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Epidemiología

Confesiones de alcoba

La disfunción eréctil puede ser el primer síntoma de una enfermedad coronaria

Algunos de los secretos más íntimos de varones y mujeres están ahora empezando a salir de abajo de las sábanas. En Brasil, uno de cada dos hombres de más de 40 años está sujeto en mayor o menor intensidad a una situación normalmente embarazosa llamada disfunción eréctil en el lenguaje médico, o impotencia, de acuerdo con la voz popular. Casi la mitad de estos casos se refiere a las formas leves, que no deberían suscitar demasiadas preocupaciones, pues constituyen episodios esporádicos, que pueden revertirse espontáneamente, sin mayores repercusiones orgánicas o psicológicas. El problema es la otra mitad: los casos moderados o graves, que realmente requerirían de tratamiento, por hacer las veces de ?un centinela de otras enfermedades, de acuerdo con las palabras de Edson Duarte Moreira Júnior, médico epidemiólogo de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) de la ciudad de Salvador (Bahía). Moreira trabaja desde 1998 en estudios que se orientan a dimensionar el radio de acción y las consecuencias de éste y otros problemas sexuales masculinos que emergen en Brasil y en el mundo.

Pero, como si no bastaran por sí solos, debido a que causan perturbaciones psicológicas que pueden alimentar depresiones, al margen de corroer potencialmente las relaciones conyugales, familiares y sociales, los casos más graves de incapacidad de erección pueden ser reflejo de deficiencias de la circulación sanguínea, que, si no se las trata a tiempo, pueden desembocar en infartos. La disfunción eréctil puede ser el primer síntoma de enfermedades coronarias, advierte el urólogo Archimedes Nardozza, docente de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp). Y la explicación para ello es sencilla: las arterias de pene, relativamente pequeñas en comparación con las coronarias que irrigan el músculo cardíaco, pueden dificultar la erección aun cuando haya bajas cantidades de grasa bloqueando la llegada de la sangre a los compartimentos del pene llamados cuerpos cavernosos, que promueven la erección a medida que se van llenando.

El riesgo de que un hombre con impotencia tenga una acumulación de grasa en las arterias coronarias es hasta 2,5 veces mayor que el que corre un hombre sexualmente normal, de acuerdo con una investigación realizada en São Paulo que contó con 287 participantes (137 con disfunción y 150 sin ella). Y cuanto más grave es la disfunción eréctil, mayor es el riesgo de padecer problemas coronarios, comenta el cardiólogo Juarez Ortiz, coordinador de este estudio, que salió publicado en octubre de 2005 en la revista Arquivos Brasileiros de Cardiologia. El 23 de enero de este año, la revista Archives of Internal Medicine publicó un trabajo similar, suscrito por James Min, de la Universidad de Chicago, Estados Unidos, comparando el estado general de salud de 121 varones con disfunción eréctil con el de otros 100 sin ella. En el marco de dicho trabajo, el 44% de los hombres con disfunción sufría problemas coronarios, cosa que sólo se registraba en el 17% de aquéllos que eran sexualmente normales.

Pero el estudio estadounidense fue un poco más allá y demostró que existe una relación entre el más común de los trastornos sexuales masculinos con la menor actividad y menor resistencia física. De acuerdo con este trabajo, la incapacidad de erección podría ser incluso más eficaz que los factores de riesgo habitualmente evaluados, tales como los niveles de colesterol, la presión arterial o el historial familiar para indicar precozmente en qué momento las arterias han perdido la capacidad de transportar la sangre en cantidades suficientes y a la velocidad necesaria como para que haya un buen funcionamiento del corazón.

Puede entenderse esta asociación porque las razones que desembocan en la dificultad de erección son las mismas que conducen a las enfermedades coronarias: la obesidad, la hipertensión y la diabetes. En el marco de estos dos estudios, la diabetes era al menos 2,2 veces más frecuente y la hipertensión una vez y media en los hombres con disfunción eréctil que en los del otro grupo. La asociación entre problemas coronarios e incapacidad de erección emerge también de uno de los mayores relevamientos epidemiológicos realizados en este campo en un país: el proyecto Avaliar [evaluar, en portugués]. En el marco de un trabajo conjunto, 4.377 médicos entrevistaron a 71.503 hombres con edad mínima de 18 años en 380 ciudades de 24 estados de Brasil. Llevado a cabo entre agosto de 2002 y enero de 2003, el proyecto Avaliar mostró que la incapacidad de erección leve, moderada o grave trepaba del 47% en hombres con presión arterial normal al 73,5% en aquéllos con hipertensión grave y del 48,2% en hombres con peso normal al 60,7% en hombres obesos.

De esta aridez numérica se desprende una conclusión que puede ser bastante útil. Para prevenir la disfunción eréctil, bastaría con actuar sobre los factores de riesgo para enfermedades coronarias, tales como la obesidad, la hipertensión, el sedentarismo y la diabetes, dice Nardozza. Aisladamente, recuerda el científico, la diabetes constituye la principal causa de esta debilidad masculina, en razón de sus dos efectos: daña tanto a los vasos sanguíneos como a las terminaciones nerviosas del pene. De allí se desprende el porqué de que varones con diabetes sean aquéllos que menos se benefician con los medicamentos prescritos contra la disfunción eréctil, químicamente conocidos como inhibidores de la fosfodiesterasa. Al contener la acción de la enzima fosfodiesterasa y mantener el óxido nítrico en circulación durante más tiempo, este compuesto estimula el flujo del sangre y dilata las arterias del pene, pero nada puede hacer con relación a los nervios destruidos por el exceso de azúcar en el organismo.

Se considera que la dificultad de erección es producto de la gradual obstrucción de los vasos sanguíneos, pero también puede ser tanto la causa como la consecuencia de la depresión, el más común entre los desequilibrios psíquicos al cual se asocia. Un estudio publicado en el Journal of Affective Disorders en 2004 muestra palmariamente dicha relación de doble mano. Un equipo coordinado por Alfredo Nicolosi, científico del Instituto de Tecnologías Biomédicas de Milán, Italia, entrevistó a 2.417 hombres en Brasil, Italia, Japón y Malasia. De dicho total, el 2% tenía diagnostico de depresión, pero el 21% mostraba síntomas depresivos, como por ejemplo una tristeza prolongada sin razón real. La depresión era más común entre los hombres más jóvenes, que padecían disfunción eréctil y nutrían una expectativa mayor de una vida sexual normal y saludable.

Las mujeres
Se estima que a nivel mundial, 150 millones de hombres de más de 18 años padecen las formas leve, moderada o grave de disfunción eréctil. En Brasil viven alrededor de 11 millones de individuos que en los 12 meses anteriores al estudio, durante al menos dos meses seguidos padecieron dificultades de erección. Predomina la forma leve, que corresponde al 26,6% del total, que en la mayoría de los casos no debe preocupar porque es pasajera y no afecta la salud. En tanto, la moderada equivale al 18,3% y la forma grave, al 3,5% del total estas dos sí son efectivamente preocupantes, pues pueden embutir la posibilidad de señalar problemas circulatorios o cardíacos. Según Moreira Júnior, aparece un millón de nuevos casos de este tipo de trastorno sexual masculino en Brasil anualmente. Sin embargo, la falta de erección, recuerda Moreira, solamente puede considerarse un trastorno sexual cuando dificulta la vida o se convierte en un obstáculo a las relaciones conyugales o sociales.

Así y todo, no es únicamente la incapacidad de erección que se erige en una amenaza contra la virilidad. Estadísticamente, uno de cada cuatro hombres tendrá en el transcurso de su vida al menos un trastorno sexual, que puede ir desde la falta de apetito sexual hasta la eyaculación precoz, y no siempre con consecuencias más serias para la salud. Entre las mujeres, una de cada cinco puede afrontar la falta de apetito sexual o de orgasmos y dos entre cinco pueden verse acometidas por algún tipo de dificultad ligada a la sexualidad, algo que tampoco llega a ser necesariamente patológico. Con pequeñas variaciones, este cuadro puede hallarse también en otros países, de acuerdo con estudios que se han vuelto más asiduos luego de 1998, cuando surgió el Viagra, el primer medicamento oral contra la disfunción eréctil.

Más allá de sus beneficios más notorios, lo cierto es que con la pastilla azul y posteriormente con las competidoras Cialis y Levitra los problemas sexuales salieron de las alcobas. En primer lugar eran solamente los de los hombres, pero, con el tiempo, también se sumaron los de las mujeres. Debido a que reemplazan a los dolorosos tratamientos que se empleaban hasta ese entonces, a base de bandas elásticas o de inyecciones aplicadas en el pene, dichos medicamentos les hicieron posible a los hombres reconocer sus frustraciones y lanzarse nuevamente en busca de los deseos que habían dejados abandonados. La incapacidad de tener o de mantener la erección de una manera satisfactoria durante una relación sexual dejó desde entonces de sentirse como un mero accidente ocasional, que debería preocupar solamente a los hombres de más de 70 años. Se configuró un escenario totalmente distinto, donde la dificultad de endurecimiento del órgano sexual masculino despuntó como un fenómeno diseminado en todo el mundo, más allá de las diversidades étnicas, geográficas o culturales, y más común y grave a medida que avanza la edad.

Estos descubrimientos integran el Global study of sexual attitudes and behaviors (Estudio global de actitudes y comportamientos sexuales), que es probablemente el más amplio mapeo realizado en el área hasta ahora, con la misma metodología de recabado de información aplicada con 13.882 varones y 13.618 mujeres, en entrevistas hechas en 29 países. Este trabajo contó con financiamiento de Pfizer, fabricante del Viagra, que también patrocinó el proyecto Avaliar, sin imponer limitaciones a la autonomía de los investigadores: fue un unconditional grant, tal como atestiguan los artículos científicos donde se difunden los resultados obtenidos. Los estudios relativos a la situación de cada país y Brasil es uno de los primeros países que ha dado a conocer dichos resultados empezaron a salir el año pasado, luego de la etapa de análisis global de los resultados obtenidos.

Las entrevistas, que registran las tendencias poblacionales en cada país, arrojan que el 28% de los varones y el 39% de las mujeres del mundo presentan algún problema sexual, considerándose únicamente las formas moderada y grave. Los estudios de esta índole, recuerda el psiquiatra Jair Mari, profesor de la Unifesp, en general son esencialmente descriptivos, desprovistos de contexto médico, social y cultural. No consideran la aparición simultánea de otros desequilibrios orgánicos, o el uso de medicamentos que podrían estar asociados a la dificultad de erección, ni tampoco las historias de vida o las circunstancias que podrían explicarla, ni mucho menos comportamientos intrigantes de mujeres como Séverine, la personajes central de Bella de día, un film de 1967 dirigido por Luis Buñuel. Interpretada por Catherine Deneuve, Séverine ama a su marido, pero sólo logra soltarse sexualmente con los hombres que encuentra todas las tardes en un burdel.

Sin embargo, para evitar las cifras infladas y los resultados alarmistas, Moreira Júnior pone de relieve que este estudio apuntó a considerar la existencia simultánea de otros problemas de salud y circunstancias personales como la desocupación o la muerte de familiares, que pueden interferir temporalmente en la vida sexual. Según el epidemiólogo, tanto la preparación como el análisis de los cuestionarios estuvieron a cargo no solamente de médicos, sino también de estadísticos, sociólogos, antropólogos y psiquiatras.

Universos paralelos
Muchos resultados deben aún pasar por el tamiz de la interpretación, pero los que ya se han dado a conocer cuantifican potenciales fuentes de insatisfacciones en la vida sexual como la eyaculación precoz, hallada mundialmente en un 14% de los varones. Llevados a cabo con representantes de poblaciones de las más variadas culturas y etnias, estos relevamientos hacen posible que se conozcan también las dimensiones de los problemas de la sexualidad femenina, cuyas causas y consecuencias tal como los propios investigadores lo reconocen siguen siendo mucho menos estudiadas que las masculinas.

Entre las mujeres, la falta de interés sexual es la queja más común que informa el 21% de las participantes de estos estudios, mientras que la incapacidad de alcanzar el orgasmo y las dificultades de lubricación vaginal se mostraron en proporciones equivalentes: se encontró cada una de ellas en un 16% del público femenino. Curiosamente, las dificultades más comunes en las mujeres eran las menos frecuentes entre los varones: solamente el 9% de los hombres informó padecer falta de interés en tener sexo, menos de dos veces lo que se verificó en el público femenino. Entre las mujeres, el 15% comentó que el sexo no era una actividad placentera en tanto que solamente el 6% de los varones dio esa misma respuesta.

La ginecóloga Eleonora Bedin Pasqualotto, docente de la Universidad de Caxias do Sul, Río Grande do Sul, adjudica estas diferencias a las visiones contrastantes de hombres y mujeres al respecto del propio cuerpo y de los roles sexuales que creen que deben desempeñar. Las mujeres le prestan más atención que los hombres a la percepción de sí mismas, generalmente se dejan llevar por estereotipos de belleza femenina y valoran todo el cuerpo, dice Eleonora. Cuando se sienten gordas o feas frente al espejo, aun cuado no estén ni en una ni en otra situación, pueden alejarse de su pareja, refrenar su apetito sexual y cultivar únicamente las remembranzas de largas noches de amor. Los varones, en tanto, parecen no abatirse al verse en el espejo, aun cuando las transformaciones provocadas por la edad ya se tornan patentes, y se preocupan únicamente con el desempeño sexual.

La obstinación por el desempeño sexual ayuda a entender por qué en Brasil los hombres compran 1,18 millones de pastillas contra la impotencia mensualmente. Brasil es uno de los mayores mercados consumidores de estos medicamentos a nivel mundial. Dichas píldoras se llevan sus críticas pues alimentan en los hombres, incluso en aquéllos que se están iniciando en su vida sexual, el miedo de fallar en un momento en que, según creen, la erección es una obligación, una prueba inequívoca de masculinidad. En una placa colgada en la puerta de una farmacia en la entrada de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), los primeros medicamentos anunciados para un público predominantemente joven son precisamente contra la impotencia. Desde hace tiempo, sus consumidores no son más únicamente los hombres que realmente necesitan hacer tratamiento contra la disfunción eréctil. Sin embargo, Mari sugiere tener más cuidado: Su uso precoz y prolongado puede generar inseguridad y dependencia psicológica.

Los prejuicios
En el marco de un estudio publicado el año pasado en la revista Clinics, Eleonora Pasqualotto comenta que en las mujeres las manifestaciones que podrían verse como disfunciones sexuales pueden a decir verdad apuntar insatisfacciones con la propia vida o con la relación conyugal, al margen de expresar un mecanismo de defensa psíquico producto de experiencias sexuales traumáticas. Asimismo, la ginecóloga recuerda que parecen perdurar los prejuicios sociales, que desembocan igualmente en un bloqueo del apetito sexual y la dificultad de responder a los estímulos sexuales. Con la pastilla anticonceptiva, las mujeres se apartaron del miedo de quedar embarazadas cada vez que tuvieran una relación sexual, pero no por ello se libraron del peso de los estigmas sociales y de un modelo de comportamiento social según el cual la iniciación sexual de los hombres debe estimularse pues refuerza su virilidad, mientras que la de las mujeres es cohibida, pues de lo contrario lleva a su detrimento y a la promiscuidad.

Como resultado de ello, surgen varones ansiosos y mujeres insatisfechas. Entre los representantes de 29 países, los varones brasileños exhibieron el segundo índice de eyaculación precoz (un 30%), lo que refleja la preocupación con el desempeño y con los estereotipos sexuales, quedando detrás únicamente de los españoles (un 31%). Fue un resultado inesperado, cuyos efectos ya pueden delinearse: Los hombres se frustran, pero se acostumbran a la eyaculación precoz, dice Moreira Júnior. En cambio, las mujeres se frustran mucho más, agrega.

La eyaculación precoz no es la única razón del descontento femenino. Las mujeres brasileñas son aquéllas que se mostraron más insatisfechas con la duración de los juegos previos al acto sexual: hasta ahora, el 22% de las brasileñas, casi el doble del promedio mundial, anhela que los juegos previos duren más tiempo. A nivel mundial, casi todos los participantes (el 92% de los hombres y el 91% de las mujeres) consideran que el contacto físico y las caricias son sumamente importantes, incluso cuando no desemboquen en una relación sexual.

Para Moreira Júnior, estos resultados son importantes por dos razones: por mostrar que las mujeres están expresando sus frustraciones y por indicar que os hombres, como consecuencia de la cultura machista, no se preocupan como deberían en atender plenamente a las expectativas de las mujeres. Sugieren también, según Jair Mari, una visión reduccionista del acto sexual, volcado a la penetración, con poca atención hacia los juegos eróticos y a la posibilidad de explorar el cuerpo de la pareja. Las personas pierden así la oportunidad de desarrollarse sexualmente, dice.

Aunque la calidad puede no ser gran cosa, la cantidad llama la atención. De acuerdo con estos estudios, Brasil es el país donde se practica el sexo con mayor frecuencia: el 74% de las personas de entre 40 y 80 años tiene relaciones sexuales al menos una vez por semana, cuando el promedio mundial en ese apartado es del 50%. Debemos ver primeramente si los brasileños no son también  los más mentirosos, dice Moreira Júnior. Pero eso es poco probable. Según él mismo, los datos son confiables, pues los entrevistadores dejaron que los entrevistados se sintieran cómodos, y pusieron de relieve la necesidad de darles la debida importancia a las respuestas honestas.

Estos resultados podrían inicialmente explicarse debido al hecho de que Brasil es un país con una población más joven que la de los países del Hemisferio Norte, como Estados Unidos y Europa, que representaron a la mayor parte de los entrevistados. El investigador de la Fiocruz cree que una interpretación más sólida debería contemplar también el peso de la cultura, la historia y el clima. En los países tropicales, dice, tiende a haber un mayor culto al cuerpo, que queda más a la vista, lo que promueve la sensualidad y la sexualidad.

Un tabú que cayó por tierra con estos estudios internacionales es el de que la actividad sexual culmina con la aparición de las canas de los padres o de los abuelos: de acuerdo con estos estudios, el 69% de los hombres y el 40% de las mujeres se mantienen sexualmente activos luego de los 60 años de edad. La actividad sexual disminuye con la edad, y esto es natural, pero no desaparece abruptamente, como la gente suele creer, comenta. A lo mejor algunas personas no tienen más relaciones sexuales después de los sesenta años sencillamente porque no tienen más parejas.

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