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Carta de la editora | 112

De travesías y transposiciones

Todo indica que los primeros habitantes del actual estado de São Paulo estaban acá hace ya 10 mil años, uno o dos mil años antes de lo que hasta ahora se imaginaba. Difícil es decidir por ahora si eran hombres del mar o del bosque, pues si bien sus rasgos físicos se asemejan a los de otros habitantes prehistóricos del interior de Brasil, hay algo en su comportamiento que aporta evidencias de una vida social propia de los habitantes primitivos de la zona costera. Por ejemplo: aunque hubieran vivido lejos del mar, a algunos kilómetros, estos personajes intrigantes, al enterrar a sus muertos los cubrían con una gruesa capa de conchas, un cuidado típico de las poblaciones costeras – y por cierto, fue precisamente esto lo que permitió reconstruir el periplo hasta nosotros: los vestigios arqueológicos de estas tumbas, conocidas con el nombre de sambaquíes. El artículo destacado en la portada de esta edición aborda justamente este descubrimiento fascinante, a cargo de un equipo de científico de São Paulo, tal como informa empezando en la página 38 el editor especial Marcos Pivetta.

El propio Pivetta es el autor de otro artículo destacado de esta edición, y que, con seguridad, inundará de alegría a aquellos a los que les gusta extraerle a la vida y al cotidiano la mayor dosis de placer posible, sin los riesgos que en ocasiones traen aparejados. Sucede que, tal como se puede verificar a partir de la página 44, nuevos estudios sugieren que compuestos presentes en el vino tinto aumentan la longevidad. Pero no por ello es recomendable dar por sentado que, cuánto más vasos de vino se tomen, tanto más años asegurados se tienen por delante, pues las cosas no funcionan así. La recomendación, como para beneficiarse bastante con los poderes terapéuticos de la más gustosa de las bebidas, sigue siendo beberla con moderación – de ser posible, celebrando la vida, siempre.

Del vino al agua: el debate sobre la transposición del río São Francisco, aunque se lo encare puramente desde el punto de vista técnico – con el embate de intereses políticos en esta ocasión un tanto aparte, en la medida de lo posible -, parece un ser barril sin fondo, pues existen argumentos que suenan plausibles, tanto desde el punto de vista de aquéllos que defienden ardorosamente al proyecto, como desde el de aquéllos que se oponen acérrimamente. El artículo de la editora de política Claudia Izique, con relación a esto, que empieza en la página 26, echa un poco más de luz sobre la naturaleza de la polémica que pone en campos opuestos al gobierno y a los científicos.

¿Puede imaginarse a la memoria almacenada en un frasco? No, nada que ver con los manuscritos muy bien guardados en antiguas botellas arrojadas al mar. El caso en cuestión es la inserción de datos digitales en gran escala y en tres dimensiones en un nuevo tipo de material vítreo, elaborado con una alta concentración de óxido de tungsteno. En caso de que el equipo de científicos responsable de este proyecto tenga éxito en sus próximos pasos, la informática y la industria electroelectrónica, entre otros sectores, tal como informa el reportero Yuri Vasconcelos, empezando en la página 64, tendrán mucho que ganar.

En el campo de las humanidades, esta edición se interna en un tema que, pese a estar desde hace mucho tiempo incrustado en el cotidiano de los brasileños, provoca siempre polémicas terribles, produce kilómetros de discusiones y discursos ácidos, genera irritación insoslayable y un mal humor constante. A este tema central para la actual democracia brasileña, que es la cuestión de la autoridad monetaria como una modalidad específica de autoridad política nacional, se aboca el editor de humanidades Carlos Haag, a partir de la página 80. En efecto, el Banco Central, la inflación, las tasas; todo pasa allí por el tamiz estudioso e impiadoso de reputados investigadores. Vale la pena.

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