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Bioseguridad

Promulgada la nueva ley que autoriza los estudios con células madre y libera la comercialización de transgénicos en Brasil

La Ley de Bioseguridad, promulgada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva el pasado día 24 de marzo, abrió significativamente las perspectivas para la biotecnología en Brasil: autorizó y reglamentó las investigaciones con células madre embrionarias de seres humanos y habilitó el cultivo y la comercialización de organismos genéticamente modificados (OGMs). Los siete vetos del presidente no comprometen al proyecto.

La decisión del Congreso, ratificada por el presidente de la República, constituye un reconocimiento a la capacidad de los científicos brasileños para hacer estudios en las fronteras del conocimiento. La apuesta a la competencia de la investigación científica nacional podrá transformar a la nueva ley en un instrumento de independencia tecnológica y, al mismo tiempo, garantizará que la sociedad pueda usufructuar los resultados de las inversiones destinadas a ciencia y tecnología.

La nueva ley permitirá que al menos una decena de laboratorios ?muchos de ellos ya están desarrollando efectivamente investigaciones con células madre de médula y de cordón umbilical? comience sus estudios con células madre embrionarias que, en el futuro, pueden apuntar caminos para el tratamiento de enfermedades tales como el mal de Parkinson, la diabetes y la lesión de la médula espinal, entre otras (lea en la página 30). Ambas líneas de investigación cuentan con inversiones ya programadas por valor de 28,3 millones de reales, según anunció el ministro de Ciencia y Tecnología, Eduardo Campos.

En el área de los transgénicos, los estudios se encuentran más avanzados. Las perspectivas son prometedoras, ya en el corto plazo. En la próxima cosecha agrícola, por ejemplo, los productores de todo el país tendrán acceso a semillas de soja genéticamente modificadas desarrolladas por la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa, sigla en portugués), lo que redundará en mejoras de rendimiento y mayores utilidades. Empresas tales como Monsanto, Bayer Seeds y Syngenta Seeds también se aprestan a sacar nuevos productos al mercado (lea en la página 34).

La movilización de los científicos
La tramitación de la ley en el Congreso hasta su aprobación final estuvo signada por una intensa polémica, y requirió la movilización de científicos. Patrícia Pranke, experta en células madre umbilicales de las facultades de Farmacia y de Medicina de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), por ejemplo, estuvo en Brasilia al menos unas 20 veces durante el último año, para hacer un trabajo de hormiga, como ella dice. Junto con la genetista Mayana Zatz (lea la entrevista con ella página 12), Marco Antonio Zago, de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto y coordinador del Centro de Terapia Celular, y Drauzio Varela, médico oncólogo, Patrícia tomó parte en audiencias públicas en el Senado y estuvo presente en diversos encuentros con diputados en la Cámara Baja, con el objetivo de aclarar eventuales dudas de los legisladores.

Y los resultados fueron más que satisfactorios. Fue la primera vez que senadores, diputados y científicos se unieron. Ganamos una guerra santa, dice Darcísio Perondi (del Partido Socialdemócrata – PSDB), redactor del informe para la segunda ronda de votación en la Cámara Baja.

La votación de la ley también llevó a Brasilia a integrantes del Movimiento en Pro de la Vida (Movitae), que agrupa a entidades representativas de padres y pacientes portadores enfermedades neuromusculares. El Movitae fue creado en 2003, cuando el Congreso Nacional estaba empezando a debatir la clonación terapéutica, una técnica que quedó afuera de la Ley de Bioseguridad. El día de la votación reunimos en la Cámara a unas 50 personas, de todos los rincones del país, comenta Andréa Bezerra de Albuquerque, presidenta del Movitae, quien permaneció por si acaso en Brasilia hasta la promulgación presidencial.

Entre los que se movilizaron por la causa del Movitae se encontraban seis representantes de la Asociación Brasileña de Distrofia Muscular. Éstos circularon por los pasillos de la Cámara Baja, se aglomeraron en el plenario y, junto con científicos y diputados, celebraron la aprobación de la ley. Le preguntamos a uno de nuestros pacientes de 8 años qué le había gustado más de Brasilia. Y él contestó: que ganamos, recuerda Munira Tenezi Guilhon Sá, directora ejecutiva de la asociación.

La movilización de los pacientes conmovió al presidente de la Cámara de Diputados, el diputado Severino Cavalcanti (del Partido Popular). El legislador había manifestado su oposición al proyecto, alegando motivos religiosos, pese a la insistencia de su hija, la terapeuta ocupacional y diputada estadual de Pernambuco, Ana Cavalcanti. Incluso antes de que lo eligieran como presidente de la Cámara Baja, charlaba esto con él para hacerlo cambiar de idea, reveló Ana. Mayana y Patrícia también intentaron convencerlo al diputado. Pero lo que más sensibilizó a mi papá fue la presencia de los portadores de distrofias y sus mamás, todos apostados a la entrada del recinto del plenario, dijo Ana. Cavalcanti abrió el debate de la propuesta, impidió la suspensión de la sesión, que era la estrategia de los opositores al proyecto, y se retiró del plenario antes de que concluyera la votación. De cualquier manera, la rapidez con que la Cámara Baja aprobó el proyecto sorprendió a los científicos.

Con todo, no fue tarea fácil vencer las resistencias en el seno de la Cámara Baja. Por razones religiosas, o por falta de información, muchos diputados temían que, al autorizar las investigaciones con células madre, estuvieran legitimando la clonación de seres humanos. Otros incluso fueron más allá en sus sospechas: estimaban se estaría fomentando así la práctica del aborto. Esta preocupación fue una de las razones que llevaron al propio plenario a negar la autorización de la investigación con células embrionarias en la primera votación del proyecto, en febrero de 2004.

Una parte de las dificultades de la tramitación del proyecto tuvo sin embargo su causa en su generalidad. El proyecto enviado por el Ejecutivo a Diputados en 2004 tenía por objeto una solución definitiva a la polémica en torno al cultivo de la soja Roundup Ready (RR), de la empresa Monsanto, autorizado por la Comisión Técnica Nacional de Bioseguridad (CTNBio), cuya incumbencia fuera cuestionada mediante una acción civil pública. En medio a ese embrollo jurídico, faltaron semillas en el mercado nacional y los productores del sur del país compraron y sembraron semillas RR argentinas. Ante la ausencia de un encuadre legal, el gobierno tuvo que promulgar un decreto que garantizara la cosecha y la comercialización de la producción de la campaña 2002-2003.

El gobierno creo entonces una comisión para formular un proyecto de ley que acabara con la batalla de los transgénicos. Adjuntó a la propuesta la cuestión de las células madre embrionarias y la envió al Congreso. Nos pareció extraño que el proyecto juntara ambas cuestiones, recuerda Mayana. El sincrético proyecto fue analizado por una comisión especial, seguido de cerca por investigadores y representantes de asociaciones científicas. El dictamen del diputado Aldo Rebelo (Partido Comunista – PCdoB) que autorizaba las investigaciones con células madre, la clonación terapéutica y el cultivo y la comercialización de transgénicos estaba listo para su votación en sesión cuando, en vísperas de la votación, designaron a Rebelo ministro y, por tal motivo, se produjo su reemplazo en la redacción del dictamen, que quedó a cargo del diputado Renildo Calheiros (también del PCdoB).

Calheiros preparó su propio dictamen. Consideró la posibilidad de desmembrar el proyecto que abordaba temas diferentes, pero, al carecer de respaldo, cambió de idea. En la primera versión del informe mantuvo la autorización de las investigaciones con células madre, comenta él mismo. Pero tuvimos que negociar la propuesta completa, argumenta. Ante la resistencia de bloque evangelístico y del católico, vetó la clonación terapéutica y las investigaciones con células madre embrionarias.

En el caso de los transgénicos, cedió ante la presión de los ambientalistas: limitó las incumbencias de la CTNBio con respecto a la autorización de los estudios, asignándoles poder al Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Renovables (Ibama) y a la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) para decidir sobre el cultivo y la comercialización de OGMs.
El proyecto recibió media sanción en la Cámara Baja y pasó entonces al Senado. En tanto, se granjeó el calificativo de Franskenstein jurídico por parte de Carlos Vogt, presidente de la FAPESP. El Consejo Superior de la Fundación también manifestó su parecer, solicitando a los senadores que escuchasen los argumentos de la comunidad científica. Otras 13 entidades, entre ellas la Academia Brasileña de Ciencias, se manifestaron favorables a las investigaciones con células madre y en contra de la limitación de la competencia de la CTNBio.

El Senado escuchó a los investigadores, impulsó audiencias públicas y modificó la decisión de la Cámara. El informe del senador Ney Suassuna (del Partido del Movimiento Democrático – PMDB), con el aval de los científicos, mantuvo el veto a la clonación terapéutica, pero rescató la autorización de las investigaciones con células madre y el poder decisorio de la CTNBio en el caso del cultivo y la comercialización de transgénicos. La información doblegó al miedo y el proyecto obtuvo la media sanción en la Cámara Alta por amplia mayoría: 53 votos contra 2.

El rol de los medios de comunicación
En la decisión del Senado, es bueno ponerlo de relieve, tuvo su peso la movilización de los medios de comunicación. Antes de la votación, el programa Fantástico, de la red Globo, exhibió durante tres domingos consecutivos programas de la serie How to build a human, adquirida a la BBC de Londres, donde se abordan los beneficios de la utilización de las células madre en el tratamiento de las enfermedades. Los periódicos de mayor circulación en el país, como O Globo, O Estado de S. Paulo y Folha de S.Paulo también se manifestaron en sus editoriales en contra de aquello que calificaron como oscurantismo y brujería.

El proyecto, con alteraciones, regresó a la Cámara Baja que, para este segundo round, tendría únicamente poder de veto. Los opositores intentaron efectivamente quitar el artículo 5º del texto, que autorizaba los estudios con células madre. Todos los partidos, con excepción del Prona, se manifestaron a favor del texto, cuya aprobación salió con 366 votos contra 59. Los ambientalistas intentaron por su parte restringir los poderes de la CTNBio, pero la propuesta del Senado prevaleció: fueron 352 votos contra 60.

Pero no era todavía tiempo de celebrar. Una vez sancionado en ambas  Cámaras, el Proyecto de Ley de Bioseguridad fue a parar a la Casa Civil [Jefatura de Gabinete] para su ulterior análisis de mérito, constitucionalidad y legalidad, antes de la promulgación presidencial. Se temía que, bajo la presión de los católicos y los ambientalistas, el presidente vetase algunos artículos del proyecto.

Y estas preocupaciones no eran infundadas: un día después de la sanción, el Ministerio del Medio Ambiente divulgó una nota reiterando su postura contraria al proyecto: el poder exclusivo y vinculante para la habilitación del cultivo y la comercialización de transgénicos conferido por la nueva ley a la CTNBio relegaría a los órganos públicos que actúan en el área ambiental a un papel secundario.

El gobierno también recibió manifestaciones a favor del proyecto, como lo fue la del Consejo Superior da FAPESP, que el día 10 de marzo le elevó una carta al presidente solicitándole que promulgara el proyecto de ley tal como fuera sancionado por el Parlamento, cimentando así sobre bases seguras las esperanzas de cura y de una mejor calidad de vida para miles de personas que han vivenciado y aún vivencian las expectativas de este gran momento.

En un artículo publicado en O Globo, el día 21 de marzo, el ministro Eduardo Campos sostuvo que la autorización de las investigaciones con células madre de embriones humanos representa el primer gran paso hacia el ingreso del país en la frontera de la medicina. Ahora, aseveró Campos, lo importante es recuperar el tiempo perdido. Afirmó a su vez  que, tarde o temprano, Brasil deberá prepararse para dar un paso más audaz aún: la autorización de la clonación terapéutica. E hizo, con todo, una salvedad: Este paso se dará cuando las condiciones sociales y políticas de madurez indiquen que será un nuevo hito en la afirmación del trabajo de los científicos brasileños.

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