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computación

Científicos que se asocian

Profesionales se unen y forman una pequeña empresa que innova por su formato

Las ganas y el sueño de hacer tecnología dentro de una empresa llevaron a dos amigos, Antonio Valério Netto, de 33 años, y Cláudio Adriano Policastro, de 35, a darle forma a un tipo de emprendimiento que agrupa a su vez a varios profesionales en torno a distintos proyectos con el objetivo de producir innovaciones. Ambos amigos, con posgrado en computación y matemática computacional, egresados del Instituto de Ciencias Matemáticas y de Computación (ICMC) de la Universidad de São Paulo (USP), crearon la empresa en 2003, en la ciudad paulista de São Carlos, tan pronto como les aprobaron el primer proyecto en el marco del Programa de Innovación Tecnológica en Pequeñas Empresas (Pipe) de la FAPESP, que prevé el desarrollo de un software destinado a disminuir las pérdidas de las redes de distribución de energía eléctrica utilizando sistemas computacionales avanzados en tres dimensiones (3D), con base en la aplicación de realidad virtual. Posteriormente, lograron el apoyo del Pipe para otro cuatro, más tres becas de posdoctorado empresarial del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), al margen de otras seis becas del Programa de Capacitación de Recursos Humanos para Actividades Estratégicas (RHAE), también del CNPq. En total, la empresa cuenta 32 profesionales, de los cuales ocho son doctores y cuatro másteres. Entre 2005 y 2006, la empresa recibirá inversiones por alrededor de 1,5 millones de reales de parte de la Fundación y casi 200 mil reales del CNPq y de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep).

“La empresa también tiene tres socios eméritos que, al margen de coordinar proyectos específicos, participan en toda la planificación estratégica”, comenta Valério Netto. Con el objetivo de hacer ciencia y tecnología, se le puso a la empresa el ambicioso nombre de Cientistas Associados Desenvolvimento Tecnológico. “Nos criticaron mucho por eso. Incluso por ser un nombre no comercial; pero nuestra intención es la militancia y la responsabilidad de transformar el conocimiento científico en tecnología y, consecuentemente, en riqueza.”

Instalada en el Centro Incubador de Empresas Tecnológicas (Cinet) de la Fundación Parqtec, Cientistas desarrolla, en calidad de proyecto que se perfilan en mejores condiciones como para salir al mercado, un juego de fútbol de robots que abarcará las áreas de educación, entretenimiento e investigación. Serán dos versiones. La primera se destinará a alumnos secundarios o universitarios. El objetivo es que los mismos programen todo el sistema por medio de software específicos, donde cada jugador robot tendrá previamente estipulada una función en el campo de juego, con tácticas y estrategias. “Estos robots sirven para hacer la iniciación a la programación y también como plataforma de acceso a la robótica”. La otra versión saldrá al mercado como un metegol, un juego también conocido como futbolín, donde las varillas que sostienen a los jugadores dejarán su lugar a joysticks. “En algunos meses más vamos a ponerlo a prueba en un local de juegos electrónicos, dentro un shopping”, afirma Valério Netto.

La idea de los empresarios científicos no es fabricar en el futuro los robots y sus sistemas. “Eso no se encaja en nuestro modelo de empresa. Nuestra función es prospectar tecnología y sus posibles aplicaciones. Una vez que el producto esté listo, vamos a captar inversores, vamos a licenciarlo o incluso vamos a venderle el proyecto completo a otra empresa. No queremos ser 100% dueños del robot.” En tal sentido, la firma es abierta a aquéllos que tengan un proyecto en la cabeza y quieran transformarlo en un negocio. “Recibimos a profesionales que tienen una idea y luego hacemos un exhaustivo análisis. Si el resultado es positivo comercialmente, hacemos la planificación del negocio y, cuando se hace necesario, la captación de recursos destinados al desarrollo. A medida que el proyecto vaya madurando, el mismo puede transformarse en una unidad de negocio dentro de la empresa.”

Por ahora, los socios no perciben haberes y la mayoría de los colaboradores recibe remuneración consistente en becas. “Primero debemos viabilizar a la empresa”. Cientistas también cuenta con un departamento de negocios y alianzas, que se encarga de prospectar proyectos de Investigación y Desarrollo (I&D), al margen de brindar servicios de consultoría tecnológica para la iniciativa privada. Durante los últimos meses se contrataron pequeños proyectos durante un período de 30 a 60 días, cuyos valores sirvieron para hacer el pago de los costos fijos de la empresa.

Los socios de Cientistas saben que el camino rumbo al éxito es largo, tal como lo demostraron sus errores y aciertos del pasado. “Empezamos fuera foco. Incluso con mi experiencia profesional, en dos empresas multinacionales, y la de Cláudio, que tenía una empresa de desarrollo de software y de prestación de servicios en el área de informática, empezamos a desarrollar y a producir software y equipos que no tenían demanda de mercado. Por eso cambiamos los parámetros y salimos a buscar lo que el mercado brinda o cuáles serán las necesidades durante los próximos años”. Por eso, la diversidad de proyectos es grande, pero se concentra en el área de informática. Uno de los más recientes, es más precisamente del área de bioinformática, y tiene como socios a la Fundación Butantan y al Centro de Biotecnología Molecular Estructural del Instituto de Física de São Carlos de la USP, uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid) de la FAPESP. Dicho proyecto es una demanda de los investigadores del Butantan y lleva el nombre de AbEvo, sigla en inglés de Evolución de Anticuerpos. Los primeros anticuerpos que se generarán mediante esta metodología se dirigirán contra toxinas de la bacteria Escherichia coli y contra una toxina del veneno de la cascabel.

“Cuando concluyamos este trabajo, tendremos un prototipo de un software, que a su vez podrá retrabajárselo para ofrecérselo a empresas de la industria farmacéutica y de biotecnología, bajo la forma de servicio o de producto”, dice Valério Netto. En el área de instrumentación biotecnológica, la empresa desarrolla un equipo miniaturizado para el análisis de ADN en sociedad con el Centro de Óptica y Fotónica (Cepof), otro Cepid de la FAPESP, y el Instituto de Química de São Carlos de la USP. Este instrumental será más barato y presentará innovaciones con relación a equipos similares importados, y se destina a su uso en test de paternidad, criminales y de detección de transgénicos. Este proyecto se lo presentaron a la empresa, y se encuentra bajo la coordinación del actual socio emérito Sandro Hillebrand, químico con doctorado en física por la USP.

La firma también sostiene alianzas por medio de proyectos con la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Emprapa, sigla en portugués) y la Universidad Federal de la Paraíba. Con todo esto, los empresarios científicos asociados pretenden demostrar que pueden desarrollar tecnología dentro de un innovador formato empresarial. “Nosotros pretendemos mostrar también que no es por falta de opciones de empleo en el medio académico o incluso empresarial que esta gente trabaja en la empresa. La gran mayoría de nuestros colaboradores tiene como objetivo generar tecnología dentro de una empresa brasileña.”

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