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Política C&T

Corrección de derrotero

Un debate promovido por el Instituto Uniemp destaca el rol central de las empresas en la generación de nuevas tecnologías

El debate sobre políticas de estímulo a la innovación en Brasil convergió en un consenso: el de que las empresas desempeñan un rol central en la generación de nuevas tecnologías. Hasta el final de la década de 1990, las políticas de ciencia y tecnología consideraban que las universidades y los institutos de investigación eran los polos generadores de la innovación que se debía transferir a las empresas. Ese modelo produjo escasos resultados positivos, como en el caso de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), que desarrolló y traspasó a Telebrás y Xtal la tecnología de fibra óptica.

No obstante, para la gran mayoría de los sectores productivos esta política se tradujo en un equívoco que le costó caro al país: la baja inversión de las empresas en investigación y desarrollo (I&D) comprometió la competitividad del producto nacional, aunque la investigación académica haya cobrado impulso. “El error de la estrategia brasileña radicó en ignorar la necesidad de que las empresas cumplan un papel central en la innovación”, dice Carlos Henrique de Brito Cruz, rector de la Unicamp, quien subraya a su vez que la contribución de la universidad es esencial en la formación de personal y en el avance del conocimiento fundamental, “sin lo cual es imposible generar innovación”.

Desplazamiento del foco
El consenso acerca del rol preponderante de las empresas en el desarrollo de nuevas tecnologías quedó claro en el seminario organizado por el Instituto Uniemp “Foro permanente de relaciones entre universidades y empresas”, el pasado 2 de septiembre, que reunió a empresarios, investigadores, especialistas y representantes de los sectores de ciencia y tecnología de los gobiernos federal y estadual. Y se consolidó ante la demanda de competitividad requerida debido al incremento de las exportaciones, en un escenario de estabilidad económica y de aceleración del desarrollo. Durante el seminario, realizado en São Paulo, se lanzó la revista Uniemp Inovação, que reúne una compilación de artículos de empresarios, periodistas y expertos en el tema.

El cambio de foco de la innovación – de la universidad a la empresa – empezó en 1999, cobró nuevos bríos en 2001, durante la 1ª Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología, y se materializaría con la Ley de Innovación, que se votará pronto en el Senado. El proyecto crea facilidades para la contratación de investigadores, agiliza las licencias de productos y flexibiliza la draconiana Ley de Licitación (nº 8.666) para permitir que el Estado asuma el papel de cliente estratégico de las empresas en la demanda de tecnologías.

Corregido así el derrotero, haytodavía un enorme retraso que debe sanarse, señala el rector de laUnicamp, quien desde hace diez años sigue de cerca la evolución de los indicadores de innovación en el país. Y ejemplifica: menos de 29 mil científicos brasileños trabajaban en empresas en 2001. En Corea, ese año, dicho número ascendía a 94 mil, y en Estados Unidos superaba los 800 mil. Los indicadores de propiedad intelectual reflejan la ausencia de investigadores en las empresas y la escasa inversión en I&D: 120 patentes depositadas por empresas brasileñas, ante 3.500 de empresas coreanas. “Entre 1990 y 2001, los campeones de depósitos de patentes en el país fueron Petrobras y la Unicamp, ésta última, la institución que más solicita patentes en São Paulo. En Estados Unidos, las universidades solamente aparecen después del 22º lugar en el ranking de patentes”, subrayó Brito.

En tanto, los empresarios, dispuestos a recuperar el tiempo perdido, depositan grandes expectativas en la aprobación de la Ley de Innovación, siempre y cuando permita disparar políticas oficiales de incentivo a inversiones en investigación. Consideran que la falta de apoyo público fue uno de los principales factores de inhibición de la expansión de la I&D en las empresas, pero no el único: en el período que se inició con la apertura de la economía en 1991, las empresas pospusieron inversiones para luchar por la supervivencia, como justificó Hermann Wever, presidente del Consejo Administrativo de Siemens y miembro del Consejo Superior de la FAPESP. “En los años 1990 el área científica hizo progresos, pero la innovación no los siguió y la responsabilidad quedó con nuestro sector”, reconoció.

A la puja por el apoyo del gobierno no le faltaron argumentos: las pequeñas empresas no generan capital para I&D, y las grandes y medianas tienen una facturación promedio inferior a 100 millones de dólares, valor considerado por los expertos como un parámetro para las inversiones en innovación, de acuerdo con Walter Cirillo, presidente de Rhodia y del Uniemp. “Entre las 500 mayores empresas brasileñas calificadas por la revista Exame, menos de 300 tienen una facturación de este porte”, dijo. Los empresarios esperan que los incentivos gubernamentales se traduzcan en políticas de demanda tecnológica, exenciones fiscales y refuerzo a la investigación.

Esta modalidad de incentivo público fue responsable del espectacular avance tecnológico de países como Estados Unidos. Allá, de los 65 mil millones de dólares invertidos anualmente I&D, 25 mil millones van a parar a las empresas, bajo la forma de solicitudes de tecnología, recordó Brito. “Este valor representa un 15% del gasto total realizado por las empresas en I&D”, afirmó. En Inglaterra, el Estado invierte 1.500 millones de dólares en investigación y desarrollo empresarial: el 9% del total gastado por las empresas con innovación. En Francia el aporte gubernamental es de 1.600 millones de dólares, el 11% del presupuesto del país en nuevas tecnologías, y en Alemania asciende a 2 mil millones de dólares, que representan un 9% del gasto empresarial.

Nuevas tecnologías
En Brasil, la Ley de Innovación representará un primer paso en dirección al desarrollo de nuevas tecnologías, admitieron los participantes en el seminario del Uniemp. Una vez aprobada en el Congreso, la ley indicará los principios generales de la política nacional de innovación. Pero su posterior reglamentación definirán las medidas de incentivos que el gobierno nacional pretende implementar para fomentar la generación de nuevas tecnologías en el país. “Lo ideal sería que la ley pasase por la sanción presidencial junto con el decreto de reglamentación, para que las nuevas reglas valieran a partir de 2005”, apuntó Ozires Silva, presidente de la empresa de biotecnología Pelenova y miembro del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.

Algunos temen que las medidas previstas en la nueva legislación no sean suficientes. Flávio Grynzpan, director del departamento de competitividad de la Federación Industrial del Estado de São Paulo (Fiesp), cree que las empresas brasileñas deben tener isonomía en el plano internacional. “Nuestro crédito es más caro y los intereses más altos”, justificó. Una alternativa sería adoptar las políticas de incentivo previstas en el acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que permiten subsidiar actividades de investigación y desarrollo industriales, siempre y cuando que no dichos subsidios no superen el 75% del costo del proyecto.

Entre los empresarios prevalece el optimismo. Wever cree que la política industrial y de comercio exterior del gobierno federal es “un telón de fondo favorable a la innovación”. “La elección de los cuatro sectores prioritarios (semiconductores, fármacos, software y bienes de capital) podría haber sido más feliz. Faltó el de biotecnología (lea el artículo en la página 26). Sin embargo, por primera vez las cosas pueden concretarse.””Es imposible exigirles a las empresas que inviertan en proyectos de larga duración y de riesgo. No hay estructura en el sector productivo para ello”, reconoció Francelino Grando, secretario de Política de Informática y Tecnológica del Ministerio de Ciencia y Tecnología, señalando a su vez que existe disposición en el seno del gobierno a brindar incentivos.

No obstante, llamó la atención sobre la necesidad de crear entre las empresas una cultura de la innovación. “Es necesario convencer a las empresas sobre de la importancia estratégica de lo que hacen. Y eso no se hará poniendo a un doctor en cada industria o un científico en cada panadería”. Dejó claro que la definición de la acción del gobierno está en la política de cluster, o de arreglos productivos locales, para promover una sinergia entre los agentes económicos, con el apoyo de agencias de fomento gubernamentales.

El gobierno paulista también apuesta en el modelo de cluster para impulsar las nuevas tecnologías. “Pero es preciso sortear la falta de recursos y de socios de riesgo”, afirmó Fernando Dias Menezes de Almeida, secretario adjunto de Ciencia, Tecnología, Desarrollo Económico y Turismo. Y adelantó que el Estado estudia la creación de un fondo destinado a reducir los costos de las inversiones en I&D para las empresas. “El objetivo es dinamizar la relación entre empresas y el sistema de investigación.”

Más espacio para la tecnología

La FAPESP coordina los estudios de instalación de cuatro parques tecnológicos en el estado de São Paulo. Los recursos destinados a este proyecto, por un valor total de 2,5 millones de reales, provendrán de una dotación de la Secretaría de Ciencia, Tecnología, Desarrollo Económico y Turismo, mediante un convenio que se suscribirá en los próximos días. “En la práctica, la FAPESP ya hace ese enlace entre los laboratorios de investigación y las fábricas, y entre la academia y las empresas”, justificó el gobernador Geraldo Alckmin.

El mandatario anunció la decisión de la gobernación de crear los parques tecnológicos el día 29 de septiembre, durante la ceremonia de graduación de 60 empresarios que hicieron el curso de capacitación del Programa Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (PIPE) en la sede de la Fundación.A propósito de ello: los empresarios ahora presentarán sus planes de negocios ante la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), que en São Paulo brindará apoyo a 40 proyectos, con recursos provenientes del Programa de Apoyo a la Investigación en Empresas (Pappe, sigla en portugués).

Los parques tecnológicos se distribuirán en cuatro municipios, y se destinarán a las “aptitudes regionales”, como explicó el gobernador. El primero, en el Gran São Paulo, se implantará en sociedad con la Universidad de São Paulo (USP), el Instituto de Investigaciones Tecnológicas (IPT, sigla en portugués) y el Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen, también sigla en portugués), y tendrá su foco en la nanobiotecnología. El segundo, con sede en Campinas, contará con la colaboración de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) y agrupará empresas del área de tecnología de la información. El tercero, en São José dos Campos, en convenio con el Instituto Tecnológico de Aeronáutica (ITA) y con el Centro Técnico Aeroespacial (CTA), se volcará a la industria aeroespacial; y el cuarto, en São Carlos, también en alianza con la USP, reunirá empresas de biotecnología.

“Nuestro objetivo es atraer a las grandes empresas”, afirmó el secretario de Ciencia y Tecnología, João Carlos de Souza Meirelles. Se espera que, al margen de agrupar la producción de empresas de tecnología, los parques induzcan un “nuevo proceso de valoración urbana”, de acuerdo con el secretario. Las cuatro áreas ya se identificaron, aunque no se han definido aún del todo. “Ésta es una ingeniería que pasa por el modelado técnico, científico y empresarial.”Los estudios de factibilidad, bajo la coordinación de João Steiner, director del Instituto de Estudios Avanzados de la USP, concluirán en 2005. “La administración del proyecto se hará efectiva bajo la forma de proyecto de la FAPESP”, detalla Carlos Vogt, presidente de la Fundación.

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