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Virología

Golpes bajos

El HTLV-1 se propaga como el virus del Sida y causa disfunción eréctil

Salvador, la capital del estado Bahía, tiene la mayor incidencia de portadores del virus HTLV-1 en Brasil. De cada grupo de mil habitantes, 20 están contaminados con el virus linfotrópico de células T humanas, un mal silencioso que, en el 5% de los casos, causa un tipo gravísimo de leucemia o una mielopatía, una enfermedad neurológica que provoca problemas de locomoción y pérdida de control muscular. La incidencia de la enfermedad en Salvador es cinco veces mayor que la  de São Paulo y siete veces superior a la de Río de Janeiro. En Brasil, se estima que dos millones de personas están contaminadas. Tales números tienen el aval de los bancos de sangre del país, que desde 1993 realizan obligatoriamente los tests anti-HTLV-1 en toda la sangre donada. Tamaña expresión de la enfermedad transformó a la capital bahiana en un ambiente propicio para las investigaciones sobre el HTLV-1, un retrovirus que tiene parentesco lejano con el VIH, causante del Sida.

Un estudio publicado en la edición de marzo del International Journal of Impotence Research da cuenta de que el compromiso de la actividad sexual entre las víctimas de la enfermedad en Salvador es más común de lo que se presumía y que la disfunción eréctil, asociada a otros síntomas urinarios, constituye un importante marcador del inicio de la enfermedad. Firmado por el urólogo Neviton Castro, del Servicio de Inmunología del Hospital Universitario Profesor Edgard Santos, dependiente de la Universidad Federal de Bahía (UFBA), la investigación hizo un seguimiento con  un grupo de 79 pacientes atendidos en el Ambulatorio Multidisciplinario de HTLV-1 de la institución, por donde ya han pasado más de 800 víctimas de la enfermedad desde 2000. El índice de los que no lograron tener erecciones satisfactorias en más de la mitad de las tentativas de tener sexo llegó al 36,7%, y el 45,5% reportó poca o ninguna satisfacción sexual, teniendo en cuenta el espacio de tiempo de 30 días anteriores al estudio. La mayoría de las víctimas tenía entre 35 y 50 años.

El 95% de los individuos infectados el HTLV-1 no presenta ningún síntoma, aunque los portadores del virus continúan propagando la enfermedad. En el 5% restante, luego de un período de latencia que puede durar hasta 20 años, pueden hacer eclosión dos enfermedades distintas. Una es la leucemia de las células T, que una vez instalada, implica en una sobrevida  máxima de 24 meses. Gracias a la acción de una enzima, la transcriptasa reversa, el genoma del HTLV-1 se integra al de la célula hospedadora. Esta integración hace que en algunos casos la célula infectada sufra proceso de malignización. El linfócito T, responsable en grande parte de la inmunidad mediada por vía celular, es el objetivo del virus.

La disfunción eréctil y la dificultad de controlar la micción están asociadas a una de las manifestaciones de la enfermedad, la mielopatía llamada paraparesia espástica tropical, que deriva en un proceso inflamatorio que a su vez lleva a la destrucción de la vaina de mielina, aislante de las células nerviosas. Otros síntomas observados son la pérdida progresiva de los movimientos de los miembros inferiores, inflamaciones del globo ocular y hasta una forma grave de escabiosis, la sarna. “Tenemos casos raros donde pacientes jóvenes pararon de caminar y pasaron a tener problemas de erección y de control del acto de orinar”, dice el médico Castro. “Se trata de una enfermedad incapacitante, para la cual existen pocas opciones de tratamiento”, afirma. No existe cura. Las terapias destinadas impedir la proliferación del virus y reducir la velocidad degenerativa reúnen corticosteroides, vitamina C e interferón. Tampoco existe una vacuna contra este retrovirus, que sufre constantes mutaciones. Los remedios de la familia del Viagra son eficientes para mitigar buena parte de los casos de disfunción eréctil, pero la estrategia no funciona con los pacientes más graves.

Esclavos
Tanto el HTLV-1 como el VIH se transmiten por vía sexual, por la sangre contaminada, al compartir jeringas o en el acto del amamantamiento. Las coincidencias terminan ahí. El VIH infecta a los linfocitos T y los destruye, provocando una severísima inmunodepresión. En tanto, el HTLV-1 causa una multiplicación anómala de los linfocitos, asociada a la eclosión de procesos inflamatorios. También provoca depresión del sistema inmunológico, aunque de manera mucho más benigna que el VIH. Una tesis doctoral que  defenderá Rita Mascarenhas, de la Escuela Bahiana de Medicina y Salud Pública y del Laboratorio Avanzado de Salud Pública de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de Salvador, puso en evidencia una reducción de la respuesta inmunológica aun en víctimas del HTLV-1 que no habían sufrido la proliferación anómala de los linfocitos T. Rita pertenece a un otro grupo de investigadores, encabezado por el patólogo Bernardo Galvão, que cuenta un trabajo destacado en el análisis del HTLV en Salvador. Ellos también crearon, en 2002, un ambulatorio que acompaña alrededor de 400 pacientes, el Centro HTLV, y se dedican a investigaciones en el campo de la inmunología y del estudio del origen del virus. “Cada vez más, el HTLV-1 es visto como un síndrome con indicios de inmunosupresión y diferentes manifestaciones clínicas inflamatorias”, dice Fernanda Grassi, médica e investigadora de la Fiocruz de Salvador. Las investigaciones realizadas por los grupos de la Fiocruz y de la UFBA se complementan. El carácter inmunosupresor del HTLV-1 ya había quedado en envidencia en investigaciones del médico Edgar Carvalho, de la UFBA, al demostrarse que las víctimas son más susceptibles a enfermedades tales como la tuberculosis y esquistosomiasis, y sufren un agravamiento del cuadro provocado por la parasitosis intestinal estrongiloidiasis.

Un trabajo realizado por Luiz Carlos Alcântara, investigador del Laboratorio Avanzado de Salud Pública y docente de la Escuela Bahíana de Medicina y Salud Pública, encontró respuestas para la prevalencia exagerada de HTLV-1 en Salvador. Este fenómeno, que mezcla genética e historia, sería el resultado de múltiples entradas de linajes de este virus, proveniente del sur de África. Esclavos bantúes traídos de Angola y Madagascar entre los siglos XVII y XIX habrían traído consigo los subtipos más diseminados en Salvador. De la misma manera, el virus es especialmente prevalente en el sudeste de Estados Unidos, donde hay agrupamiento de negros. Sin embargo, no se trata de una enfermedad vinculada a la etnia africana. La infección por el HTLV-1 es endémica en las islas del sur de Japón, con el 40% de la población contaminada, y en el Caribe, donde el contagio llega al 10%.

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