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Difusión

Artículos científicos en el escaparate

Con 134 revistas científicas, la biblioteca SciELO Brasil cobra mayor visibilidad y suma patrocinios

El programa SciELO Brasil, una biblioteca electrónica creada en 1997 con la función de reunir las mejores revistas científicas del país, está alcanzando un mayor nivel de importancia entre los investigadores brasileños. En una reunión realizada en São Paulo al final del pasado mes de agosto, representantes de diversas instituciones asumieron el compromiso de fortalecer la operación de esta colección publicada en línea en Internet mediante ayuda financiera e institucional, confirmando así su foco en la calidad de un proyecto de radio de alcance nacional. SciELO Brasil (una sigla que significa Scientific Electronic Library Online) surgió merced a una colaboración entablada entre la FAPESP y el Centro Latinoamericano y del Caribe de Información en Ciencias de la Salud (Bireme), vinculado a la Opas (Organización Panamericana de la Salud) y a la OMS (Organización Mundial de la Salud). En los últimos años se ha venido ampliando el abanico de patrocinadores: se conquistó el apoyo del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). Y ahora, existe el compromiso de participación también de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep), de las fundaciones de apoyo a la investigación de Minas Gerais (Fapemig) y de Río de Janeiro (Faperj), de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), del Ministerio de Salud y de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), un organismo dependiente del Ministerio de Educación. El formato de este apoyo se definirá en el marco nuevas rondas de charlas.

Para entender el interés de estas instituciones en SciELO Brasil, cabe enumerar algunas marcas del programa. Creado hace ocho años con una colección de tan sólo diez títulos piloto, que sirvieron para desarrollar una metodología de indización, SciELO reúne actualmente una selección de 134 periódicos cuyo contenido esta disponible gratuitamente en internet. La colección abarca todos los campos del conocimiento, incluso las ciencias humanas, que ostentan más de 30 títulos. Este concepto de acceso abierto, a contramano de lo que ocurre en el mercado editorial científico de los países desarrollados, aseguró una visibilidad que las revistas brasileñas nunca antes habían tenido. “Fue notable cómo aumentó la oferta de artículos para nuestra revista después de que entró a SciELO. Los investigadores se interesan en publicar con nosotros atraídos por la visibilidad que la colección otorga”, dice Renato Procianoy, editor del Jornal de Pediatria y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Federal de Río Grande do Sul. “También notamos que, como SciELO tiene divulgación internacional, la revista empezó a ser más mejor vista afuera”. La publicación, con una periodicidad quincenal, es editada desde 1934. José Renato Zanini, editor de la revista Engenharia Agrícola, dice que el ingreso en la biblioteca virtual se convirtió en una cuestión de supervivencia para un periódico científico. “Quienes están afuera de SciELO está afuera del nivel internacional”, afirma Zanini, docente del Departamento de Ingeniería Rural de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), con sede en la localidad de Jaboticabal. “Nuestra inclusión sirvió para poner la casa en orden, y nos suministra herramientas importantes tendientes a evaluar el impacto de cada trabajo publicado”, afirma. La revista Engenharia Agrícola existe desde 1972, y fue admitida en la colección hace unos dos años.

Otro efecto benéfico fue el perfeccionamiento de los títulos. Para ser admitido y luego mantenerse en la colección, cada periódico debe cumplir una serie de exigencias rígidas con relación a la calidad del contenido, a la originalidad de las investigaciones, a la regularidad de la publicación, a la revisión y aprobación por parte de pares de las  contribuciones publicadas y a la existencia de un comité editorial de composición pública y heterogénea. También deben cumplimentarse ciertas formalidades, como por ejemplo la presentación en inglés del resumen, el título y las palabras claves, en caso de que ése no sea el idioma del artículo.

Un comité consultivo monitorea el cumplimiento de estos requisitos, y ha excluido publicaciones que han perdido la calidad. Para honrar el lugar que ocupan en SciELO, los periódicos tuvieron que hacer bien sus deberes. Algunos títulos ganaron en solidez gracias al empeño de grupos o sociedades científicas, que empezaron a dotar de prestigio a la publicación con artículos de peso, en vez de dispersar sus esfuerzos en revistas diferentes, o disputar espacio en revistas internacionales. El efecto observado fue la progresiva reorganización de los periódicos. “Si el país quiere tener una buena ciencia, debe tener buenas revistas”, dice Abel Packer, director de Bireme y coordinador operativo de SciELO Brasil. “Ésta es la esencia de lo que ocurre afuera. Brasil casi que ha cerrado el ciclo de hacer ciencia de buen nivel. Falta hacer buenas revistas, pero estamos empezando a cambiar esto.”

Un análisis realizado por Rogério Meneghini, docente jubilado del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo y coordinador general de SciELO, brinda una dimensión más clara de ese salto de calidad. Meneghini analizó la trayectoria de siete títulos que participan tanto en SciELO como en la base estadounidense Thomson ISI (Institute for Scientific Information), la más importante del mundo científico, que congrega alrededor de 8 mil publicaciones. Meneghini observó que, entre 1998 y 2004, los factores de impacto de estas revistas, que equivalen al número de citas que sus artículos tuvieron en otros periódicos, crecieron en promedio 2,15 veces. “Este salto, yo no lo dudo, fue provocado por la visibilidad de SciELO”, afirma Meneghini. “Ahora se está construyendo un círculo virtuoso. Las revistas son más reconocidas y le brindan mayor atención a la calidad”, dice.

La interfaz de SciELO suministra acceso a más de 60 mil artículos de su colección de periódicos. “Hacemos un gran esfuerzo continuo para sintonizar Scielo con el estado del arte internacional, para evitar así cualquier tipo de aislamiento”, dice Abel Packer. “Si usted entra en cualquier base de datos y encuentra un artículo o revista de SciELO, tendrá un enlace al texto completo. Ésa es la filosofía de poner en contacto la producción brasileña con los flujos internacionales”, afirma. Los organizadores creen que la colección brasileña está llegando a su límite, reuniendo el núcleo de publicaciones con excelencia para integrar el archivo. “Tenemos indicadores de que la colección es representativa de las publicaciones de calidad”, dice Packer. En cienciometría, el área de la investigación científica que apunta a generar informaciones destinadas a impulsar la superación de los retos de la ciencia, a este principio se lo conoce como Ley de Bradford. Según ésta, existe un núcleo de revistas que abarca el grueso de los artículos de repercusión. Otras publicaciones incluso pueden aportar, pero no de manera significativa. “Es necesario ser cuidadoso para mantener la calidad, y evitar gastos innecesarios”, dice Meneghini.

Una gran utilidad de la base SciELO consiste en reunir datos empíricos sobre el desempeño de las revistas indexadas. La metodología adoptada le brinda al editor de cada publicación y también al estudioso de la cienciometría herramientas como para ver cuántas veces se ingresa a cada artículo, quién lo cita y cuál es la repercusión. Estos instrumentos, vitales para delinear la política editorial de las publicaciones, permitieron poner en evidencia la existencia de dos tipos de título. Uno de éstos, más centrado en el campo de la ciencia básica, es más reconocido en citas de revistas internacionales. Algunos ejemplos son el Journal of the Brazilian Chemical Society, el Brazilian Journal of Medical and Biological Research, el Brazilian Journal of Physics, Genetics and Molecular Biology o Anais da Academia Brasileira de Ciências, que a menudo aparecen citados en la base Thomson ISI. Y hay una segunda categoría de publicaciones, en el campo de la agronomía, la veterinaria, la medicina tropical y la salud pública, que son poco citadas en el exterior, pero tienen notable impacto en Brasil y en otros países en desarrollo. Son ejemplos de ello Pesquisa Veterinaria Brasileira, Memorias do Instituto Oswaldo Cruz o Pesquisa Agropecuária Brasileira. Este hallazgo coincide con la tesis de W. Wayt Gibbs, quien en 1995, en un artículo publicado en la revista Scientific American, se refirió a la existencia de una “ciencia perdida del Tercer Mundo”, no indizada en bases de datos internacionales, pero de interés para los países pobres. Con el surgimiento de SciELO, la ciencia perdida ya no es más tan invisible.

El paradigma de SciELO ha rendido frutos en otros países, que se inspiraron en la experiencia brasileña. Adoptaron la misma metodología, suministrada por Bireme, con el apoyo de las agencias de fomento locales, y pasaron a componer una red internacional de más de 300 revistas científicas disponibles para el público. Cuba y Chile han sido lo países que más han invertido en la idea, a punto tal de tener colecciones certificadas. Otros países entraron más recientemente y tienen colecciones todavía en desarrollo, como es el caso de Argentina, Colombia, Venezuela, México, Portugal y Perú. España participa por ahora con una colección en el área de la salud pública, pero pretende ingresar al sistema en otros campos del conocimiento, lo que ha de dotar de una nueva escala a la biblioteca. Los españoles publican dos veces más artículos científicos que Brasil, actual líder de la red y responsable de la mitad de la producción de toda Latinoamérica.

El modelo SciELO tiene tres componentes. Uno de ellos es el desarrollo de la metodología para editar, almacenar, crear enlaces en internet, publicar, divulgar y evaluar revistas científicas. El segundo es la aplicación de la metodología operativa de las colecciones de revistas electrónicas. El tercero es el desarrollo de la red de sitios, a través de la promoción de sociedades y comunicaciones científicas – autores, editores científicos y técnicos, instituciones y agencias financistas, con la consecuente mejora de la comunicación científica.

Si bien no nació con esa marca, la biblioteca virtual se convirtió en un ejemplo de un movimiento que cobra cuerpo en la comunidad científica: el open access, que plantea el acceso libre y gratuito a la información científica. Este movimiento se contrapone a las reglas del mercado editorial de los países desarrollados, que le cobran tanto al investigador que logra publicar su artículo como al usuario, para tener acceso a ella. “No es un movimiento pura y exclusivamente económico, es ético”, dice Rogério Meneghini. “La ciencia es un bien de la Humanidad, y sus hallazgos deben compartirse, por el bien de todos”. Brasil paga anualmente 30 millones de dólares para que sus investigadores y universidades tengan acceso a 8 mil revistas de la base Thomson ISI – una pesada cuenta que es solventada por la Capes. “SciELO Brasil es open access de nacimiento, pues la FAPESP y Bireme no destinarían recursos al proyecto si fuera para cobrarles a los usuarios, por supuesto”, afirma Meneghini.

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