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Estrategias

Un difusor de la ciencia

El biólogo Jeter Jorge Bertoletti recibió el pasado día 10 de noviembre en Budapest, Hungría, el Premio Kalinga 2005 para la Popularización de la Ciencia, concedido por la Unesco, el órgano de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura. Bertoletti es director del Museo de Ciencias y Tecnología de la Pontificia Universidad Católica (PUC) de Río Grande do Sul, y es el quinto brasileño que recibe este honor, concedido anteriormente al periodista José Reis (1974) y a los docentes Oswaldo Frota Pessoa (1982), Ennio Candotti (1998) y Ernst Hamburger (2000). El premio, cuyos recursos provienen de la Fundación Kalinga, de la India, se destina a profesionales que contribuyen para la divulgación y la interpretación de cuestiones científicas. Bertoletti ideó y materializó varios proyectos en la PUC del sur del país, entre los cuales se destacan el Museo de Ciencias y Tecnología, el Museo Itinerante, la Escuela Ciencia y el Pró-Mata – Centro de Investigaciones y Conservación de la Naturaleza.

La sociedad del conocimiento

“Uno de los supuestos esenciales de la así llamada sociedad o economía del conocimiento es pues, mucho más allá de la capacidad de producción y de reproducción industrial, la capacidad de generar conocimiento tecnológico y, mediante éste, innovar permanente, ante un mercado ávido de novedades y nervioso a su vez ante las exigencias de consumo. Tales palabras formaron parte del discurso del presidente de la FAPESP, Carlos Vogt, al recibir el día 18 de noviembre el título de doctor honoris causa en la Escuela Normal Superior de Letras y Ciencias Humanas (ENS-LSH) de Lyon, Francia. El tema era más que oportuno. La sociedad del conocimiento, un concepto que define a un tipo de sociedad no más basada en la producción agrícola o industrial, sino en la capacidad de investigar, innovar y producir información, es el tema del informe presentado en noviembre por la Unesco, brazo de la ONU para la Educación, la Ciencia y la Cultura. “En la economía típicamente industrial, la lógica de producción consistía en multiplicar un mismo producto, masificándolo para hacerlo llegar a una cantidad cada vez mayor de consumidores. Suele decirse que en la sociedad del conocimiento a esta lógica de producción se le ha invertido el signo: se multiplica cada vez más el producto en medio a un proceso de permanente diferenciación, volcado hacia el mismo segmento y para la misma cantidad de consumidores”, definió.

Vogt disertó sobre el conocimiento y sus límites. “Todo conocimiento es útil. Y como el fundamento de la moral es la utilidad, es posible afirmar que la utilidad del conocimiento es aquello que lo hace ético, por definición. En tal sentido, puede decirse que no hay conocimiento inútil, ya que la acción de conocer se orienta a proveer felicidad, placer y satisfacción a la sociedad.”, dijo. “El conocimiento es útil porque, al igual que otras acciones éticas del ser humano, corresponde a la necesidad de una práctica deseable, aquélla que nos lleva a buscar la felicidad de nuestros semejantes, y a sentir en ella el placer de su realización en el otro”. Profesor titular de semántica lingüística de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp) desde 1969, Vogt fue rector de dicha institución entre 1990 y 1994 y coordina el Laboratorio de Estudios Avanzados en Periodismo (Labjor, sigla en portugués), de la Unicamp.

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