Imprimir Republicar

antropología

Amor en venta

Tesis analizan la figura del hombre en el universo de la prostitución femenina y ayudan a entender el turismo sexual

Qué es lo que motiva a una mujer a convertirse en prostituta es una discusión antigua. ¿Pura necesidad o algo más, que incluye placer? ¿Desvío de conducta? ¿Demonización? Éstas son tan sólo algunas cuestiones de carácter moral (y religioso) que siempre surgen cuando el tema es la prostitución. Sin embargo, una serie de tesis desarrolladas en el Núcleo de Estudio de Género – Pagu, de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), no solamente imprime seriedad académica al tema sino que también revela la sorprendente complejidad de ese amplio universo marginal, poco glamouroso, violento y que implica incluso el descaso del poder público en lo que hace a combatir el turismo sexual internacional en el país, por ejemplo.

A partir de la mirada de la antropología y de las ciencias sociales, muestra también otro aspecto de la presencia del hombre en este contexto que va más allá de la clientela – comerciantes, explotadores de mujeres, etc. Éste es el tema de Los hombres de Vila: un estudio sobre las relaciones de género en un universo de prostitución femenina. Esta tesis doctoral, defendida en febrero de 2005 por Elisiane Nelcina Pasini, trata las convenciones de masculinidad y feminidad en la Vila Mimosa, un punto tradicional de la prostitución de bajos recursos en el centro de Río de Janeiro.

En un lento proceso de acercamiento e investigación, ella apuntó a comprender la diversidad de hombres que son llevados al lugar por diferentes motivaciones: sociabilidad, masculinidad, trabajo y sexo. Arribó a la conclusión de que parte de esos frecuentadores termina asumiendo diversos roles, tales como los de clientela, novio, amante, marido, protector e incluso un “privilegiado” – situaciones que los mantienen presentes regularmente en el lugar.

En el caso carioca, explica la autora, la protección-cuidado forma un modelo de masculino al que denomina “proveedor simbólico”, fundamental en el universo de valores de la prostitución. Está asociado al sustento económico y sobre todo a la posibilidad de otorgar un status distintivo al receptor de la provisión. Al plantear este debate, Elisiane pretende develar elementos que van más allá del mundo de la prostitución, de modo tal de mostrar medios que ayuden a entender prácticas de relaciones de género en otros contextos sociales.

Doctora en ciencias sociales egresada de la Unicamp, con maestría en antropología social también de dicha universidad y científica social de la Universidad Federal Grande do Sul (UFRGS), ella estudia la prostitución desde hace casi diez años. Entre 1996 y 1997 investigó el tema en las calles centrales de Porto Alegre. Durante los dos años siguientes hizo lo propio en la zona de la calle Augusta, en São Paulo. El interés por esa zona carioca surgió cuando se dio cuenta de que aquel era un lugar posible para conversar con los hombres, toda vez que ellos circulaban por los mismos puntos a los cuales ella tenía acceso. Notó que podría observar tanto su interacción con las mujeres y con los otros hombres, “como así también con la infinidad de sujetos sociales que forman parte del contexto estudiado”.

Vila Mimosa nació de la continuidad de una de las más conocidas áreas de prostitución femenina de Río de Janeiro, la antigua Zona do Mangue. Después de conflictos, expropiaciones de establecimientos de prostitución y la casi extinción del lugar, hubo una revitalización de las actividades del ejercicio de la prostitución a partir de 1979, cuando se dio el traslado de Mangue a Vila Mimosa. El nombre del nuevo sito tendría que ver con el barrio en el cual las prostitutas se instalaron inicialmente. Diez años después, sería nuevamente trasladado de lugar, pero preservando el título anterior.

La investigación la llevó a percatarse acerca de la gran importancia y constante presencia de los clientes como parte constituyente del universo de la prostitución. Según ella, aun con su importancia, estos sujetos eran poco conocidos. “La búsqueda de relaciones sexuales es una, pero ni por asomo es la principal entre las innumerables razones que llevan a estos hombres a Vila Mimosa”. Elisiane hace hincapié en que los frecuentadores no son precisamente el foco de la tesis, sino antes los individuos empíricos de los cuales ella partió para discutir cuestiones de género.

Durante muchas noches, en diferentes horarios y días de la semana, la investigadora conversó con hombres y mujeres. “Hice de los lugares donde realizan la actividad de prostitución mi campo de investigación: mantuve charlas individuales o en grupos, observé la rutina y también conversé sobre el cotidiano fuera de allí”. Les escuchó a las informantes decir qué cocinaban, la hora en que levantaban, los problemas con los hijos, las cuentas por pagar, las compras,  el mal humor, la espera del ómnibus, los productos de belleza, las peleas, etc.

Elisiane comenta que el estudio le aportó indagaciones sobre lo que empezó a construir en las otras dos investigaciones etnográficas que realizó en Porto Alegre y São Paulo. En la primera arribó a la conclusión de que el hombre marido, cafishio o cliente antiguo era quien protegía, proveía económicamente o en la parte afectiva y marcaba una diferencia de status entre las prostitutas. En la otra, quien protegía a la prostituta era una mujer, su compañera afectiva o la madame, la “dueña del punto” – del lugar donde se espera y se negocia la prostitución. Con todo, en Vila Mimosa, ese rol es masculino.

Había otras motivaciones para estar allí además de la mera búsqueda de sexo: conversar, tomar, mirar a las mujeres, mientras que otros mantenían algún tipo de trabajo, como dueños o encargados de establecimientos, taxistas y vendedores, entre otros. Posteriormente ella reunió algunos elementos que componían agenciamientos de esos diferentes modelos de masculinidad: no pagar para relacionarse sexualmente con una prostituta; quedarse más tiempo en la habitación; recibir y mostrar públicamente los privilegios de una prostituta; diferenciarse de la figura del cliente; proveer mujeres; obligar a la prostituta que se convirtió en su esposa a no prostituirse; no sentir celos; defender su honor; relacionarse con mujeres y gastar dinero con las prostitutas.

Entre las conclusiones posibles, Elisiane observa que es “increíble” notar que el debate de la prostitución aún hoy en día sigue basándose en reglas construidas por la Iglesia. O sea, por un moralismo social, en una división entre el ciudadano de bien y el de mal, sin soslayar el lugar que la sexualidad de las mujeres ocupa en la sociedad brasileña.

Asimismo, prosigue, en el área de la antropología los estudios sobre el tema son escasos, principalmente al tratar de los hombres dentro de la prostitución femenina. “Siempre quise realizar una investigación que demostrase aquello que las prostitutas con quienes conviví me mostraban: que eran mujeres de prácticas comunes de la vida vivida. Con eso quiero decir que mantenían relaciones afectivas o no, familias, usaban o no preservativos, hacían compras, tenían problemas, alegrías y elecciones.”

Turismo sexual
Otro aspecto poco analizado de la prostitución se convirtió en objetivo de una reveladora investigación de Adriana Piscitelli, una de las coordinadoras del Pagu. “Entre la prostitución y los noviazgos de veranos: género y sexualidad en el contexto del turismo sexual, en Fortaleza”, realizada entre 1999 y 2002. Partiendo de la perspectiva antropológica, procuró comprender los significados adjudicados a la sexualidad en el contexto del turismo sexual internacional en la capital de Ceará.

El estudio exploró las interrelaciones entre turistas extranjeros y mujeres nativas, en la modalidad de ese estilo de turismo en la ciudad, heterosexual. Fueron ocho meses de investigación en diversos tipos de fuentes, observación y entrevistas realizadas, sobre todo con mujeres de estratos bajos y medios, que mantenían relaciones amorosas-sexuales con visitantes de otros países, principalmente europeos.

Adriana también conversó con hombres de diversas nacionalidades que llegaron motivados por la búsqueda de sexo y con extranjeros que, fascinados por su experiencia como turistas, fijaron residencia en la ciudad. Ella constató que las chicas involucradas en el turismo sexual se ubicaban en la franja de los 20 a los 30 años. Algunas admitieron ser “trabajadoras del sexo”. Otras no se consideraban prostitutas y compartían el deseo de obtener proyección social a partir de las relaciones y, muchas veces, migrar a Europa como esposas.

La antropóloga notó que el universo masculino estaba integrado por forasteros de edades, niveles de ingresos y escolaridades diversos. Estaban aquéllos que buscaban sexo barato o gratis en una gama de relaciones. Otros querían aproximaciones más estables – como amantes de largo plazo o incluso en la condición de esposos. “Los contactos establecidos en ese universo demostraron que género y raza ‘actuaron’ como agentes metafóricos del poder económico, político y cultural inherente a estas relaciones transnacionales”, explica.

Para la profesora de la Unicamp, estas dos categorías desempeñaron un rol activo en los procedimientos a través de los cuales las nativas y los nativos eran hechos inferiores y los extranjeros privilegiados. “Con todo, en relaciones que eran en términos globales una expresión de la posición subordinada de esas mujeres, muchas de ellas, al incorporar la extremada sensualidad atribuida a ellas, abrían caminos que desestabilizaban criterios lineales de desigualdad, negociando, sobre la base de la sexualización de las cuales eran objeto, su acceso a los beneficios materiales y su posición en esas relaciones”. Eso sucedió no solamente en el nivel micro de las relaciones de esas parejas, sino de modo tal de obtener también una ampliación de sus esferas de influencia en el plano local.

En una segunda etapa, Adriana llevó a cabo un seguimiento de las trayectorias de las chicas de la investigación anterior que migraran en ese contexto, con turistas sexuales. En la tesis “Paisajes sexuales: imágenes de Brasil  en el marco del turismo sexual internacional”, concluida este año, ella avanzó aún más en el tema y centró su investigación en la creación y en la transmisión de imágenes de los países blancos de turismo sexual que circulan entre viajeros en busca de sexo, trasmitidas en sitios específicos de internet en los cuales tienen lugar discusiones e intercambios de informaciones entre turistas sexuales. “Mi objetivo central fue analizar las intersecciones entre género y nacionalidad y otras diferenciaciones presentes en esos textos, considerando particularmente las conceptuaciones de los turistas que eligen el nordeste de Brasil  como destino de vacaciones.”

El foco de su análisis fue el sitio World sex archives, desde dos aspectos: por ser el espacio virtual más citado por turistas en busca de sexo entrevistados en Fortaleza, durante la producción de la primera tesis, y la enorme riqueza de material en él difundido cuando se lo compara con otros sitios análogos. “Orientada por el interés en comprender de qué manera ciertas regiones pobres del mundo atraen turistas en busca de sexo, mientras que otras también pobres y relativamente cercanas no lo hacen, y preocupada en comprender la dinámica de circulación de esos viajeros, recabé y analicé de manera extensiva el material (texto y fotografías) relativo a diversos países de América del Sur difundido entre octubre de 2003 y agosto de 2005.”

Lejos de actuar como sustituto de la sexualidad, concluyó ella, el sitio viabiliza la materialización del contacto sexual entre viajeros en busca de sexo y mujeres locales. El World sex archives funciona como un espacio de “socialización” colectiva, orienta a escala global, “la recreación de códigos de sexualidad y masculinidad asociados a la supremacía blanca y a una cierta idea de lo occidental”. Por la descripción de Adriana, el material muestra que la práctica del sexo distanciado del afecto adquiere importancia en la manutención de las desigualdades, permeando este tipo de consumo de sexo, e indica que las alteraciones en la geografía de los circuitos mundiales de turismo sexual están vinculadas con una serie de factores, en los cuales el empobrecimiento de los países del Hemisferio Sur es un aspecto de la mayor relevancia.

Republicar