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Historia

JK

Académicos señalan excesos históricos al romantizar al ex presidente

Un momento flagrado por el fotógrafo de la revista Manchete el 8 de junio de 1964 revelaba al ex presidente Juscelino Kubitschek (1902-1976) con un aspecto de tristeza y desolación, en el momento en que un asesor le mostraba la edición con el titular de su cesanteado y de 40 políticos más del periódico Última Hora. El mundo se desmoronaba bajo sus pies. El sueño de volver a la Presidencia en 1965 estaba sepultado, en una maniobra de sus principales adversarios, Magalhães Pinto y Carlos Lacerda, gobernadores de Minas Gerais y de Guanabara, respectivamente, que lo transformó en uno de los villanos del régimen militar que comenzaba. Nunca había tenido la imagen tan arañada. Además de responsabilizado por el “deterioro” del gobierno por el general Costa e Silva, su nombre llegó a ser vinculado a denuncias de corrupción en la construcción de Brasilia.

Poco más de 40 años después, la foto se convirtió solamente en una referencia de un episodio del pasado de contexto bien diferente del Juscelino mostrado en la miniserie JK, exhibida a partir de la primera semana de enero por la Red Globo. Son dos momentos distintos: el de bandido y el de héroe popular. Más que hacer justicia histórica, el drama televisivo sobredimensiona aún más el mito del ex presidente más idolatrado de todos como nunca se vio en la historia política brasileña.

Presentado como visionario, Juscelino se hizo símbolo de la modernidad de una época cada vez más idealizada y romantizada, marcada por la construcción de una nueva capital para el país, Brasilia, por el florecimiento de la industria automovilística y de electrodomésticos y por su éxito en superar las crisis de inestabilidad y llegar hasta el final de su mandato. Comprender ese fenómeno se ha convertido un desafío en importantes universidades brasileñas.

La “heroicización” de Juscelino Kubitschek viene desde el inicio de la Nueva República – aunque cinco años antes la película de Silvio Tendler Los años JK (1980) ya hubiese deflagrado el proceso, que dignificó tanto él cuanto João Goulart (1918-1976) ? en Jango (1984) -, sólo que en una otra perspectiva, no sólo del documental sino también para traer la historia reciente del país que masacrara la trayectoria de esos personajes. Es lo que explica la científica social carioca Mônica Almeida Kornis, autora de la tesis de doctorado en comunicación “Una historia del Brasil reciente en las miniseries de la Red Globo”.

Tanto que, recuerda ella, el primer billete creado en el gobierno José Sarney, de  100.000,00 Cruzeiros, aún en 1985, aún antes del patrón cruzado, traía el rostro de JK estampado, conjuntamente con imágenes de Brasilia y de otras realizaciones importantes de su gobierno. “Él renació en aquél momento y pasó a ser el icono de la democracia brasileña. Lo que la miniserie hace ahora es reafirmar ese lugar”, dice Mônica, cuyo estudio fue defendido en la Escuela de Comunicaciones y Artes de la Universidad de São Paulo (ECA/USP), con orientación de Ismail Xavier ? en búsqueda de editor, en el momento.

Películas de la época sobre el ex-presidente llegaron a ser usadas en campañas de candidatos ya a partir del final de los años 1980. Más recientemente, Fernando Henrique Cardoso recurrió a su figura de modernizador de Brasil. El presidente Lula hizo lo mismo, sobre todo a partir de la crisis política inaugurada el año pasado. Y no fueron solamente ellos. La investigadora de la Universidad de Campinas (Unicamp) Rosilene Dias Montenegro recuerda que Fernando Collor llevó para su tribuna de campaña electoral,  nada menos que a Sarah y a Márcia Kubitschek – la viuda y la hija de JK – y explotó, también, la imagen de político joven y dinámico. ¿Y cuál era el discurso de Collor? “La modernización del país, término que re-significa la visión de desarrollo.”

En el 2001 Rosilene defendió la tesis de doctorado en historia “Juscelino Kubitschek: mito y mitología política del Brasil moderno”, orientada por Maria Stella Martins Bresciani y aún inédita en libro. Ella recuerda que Anthony Garotinho, en la última campaña presidencial, apareció teniendo como fondo una fotografía de Getúlio de un lado y a Juscelino del otro. De acuerdo con Rosilene, la habilidad política de JK – su poder de persuasión – es una cualidad reconocida por todos los políticos de su época, inclusive por Lacerda. “No es porque murió que JK se convirtió santo, pero negar sus cualidades políticas, desconocer su liderazgo singular es intentar descalificar una posibilidad extremamente rica producida por nuestra cultura”, expone.

Ingredientes – La Investigadora del CPDOC de la Fundación Getúlio Vargas (FGV/RJ), Mônica Kornis analizó seis producciones de época de la Globo realizadas a partir de la Nueva República: Años dorados (1986), Años rebeldes (1992), Agosto (1993), Incidente en Antares (1994), Decadencia (1995) e Hilda Huracán (1998). El trabajo acabó enfocado en las dos primeras, ambas escritas por Gilberto Braga, que tuvieron a Juscelino como político de realce. Para Mônica, más que en Años dorados, en la miniserie JK su heroísmo es resaltado y hace que el mito resurja de forma más intensa, porque la historia está centrada en su persona y la trayectoria política.

Una historia, además, con buenos ingredientes para la ficción: la trayectoria de un niño que temprano perdió al padre y tuvo en la madre una figura importante para la supervivencia de la familia, hasta convertirse en presidente de la República, después de pasar por la opción primera de la profesión de médico. “En el caso de la miniserie, así como los medios siempre hacen al referirse a él, los telespectadores tienden a juntar todo y a hallar que JK estimuló el surgimiento de la bossa nova y del Cinema Nuevo, por ejemplo, lo que no es verdad.”

Así, la marca “años dorados” viene siendo alimentada hace décadas. Inicialmente, Mônica buscó analizar como la TV, con el mirar del presente, de la redemocratización del país, representaba la historia del Brasil de los últimos 50 años. Enfatizó no sólo el contexto de producción sino también discutió el formato que ese contenido asumió en la ficción para representar hechos, personajes y períodos históricos importantes. Ella dio importancia al lenguaje de la producción de ficción volcada para un gran público. “De ahí haber sido fundamental analizar la narrativa de esos seriados, cuya estructura acostumbra a ser anclada en esquemas simplistas y de fundamento moral.”

Fueron identificadas características comunes entre todas las miniseries. Con excepción de Agosto, basada en la novela histórica de Rubem Fonseca, que tiene una narrativa un poco más compleja. En las demás, dice la autora, la visión política se revela como algo que se mueve en el interior de un drama moral, maniqueo, en los cuales los políticos aparecen en extremos como buenos o malos – y los primeros son identificados como modernos y honestos.

Aún en aquellas en que solamente hay una ambientación de época y con realce para el choque generacional, como es el caso de Años dorados, la investigadora identificó una división entre los personajes modernos (moralmente positivos, en los cuales se encuadran los jóvenes) y conservadores (inmorales, en los cuales solo existen adultos). “La historia del período, de las cuestiones políticas a las de comportamiento, pasa a ser así polarizada. Ese se vuelve el conocimiento histórico difundido por los medios.”

En el caso de JK, la miniserie, opina Mônica, la narrativa estableció una empatía con la figura del ex-presidente, presentada como moderna, honesta, simpática, emprendedora y seductora. “En fin, un tipo construido con realce para atributos de orden personal y moral y, así, contrapuestos, por ejemplo, a las figuras de la UDN, tanto políticos como electores.” La historia se hace a partir de esos parámetros y de las fuerzas políticas así presentadas. “Es lógico que existe una libertad en la ficción, y que, sobre todo en la televisiva, hay la preocupación en destacar las tramas románticas y que los autores no están preocupados en dar una clase de historia.”

El hecho, sin embargo, dice la investigadora, es que la historia está allí. O mejor, el producto ?historia del Brasil? está presente y es difundido por medio de valores morales y personales. ?Pienso que, si existiese una preocupación en reflejar críticamente sobre una miniserie, el debate no se puede restringir a consideraciones del tipo ?está bien o mal hecho?, ?la reconstitución histórica está o no fiel a los hechos?.? Aún con el apuro técnico en las producciones de la Globo y la preocupación con la fidelidad de la reconstitución histórica, es necesario construir una ficción histórica atenta a esos aspectos.

Cabría a los científicos sociales salir de la posición de espectadores de final de la noche y tenderse boca abajo con más rigor en el examen de los enredos de una producción audiovisual de masa que conforma un cierto conocimiento sobre la historia del país. “Esa cuestión es aún poco valorizada, desde mi punto de vista. Los profesores continúan utilizando el material audiovisual como recurso glamouroso para hablar de fases de nuestra historia, sin discutir la propia forma que ese contenido asume en ese medio. No se trata de la miniserie traer o no perjuicios. La cuestión es tener conciencia y visión crítica de eso, sobre todo en el caso de los profesores, historiadores y científicos sociales.”

Se hace necesario reconocer, por lo tanto, la existencia de una mediación entre el hecho y su representación. No basta discutir si los acontecimientos fueran o no como la televisión – o hasta el cine – los presentó. Basta observar Agosto, que mostró la crisis política que llevó al suicidio de Vargas en otra perspectiva, diferente, centrada en el presidente, sin embargo representada como una figura amarga, sufrida. “No hay glamour en Vargas.”

El telespectador, en ese proceso, ¿es siempre pasivo? Las miniseries de la Globo serán siempre recordadas por la comentada relación que hubo en Años rebeldes y la crisis que llevó al impeachment de Collor. Los jóvenes “caras-pintadas” habrían ido a las calles a pedir a caída del presidente, aparentemente influenciados por la producción. Mônica es más cautelosa al evaluar el episodio. “Los medios acompañaron la repercusión de la audiencia e hizo la relación  con los caras-pintadas. Había un momento de efervescencia favorable, pero no establezco esa vinculación directa, por fuerza de la miniserie. Los medios, sí, fue responsable  por esa relación de causa y efecto.”

Incertidumbres – En su tesis, Rosilene Montenegro encontró raíces bien distantes para justificar la imagen que se construyó de Juscelino. Ella partió de la premisa de que el momento de profundas incertidumbres vivido en la década de 1950 propició la efervescencia de lo imaginario, de los mitos y mitologías políticas existentes. Resultó de eso la creación de un nuevo mito político y la re-elaboración de conocidas mitologías políticas. “Busqué la aprehensión de las imágenes y de lo imaginario del mito Juscelino Kubitschek, representados por la memoria a cerca de ese mito, producidos por diferentes segmentos sociales ” intelectuales, capas populares, biógrafos, correligionarios políticos y el propio JK.”

Percibió que el modelo político surgió a partir de su propia intervención en el proceso de construcción mientras que, en determinado momento de su institución, atiende y se confunde con los sueños, deseos y esperanzas de un futuro mejor por parte del colectivo social. “Muchos años después incita la fuerza creadora de lo imaginario mitológico del retorno a un tiempo de felicidad, armonía y prosperidad, el tiempo de la edad de oro, confundido con las mitologías políticas de la modernidad.”

En ese razonamiento, la impresión del mito Juscelino Kubitschek, principal personaje de los “años dorados” brasileños en lo imaginario colectivo, se debe también a la seguida competencia recurrencia a la narrativa de su vida, la cual es presentada a través de una lógica ordenada por las fases de un tiempo continuo del surgimiento, auge y muerte, o el tiempo de apelación, del poder y gloria, y del martirio de JK.

El objetivo de la investigación de Rosilene no fue destruir el mito JK. “Podría serlo, pero opté por mostrar su construcción, debido a la comprensión de que los mitos son elementos de representación del mundo que nos gustaría crear, revelan la narrativa fabulosa y pueden también escamotear, falsear la llamada realidad. Pero son poderosos instrumentos de movilización de subjetividades de pujanza política, a la medida que accionan símbolos e imaginarios queridos al colectivo social, conforme ya lo percibía Georges Sorel, en Reflexiones sobre la violencia.”

El poder de Juscelino con los medios habría, en parte, contribuido a su imagen histórica. Rosilene destaca que él coaccionó a gran parte de la impresa, comenzando  por el acuerdo que firmó con Assis Chateaubriand, de los Diarios Asociados. “Después, la transmisión de una narrativa mítica de progreso, cambio, superación de problemas económicos y construcción de un futuro próspero toca lo imaginario colectivo, porque instiga anhelos y sueños recónditos.” De ahí la importancia de comprender el contexto o la configuración histórica que producen el mito.

¿Qué candidato a presidente que explote el legado de JK será más beneficiado con eso en las elecciones de 2006? La investigadora no arriesga nombres. “No tenemos aún elementos suficientes para eso. Puede ser que los mayores beneficiados sean los políticos, porque la historia de Juscelino puede ser interpretada también como una posibilidad moralmente aceptable de hacer política, lo que puede amenizar el rechazo a los políticos de modo general y a la política en ese momento de profunda incredulidad.”

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