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Innovación

Garantía de origen

En un año, la Unicamp sella contratos de licencias de 26 patentes con diversas empresas

Niños transportados con más seguridad en automóviles y un nuevo método para chequear la sordera congénita en recién nacidos. Estos son algunos de los nuevos productos listos para salir al mercado, originados en proyectos de investigación de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp). Para salir de los laboratorios, los descubrimientos pasaron por la criba de la Agencia de Innovación (Inova) de la referida universidad que, en apenas un año de actividad, consiguió sellar 13 contratos de licencias con diversas empresas, tendientes a la explotación comercial de 26 patentes. Al margen de los contratos ya firmados, algunos por un período de más de diez años de duración, otros 17 se encuentran en fase de negociación. Cada uno de ellos generaría en promedio 200 mil reales anuales para la universidad, tan pronto como las empresas comiencen a vender sus productos, según la proyección hecha por Innova. Los resultados obtenidos por la agencia en tan corto lapso de tiempo sobrepasan en gran medida la meta inicial de licenciar diez patentes por año. Para hacerse una idea de lo que estas cifras representan, basta hacer una retrospectiva. Antes de la creación de la agencia, la Unicamp había concretado tan sólo cuatro contratos de licencia, referentes a seis patentes, en diez años (lea en Pesquisa FAPESP nº 97).

Creada en julio de 2003, la agencia comenzó a funcionar efectivamente en octubre del año pasado. “Inicialmente organizamos las patentes en un banco de datos en internet, para que las empresas pudieran tener acceso a estas innovaciones tecnológicas”, cuenta Rosana Di Ceron Giorgio, directora de la Propiedad Intelectual de Innova. “Recién en enero comenzamos a abordar a las empresas”. La respuesta a estas visitas fue casi inmediata. De enero a julio del 2004 se suscribieron nueve contratos de licencias de patentes. Uno de ellos se refiere al nuevo método para diagnosticar la sordera genética, desarrollado por la profesora Edi Lúcia Sartorato, del Centro de Biología Molecular e Ingeniería Genética (CBMEG) de la Unicamp, y financiado por la FAPESP. A comienzos de noviembre, este test fue lanzado comercialmente por la empresa DLE – Diagnósticos de Laboratoriais Especializados, de Río de Janeiro, especializada en exámenes para recién nacidos. “La gran diferencia de esta metodología es que el test se adaptó a la técnica de extracción de muestra de sangre en papel de filtro, donde se hace el test del pie, de pesquisa neonatal. Esa es la gran revolución del proceso”, dice el clínico patólogo Armando Fonseca, director general de la empresa. Hasta ahora, el diagnóstico de la enfermedad se hacía mediante un análisis de sangre común. “Como se trata de una muestra seca, puede ser transportada sin refrigeración”, dice Fonseca.

El test puede asociarse al del pie o del talón, obligatorio en Brasil para identificar al menos tres tipos de enfermedades (hipotiroidismo, anemia falciforme y fenilcetonuria), o aplicado solo en recién nacidos y también en niños y adultos con sordera sin causa definida. “La sordera congénita no tiene cura, pero hay consenso a nivel mundial de que el diagnóstico debe hacerse hasta los 3 meses de edad, con la intervención hasta los 6 meses, para brindarle una mejor calidad de vida al niño”, dice Edi. El test de la sordera genética adaptado al del talón cuesta alrededor de 65 reales al consumidor, mientras que el tradicional cuesta alrededor de 300 reales. El proyecto también resultó una segunda patente – un kit de diagnóstico molecular para sordera congénita -, negociada por Innova con la empresa Feldmann Wild Leitz, de Amazonas.

Otra innovación tecnológica generada en la universidad, prevista para llegar al mercado este mismo mes de enero, es un asiento para coches con cinturón de seguridad destinado a transportar a niños de más 3 años, fabricado por la empresa Safe Kid, de Senador Canedo, Goiás. La idea es sencilla y funcional. La sillita, llamada por los investigadores placa de retención, se sujeta al asiento trasero del vehículo con propio cinturón de seguridad. Para llegar al nuevo asiento, que se adapta a la estructura anatómica de los niños, el profesor Antônio Celso Arruda, de la Facultad de Ingeniería Mecánica (FEM), de la Unicamp, y coordinador de la investigación, contó con la colaboración de ingenieros, pediatras, ortopedistas y psicólogos. “El asiento atiende a todos los requerimientos de la Asociación Brasileña de Normas Técnicas (ABNT)”, informa Peixoto Bueno de Camargo, director comercial de la empresa. “Resiste a las llamas y es también antialérgico”. En su fase de prototipo, el producto fue probado y aprobado en dos ensayos: en colisión de un automóvil con un camión a 50 kilómetros por hora y contra una barrera rígida en condiciones de impacto superiores a las exigidas por las normas brasileñas de tránsito. Peixoto destaca que la hebilla del equipamiento permanece siempre en el mismo lugar, aunque el niño se mueva, porque se pusieron cintas tensoras tanto en las fajas de protección que bajan por los hombros como en el cinto que pasa por la región pélvica. Al margen de la cuestión de la seguridad, el precio del asiento, de alrededor de 150 reales, es un gran atractivo para el producto, que, además de salir en el mercado nacional, se exportará inicialmente a Argentina, Canadá y Europa.

En otro segmento, el de fitoterapéuticos, otra patente generó un producto que también se apresta a entrar en la disputar del mercado. Son cápsulas de isoflavonas de soja, obtenidas mediante el empleo de una nueva técnica, para el tratamiento de reposición hormonal en mujeres, fabricadas por la empresa Steviafarma, de Maringá, estado de Paraná. La investigación que dio como resultado esa patente, la primera licenciada por Inova, fue llevada a cabo por el profesor Yong Kun Park, del Laboratorio de Bioquímica de Alimentos de la Facultad de Ingeniería de Alimentos (FEA), con financiación de la FAPESP. El proceso de extracción convierte a las isoflavonas glicosiladas de soja en agliconas. Este proceso ocurre normalmente en el aparato digestivo, cuando las enzimas digestivas producidas por la microflora intestinal transforman a las isoflavonas glicosiladas en agliconas, que son absorbidas por el organismo. “El fitoterapéutico de isoflavona aglicona está en la concentración ideal para su absorción en el organismo”, dice Fernando Meneguetti, director de la empresa que tiene como buque insignia un edulcorante natural extraído de la planta stevia.

En la misma área de la salud, dos nuevas formulaciones para principios activos consagrados, empleados en anestésicos, desarrolladas en el Instituto de Biología, están en etapa de pruebas en Cristália Produtos Químicos e Farmacêuticos, un laboratorio brasileño con unidades de producción en la capital paulista y en la ciudad de Itapira, São Paulo. “Cambios en la tecnología farmacéutica utilizada trajeron como resultados formulaciones con características innovadoras, como menor toxicidad, mayor seguridad y un efecto más duradero en comparación con los productos disponibles actualmente”, dice Roberto Debom Moreira, gerente de Investigación y Desarrollo de nuevos Productos de la empresa, que tiene en su cartera más de 150 productos. Como se trata de una nueva tecnología, el camino a recorrer hasta llegar al mercado es más lento. “La fase de desarrollo y registro se puede extender entre tres y cinco años”, informa Debom. La sociedad de la empresa con la universidad comenzó ni bien se inició la investigación, coordinada por la profesora Eneida de Paula, y con financiamiento de la FAPESP. Ante una consulta por parte de los investigadores de la Unicamp, que buscaban obtener el principio activo del medicamento para lanzar un nuevo proyecto, Cristália vislumbró la posibilidad de asociarse para transformar la investigación en producto, lo que acabó concretizándose.

Aún en el área de nuevas formulaciones, esta vez aplicadas a biomateriales para revestir stents, dispositivos que se insertan en las venas o arterias en cirugías de angioplastía para desobstruirlas, Scitech, de São Paulo, licenció seis patentes. Los nuevos compuestos, que tienen como materia prima al óxido nítrico (NO), una de las menores moléculas producidas por el organismo, poseen propiedades antitrombóticas, antiinflamatorias y antiproliferativas, actividad que me impide el crecimiento celular. Las investigaciones, coordinadas por el profesor Marcelo Ganzarolli de Oliveira, del Instituto de Química, recibieron apoyo financiero de la FAPESP.

Fase embrionaria
Rosana destaca que más del 90% de los tecnologías patentadas por la universidad deben desarrollarse dentro de las empresas, pues aún están en una fase embrionaria de la investigación. Por tal motivo, todos los contratos firmados por Innova se componen de tres documentos: un convenio de cesión de propiedad intelectual, un aditivo tendiente al desarrollo del producto (fase que es totalmente costeada por la empresa) y un contrato de licencia. Si durante la fase de desarrollo fuese generada una nueva patente, la propiedad intelectual es dividida en partes iguales entre la Unicamp y la empresa. En el aditivo se prevé que, si al final del desarrollo es evidente que la tecnología no es factible de su producción en gran escala, por motivos técnicos o económicos, la empresa puede rescindir el contrato. “Pero, si se concluye que la tecnología va a ser un éxito en escala industrial, el contrato de licencia entra inmediatamente en vigor”, informa Rosana. En ese contrato está previsto un plazo para que la empresa comience a fabricar el producto cuando termine la fase de desarrollo. Y también cómo se pagarán los royalties de la Unicamp, que varían del 2% al 10% sobre las ventas. “Trabajamos siempre para hacer factible el negocio”, dice la directora. Por eso el porcentaje se estudia caso a caso. Todos los instrumentos jurídicos se firman el mismo día. “No vale la pena esperar para ver si la tecnología es exitosa para negociar los royalties, porque así no se consigue negociar más.”

Los últimos contratos firmados se refieren a cuatro innovaciones, dos de ellas salidas de los laboratorios del Departamento de Tecnología de Alimentos de la FEA. Una se refiere a un cereal matinal altamente nutritivo, a base de la arrugada castaña de Brasil, nombre oficial de la castaña de Pará, y la mandioca o yuca, desarrollado por la profesora Hilary Castle de Menezes y financiado por la FAPESP. El producto, con bajo contenido de grasa porque no contiene aceite de la castaña, es rico en fibras, selenio, un elemento esencial para el funcionamiento del cerebro, y proteínas vegetales. La empresa escogida para fabricar el cereal fue la Ipixuna, de Porto Velho, Rondônia. La selección de las empresas que van a firmar los contratos de licencia tiene en cuenta varios criterios. En el caso del cereal,  la localización, cerca de las castañeras, sumó puntos a la hora de la selección. El hecho de que la empresa tuviera una extrusora, máquina necesaria para el proceso de producción, también. “Cuando el negocio tiene éxito, todos ganan”, dice Rosana. Y esa es la meta de Innova al analizar las empresas postulantes. El proceso de selección ocurre de varias maneras. Al comienzo, el equipo de la agencia sale al campo para hacer los contactos. “Llegamos a contactar a unas 500 empresas”, dice Rosana. “Actualmente, la demanda está tan alta, incluso en función de los resultados, que casi no conseguimos más salir de aquí.”

Otra patente negociada recientemente, también fruto de investigación desarrollada en la FEA, es una bebida fermentada a partir del extracto hidrosoluble de soja compuesta por agentes probióticos, que son microorganismos vivos, como las bacterias del género Lactobacillus, y prebióticos (sustrato para los agentes probióticos, como las fibras solubles alimentarias). “El producto es un alimento funcional, que tiene el beneficio multiplicado debido a la simbiosis entre los microorganismos y el componente prebiótico”, dice el profesor Francisco Maugeri Filho, coordinador de la investigación. “El efecto es más inmediato y eficaz para mantener el equilibrio de la flora intestinal”. Así, el organismo se beneficia con la reducción del colesterol y de los triglicéridos, sumado a las demás ventajas obtenidas con los microorganismos. El desarrollo de la bebida, llevado adelante por la empresa Proceedings, de São Paulo, y por el Laboratorio de Ingeniería de Bioprocesos de la FEA, se encuentra en su fase final.

Las otras dos innovaciones tecnológicas negociadas son un nuevo proceso de fabricación de nanocompuestos de termoplásticos con arcillas intercaladas, creado en el Instituto de Química bajo la coordinación del profesor Fernando Galembeck, y un sistema de identificación por radiofrecuencia, conocido por su sigla en inglés RFID, de Radio Frequency Identification, desarrollado por el profesor Hugo Figueroa, de la Facultad de Ingeniería Eléctrica y de Computación (Feec), y utilizado para monitorear el almacenamiento y el tráfico de productos. La aplicación del proceso en la fabricación de nanocompuestos, licenciado por la empresa EF Engenharia, de São Paulo, modifica varias propiedades de los polímeros y permite su utilización en plásticos destinados a la industria de calzados, la construcción civil y la de guantes quirúrgicos. Las etiquetas RFID incorporan un minúsculo microchip y una antena de radio a productos compactos. Después cada código se digitaliza mediante la acción de un dispositivo de lectura automática. Y así sirven para rastrear embalajes, equipamientos de producción y hasta ganado. La patente fue licenciada por la empresa STP Teleinformática, de São Paulo.

Más allá de los contratos de licencias, la agencia también trabaja con contratos basados en la demanda. Son desarrollos nuevos, donde las empresas requieren un fármaco o alimento y, para ello, consultan a la universidad. Muchos de estos contratos involucran nuevas tecnologías que generan propiedad intelectual. “Cuando eso sucede, la patente se divide entre la empresa y la universidad”, informa Rosana. Hasta comienzos de diciembre de 2004, Inova había cerrado 62 contratos basados en la demanda y otros 77 estaban en negociación. El equipo conducido por Rosana, ingeniera electrónica que escogió el área de negocios como campo de trabajo, está compuesto por seis personas, denominadas agentes de asociaciones.

Inova ha recibido bastantes consultas de universidades, centros de investigación e instituciones, interesados en conocer el modelo implementado. El Ejército brasileño, por ejemplo, consultó a la agencia porque necesitaba ayuda para comercializar sus productos, ya que muchas tecnologías desarrolladas para el área militar pueden tener aplicación en el área civil. La fórmula hallada para atender a ese requerimiento fue destacar a dos personas remuneradas por el arma a trabajar junto con el equipo de la agencia durante un año. Al cabo de dicho período, éstas estarán capacitadas para prospectar los nichos del mercado en que se encajan las innovaciones y negociar las licencias de las patentes.

Actualmente la Unicamp tiene alrededor de 340 patentes depositadas, lo que significa que aún queda mucho por hacerse. Como no hay recursos disponibles para contratar a nuevos agentes de asociaciones, para seguir creciendo Innova pretende contratar a becarios provenientes del mercado. Con más colaboradores, la agencia sectorizará a sus agentes de alianzas. Cada uno de ellos se encargará de un área, como por ejemplo fármacos y alimentos, movilidad, que engloba a los sectores automovilístico, naval y aeroespacial, Ley de Informática, de instituciones públicas y leyes de incentivo al área cultural. Rosana dice que la sectorización permitirá que los agentes conozcan las medidas de gobierno relacionadas con cada sector, además de las necesidades y demandas específicas. “Podremos así generar soluciones que se multiplicarán. Y los resultados serán todavía mejores”, cree.

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