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Sociología

Licencia para criar

El proyecto de aumento de la licencia por maternidad echa luz sobre la cuestión del mercado de trabajo de las mujeres

Los hijos son el demonio, mejor no tenerlos. Pero, si no los tenemos, ¿cómo conocerlos?, se pregunta Vinicius de Moraes en su Poema  enjoadinho. ¿Será que basta con conocerlos? Según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se necesita más: la alimentación materna exclusiva debe extenderse durante los primeros seis meses de vida del niño. El gobierno brasileño realiza campañas orientando a las madres para amamantar a los hijos durante ese período. Contradictoriamente, la Constitución prevé una licencia laboral por maternidad de cuatro meses, reclama la senadora del estado de Ceará Patrícia Saboya Gomes, autora del proyecto de ley que crea el Programa Empresa Ciudadana (que comenzó a ser discutido a mediados del último mes), destinado a la prolongación de la licencia por 60 días más, mediante la concesión de un incentivo fiscal. En las últimas décadas las mujeres obtuvieron grandes avances en diversas áreas, incluyendo la profesional, con la conquista de espacios en el mercado de trabajo. El desafío de la mujer del siglo XXI es otro: equilibrar esas conquistas con una experiencia inherente al sexo femenino, la vivencia plena de la maternidad.

Las proyecciones de la senadora indican que la renuncia fiscal de la propuesta  es interesante, correspondiendo a alrededor de 500 millones de reales, referentes a la deducción, en el impuesto a las ganancias, de la remuneración de la empleada licenciada. A contramano del sentido común, que tiende a ver la prerrogativa femenina como una mayordomía e igualmente como uno de los factores que encarecen los costos de contratación de trabajadoras, lo que causaría un supuesto rechazo a ellas por parte del mercado laboral, y también explicaría los salarios inferiores a los de los hombres, un estudio reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Cuestionando mitos, busca combatir, con datos, las causas de la segregación laboral entre solteras y casadas, y entre hombres y mujeres. El costo para las empresas, del trabajo de las mujeres asociado directamente con la maternidad y los cuidados infantiles, representa menos del 2% de la remuneración bruta mensual de la mujer asalariada, lo cual contradice la creencia de que los beneficios asociados con la maternidad causan que las mujeres, resulten más caras para las empresas, afirma Laís Abramo, editora de investigación. El economista Márcio Pochman, de la Unicamp, concuerda con el estudio. El costo adicional por el empleo femenino es de un 13,81%, considerando la licencia por maternidad actual de 120 días. Pero, cuando se considera que la empresa tendrá cuatro meses  de menores gastos con la empleada durante el año en que obtiene la licencia, que no es asumida por el empleador sino por Previsión Social, otro organismo público, el costo promedio anual sufre una reducción de 22,12%. Lo cual representa un punto a favor para el nuevo proyecto.

Pero en otro estudio, de la consultora en recursos humanos Mercer Human Resource Consulting, que analizó condiciones de trabajo y beneficios en 60 países, evalúa que las trabajadoras brasileñas serían, por cuenta de ello, unas de las más privilegiadas del planeta. En relación con la licencia por maternidad en 34 países, Brasil se encuentra en el segundo lugar del ranking de remuneración semanal y beneficios totales otorgados a la trabajadora después del nacimiento de un hijo. El plazo de 120 días sitúa al país en el noveno lugar de la lista, quedando detrás de Suecia y Australia, países donde entretanto, no existe la práctica de remuneración integral garantizada por nuestra Constitución. Un dato importante: aquí, buena parte de las madres retorna al trabajo sin gozar del tiempo integral de la licencia. En épocas de globalización, en el que el costo del trabajo (en especial, los costos no remunerativos relacionados con el trabajo femenino) resulta una variable clave para la competitividad de las empresas y países, el debate de la licencia por maternidad adquiere una importancia económica fundamental, ya que en Brasil, entre 1982 y 1997, el porcentaje de participación en la fuerza laboral de las mujeres en forma integral, ha crecido en promedio un 35%. Hijos o carrera, para un estrato de la sociedad, despuntan cada vez con mayor fuerza como opciones excluyentes. Es un hecho que las mujeres (y los hombres) tienden a retrasar la maternidad/paternidad y los cuadros sociales de reproducción se desestabilizan en función del uniforme de la empresa, evalúa la economista Adriana Strasburg, autora de la tesis de doctorado La mujer y el trabajo en el Brasil de los años 1990, con apoyo de la FAPESP, y defendida hace poco en la Unicamp, bajo la dirección de tesis de Cláudio Dedecca. Ella recuerda que el ingreso de las mujeres en el mercado laboral, entre los años 1960 y 1970, fue celebrado como una victoria feminista, conquista de igualdad e independencia financiera. Los años 1980 y 1990 consolidaron el suceso.

Pero es preciso denunciar el tiempo expropiado a las mujeres en nombre de la reproducción social. Para una parte creciente de la población, la desestabilización aparece por la sobrecarga laboral, acompañada de una inserción precaria, no reconocida socialmente, de mala remuneración, avisa Adriana. Asimismo, las mujeres con nivel de educación más elevado, que son más fácilmente absorbidas por el mercado, al salir a trabajar son obligadas a colocar dentro de sus casas a otras mujeres, en inferiores condiciones, para cuidar de sus hijos. Las estimaciones apuntan la existencia de un impacto negativo de la maternidad acerca de la participación de la mujer en el mercado: las que tienen hijos reciben, generalmente, un salario/hora 27% menor que las que no los tienen, explica Elaine Toldo Pazello, autora de la investigación La maternidad y la mujer en el mercado laboral, por cuenta de la FEA-USP. Las mujeres con hijos tienden a contar con una jornada laboral menos extensa y procuran empleos con ese perfil más flexible, que, por supuesto, se remunera de manera inferior. Mientras tanto, para las mujeres de 40 años, esa diferencia salarial es casi inexistente, ya que, algún tiempo después del nacimiento del hijo, la diferencia de productividad tiende a disminuir hasta dejar de influenciarlas, dice la economista.

No obstante, un estudio realizado por el demógrafo de la UFMG, Eduardo Rios-Neto, revela que, si la tasa de participación femenina en la Población Económicamente Activa (PEA) creció en los últimos 40 años, el segmento de las mujeres casadas fue el que alcanzó la mayor tasa de crecimiento. Es posible especular con que la licencia por maternidad contribuye al aumento de la participación de las mujeres en la PEA, particularmente de las casadas, observa Rios-Neto. El investigador recuerda que la licencia se concede a las mujeres brasileñas desde la legislación de trabajo varguista (en referencia al período presidencial de Getúlio Vargas). En 1974 el beneficio dejó de ser responsabilidad directa del empleador y pasó a estar a cargo de un instituto de previsión social. En 1988, con la nueva Constitución, se amplió el beneficio de 84 días hasta 120 días. El primer cambio fue fundamental para una reducción en la segregación laboral del género, toda vez que los costos directos cambiaron de las manos del patrón hacia el Estado. Con el segundo cambio se retomó en parte la segregación casadas/solteras al ampliarse el tiempo de ausencia. Los resultados, sin embargo, no son concluyentes.

Lo que se sabe con certeza es que existe una baja incidencia anual de embarazos y, por lo tanto, de licencias por maternidad y otras prestaciones a ellas asociadas entre las trabajadoras asalariadas, como resalta el estudio de la OIT. Eso es un reflejo de la tendencia histórica a la reducción de la fecundidad de las mujeres, aún más acentuada entre las integrantes de la fuerza laboral. Está sucediendo, un acentuado y sistemático declive de la tasa de fecundidad, lo que desaceleró el crecimiento anual de la población. La explosión demográfica es sólo para los desinformados. Entre 1970 y 2000 dejaron de nacer 50 millones de brasileños, dice la demógrafa Elza Berquó, de Cebrap (Centro Brasileño de Análisis y Planeamiento). Según ella, justamente entre las clases menos favorecidas es que la fecundidad exhibió un declive más acentuado durante la última década: 20,5%. El dato más alarmante es que, entre el grupo que mayormente concentra la fecundidad (entre los 15 y 34 años), una porción elevada, 19%, es de mujeres entre los 15 y 19 años. De acuerdo con los resultados de mi investigación, las mujeres que tienen su primer hijo en la adolescencia poseen menores posibilidades de participar del mercado laboral: la diferencia de renta familiar es de un 25% en favor de las mujeres que no tuvieron hijos en la adolescencia, avisa Elaine.

Si existe poco espacio laboral para las madres jóvenes, hay menos aún para otras mujeres que, supuestamente, estarían cubriendo la ausencia de mano de obra femenina por cuenta de las beneficiadas con la licencia por maternidad. Apenas un 36% del total de días es cubierto con la contratación de un sustituto. Las prácticas más comunes para cubrir las ausencias consiste en la redistribución de las tareas de quien se licencia entre los demás empleados, afirma Laís Abramo, de la OIT. De este modo, al contrario que lo esperado, los gastos de las empresas con sustitutos y el pago de horas extras (para quienes acumulan las funciones de las mujeres en licencia) no llega al 26% de los salarios que dejan de pagar durante las mencionadas licencias. Las diferencias se verifican asimismo en el ausentismo resultante del beneficio para la nueva madre. La OIT recuerda que, como la mayor causa de ausencia laboral, tanto para hombres como mujeres, son los accidentes de trabajo, que corresponden, respectivamente, a 58% y 51% del total de días trabajados, en el caso de las mujeres ese promedio supera inclusive a aquellos no trabajados en función de la licencia por maternidad (2,5 días por año, o sea un 40% del total de ausencia de las mujeres, frente a 3,2 días por año, como resultado de accidentes laborales). No se justifica entonces atribuir a los costos de protección a la maternidad y al cuidado infantil, la persistencia de una serie de desigualdades que continúan marcando la situación de las mujeres en relación con los hombres, en el mercado laboral, considera Laís.

La investigadora recuerda que los costos de la reproducción biológica continúan siendo atribuidos a las mujeres y confinados al ámbito no mercantil, tomados como un dato en la economía convencional y considerados bienes gratuitos provistos por la naturaleza. Eso significa que las actividades continúan sin ser reconocidas en términos económicos y aún son poco valoradas socialmente, dice. De este modo, la postergación de la maternidad o la opción por no tener hijos crece y merece atención, como remarca Elza Berquó. El cuidado es un recurso natural en vías de extinción, analiza la economista Nancy Folbre, revelando la resistencia de las mujeres a seguir asumiendo los costos de la reproducción. Aún así, el análisis de la relación entre maternidad y trabajo femenino sugiere que las mujeres continuarán ingresando al mercado, a pesar de las dificultades de la condición familiar. Eso, a despecho de las condiciones adversas que enfrentan, sea en el interior de la familia, en el cuál los roles siguen siendo desigualmente distribuidos, o en la sociedad, cuyos equipamientos sociales públicos y privados continúan lejos de las necesidades de las mujeres, advierte Cristina Bruschini, investigadora de la Fundación Carlos Chagas. Por eso, cualquier política social que quiera beneficiar a las trabajadoras debería buscar no sólo la igualdad en el mercado y la protección de las trabajadoras que son madres, sino también crear mecanismos que posibiliten una nueva división de los roles dentro de la familia, con los integrantes repartiendo sus responsabilidades profesionales y domésticas.

No creo que la licencia por seis meses vaya a dificultar el ingreso de las mujeres en el mercado laboral. Creo que es hora que en Brasil todos nos respetemos más. Al fin de cuentas somos profesionales, si, pero también madres y necesitamos contar con tranquilidad para desempeñarnos en los diferentes roles con que contamos en la sociedad moderna, explica Patrícia Saboya. No basta conocerlos, se precisan condiciones para criarlos.

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