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Memoria

La química esotérica

Para alegría de los historiadores, salen a la luz nuevamente los manuscritos de Isaac Newton sobre alquimia

Los registros contables del físico y matemático inglés Isaac Newton (1642-1727) apuntaban en 1669 compras realizadas en Cambridge y en Londres de algunos productos insólitos: aqua fortis (ácido nítrico), aceite, plata pura, antimonio, blanco de plomo, nitro, sal de tártaro y mercurio. También adquirió dos mecheros, cola para madera y una gran compilación de tratados de alquimia llamada Theatrum chemicum. Como se trata de alguien que tenía casi que cualquier especie de aptitud intelectual, tal como lo describió el economista John Maynard Keynes, estudioso de la vida y la obra del físico, ese interés no ha de causar extrañeza. Al margen de las especialidades antes mencionadas, Newton conocía en profundidad el derecho, la historia, la teología y la astronomía. También se abocó a la química, cuando dicha área del conocimiento de algún modo se confundía a la sazón con la alquimia, en el siglo XVII.

En julio de este año, The Royal Society, la academia nacional de ciencia de Gran Bretaña, anunció el descubrimiento de una colección de papeles sobre alquimia del físico inglés, dados como perdidos desde 1936. Ese año, la casa de subastas Sotheby’s vendió dicho material, y durante 69 años nada se supo de su paradero. Pero ahora, durante una amplia catalogación de manuscritos llevada a cabo por la Royal Society en sus archivos, dichos papeles reaparecieron. Muchos de ellos son notas sobre el trabajo de otro alquimista del siglo XVII, el francés Pierre Jean Fabre.

Pero hay una parte, escrita en inglés, con ideas propias de Newton sobre alquimia. Es un hallazgo sumamente importante para los estudiosos de la obra del científico y para los historiadores de la ciencia en general, dijo Stephen Cox, secretario ejecutivo de la academia.

La alquimia era una especie de química de la Edad Media, que combinaba elementos de química, física, astrología, metalurgia, medicina y también misticismo. Entre sus objetivos se encontraba el de obtener la piedra filosofal, una sustancia mítica que permitiría la transmutación de los metales inferiores en oro, y la panacea universal, que era el remedio contra todos los males físicos y morales. Richard S. Westfall (1924-1996), autor de una de las mejores biografías del físico inglés, Isaac Newton, Una vida (en portugués A vida de Isaac Newton, editorial Nova Fronteira, 328 páginas), afirmó que el físico coqueteó con la alquimia ardorosamente durante 30 años; y, por lo que se sabe, la producción de oro jamás dominó su interés. La tradición filosófica de la alquimia siempre abordó su saber como una propiedad secreta, de un selecto grupo que se distinguía de la horda común por su sabiduría y su pureza de corazón, escribió Westfall. Para el escritor, las motivaciones del gran científico pasaban por la búsqueda de la verdad por sobre todas las cosas. Algo que Newton creyó que algún un día pudiera alcanzar por la vía de la alquimia.

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