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Ingeniería

Mucha agua va a correr

La transposición del río São Francisco divide opiniones y suscita polémicas entre el gobierno y los científicos

Hace desde la época del Imperio que Brasil procura hallar una solución tendiente a minimizar los efectos de la sequía en el semiárido del nordeste. En 1847, Don Pedro II manifestó su disposición incluso a vender las joyas de la Corona si de lo que se trataba era de llevar las aguas del río São Francisco hacia la región. Pero su intención no se consumó, y así sus joyas quedaron muy bien preservadas. En el siglo XX, la transposición de las aguas del río estuvo en el tapete en otras tres ocasiones, en los años 1980, 1990 y 2000. Sin embargo, la falta de recursos y de consenso hizo imposible la consecución de tales proyectos. La primera propuesta en el corriente siglo – no menos polémica – es el Proyecto de integración del río São Francisco con las cuencas hidrográficas del nordeste septentrional, del Ministerio de Integración Nacional.

El objetivo de este proyecto es asegurar la oferta de agua de múltiples usos a 12 millones de personas. Prevé la construcción de dos canales revestidos de concreto de 720 kilómetros de extensión, 25 metros de ancho y 5 metros de profundidad, mediante los cuales se captarán de manera continua 26 metros cúbicos por segundo de aguas del río São Francisco, que se transportarán hasta la región de la sequía. Cuando la represa de Sobradinho esté llena, el volumen de captación podrá llegar a los 114 metros cúbicos. El caudal promedio será de 63,5 metros cúbicos por segundo, y la capacidad total de transporte de la obra será de 127 metros cúbicos por segundo.

A lo largo de todo el trayecto se construirán nueve estaciones de bombeo para superar desniveles de hasta 160 metros de altitud, al margen de 27 acueductos, 8 túneles y 35 reservorios de pequeño porte. El primer tramo de esa obra monumental que el gobierno federal pretender empezar este mismo año cuenta con un presupuesto de 4,5 mil millones de reales. “El área del proyecto alcanza al 37% de la población del polígono de la sequía”, justifica João Urbano Cagnin, coordinador técnico del proyecto dentro del Ministerio de Integración Nacional.

“Llover sobre mojado”
Este proyecto empezó a pergeñarse en 2003, y desde entonces ha avanzado más que cualquier otro en los últimos 150 años: los pliegos de licitación del primer tramo de la obra se conocieron el día 13 de mayo, y las más de 30 empresas contratistas interesadas tienen plazo hasta el día 28 de junio para presentar sus proyectos.

Pero la idea de que la transposición reducirá efectivamente los efectos de la sequía en el semiárido nordestino lejos está de ser un consenso político o técnico. Del lado de los opositores al proyecto se congregan desde gobernadores de estados “donadores” y “receptores” de agua – ya que cabrá a éstos hacerse cargo de la cuenta de las obras de conexión de los canales con las redes de saneamiento -, hasta científicos y ambientalistas, pasando por organizaciones no gubernamentales. Es particularmente fuerte este grupo entre los miembros del Comité de la Cuenca Hidrográfica del São Francisco (CBHSF, por su sigla en portugués). Existen perspectivas de que la licencia previa ambiental concedida por el Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Recursos Renovables (Ibama) a comienzos de mayo, y el proceso de licitación en marcha sean cuestionados en la Justicia, mediante la presentación acciones civiles.

Disputas políticas aparte, los críticos consideran que el proyecto es económicamente inviable y socialmente injusto. Alegan que no existe déficit hídrico en el nordeste septentrional que justifique un proyecto de tamaña magnitud. “El nordeste tiene agua. Son 70 mil azudes con alrededor de 37 mil millones de metros cúbicos de agua. Es el mayor volumen de agua de reservorios existente todo el mundo”, dice João Suassuna, de la Fundación Joaquim Nabuco.

La mitad del agua, sostiene Suassuna, se encuentra en el azud de Castanhão, en el estado de Ceará, que cubre la demanda de Fortaleza y de la población del bajo Jaguaribe, que será abastecido con aguas captadas en Cabrobó (Pernambuco) y transportadas por el eje norte del proyecto hasta Ceará. “¿Para qué llevar más agua todavía a ese azud?”, indaga. Según su evaluación, lo que falta en realidad es una política para el uso del agua.

El proyecto de transposición es “llover sobre mojado”, de acuerdo con la evaluación de João Abner, docente del área de recursos hídricos de la Universidad Federal de Río Grande do Norte (UFRGN). Abner se vale de los ejemplos de dos estados del nordeste septentrional para cuestionar la tesis de déficit hídrico. Ceará tiene 7,5 millones de habitantes, 35 mega azudes y una  oferta potencial de 215 metros cúbicos por segundo de agua para un consumo actual de 54 metros cúbicos por segundo. “El sueño de Don Pedro ya se ha plasmado en Ceará con la construcción del azud de Castanhão?, dice.

Río Grande do Norte, estado con una población de 2,7 millones de personas, dispone de un caudal asegurado de 70 metros cúbicos por segundo para una demanda de 33 metros cúbicos por segundo. ?Hasta el estado de Paraíba, el menos dotado de recursos hídricos de la región, posee un superávit significativo: 32 metros cúbicos por segundo, para una demanda de 21 metros cúbicos por segundo?, afirma Abner.

A su entender, lo que le falta al nordeste septentrional de Brasil es una  política de destinación del agua a través de aductoras, como la que se puso en práctica en Río Grande do Norte. Dicho estado echó mano de los recursos surgidos de la privatización de su compañía de energía eléctrica para invertir 250 millones de reales en más de mil kilómetros de aductoras que abastecen a la mitad de la población. “Las aductoras llevan las aguas desde la costa y desde el embalse Armando Ribeiro Gonçalves, sobre el río Piranha-Açu, hasta la región semiárida”, apunta.

El coordinador técnico del proyecto rebate las críticas sobre a disponibilidad hídrica existente en el nordeste. “De los 70 mil azudes, solamente cien valen la pena. Los demás son grandes evaporadores de agua”, afirma. “Y los grandes azudes no pueden utilizarse porque hay que guardar agua para el futuro, y están comprometidos: pierden 2 metros de agua por año debido a la evaporación”, argumenta Cagnin. De los 18 mil millones de metros cúbicos de agua disponibles en Ceará, por ejemplo, tan sólo el 20% puede utilizarse. “Es decir, hay azudes, pero no tienen agua.”

Los azudes del nordeste septentrional acumulan el máximo de agua en el período de lluvias, durante tres o cuatro meses al año. Aun cuando están llenos, el uso del agua es controlado, de manera tal de garantizar el suministro en caso de sequías prolongadas. La integración de estos azudes con una fuente de agua permanente y de gran volumen – como la que se transpondrá – permitirá que el agua almacenada en dichos pozos sea liberada en mayor proporción para las actividades productivas. La garantía de abastecimiento atraerá inversiones, generará más empleo e incrementará los ingresos de la población. “Si lo que pretendemos es darle una nueva oportunidad al nordeste, debemos asegurarle el suministro de agua.”

El agua acumulada en los reservorios y azudes tendrá múltiples usos, incluso económicamente hablando. A lo largo de los dos canales, el proyecto prevé la instalación de puntos de captación de agua y chafarices para contemplar la demanda de la población de las áreas cercanas, y hacer factible la agricultura irrigada de los pequeños productores.

Pero el foco principal del proyecto apunta a impulsar el desarrollo urbano. “No es meramente agua para beber, es agua para vivir. Este proyecto se destina a poner agua en los azudes y al suministro de las ciudades”, subraya el coordinador técnico del proyecto. “No es agua para la población difusa”, insiste. Para esta población, el gobierno está impulsando la construcción de un millón de cisternas, un proyecto por valor de 1.500 millones de reales, un cuarto del valor previsto para la transposición. “Una cisterna produce un metro cúbico de agua por segundo, en tanto que la transposición produce casi 70 metros cúbicos por segundo”, compara.

El uso económico del agua es objeto de duros cuestionamientos. “El gobierno quiere darle agua a los agronegocios”, resume Suassuna, de la Fundación Joaquim Nabuco. “Es agua para el agronegocio”, repite Abner, de la UFRGN. “¿El desplazamiento de las aguas llegará a los productores?”, indaga Luciano Pagnucci Queiroz, investigador del Instituto Nacional del Semiárido.

El hecho de tratar al agua como un bien económico “trae aparejada la exclusión de una gran parte de la población”, advierte el manifiesto Riesgos previsibles, consecuencias incalculables, suscrito al final del año pasado por 250 asociaciones, entidades representativas y organizaciones no gubernamentales, y dado a conocer con la intención de frenar la aprobación del proyecto.

Por cierto, ésta fue una de las razones por las que el Comité de la Cuenca Hidrográfica del São Francisco rechazó el proyecto de transposición. Al cabo de de cinco consultas públicas en ciudades de la región, dicho comité aprobó el uso externo de las aguas del río “solamente para el consumo humano y animal” y en situaciones de probada escasez, de acuerdo con Geraldo José dos Santos, asesor técnico del referido comité.

Con respecto al Eje Este del proyecto – que sale de la represa de Itaparica, en el límite entre Pernambuco y Bahía, cerca de Nova Petrolândia, y sigue hasta el río Paraíba -, el agua se transportará a la zona conocida como agreste y podrá utilizarse para la subsistencia. “Pero en el Eje Norte del proyecto el uso del agua tendrá un carácter eminentemente económico. Una pequeña parte del líquido elemento, un volumen inferior a los 26 metros cúbicos por segundo, se destinará al consumo humano y animal”, prevé Souza.

Para Cagnin, la polémica entablada en torno al uso del agua del São Francisco es producto de una visión antigua del nordeste, de una economía “hecha bajo las patas de los bueyes, que fue responsable del poblamiento disperso”. Hoy en día, agrega Gagnin, Brasil tiene el semiárido más populoso del mundo, que se ha modernizado, es más urbano, “salió de la cultura rural”. Por eso mismo, necesita más agua.

Energía para el futuro
Los críticos también temen que la transposición comprometa la demanda futura de energía eléctrica, estimada en alrededor de un 6% anual para un crecimiento del 4% del Producto Bruto Interno (PBI). El río São Francisco es responsable de la generación de más del 95% de la energía eléctrica del nordeste brasileño, casi completamente producida por Companhia Hidrelectrica do São Francisco (Chesf).

El Reporte de Impacto Ambiental (Rima) estima que el uso de las aguas del río, en los volúmenes fijados en el proyecto, acarrearía la pérdida de 137 MWh/h de energía para las centrales, es decir, un 2,4% de la energía media generada por  Chesf, a partir de 2025. Esta pérdida, también de acuerdo con el Rima, podrá compensarse con la producción generada por las centrales termoeléctricas que se están instalando en la región o por usinas hidroeléctricas emplazadas en otras cuencas, por medio del Sistema Interconectado Nacional.

“Chesf genera 5.600 MW promedio anualmente, y el proyecto consumirá el 1% de esta energía, y a mediano plazo”, dice Cagnin. Recuerda a su vez que el sistema eléctrico brasileño está interconectado y que el nordeste recibe actualmente un 20% de la energía generada en la hidroeléctrica de Tucuruí. “En el futuro, dentro de 15 años, más de la mitad de la energía provendrá de fuera del São Francisco.”

Entre los críticos y defensores del proyecto existen también, aparentemente, algunas divergencias de cálculo. El ministro Ciro Gomes sostiene que la transposición utilizará tan sólo 1% del volumen desaguado en el mar. Pero el Comité de Cuenca del São Francisco cuestiona este dato. El cálculo del 1% es inadecuado, pues toma como base el caudal promedio histórico del río, sin considerar que parte de dicha agua ya no está disponible. En nota oficial, el comité recuerda que, para garantizar las condiciones mínimas del río, el Plan de Recursos Hídricos estipuló un caudal máximo en la desembocadura de 360 metros cúbicos por segundo, de los cuales quedan tan sólo 269 metros cúbicos por segundo. Calculada sobre este saldo, la transposición retiraría efectivamente entre el 24% de la aguas del río, según el caudal promedio, y el 47% según el caudal máximo.

El costo del agua transportada, estimado en 0,11 real, también suscita polémica. Actualmente, en el área rural no se cobra por el agua bruta. Los usuarios pagan únicamente el costo del bombeo desde la fuente de suministro hasta el área agrícola. “Con la transposición se pagará muy caro el uso del agua: entre cinco y seis veces más que los valores actuales en la región”, calcula Abner.

Cagnin aclara que éste no será el precio del agua utilizada para irrigación o en las áreas rurales. Recuerda a su vez que el agua tiene múltiples usos, y que dicho valor, de 0,11 real, lo pagará el consumidor urbano e industrial, a cambio de la garantía de suministro, lo que representaría un aumento del 10% en la tarifa actual. Fuera de las áreas urbanas, el precio se calculará por compensación, con base en un subsidio cruzado.

Y las preocupaciones no cesan por allí. Queiroz, del Instituto Nacional del Semiárido, por ejemplo, teme que, si la obra no se ejecutara correctamente, al margen del agua, los canales harían también la transposición de la biota (el conjunto de formas de vida de un determinado ambiente. Este riesgo se ubica entre los 22 impactos negativos apuntados por el Rima). Para minimizarlo, se prevé el monitoreo de la mezcla de las biotas de las cuencas donadoras y receptoras, la instalación de filtros en las tomas de agua sobre el río São Francisco y la ejecución de subprogramas de monitoreo de los peces y de la calidad del agua, y estudios geológicos en ambos canales.

Consulta pública
El Ministerio de Integración Nacional pretende destinar dos mil millones de reales al proyecto en 2006. Además de intentar impedir el comienzo de las obras en los tribunales – y de amagar con obstruir la votación de la Ley de Directrices Presupuestarias (LDO, por su sigla en portugués), en caso de que el gobierno no ceda en la estimación de los gastos -, los opositores pretenden dejar en manos de la población brasileña la última palabra sobre el proyecto. El diputado Luiz Carreira (del Partido del Frente Liberla/ PFL-Bahía) presentó ante la mesa directiva de la Cámara de Diputados un decreto legislativo, proponiendo un plebiscito sobre la transposición del río São Francisco, que se realizaría el primer domingo de octubre de 2006. La propuesta tramita en la Comisión de Medio Ambiente. “No se trata de una obra de ingeniería cualquiera. Es un proyecto de desarrollo económico”, argumenta el diputado.

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