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Memoria

Un sabio en la selva

Hace un siglo y medio, Fritz Müller, uno de los grandes naturalistas del mundo, llegaba a Brasil para quedarse

Deliraba, cuando ya cercana estaba su muerte. Pero el naturalista Fritz Müller en lo único que pensaba era en bromelias. En frases inconexas, deshojaba las especies conocidas, y otras por estudiar. Müller no se refería a los crustáceos que ayudaron a afirmar la teoría de la evolución y encantaron Charles Darwin, a de las mariposas que se imitan unas a otras para librarse de los predadores o de las orquídeas, todos objetos de su intensa observación. A los 75 años, Müller tenía delirios febriles con bromelias, plantas poseedores de una belleza salvaje que lo llevara a cultivarlas por docenas en su gran jardín, a orillas del río en Blumenau. En Europa solamente era posible ver esas plantas de la familia Bromeliaceae en herbarios, por ser exclusivas del continente americano (de las más de 3 mil especies, tan solo una existe en África).

Moacir Werneck de Castro narra el ocaso de la vida de este excepcional naturalista en su biografía, intitulada O sábio e a floresta? A extraordinária aventura do alemão Fritz Müller no trópico brasileiro (editorial Rocco, 1992, agotado). Castro muestra que este científico realizó su deseo de juventud de conocer y penetrar una tierra nueva, con todo tipo de especies de animales y vegetales, buena parte de ellas ignoradas a la época por los expertos. Johann Friedrich Theodor Müller era el nombre completo de Fritz Müller, natural de Turingia, zona central de la actual Alemania.

Llegó a Santa Catarina en 1852 con su esposa, Karoline, su hija Johanna y uno de sus hermanos, August, también casado. La imaginación del joven Müller siempre se alimentó de los relatos de los naturalistas y artistas expedicionarios que ayudaron a mostrar el Brasil de los siglos XVIII y XIX al mundo, como Alexander von Humboldt (a quien Müller conociera en Alemania), Wilhelm Ludwig von Eschwege, Carl von Martius, Johann Spix, Georg Heinrich von Langsdorff, Hermann Burmeister, Peter Wilhelm Lund, Moritz Rugendas, Aimé-Adrien Taunay y Hercule Florence, entre otros. Y por supuesto, Charles Darwin, quien abominó la esclavitud por entonces reinante no país, pero se maravilló con las selvas brasileñas.

Para alguien como Müller, graduado en farmacia y medicina, con enorme una vocación para el naturalismo, venir al nuevo mundo era solamente una cuestión de tiempo. Una vez instalado en la colonia creada en Brasil por su viejo amigo Hermann Blumenau, el científico alemán trabajó duro junto a su mujer y su hermano para construir su casa y plantar su propio alimento.

Al mismo tiempo, educaba personalmente a sus hijas (tuvo nueve mujeres y un varón, que vivió unas pocas horas), precaverse contra los ataques de jaguares e indios y, por si fuera poco, observaba animales y plantas y recolectaba especies para estudiarlas y escribir informes, artículos y cartas para periódicos del exterior y de Brasil. “Publicó 248 trabajos entre memorias y monografías, en innumerables periódicos científicos del mundo”, dice Paulo Labiak, profesor de la Universidad Federal de Paraná y presidente de Mülleriana: Sociedad Fritz Müller de Ciencias Naturales de Curitiba. “Incluso para los cánones actuales, pasado más de un siglo desde entonces, y con todos los recursos gráficos y electrónicos disponibles, esa producción es impresionante”.

El naturalista alemán publicó solamente un libro: Fatos e argumentos a favor de Darwin [Hechos y argumentos a favor de Darwin], primero en Alemania (adonde jamás volvió), y luego en Inglaterra – recién apareció en Brasil varios años después. La idea era brindar más elementos que fortaleciesen la teoría sobre la evolución. El alemán empleó crustáceos como punto de partida y comparó los tipos superiores con los inferiores – mostró que ambos habían pasado por la misma forma embrionaria. Ese libro le significó a Müller una prolífica correspondencia científica con el inglés y con otros científicos europeos. Impresionado con la calidad del trabajo del alemán, Darwin empezó a llamarlo “el príncipe de los observadores”.

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