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Estrategias

Desembarco en el archipiélago

Veinticuatro grupos de investigación recibirán una ayuda de 400 mil reales de parte del gobierno federal brasileño para concluir sus proyectos en el Archipiélago de São Pedro y São Paulo, un conjunto de peñascos enclavado en el corazón del Atlántico, a mil kilómetros de la costa nordeste de país. Los investigadores, biólogos, oceanógrafos y geólogos, iniciaron el trabajo bajo su exclusiva cuenta y riesgo, aprovechando los viajes regulares que la Armada hace al archipiélago.

Ahora ese esfuerzo será articulado por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), que brindará apoyo destinado a la conclusión de los trabajos, y el año que viene hará una convocatoria pública para seleccionar una nueva tanda de investigaciones. “Las rocas tienen un origen geológico y un ecosistema peculiar, y están enclavadas en las rutas de peces migratorios, como el atún”, dice Verônica Borges, del CNPq.

Las islas, carentes de vegetación, son habitadas por dos tipos de aves: el piquero café y las viuditas, que se alimentan de peces, crustáceos y algas. El origen volcánico y los temblores sísmicos frecuentes que afectan al archipiélago son un plato lleno para los geólogos. No es de ahora que este ambiente atrae la curiosidad de los científicos. En 1832, Charles Darwin desembarcó en los peñascos, juntó especies de insectos y arañas, material orgánico y fragmentos de piedra, para luego regresar al buque Beagle, a bordo de cual realizó su gran viaje.

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