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Paleontología

Cómo eran el mastodonte y la macrauquenia

La datación de dientes ayuda a reconstituir la megafauna del nordeste brasileño

de Recife

Hace dos años, un equipo de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y de la Universidad Federal de Paraíba (UFPB) tenía en manos tres dientes de dos mamíferos gigantes que habitaron la región nordeste de Brasil, pero no lograban situarlos con precisión en la escala geológica. Como la búsqueda de respuestas a veces implica la colaboración de otros expertos, los paleontólogos consultaron a un grupo de físicos de la Universidad de São Paulo (USP), de la localidad de Ribeirão Preto.

Los fósiles fueron sometidos a la datación por medio de la cantidad de radiación acumulada, y revelaron en qué vivieron los mastodontes y los parientes lejanos de las llamas, los representantes americanos de la familia de los camellos. Uno de los dientes de mastodonte, un animal emparentado con el elefante cuyo nombre científico es Haplomastodon waringi, perteneció a un ejemplar que vivió en el nordeste del país hace 49 mil años. El otro diente perteneció a un ejemplar de esta misma especie que habitaba la misma región hace 40 mil años, de acuerdo con el estudio publicado en la revista Applied Radiation and Isotopes. En tanto, el pariente de la llama – la macrauquenia, o Xenorhinotherium baiense – es un poco más antiguo: vivió hace 52 mil, tal como reveló el diente que resistió al paso del tiempo.

Los fósiles estaban enterrados a alrededor de un metro de profundidad en Lagoa de Dentro, una suave depresión donde se acumulan agua y piedras en Puxinanã, en la región conocida como agreste del estado de Paraíba. Es estos sitios, conocidos como depósitos de cacimba, estos animales saciaban su sed al final del Holoceno y en al comienzo del Pleistoceno, época esta última que se extiende hasta nuestros días. Esta transición, signada por el paso de un período glacial hacia uno interglacial, alteró la vegetación y el clima del nordeste brasileño a punto tal de derivar en la extinción la megafauna, que incluye a estas dos especies.

Los animales de la megafauna eran generalmente herbívoros. Pastaban en medio a la vegetación escasa de la sabana que dio lugar a la actual “Caatinga” y buscaban agua en los pozos o cacimbas. “Debilitados por el hambre y la sed, muchos de estos animales murieron allí mismo de inanición o atacados por algún tigre diente de sable”, dice Alcina Barreto, paleontóloga de la UFPE, quien excavó el área con su colega José Augusto Costa de Almeida, de la UFPB. “Por esta razón, los depósitos de cacimba son ricos en fósiles de la megafauna.”

Los mastodontes era más grandes que un elefante actual. Tenían colmillos de hasta 1,5 metro de largo curvados hacia arriba, andaban en manadas y se alimentaban de brotes, arbustos y pasto. Sus dientes crecían constantemente y eran sustituidos por otros a medida que se desgastaban producto de la masticación. La macrauquenia, que era igualmente herbívora, era algo mayor que un caballo actual.

Un similar argentino
El naturalista británico Charles Darwin encontró fósiles de un animal similar en Tierra del Fuego, Argentina, en una de sus paradas en medio a su viaje alrededor del mundo a bordo del Beagle. Darwin lo situó en el grupo de los ungulados, los cuadrúpedos con casco o pezuña, pero se trataba de una especie hallada únicamente en América de Sur, de la cual no existen actualmente descendientes directos o indirectos. Este animal pesaba alrededor de una tonelada, es decir, tres veces más que un tapir, que actualmente es el mamífero más grande de Sudamérica, y tenía patas similares a las de las llamas. El cuerpo era robusto como el de un caballo y se elevaba hasta los tres metros incluidos el pescuezo y la cabeza. Tenía una trompa más larga que la de un tapir, pero menor que la de un elefante.

La especie de la Patagonia era un tanto diferente que la hallada en Brasil. Ambas pertenecieron al orden de los litopternos, pero eran de especies diferentes. La de la actual Argentina ya en el siglo XIX tenía su nombre científico: Macrauchenia patachonica, que significa algo así como gran cogotudo de la Patagonia (auchenia es el término griego que significa pescuezo largo). La macrauquenia brasileña es igualmente cogotuda, pero tiene las narinas más achatadas – detrás de los ojos – que su congénere argentina.

Los dientes y bomba atómica
La datación de los dientes de los mastodontes y de la macrauquenia se llevó a cabo en la USP de Ribeirão Preto, a cargo del físico Oswaldo Baffa y su entonces alumna de doctorado Angela Kinoshita, en colaboración con Ana Figueiredo, del Instituto de Investigaciones Energéticas y Nucleares (Ipen, por sigla en portugués), de São Paulo.

El método empleado, la Resonancia del Spin Electrónico (ESR, por la sigla en inglés), consiste en la determinación de la dosis de radiación de la muestra fósil, la llamada dosis arqueológica. La dosis arqueológica proviene de la radiación emitida principalmente por elementos químicos radioactivos del suelo y recibida por los fósiles durante el período en que los animales permanecen enterrados. La tasa de dosis anual promedio es de alrededor de un miliGray (el Gray es la unidad de medida de la dosis de radiación). “En una primera evaluación, un fósil con una dosis arqueológica de 20 Grays tiene 20 mil años”, dice Ângela.

Con la ESR, descubierta en Rusia hace 60 años, se pueden evaluar huesos, dientes (fósiles) y cerámicas prehistóricas. Los dientes son más fáciles de datar debido a su elevado grado de mineralización. El pionero en el uso de esta técnica en Brasil fue el físico Sérgio Mascarenhas, de la USP de São Carlos, quien hace 30 años la empleó para determinar la dosis de radiación recibida por las víctimas de la bomba atómica que explotó en 1945 en Hiroshima. Mascarenhas empezó a hacer datación arqueológica en 1980, con Baffa e investigadores de Japón.

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