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Carlos Henrique de Brito Cruz

Carlos Henrique de Brito Cruz: Un optimista con método

MIGUEL BOYAYAN / TRATAMIENTO DE IMÁGENES: JOSÉ ROBERTO MEDDAHace algún tiempo ya que el físico Carlos Henrique de Brito Cruz, nacido en Río de Janeiro en julio de 1956, pero paulista por adopción desde los cuatro años, se reveló como un analista atento como pocos los hay con relación a las políticas contemporáneas de ciencia y tecnología y de sus indicadores de crecimiento, nacionales e internacionales. Y más aún: hace alrededor de 15 años, Brito Cruz superó la categoría de espectador comprometido, para abrazar directamente los retos de la gestión de ciencia y la educación. Desde entonces, ocupó entre otros puestos el de director del Instituto de Física Gleb Wataghin, en dos ocasiones (1991-1994 y 1998-2002), y rector de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), de 2002 a 2005. Fue el más joven presidente de la FAPESP hasta la actualidad – tenía 40 años cuando tomó posesión del cargo, en septiembre de 1996 -, y tuvo dos reelecciones sucesivas. En un momento ferviente de la vida de la institución, signado por la profunda transformación y un crecimiento nunca ante visto, eso parece indicar un claro reconocimiento a su capacidad.

Al final de abril pasado, Brito Cruz regresó a la FAPESP, en esta ocasión designado como director científico, en reemplazo del también físico José Fernando Perez, quien ocupó el cargo durante once años. La dirección científica de la Fundación es uno de los puestos de liderazgo más exigentes en el sistema paulista de ciencia y tecnología y, posiblemente, también uno de los más gratificantes, porque en él puede hacerse mucho por el estado y “¿por qué no?” por el país. Brito Cruz promete trabajar aplicando el método científico en este nuevo puesto que ocupa en su carrera.

Lo que ahora será difícil para este ingeniero electrónico graduado en el instituto Tecnológico de la Aeronáutica (ITA) en 1978, máster (1980) y doctor (1983) en física de la Unicamp, es conceder una atención sino marginal a la investigación de los fenómenos ultrarrápidos aplicada al estudio de materiales, el área a la cual se aboca desde 1980. Vale lo mismo para su trabajo en la docencia en el Instituto de Física de la Unicamp, donde está desde 1982. Las dos actividades le agradan mucho. Pero, como él dice, hay que optar.

En esta entrevista, Brito Cruz muestra sobre todo su visión “optimista” sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología en Brasil, y apunta claramente cómo pretende llevar adelante su trabajo al frente de la dirección científica de la FAPESP.

¿Cuál es su visión acerca del rol de la FAPESP en el sistema de ciencia y tecnología del estado de São Paulo?
El sistema debe tener tres pilares que le den una sustentación adecuada, para que de este modo pueda contribuir al desarrollo económico y social del estado. Uno de estos pilares es la formación de recursos humanos, que es importante para contar con las personas necesarias, como para fundamentar la capacidad tecnológica en el propio estado. El segundo pilar es el de la investigación académica, en general hecha en instituciones universitarias, a veces en institutos de investigación, que es muy importante para hacer avanzar al conocimiento humano y para formar los recursos humanos. El primero y el segundo pilar tienen ligazón entre sí debido al postgrado especialmente, pero también por la carrera de grado. Y el tercer pilar es la investigación y el desarrollo en el mundo industrial – a decir verdad, lo más correcto actualmente sería referirse al mundo empresarial, incluye a la industria y a los servicios. En todas las naciones del mundo los dos primeros pilares están bajo responsabilidad principalmente del Estado, desde el punto de vista del financiamiento. Y la investigación y el desarrollo en el mundo empresarial es parcialmente de responsabilidad del Estado. La razón – pues hay allí una razón conceptual importante – es la siguiente: los resultados de la formación de recursos humanos y de la investigación académica son de difícil apropiación privada. Cuando un investigador en la universidad hace un descubrimiento o publica un artículo científico revolucionario, raramente logra apropiarse en términos exclusivos de aquel resultado; pues sucede que, en general, para que la investigación académica avance, no debe tener dueño, o mejor dicho, debe tener muchos dueños, porque es una  actividad social, no es individual. Esa dificultad de apropiación hace que la inversión privada en estas actividades sea escasa y, por lo tanto, el Estado debe suplir este financiamiento. En tanto, los resultados de la inversión en investigación y desarrollo en el mundo empresarial son apropiables privadamente. Por lo tanto, es justificable que aquéllos que van a apropiarse del resultado hagan la mayor parte de la inversión.

¿Y por qué el Estado debería solventar una parte de esto?
Porque una parte intrínseca de la actividad de investigación y desarrollo es un nivel de riesgo que a menudo es demasiado alto para que el sector privado logre solventarlo. Por eso es común en todos los países del mundo que el Estado subsidie de alguna manera esta actividad, para reducir un poco su riesgo. Cuando me refiero a los tres pilares, estoy también haciendo referencia a mi visión sobre la FAPESP, que tiene un compromiso primordial e inquebrantable con éstos. Los dos primeros son más específicos, y más atinentes a la tradición de la Fundación, que debe mantener su compromiso con estas actividades, incluso porque, como he dicho antes, no tienen otras alternativas de financiamiento, y aparte son fundamentales para que haya una base en el estado de São Paulo capaz de trabajar con el conocimiento, para transformarlo en riqueza.

En realidad, en términos históricos, siempre ha habido una total claridad acerca de la acción de la FAPESP en este sentido.
Justamente. Y, en la parte de la investigación empresarial, la FAPESP tiene también un rol que cumplir y una contribución por dar, que es la de ser uno de los agentes estatales que pueden impulsar la intensificación de esta actividad. Digo que es uno de los agentes, pues hay varios otros relevantes, y yo listaría por lo menos a la Finep (la Financiadora de Estudios y Proyectos) y el BNDES (el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), que tienen una capacidad de financiamiento mucho mayor que la FAPESP. Creo que la actividad de los agentes estatales se ha vuelto más relevante, aunque no por ello cuantitativamente mayor en los últimos años.

¿El los últimos diez años, más o menos?
Sí, unos diez años. Es decir, hay dos puntos de viraje en este sentido. El primero, de naturaleza más orgánica, fue la apertura de la economía brasileña, a comienzos de la década de 1990. Esta apertura, aun con todas las críticas que podamos hacerle – y hay que hacerle realmente muchas críticas, por la manera descontrolada, poco planificada en que se hizo -, trajo como resultado la exposición de la industria brasileña ante el mundo. De este modo, dos temas pasaron a ser esenciales en el debate sobre el futuro de la industria brasileña: la calidad y la tecnología. En lo que atañe al desafío de la calidad, la industria brasileña lo encaró con mucha efectividad desde principios de los años 1990. La estrategia de apertura del gobierno brasileño en aquella época, por razones que yo no sabría explicarle, incluyó el cuidado con la calidad; pero no contempló el cuidado con la tecnología.

Esto se vio muy bien representado en aquel momento, por la carrera de las empresas en pos de la certificación ISO 9000, por ejemplo.
Sí, es cierto. Hubo varios movimientos: el Estado brasileño apoyó y financió a las empresas para que encarasen acciones destinadas a tener su calidad certificada internacionalmente en sus procesos y productos, y la certificación ISO 9000 se convirtió en una pasión nacional. De tal modo que hoy en día la industria paulista es reconocida internacionalmente como una de las que presentan uno de los mayores índices de calidad en sus procesos y en sus productos. Es muy competitiva. El segundo desafío, el de la tecnología – de manera simplificada, podemos decir que el reto de la calidad se refiere al cómo producir, y el de la tecnología al qué producir -, tardó un poco más para notarse. El profesor [José] Goldemberg, que fue ministro de Ciencia y Tecnología en aquella época, mencionaba la importancia de llevar la actividad de investigación hacia dentro de las empresas. Pero no logró organizar una manera de hacerlo.

¿Ese discurso no repercutía en el interior de las empresas, no es cierto?
Tardó un poco en repercutir. Una de las razones para ello fue que, mientras que el desafío de la calidad tomó, es decir, implicó a las empresas, y las llevó a esmerarse en la cuestión de la tecnología, hasta 1999 Brasil estuvo sujeto a una  gran ilusión de la política de ciencia y tecnología: que la tecnología que requieren las empresas se desarrollaría en las universidades e institutos de investigación. Esto es un equívoco que no tiene asidero en ningún momento de las historia de la tecnología. Nunca, ninguna nación del mundo logró tener una industria tecnológicamente capaz y competitiva con base exclusivamente o mayoritariamente en la interacción de la universidad con la empresa.

A decir verdad, cuando en 1997 la FAPESP instituyó el Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas, el PIPE, ya vislumbraba a las empresas como los lugares privilegiados de investigación y desarrollo en el ámbito empresarial.
Sí, en la FAPESP esto ya se detectaba. Yo era entonces el presidente de la Fundación, y me acuerdo muy bien que discutía mucho eso con la dirección científica, cuando se estaba estructurando el PIPE. Por cierto, ese programa fue la primera acción de Estado en Brasil que, explícitamente, dejó sentado que la investigación debe ir hacia dentro de las empresas. Pero hasta 1999 la política de ciencia y tecnología brasileña estaba sujeta a esa ilusión que mencioné antes, a ese error. Existió el PIPE, pero en términos nacionales, recién durante el segundo mandato del gobierno Fernando Henrique Cardoso empezó a revertirse esa política.

Con los cambios en el CNPq, en el Ministerio de Ciencia y Tecnología y en algunos otros organismos claves…
Sí, exactamente. Los cambios que se llevaron a cabo en el Ministerio de Ciencia y Tecnología fueron importantes. El ministro [Ronaldo] Sardenberg y el secretario ejecutivo [Carlos Américo] Pacheco fueron fundamentales en esa historia; la Finep fue muy importante… Porque así fue como la política de ciencia y tecnología en Brasil empezó progresivamente a incluir el tema de “la investigación dentro de la empresa”, y esto ha ido avanzando. Otro hito importante fue la Segunda Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología, en 2001, donde, y no por coincidencia, las propuestas planteadas desde el estado de São Paulo apuntaban precisamente a esta necesidad de tener a la empresa como el ambiente apropiado para la investigación tecnológica, a partir de la experiencia del PIPE, de los debates de la Conferencia Regional, de las discusiones entre la FAPESP y la Fiesp sobre este tema… La conferencia significó quizás el turning point de esta historia, el momento en que Brasil entendió que una política para ciencia y tecnología debe tener acciones importantes hacia el lado académico, pero también debe tener acciones importantes hacia el lado industrial.

Es en ese momento también se formula toda la idea de los fondos sectoriales.
Sí, todo sucedió de manera conjugada. La atención de la política de ciencia y tecnología para el mundo empresarial se consolidó en la conferencia y se convirtió en una figura consolidada con la Ley de la Innovación, que comenzó a discutirse en 2002 y fue finalmente aprobada al final de 2004. Y esto apuntó también algo muy importante: el hecho de que la política nacional de ciencia y tecnología está convirtiéndose en una política de Estado, en lugar de ser una política de gobierno. De 2002 a 2003 hubo un cambio importante en el sistema federal, un cambio de gobierno, por otro que estaba en la oposición hasta entonces, pero este nuevo gobierno, en el ámbito de la ciencia y la tecnología, implementó y dio continuidad a esta estrategia política que apunta hacia el mundo académico pero, al mismo tiempo, al mundo empresarial. Estos cambios fueron llevando a que el mundo empresarial en Brasil, movido por así decirlo por una necesidad orgánica – estipulada por la apertura del mercado -, pasase preocuparse con el tema de la tecnología y, al mismo tiempo, el gobierno brasileño fue apuntando hacia eso, brindando respuestas.

¿Usted tiene la sensación de que esta percepción del mundo empresarial se ha esparcido en el país?
Por supuesto. Es más intensa en las zonas de Brasil más expuestas al mundo: São Paulo, que es el gran exportador de Brasil, Río Grande do Sul, Santa Catarina, Paraná, un poco en Minas Gerais… Pero quiero llamar la atención hacia el hecho de que la FAPESP cumple un papel especialmente relevante en esa cuestión de las empresas con relación al desarrollo tecnológico.

¿Y qué forma cobra actualmente ese papel?
La siguiente: la FAPESP es uno de los agentes estatales que, en Brasil, tiene no solamente la capacidad, sino también la obligación de brindar apoyo a ciertas actividades de investigación dentro de las empresas, y de contribuir para formar recursos humanos que serán absorbidos en parte por las empresas, para generar desarrollo y riqueza en el estado de São Paulo. Es preciso explicarle – y demostrarle – al contribuyente por qué es tan importante destinar un tercio de los recursos de la Fundación a becas de estudio para formar recursos humanos, de los cuales una parte, la mayoría seguramente, se dirigirá a actividades académicas; pero otra parte, mucho mayor que la que se registra hoy, encontrará oportunidades en el mundo empresarial. La Fundación debe desempeñar su rol con la claridad de que no puede tener como objetivo reemplazar ni a la iniciativa empresarial ni la iniciativa de otras agencias nacionales. La Fundación es un actor de ese juego.

Pero, aun siendo un actor entre otros en el juego, ¿es posible que la FAPESP imprima mayor densidad de algún modo a sus iniciativas referentes a la financiación de la innovación tecnológica?
El PIPE tiene una cartera de 450 proyectos financiados – más de uno por semana desde 1998 -, el PITE [Asociación para la Innovación Tecnológica, iniciado en 1994, según su sigla en portugués] tiene cien proyectos. Pero existe efectivamente un camino para la ampliación de las iniciativas. Existe siempre un aprendizaje dinámico. Empezamos con la asociación para la innovación tecnológica, después llegamos al PIPE, después se descubre que, si en ese programa hay una tercera fase que la Fundación por ley no puede financiar, que es la de la producción de aquello que es el resultado de la innovación, puede no obstante movilizar socios en esa dirección. Así, el Pappe (Programa de Apoyo a la Investigación en las Empresas), implantado en sociedad con la Finep, ya configura una densificación. Y habrá otras. Presumo que, tanto en este tema como en los relativos a los otros dos pilares, la gran clave para lograr hacer cosas interesantes radica en la palabra comunicación. Cabe a la FAPESP tener mecanismos eficaces de comunicación con la comunidad de investigadores del estado de São Paulo. Mire, antes se hablaba de comunicación con la comunidad  académica, y eso abarcaba todo. Ahora estoy hablando de la comunidad de investigadores, porque existe una comunidad de investigadores que no es académica.

Que está en las empresas.
Exactamente. A decir verdad, si uno observa con atención, todas las cosas interesantes que la FAPESP ha hecho son producto de la comunicación con la comunidad de investigadores. Fue debido a que escuchó las sugerencias, críticas, demandas y propuestas que pudo concretarlas.

¿Y como se refuerza ese puente hoy en día?
A través de algunos canales. Por ejemplo: la dirección científica tiene un conjunto de coordinaciones de áreas, que involucra a alrededor de 60 personas de la comunidad de investigadores del estado de São Paulo. Son personas que ayudan a la dirección científica a seleccionar los proyectos que va a apoyar, y yo querría que, al mismo tiempo, ellas también nos ayudaran a recabar ideas y a comunicarlas.

Es decir, las coordinaciones deben funcionar efectivamente como canales de salida y entrada de informaciones fundamentales.
Sí, funciona hacia los dos lados, es decir: va de acá hacia allá, informando sobre criterios y procedimientos, y viene de allá hacia acá, diciendo “hay que cambiar esto, hacer aquello, etc..” Es un conjunto grande de personas, que incluso yo pretendo que se amplíe un poco, porque el tamaño de la comunidad  académica y el número de proyectos que la FAPESP abarca hoy en día, ambas cosas son mucho mayores que hace diez u once años. Existen también los coordinadores adjuntos de la dirección científica, que están vinculados más estrechamente a ella y a las coordinaciones, y que son personas que tienen ese rol de comunicar. La FAPESP lleva a cabo esa comunicación también por medio de los miembros de su consejo superior, donde hay personas de las universidades y de las empresas, que debaten allí y aportan muchas consideraciones importantes. Asimismo, la Fundación ha realizado en algunas ocasiones reuniones con investigadores, líderes de proyectos, etc., y yo pretendo hacer esto de manera más sistemática. Creo que estas reuniones son muy importantes para que podamos escuchar con mayor libertad las consideraciones de la comunidad. Como decía antes, las cosas interesantes que la FAPESP ha hecho siempre han sido aportadas por la comunidad de investigadores del estado de São Paulo, y no yo logro pensar en un ejemplo de algo inventado acá adentro. Cuando la FAPESP implantó en los años 1960 un programa denominado Bioq-FAPESP, para desarrollar la actividad de bioquímica y química en el estado de São Paulo, quien aportó eso fue la comunidad de la USP, principalmente, quien dijo: “miren, hay que desarrollar esta área”. Y así se hizo. Cuando puso en práctica en los años 1970 un programa sobre equipos para laboratorios de investigación científica en las universidades, la gente de la Unicamp trajo esa idea, porque la institución estaba naciendo en aquella época y tenía esas demandas. Era coherente. No fue un programa para la Unicamp; fue un programa que surgió de una necesidad demostrada por la Unicamp y atendió al estado, como así también el Bioq surgió en la USP, pero atendió a otras organizaciones. Después, cuando la FAPESP hizo el programa de infraestructura, a comienzos de los años 1990, la comunidad de investigación trajo esa demanda en el marco de varias reuniones. Yo me acuerdo que estaba en una reunión de líderes de proyectos temáticos en 1992 ó 1993, donde se abordó así el tema: “Mire, la infraestructura de investigación es mala, las universidades no están logrando mantenerla – sería importante si la FAPESP pudiera…”. La FAPESP a veces tarda un poco para responder a una propuesta porque pretende tener la seguridad de que la idea tiene sentido, no va a transformarla en un programa al día siguiente. Va a averiguar, va a aprender más sobre el tema y, muy a menudo, creo que en todos los casos escucha una demanda y responde con otra cosa, un poco diferente; pues crea, mejora, discute más sobre el tema. Así, la Fundación implementó los programas de Infraestructura, de Asociación para la Innovación Tecnológica, Genoma, Biota, Fap-Libros; todos ellos, escuchando a la comunidad. Es decir, es así como funciona: debe escuchar, tiene que hacer un esfuerzo para prestar atención, para entender qué está diciendo la comunidad de investigadores de São Paulo. La comunidad sabe darse cuenta de cuál es la horma de su zapato.

Su experiencia como rector de la Unicamp le ha permitido tener una proximidad mayor para escuchar más a la comunidad, y esto debe haber intensificado su preocupación acá dentro de la FAPESP, en el sentido de escuchar más a esa comunidad.
Sí, en cierto forma, sí. Aunque antes mismo, mi experiencia como presidente de la FAPESP me había mostrado que las buenas ideas provienen de la comunidad. Pero es verdad, mi experiencia como rector me ayudó a valorar mucho la idea de que la gente en seno de la comunidad de investigadores tiene buenas ideas y, cuanto más gente sea escuchada, mayor será el número de ideas muy buenas. Lo que es preciso es escucharlas e intentar entenderlas. Y quien logra ser una  “esponja” de ideas, logra hacer más cosas interesantes.

¿Cómo se llevará a cabo la ampliación del grupo de asesores y adjuntos de la dirección científica?
Es necesario contar con dos cosas: una cierta cantidad de personas y su renovación periódica. Ésta es una de las maneras de tener más gente diferente que se acerca a la Fundación. Estimo que es importante contar con un sistema organizado y más formal de designación de esas coordinaciones, de su tiempo de duración y todo lo demás. Por ejemplo, creo que es muy importante que la comunidad de investigadores de São Paulo sepa más quiénes son esos coordinadores: cuándo ellos empezaron, cuándo terminan, cuándo alguno es reemplazado. Es decir, es necesario que eso se explicite más, porque cuanto mayor visibilidad tenga el sistema de funcionamiento de la FAPESP, mejor será. Al mismo tiempo, la Fundación valora mucho su sistema de asesores ad hoc, pero eso no significa que tenga una fe ciega en su infalibilidad, e incluso por eso incentivamos a los investigadores que se sientan perjudicados, mal comprendidos u objeto de injusticias en los dictámenes a que esgriman argumentos en defensa de sus proyectos. Esto no es de ninguna manera mal visto en la Fundación, al contrario, se considera que es el resultado natural del sistema de evaluación por parte de pares. Digámoslo así: el amor de la FAPESP por el sistema de evaluación a cargo de los pares se engendra en una convicción de que así se minimizan los errores, no de una fe en su infalibilidad.

¿Cuál es a su visión sobre el apoyo de la FAPESP a las diferentes áreas del conocimiento?
La misión de la FAPESP consiste en apoyar a todas las áreas del conocimiento humano, trabajando dentro de las reglas del método científico. Esto incluye a las ciencias humanas, a las ciencias sociales aplicadas, a las exactas, a las ingenierías, a las ciencias de la salud, la biología, la filosofía, en síntesis, a todas las áreas. Por cierto, entre las agencias del país y quizás del mundo que actúan en diversas áreas, creo que la FAPESP es una de las que más tiene financiamientos para el área de ciencias humanas. Dentro de su cartera de proyectos, ésta es la cuarta área más financiada, después de salud, biología e ingeniería. Creo importantísimo para el estado de São Paulo contar con una sólida actividad de investigación en el área de ciencias humanas, como también considero que es fundamental contar con una sólida actividad de investigación en filosofía. Esto es esencial para que el ambiente académico de investigación en el estado sea saludable, sea suficientemente abarcador como para crear, por así decirlo, un modo de vida, una ambientación adecuada a la formación de nuestros estudiantes, que es tan importante como la propia formación de los recursos humanos. En los tiempos actuales es fundamental estar atentos, para evitar los peligros del utilitarismo, de una cierta visión de corto plazo sobre la actividad de investigación, muy popular en ciertos círculos, pero muy equivocada; equivocada en magnitudes oceánicas. Con relación al volumen de financiamiento, depende principalmente de dos cosas: del tamaño de la comunidad de investigadores de cada área y de las características específicas del área sobre el costo de su actividad de investigación.

Sin embargo, pese al apoyo sin discriminaciones de parte de la FAPESP, hay áreas del conocimiento que siguen siendo mucho menos visibles. ¿Cuál es su percepción al respecto?
Depende de cómo se mire. Tenemos que tener cuidado al analizar los resultados de la investigación, para no quedar sujetos a una métrica distorsiva. Porque cuando se habla de publicaciones científicas en revistas internacionales, entonces sí aparecen mucho el área de física, el área de salud, de biología, un poco menos la de ingeniería, ¿no es cierto? Hay áreas donde la circulación del conocimiento se da de otra forma. Y entonces, si la métrica fuera la cantidad de libros publicados, la visibilidad de las áreas de física, de química o de salud es pequeñísima, mientras que es grande la del área de ciencias humanas. Por lo tanto, si quisiéramos hacer un cuadro sobre la actividad de investigación en São Paulo, debemos emplear varias métricas diferentes, adecuadas a cada una de las áreas del conocimiento. Incluso cuando observamos el caso de las ciencias exactas, por ejemplo, vemos que en la física es importante publicar el paper, pero en la ciencia de la computación, a veces es más importante presentar el trabajo en una conferencia.

Pero ése parece ser un problema real en la investigación académica. Se evalúa la producción de cada investigador de acuerdo con la cantidad de papers publicados y, probablemente, se cometen así muchas injusticias sobre su producción real.
Se las cometerá si la evaluación se hace exclusivamente por esa numerología de papers. La FAPESP emplea un sistema de evaluación que implica a la comunidad de investigadores del Estado de São Paulo – es una más entre las instancias de la comunicación a que hacíamos referencia -, es decir, investigadores de determinada área “los pares” analizan el contenido de la propuesta presentada, no solamente la cantidad de artículos publicados. Es un sistema muy sofisticado, especialmente cuando consideramos la cantidad de proyectos que manejamos: alrededor de 15 mil anualmente, y todos dependen de un dictamen de un asesor al menos – lo que es algo muy notable. No sé de otra agencia en Brasil que se haga cargo de esto de esta manera. Esto es muy importante, pues permite que a cada sector o cada subárea del conocimiento le quepa un dictamen según su propia métrica, que no la estipula la FAPESP, sino los propios investigadores del sector del conocimiento en cuestión. Pero hay algo a lo que nos referimos de pasada y que no debemos dejar perdido: es de interés de la FAPESP recibir de parte de la comunidad de investigadores del estado de São Paulo propuestas que nos ayuden a desarrollar de manera más intensa ciertas áreas del conocimiento, en las cuales podemos hacerlo, o nos damos cuenta de la necesidad de hacerlo, o ambas cosas. Si la FAPESP implementó el Programa Genoma, que tuvo un éxito importante y visibilidad internacional, puso de relieve la investigación hecha en el estado de São Paulo ante el mundo y, asimismo, hizo avanzar la capacidad de investigación, la formación de recursos humanos, la investigación académica y la investigación empresarial en el área, ¿qué se puede hacer con otros programas, en otras áreas que tengan el mismo o similar efecto? ¿Cuáles son los otros “genomas” que aún no hemos creado en otras áreas, con otros temas, y que pueden llevarnos a resultados de esta índole? ¿Cuáles son los programas de este tipo en el área de ciencias humanas? ¿O en el área de ciencia e ingeniería de la computación, que es un  área también importantísima, cuya comunidad en São Paulo sigue siendo muy pequeña? ¿Qué podemos hacer por estas áreas que les permita dar un salto adelante?

Y con su trabajo al frente de la dirección científica de la FAPESP, ¿cómo quedan ahora sus actividades en la docencia y en la investigación en el área de física?
Se ven perjudicadas. Ya lo estaban, a decir verdad. Cuando opté por dedicar la mayor parte de mi tiempo a las actividades relacionadas con la gestión de la ciencia o de la educación, también opté por disminuir mi implicación en la actividad científica directa, por llamarla de alguna manera. Pero es una actividad que me encanta y, en la medida de lo posible, sigo ejerciéndola un poco, supervisando a algunos excelentes estudiantes que tengo y que terminan por exigirme una dedicación de alguna fracción de mi tempo. Pero uno debe optar, ¿no es cierto?

¿Su dedicación al área de gestión de la política científica y tecnológica responde más bien a una cuestión de gusto, de placer, o a un sentimiento de necesidad?
Es todo eso al mismo tiempo. Uno empieza a hacerlo y se va interesando. A mí me gusta hacer, me gusta entender, me gusta principalmente intentar siempre aplicar el método científico a los problemas que se me presentan en la gestión de la ciencia, lo que es perfectamente posible.

De acuerdo con su visión, ¿cómo debe ser la articulación de la FAPESP con las otras agencias de fomento? ¿Es útil también una tener una buena articulación con las otras FAPs (las Fundaciones Estaduales de Apoyo a la Investigación)?
Es esencial contar con una articulación con las agencias federales. Por más que hoy en día más de la mitad – a decir verdad el 60% – del financiamiento de la investigación en el estado de São Paulo se haga con dinero estadual, el 40% federal es esencial. Sin las agencias federales no existiría ciencia en São Paulo. Por cierto, este predominio del financiamiento a cargo de la FAPESP empezó a darse yo diría que a partir de 1997 ó 1998. Con las agencias estaduales es muy importante también, pero en ese caso es una importancia un poco más difusa. Ela radica más en la posibilidad  de que la FAPESP contribuya a que dichas agencias estaduales se vean más contempladas por sus respectivos gobiernos estaduales. He allí la gran contribución que la FAPESP viene dando con el ejemplo. Es muy prejudicial para el desarrollo de la ciencia y la tecnología en Brasil que prácticamente 24 estados brasileños tengan FAPs organizadas y legisladas bajo la forma de la FAPESP, pero que solamente uno, São Paulo, cumpla la legislación. Esto es una tragedia.

¿Esto obedece a una falta de sensibilidad política o a la  falta de fuerza de la comunidad científica de los estados?
No lo sé evaluar. Creo que las dos cosas juntas. Hay una dificultad en las finanzas estaduales, pero esta dificultad existe en São Paulo también, que no obstante efectúa religiosamente el giro del 1% de su recaudación tributaria a la FAPESP. Quizá hay más bien una limitada percepción acerca de los beneficios que pueden surgir en una determinada región como producto de una subvención permanente a las actividades de investigación científica. Aun cuando este financiamiento se vuelque principalmente al mundo académico. Es decir, no es por coincidencia que São Paulo tiene industria automotriz, tiene a Embraer, tienen el parque industrial más poderoso de Brasil, tiene el centro más importante en el área de software, tiene las empresas de genómica, etc. Son el resultado de décadas de esfuerzo del estado de São Paulo en pro de tener buenas universidades públicas y de contar con la FAPESP. Es algo que, más que sumando, va multiplicando la cantidad de resultados. Hay que hacer esto durante mucho tiempo. No es al quinto año de inversión que surge la mayor parte del resultado, sino después de 40 ó 50 años. Es un proceso lento. Creo que el experimento – para hablar en un lenguaje del método científico – más controlado que tenemos en este campo es el del ITA (el Instituto Tecnológico da Aeronáutica) y Embraer. Fue algo concretado en una región de Brasil donde nadie decía antes la palabra avión, el territorio estaba libre, no había “contaminaciones” anteriores. En una región razonablemente delimitada, se creó un centro de investigación y una buena escuela de ingeniería. ¿Cuánto tiempo tardó para que esto resultara en la tercera mayor fábrica de aviones del mundo? Cincuenta años; ésta es la medida de este tipo de esfuerzo. En Brasil, a veces tenemos dificultades para entender esto, porque no nos damos cuenta de que cuando miramos hacia Estados Unidos o Europa, la vitalidad que se ve es una  vitalidad que evoca nacimientos y muertes; empresas que nacen y empresas que desaparecen. Pero esto ocurre teniendo como telón de fondo 150 ó 200 años de inversiones así, mientras que nosotros estamos haciendo eso hace 40. Cuando nuestro acumulado sea de 150 años invirtiendo de manera permanente, veremos ese fondo de grandes resultados y de algunos picos apareciendo por allí.

Entonces, en realidad, su visión es optimista con relación a ese panorama de la innovación, del desarrollo científico nacional.
Sí que lo es, y justificadamente, por lo siguiente: porque es una visión que se basa en ciertas medidas sobre el desempeño de Brasil en la actividad de ciencia y en la actividad de tecnología que, si por un lado nos ayudan a detectar dificultades, por otro nos ayudan a verificar que la capacidad que se ha construido en Brasil para actividades relacionadas con el conocimiento es muy competitiva internacionalmente. A mediados de mayo se destacó en la prensa que la producción científica brasileña de circulación internacional, que, como ya he dicho, no es la única importante, pero es una de las más importantes, ha crecido a una razón de que es muchas veces superior a la tasa promedio mundial. Es decir, Brasil está incrementando su producción. Hay muchos otros países del mundo que están perdiendo producción. La tasa de crecimiento de la capacidad de Brasil para formar doctores y másteres, personal muy bien calificado para operar con el conocimiento también es muy superior a la tasa mundial. Tanto es así que en un artículo publicado en Science el 13 de mayo, se citan tres países, como aquéllos que están creciendo más en producción científica en el área de salud: Brasil, China y Corea. Entonces mi visión es justificadamente optimista. Por supuesto que no es un optimismo de Poliana. Y como se dice: el precio de la libertad es la eterna vigilancia.

Para finalizar: los nueve mil, casi diez mil doctores que están recibiéndose anualmente en Brasil probablemente se convertirán en un factor fuertísimo de presión sobre la demanda de recursos para investigación, en la academia o en la empresa. ¿Y entonces el presupuesto de la FAPESP no corre el riesgo de ser exiguo con relación a las necesidades de financiamiento a la investigación en São Paulo, y así sepultar definitivamente aquella afirmación de que no hay demanda reprimida de recursos para la investigación de calidad en el estado?
Ese riesgo en realidad ya se corrió y ya se perdió, al menos por ahora. El presupuesto de la FAPESP es actualmente insuficiente para atender la demanda de la investigación en São Paulo, si bien no se puede decir que sea precisamente pequeño. En la actualidad la FAPESP se hace cargo del 60% de la inversión en investigación en São Paulo, mientras que hace hace diez años se hacía cargo del 40%. La tasa de crecimiento de la comunidad de investigadores en el estado de São Paulo ha sido muy superior a la tasa de crecimiento de la economía, que es lo que determina el tamaño del financiamiento de la FAPESP. Incluso porque Brasil, después de 1980, nunca más logró encontrar la manera de hacer que la economía volviera a crecer. Entonces hay un descompás, por supuesto que lo hay. Basta con ver la presión que nosotros tenemos acá en la Fundación sobre el sistema de becas, que ya fue hace 15 años un sistema que podía prácticamente conceder todas las becas que quisiera. Hoy no lo es. La competición es elevadísima, llegando a punto tal que solamente los candidatos considerados excelentes logran obtener una beca. Entonces, nosotros estamos viviendo esta dificultad.

¿Y esto no es preocupante?
Sí, seguro que es preocupante, tanto como la preocupación que todos nosotros tenemos con la capacidad de Brasil para hacer que el sistema público de salud atienda a la población como es debido, y así también con el sistema público de educación, y que las carreteras estén en condiciones… Porque son enfermedades de un país donde la población crece, el tamaño de las demandas crece y la economía para atenderlas no crece a la misma velocidad. Ese descompás está haciéndole mucho daño a la investigación científica, en todo Brasil.

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