La logística no es solamente el transporte, es también el almacenamiento, las redes de comunicación, las ciudades y los mercados. Este conjunto genera verdaderos territorios corporativizados. Pero hay una cosa, que poca gente sabe: las grandestradings , como Bunge y Cargill, ahora no compran más tierra, ahora tercerizan la tierra. Entregan las semillas y el dinero y compran la cosecha anticipadamente. Son muy vivos. ¿Para qué se van a meter en el problema de la tierra en Brasil? Es una forma de relación laboral, que Sadia ya hacía desde antes en el sur, y que se expandió. Pero Maggi ¿sabe quién es Blairo Maggi? Es el gobernador del estado de Mato Grosso, terceriza y también compra tierra. Tenemos así un problema de expropiación de los pequeños productores cuando llegan las plantaciones. ¿Y qué ocurre entonces? Los grandes productores están buscando salidas para exportar por el norte, con destino a los puertos de Roterdam y de Shangai. Están incluso financiando una parte del asfaltado de la carretera Cuiabá-Santarém. Frente a esa guerra, el gobierno resolvió transformar la carretera Cuiabá-Santarém, la BR-163, en un nuevo modelo de construcción vial en la región amazónica.

¿Para evitar otra Transamazónica?
Precisamente. Es un intento de establecer un modelo nuevo para la apertura de carreteras. El problema es el siguiente: precisamos abrir rutas. ¿O Brasil no puede construir carreteras para expandir la circulación en su territorio nacional? ¿Todos pueden hacerlo pero nosotros no podemos? Pero para eso debemos abrir carreteras sin destruir los bosques de la manera que se los está destruyendo. Por eso estamos planteando zoneamientos, incluso yo he propuesto que se planeen los núcleos urbanos, porque habrá migración; tenemos que tener una base de apoyo para mantener a la población decentemente; áreas de agricultura familiar; áreas de soja seguro que habrá; y áreas de manejo forestal, ¿no es verdad?

¿Cuándo comenzó a participar en esto?
En noviembre de 2003. Ahora tenemos un grupo de trabajo funcionando. Son 14 ministerios bajo el liderazgo de las carteras de Integración Nacional y Medio Ambiente. Tenemos que concertar políticas. Es harto difícil, pero lo estamos intentando. Vamos a hacer una planificación para toda el área de influencia de la carretera.

¿Cuándo se inició el proyecto de esa carretera?
En la década de 1970, durante el gobierno militar. Abrieron una carretera de tierra que nunca fue asfaltada. Así empezó la migración de Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, y los pequeños productores se fueron a Cuiabá-Santarém. Actualmente son casi todos ganaderos. Los grandes productores están ansiosos por asfaltar, para que la carretera sirva para la exportación de soja. Sin pavimentación, sirve únicamente para pasar ganado.

¿Y con los pequeños productores como queda la cosa?
Eso es una maldad, si me permite decirlo de esa manera: abrir rutas para hacer las veces de corredores de exportación mientras la región continua teniendo una conectividad interna sumamente débil, incluso entre los pequeños productores, que necesitan carreteras locales para transportar su producción y no las tienen.

¿Cuando usted entró en el LBA, en 2002, el proyecto estaba en marcha, cierto?
Sí, desde hacía mucho tiempo. El LBA es un proyecto íntimamente asociado al Global Environmental Change, que es lo que yo denomino un proceso de globalización de la investigación. ¿Por qué globalización de la investigación? Porque el Global Change es una iniciativa del ICSU, International Council for Science, un consejo internacional de todas las uniones científicas, por tanto con una preocupación global. La preocupación de que la naturaleza está siendo depredada, que el clima, con la polución, el efecto invernadero y demás va a modificar el planeta. Y evidentemente, con la producción de conocimiento se puede usar mejor lo que tenemos sobre la superficie de la Tierra y evitar catástrofes. El ICSU focalizó el conocimiento en las ciencias naturales, el clima, los mares y los océanos, la vegetación… la parte humana fue absolutamente dejada de lado. El LBA se creó con esa misma concepción, tanto es así que el problema central es la relación entre la biosfera y atmósfera.

De la parte humana había solamente un subprograma: el Land Use and Land Cover Change, en el propio ICSU, con mucho de bioquímica, biofísica, bio… qué sé yo cuántas cosas. Pero no existe naturaleza sin el hombre. Considero que es muy importante la cuestión global, pero no puedo darle prioridad a las cuestiones globales porque los problemas en Brasil son enormes, incluso socialmente hablando. No puedo pensar solamente en las generaciones futuras, debo pensar en las actuales generaciones también. Incluso porque si no se resuelven los problemas acá esto tendrá repercusión global. No me agrada ese énfasis globalista, pero eso es un problema mío, no tiene nada que ver con el LBA. Cuando el ICSU introdujo un subprograma de nociones humanas en el cambio ambiental global, el LBA consideró que era interesante hacer lo mismo.

El que me invitó fue Carlos Nobre, que tiene una cabeza muy abierta, para hacer la investigación sobre la dimensión humana en el cambio ambiental global. Nobre propuso que inicialmente yo me abocase a esa síntesis, para ver cómo los científicos de las áreas humanas operaban con la Amazonia. Fue por un corto lapso de tiempo: el relevamiento tuvo algunas fallas, pero pude pasar el mensaje de que ya existe una producción significativa sobre la Amazonia, aunque sea muy dispersa, y que está entablado un gran debate, porque ellos son muy duros con las certezas. El grupo extranjero del LBA tiene un enorme desdén por la dimensión humana, esto tengo que decirlo.

¿Y a qué atribuye ese desprecio?
Ellos creen que la ciencia humana no es ciencia, que todo debe medirse con ecuaciones y modelos. Pero yo, que trabajo en la Amazonia desde hace 30 años, no puedo dejar de ir al campo para ver qué pasa allá. Porque eso cambia año a año, con una dinámica increíble. Debo tener cuidado con esos modelitos estratosféricos. Los modelos son importantes, pero debo ir al campo, debo saber qué pasa en varios lugares de la región amazónica para poder establecer una generalización. Converso con diferentes actores sociales, desde un peón hasta el gobernador del estado, con los ganaderos y con los productores familiares. No veo otra manera de captar las tendencias de cambio en la Amazonia, a no ser yendo al campo y reconociendo la diversidad.

¿Como ha sido el diálogo con los físicos, los químicos y los biólogos del LBA?
Ha sido difícil. Yo también tengo mis prejuicios, lo reconozco. No me gustó para nada que hiciesen esa sociedad con la Nasa, porque Brasil participa en programas multilaterales donde los extranjeros tienen una autonomía excesiva. Como yo trabajo con geopolítica, tengo mi desconfianza con relación a la ayuda económica. La ayuda económica viene junto con una agenda de investigación, donde los procesos globales tienen una importancia muy grande. Pero, como ya lo he dicho, debemos pensar en lo regional y en lo nacional. Es algo que sucede en todo el mundo, pero debemos saber negociar. No tenemos por qué someternos.

¿Cuándo visitó por primera vez la región amazónica?
En la época en que era docente del Instituto Río Branco, dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores. En ese tiempo empecé a interesarme en la geografía política. Era mi deber enseñar a los futuros diplomáticos y empecé a buscar algo que les sirviera. Yo vivía diciéndole al embajador Antonio Correa do Lago, que era el jefe del Instituto, que los chicos tenían que conocer Brasil antes de representar al país afuera, porque provenían de las elites urbanas y no conocían nada dentro de su propio país. Fui con alrededor de 60 alumnos, en un avión de la FAB (La Fuerza Aérea Brasileña), y aterrizamos en todos los cuarteles de las proximidades de las fronteras. Correa do Lago fue quien decidió visitar las fronteras amazónicas; en 1970.

¿Sabe que las poblaciones del área de frontera solamente escuchaban la radio de Cuba y no la Radio Nacional? Preparé a los chicos durante algún tiempo, haciéndoles cuestionarios para viesen cuál era el nexo de los habitantes con el territorio nacional. Me basé en la cuestión de la estructura centro-periferia. Fuimos a Corumbá y a Cáceres que estaba lleno de migrantes, luego sobrevolamos el valle do Guaporé, aterrizando en Forte Príncipe da Beira, luego llamada Guajará-Mirim brasileña, Guajará-Mirim boliviana, Porto Velho, Río Branco, Cruzeiro do Sul y de allí a Manaos y Brasilia. Yo no conocía la Amazonia y nunca más salí de allá. Posteriormente fui en una excursión con la gente de Ingeniería de Fundão (de la Universidad Federal de Río do Janeiro). Anduvimos en auto por toda la carretera Belém-Brasilia. A partir de allí armé mis proyectos para el CNPq y desarrollé unknow-how de investigación de campo: pedía ayuda al DNER (Departamento Nacional de Vialidad, sigla en portugués) y paraba para dormir en las viviendas de los ingenieros, cerca de la carretera.

¿Y después por dónde anduvo?
Empecé por el norte de Goiás, que posteriormente se transformó en el estado de Tocantins. Araguaína, Imperatriz, luego Rondônia, Mato Grosso, anduve por Mato Grosso, fui a Sinop, toda esa parte, Alta Floresta… Todos los años iba a un lugar diferente, terminé conociendo casi todo.

¿Cuándo será la próxima expedición?
Iré a comienzos de agosto a Sinop, Guarantã do Norte, estado de Mato Grosso, nuevo Progresso en Pará, y Apuí y Humaitá, estado de Amazonas. Vamos a ver qué pasa allá, porque la soja está entrando y quiero ver efectivamente qué sucede. Quiero ver si el área debe o no debe formar parte del área de influencia de Cuiabá-Santarém.

Los geógrafos suelen participar bastante poco en los debates sobre la Amazonia y sobre el territorio brasileño en general.
Es que los científicos son muy metidos en su propio obligo. Tienen sus preferencias y desean investigar de acuerdo con dichas preferencias. No atienden las demandas de la sociedad. En el caso de la geografía sucede también otra cosa: la gente entró en aquel izquierdismo, un marxismo tuerto, que solo le interesa encontrar marxismo en todos los problemas, que se queda solamente en la denuncia. Pero así no puede ser… Quizás hoy en día necesitemos como nunca la contribución de la academia. Debemos dar un paso adelante, no quedarnos únicamente investigando, investigando e investigando toda la vida. Por supuesto que es nuestra función, pero no cuesta tanto pensar un poco en los problemas del país y procurar brindar algún aporte. Confieso que actualmente estoy mucho más ligada a no geógrafos que a geógrafos. Soy mucho más transdisciplinaria.

¿Qué debería saber cualquier brasileño sobre la Amazonia?
Que la Amazonia forma parte de Brasil; que los conflictos que allí ocurren son los conflictos de la sociedad brasileña, sólo que aparecen con más claridad allá debido a las propias particularidades geográficas del área; y que la Amazonia no es un vacío demográfico.

¿No es un vacío demográfico?
¡Claro que no! Ése es otro mito. El mito de que la Amazonia es homogénea y vacía. Nunca fue vacía, porque ya había indios viviendo allí, luego fueron las poblaciones ribereñas, los campesinos y luego las ciudades. Es una región que al final del siglo atravesó enormes transformaciones estructurales, en la conectividad, por las redes de telecomunicaciones; en la economía, con la industrialización; en el poblamiento, que pasó a darse a lo largo de las carreteras en lugar de a lo largo de los ríos; y en la sociedad. Se produjo una migración intensa, desde todo el país, y la sociedad civil se organizó como nunca antes lo había hecho.

Hay movimientos sociales en el campo, por la disputa de la tierra, y en la ciudad, por la ciudadanía. Todos estos procesos se dieron de manera diferenciada, porque hoy en día existen tres grandes macrorregiones en la Amazonia, que yo las distingo. La primera es el chamado Arco de Fuego; es ridículo llamarla así, para mí es el Arco del Poblamiento Consolidado, porque está lleno de grandes ciudades, carreteras, soja, ganadería, Carajás… La otra macrorregión es la zona central, el estado de Pará, la más vulnerable debido a los conflictos ambientales y sociales, y por donde pasa la carretera Cuiabá-Santarém, por eso estamos haciendo ese enorme esfuerzo.
La otra macrorregión es la Amazonia occidental, que está más preservada, que abarca los estados de Amazonas y Roraima y una parte de Acre. Es el reino de las aguas, con los ríos Solimões y Amazonas, mucha selva, tierras indígenas y unidades de conservación. Pero allí está Manaos, un gran centro industrial, es bueno no soslayar esto. Dentro de esas macrorregiones hay subregiones, que son muchas. Es importante subrayarlo: no podemos pensar más en la región amazónica sin pensar en la región amazónica sudamericana como un todo. Debemos pensar en la integración de los países de la Amazonia.

¿En qué estado se encuentra esa integración?
Existe ahora en Brasilia una Secretaría Permanente del Tratado de Cooperación Amazónica. A comienzos de julio hicieron el primer taller en su calidad de Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (OTCA, reuniendo a Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela), para discutir un plan estratégico. Dicté una conferencia de apertura y fue muy bueno: hablé de todo esto y tuve una gran acogida. Pero el plan no hacía mención a la cuestión social. Dije que uno de los retos de la integración continental es precisamente lo social, porque pretendo que resuelva el problema social, detesto cuando se le resta importancia a la cuestión social.
Sostuve lo siguiente: “si no se pretende darle atención a la problemática social, no habrá integración de nada”. Otro desafío radica en cómo insertarse en la globalización a través del proceso que está en andadura ahora de mercantilización de la naturaleza, con un modelo que no deprede los recursos y haga efectiva la inserción social. Y así lo dije. Sugerí la revolución tecnológica, que podemos hacer incluso conjuntamente. El gobernador de la Amazonia colombiana vino a conversar conmigo, tenemos muchas ideas…

¿Por ejemplo?
¡Ah no, no se lo diré! No puedo, sino abro el juego, le entrego todo el oro al bandido, que no es usted, por supuesto, sino los que lo lean, que empezarán a pelearse.

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