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Historia

Los espectros de la dictadura militar

Episodios recientes obligan a académicos a repensar el rol de los militares

Hacia tiempo que en un mes de marzo el Ejército brasileño no ocupaba el noticiario con tanto realce. Fue el 31 de marzo de 1964 cuando tuvo inicio el movimiento golpista que derrocaría al presidente João Goulart dos días después. El 15 de marzo de 1985 los militares devolvieron el poder a un presidente civil, José Sarney. Este año, en el mismo mes de marzo, dos episodios que involucraron a militares catapultaron al Ejército a los medios,  de manera incómoda. El día 1º, el comandante del Ejército, Francisco Albuquerque, recurrió a la vieja forma de el “rango”, según Infraero, la estatal que administra los puertos, al exigir que un avión de la aerolínea TAM regresase de la pista de despegue. Enseguida, la compañía tuvo que convencer a dos de los pasajeros para que cedieran sus lugares para el general y su mujer. Días después, el Ejército sorprendió a todos con la invasión de las favelas cariocas en busca de armas robadas.

El mismo general se involucró el año pasado en un episodio polémico, cuando el en ese entonces ministro de Defensa, José Viegas, renunció después de la lectura a cargo de Albuquerque de una orden del día con elogios a la dictadura militar, tras la divulgación de supuestas fotos del cuerpo del periodista Vladimir Herzog, torturado y asesinado en 1975. El contenido del mensaje había sido escrito por personas vinculadas a Albuquerque. Mientras que los militares actuaban en los “morros” cariocas, la Comisión de Ética Pública de la Presidencia de la República trató de paños fríos en la historia del embarque. Aunque haya deducido que el comandante tuvo un “tratamiento privilegiado”, la conclusión fue que no había faltado a la ética. Se recomendó solamente que las autoridades tuvieran “más cuidado” al tratar de su vida privada.

Para los más temerosos, los dos hechos aparentemente traían de vuelta una cuestión recurrente: el miedo de una nueva embestida castrense, causado por el trauma de la dictadura militar. Como si, aún pasados 21 años, ese espectro continuara cerniéndose sobre el país. Un temor que casi siempre lleva a complacencias de los civiles de un lado y a la prepotencia de algunos uniformados del otro. La democracia brasileña vive de sobresaltos provocados por fantasmas de un período que no dejó nostalgias para la mayoría. De vez en cuando, la publicación de un libro, la revelación de algún detalle o la manifestación pública de algún militar de alto rango es suficiente para encender la luz roja de una vuelta del uniforme militar al poder.

Y hay cuestiones que se vuelven inevitables: ¿existe el riesgo de algún movimiento golpista desde los cuarteles? En otro aspecto, menos temerario, ¿cuál es el pensamiento militar brasileño hoy en día y sus prioridades? Al mismo tiempo, se nota que el tema ha sido cada vez más estudiado en la universidad, y nuevos libros iluminan momentos de tensión, como la versión del general Sylvio Frota sobre uno de los más turbulentos episodios de la dictadura, durante el gobierno Geisel, en una biografía que ha llegado ahora a las librerías, de la mano de Editora Jorge Zahar. Este ejemplar fue organizado por los profesores María Celina D?Araújo y Celso Castro, de la Fundación Getúlio Vargas, que hace más de 15 años registraron la memoria militar a partir de declaraciones y documentos de oficiales de alto rango.

Castro tranquiliza a los temerosos. Al igual como otros expertos consultados, él cree que los episodios recientes son eventos aislados y que no existen indicios de nada semejante a un deseo de que los militares regresen al poder. Máster y doctor en antropología, Castro afirma que la visión de las Fuerzas Armadas con respecto al poder en las dos últimas décadas se adapta al régimen democrático. Por un lado, explica, se debe observar que, al contrario de lo que ocurrió en países vecinos del Cono Sur, los militares brasileños no fueron condenados por los hechos cometidos durante la dictadura. Por otro lado, aceptaron a los gobiernos civiles democráticamente constituidos y el país pasó por eventos como el juicio político de un presidente, el funcionamiento de la Comisión de los Desaparecidos y la elección de un presidente de izquierda sin ninguna turbulencia institucional en el área militar.

Dentro de una perspectiva histórica de más largo plazo, sin embargo, Castro asevera que nada impide que, en escenarios de grave crisis social e institucional, vuelvan a resurgir apelaciones por los mesiánicos en relación con una intervención militar en la política. No acecha, al menos en el horizonte visible, tal amenaza, destaca. Para él, la generación del régimen militar ya está “en pijama”, como se dice en los cuarteles. “Las nuevas generaciones de oficiales tienen un distanciamiento emocional mucho mayor en relación a ese período. Con eso, los eventos sensibles en otros tiempos, pasan verse cada vez más como históricos.”

Así, las mayores preocupaciones de los militares activos, añade Castro, han sido con cuestiones tales como mejores salarios y presupuestos, que permitan perfeccionar el cuadro material muy precario en el cual las Fuerzas Armadas brasileñas se encuentran y que las tornen aptas para cumplir de mínima con sus misiones básicas. Los militares buscan también preservar su identidad institucional y simbólica como elemento importante de la constitución de la nacionalidad brasileña. Tanto que la administración Lula fue bien aceptado y no hubo ninguna turbulencia militar a ese respeto. “El impacto negativo del régimen militar sobre la institución fue muy sentido por los propios militares, y eso funcionó y aún funciona como un antídoto preventivo contra cualquier idea intervencionista.”

Presidente del Grupo de Investigación Fuerzas Armadas y Política, del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), João Roberto Martins Filho evalúa que las Fuerzas Armadas saben que no hay clima para intervenciones y tienen conciencia de que el desempeño del poder político tiene un alto costo para la corporación militar. Martins Filho pone de relieve, sin embargo, que el problema principal hoy en día es la falta de disposición de la sociedad y de la clase política en discutir la temática militar en el país. La cuestión central, en su evaluación, es responder a qué el país quiere de sus Fuerzas Armadas. “¿Qué recursos necesitan para desempeñar sus misiones? ¿Cuáles son las prioridades de defensa del país?”, cuestiona. Como no existe discusión sustantiva sobre el tema, los incidentes aislados toman el lugar del problema principal.

El historiador Roberto Baptista Junior considera el episodio del general un tema para la reflexión. En otros tiempos, aun en el período democrático (1945-64), el jefe del Ejército jamás tendría su autoridad cuestionada. Ni sería denunciado. “El hecho de que un empleado aeroportuario haya hecho una declaración, contradiciendo las informaciones del general, sumado al abucheo que éste recibió  al entrar en el avión, muestra que los ciudadanos ejercen plenamente sus derechos y que los militares no son más sujetos aterrorizantes”. El investigador acaba de defender la tesis doctoral intitulada Anti-sovietismo: reflejos y prácticas compartidas de represión en el sistema interamericano en la Unicamp, con una beca de la FAPESP.

Su investigación discute la formulación de políticas compartidas y disociadas entre los gobiernos de Latinoamérica -en especial el de Brasil- y de Estados Unidos, a partir de la influencia de la Unión Soviética antes del golpe de 1964. Esto le permite hacer una interpretación diferenciada del período que precedió al movimiento armado contra Goulart y la paranoia que siempre ronda al poder referente a la vuelta de la dictadura desde 1985. En la práctica, dice, la no resolución de los problemas de corrupción que dominan el noticiario hoy en día puede acarrear a corto, mediano y largo plazo el fortalecimiento de un discurso autoritario moralizador -o en nombre de la moral. “Un discurso autoritario, en nombre de la moral, que puede surgir a izquierda o a derecha, o de ambos lados, vía bandera nacionalista. Aun así, me parece que es muy difícil que los militares se aventuren nuevamente.”

Asimismo, sostiene, las Fuerzas Armadas actualmente están debidamente subordinadas al poder civil y quieren construir un perfil basado en el profesionalismo. Los líderes militares transitan muy poco en la política nacional. En su opinión, a diferencia de antes de 1964, el país ha amadurecido políticamente. La única preocupación es que un período catalogado como decadente siempre pavimenta el regreso de discursos autoritarios moralizadores. “Antes, para los estadounidenses, Goulart debería ser derrocado del poder debido a su falta de compromiso, y no porque era de izquierda. En el régimen actual, las inversiones extranjeras en el país van muy bien y están debidamente protegidas por el gobierno.”

El profesor Durbens Martins Nascimento no piensa diferente. Es uno de los que articulan la creación en breve del Laboratorio de Estudios de Defensa de la Amazonia (Laed), un espacio académico-institucional de soporte a las actividades de enseñanza, investigación y extensión de grado y posgrado de la UFPA en el área de Concentración en Defensa Nacional. Con maestría (sobre la guerrilla de Araguaia) y doctorado (del programa Calla Norte) sobre el régimen militar, Martins Nascimento cree que las condiciones políticas emergidas con el fin de la Guerra Fría, el fortalecimiento de las instituciones y un cuadro de relativa estabilidad política en Sudamérica no incentivan las iniciativas de intervención.

Sin embargo, las tendencias que se presentan con respecto a la incertidumbre de un escenario conturbado en algunas regiones del globo y la aparición de nuevas amenazas, tales como el contrabando, el terrorismo, el narcotráfico y biopiratería sitúan concretamente la hipótesis del seguimiento permanente de las Fuerzas Armadas brasileñas con relación a sus objetivos y su función en la sociedad. En rigor, esta valoración de los principios constitucionales no es diferente en los demás países que forman la comunidad internacional. La apertura hacia ello, asevera, está en la propia Constitución brasileña, cuando establece la posibilidad de la defensa de las instituciones. “Pero esto sería independiente de quien tome la iniciativa, si los militares retirados o los que están en actividad.”

Panel
El investigador defiende que se desarrollan estudios para saber actualmente cómo anda ese movimiento, en el sentido de estimar en qué medida se está dando esa influencia política. “Sobre todo en lo que se refiere a la dimensionalidad política, tanto de los militares activos como de los retirados”. A partir de las conversaciones de estos actores, prosigue, será posible realizar un panel acerca del peso de los diversos segmentos militares en la marcha de la crisis política actual. “Evidentemente que en circunstancias especiales en las cuales hay una radicalización del proceso político las Fuerzas Armadas se ubican como alternativa de solución para impasses institucionales. Además para que se efectúen las pretensiones de esos sectores es necesario que sucedan varias motivaciones, las cuales necesitan estar conectadas con intereses económicos, financieros y políticos de los segmentos civiles deseosos de la salida militar, lo que creo que es despropositado.”

La discusión sobre el rol de las Fuerzas Armadas remite a un punto polémico: la defensa de las fronteras brasileñas en la Amazonia. En Amazônia e a defesa nacional, que acaba de salir por Editora FGV, Celso Castro presenta un cuadro sobre lo que ha sido producido en el área de ciencias sociales e historia relacionado con el tema. Escribe que, para el Ejército en particular, la Amazonia ha ocupado cada vez más una posición central en términos estratégicos y simbólicos. La soberanía brasileña sobre la región es vista por los militares como el elemento central de su rol.

En otro aspecto, en general, ven con sospecha la actuación de los movimientos ambientalistas en aquella área. “La falta de informaciones de calidad y una mayor interacción con instituciones académicas civiles tienden a dar una dimensión distorsionada del problema. Nuevamente, es necesario que la cuestión deje de ser militar y se convierta efectivamente en nacional”. Martins Filho añade que la “inmensa” preocupación de las Fuerzas Armadas con la defensa de la Amazonia se expresa en la importancia del proyecto Sivam y en la creación de una doctrina terrestre de resistencia a una eventual invasión de aquella área del país. “El problema es que las visiones militares sobre la región no se han discutido en el seno de la sociedad brasileña.”

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