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Entrevista

Emilio Moran: El mundo cambia

Cuando se refiere a los cambios climáticos globales, el antropólogo Emilio Moran parece ser capaz de capturar la atención hasta del más escéptico de los antiambientalistas. Quizás porque en vez de atenerse únicamente a las cifras -ya sea de especies animales y vegetales en proceso de extinción o de grados Celsius más o menos de la temperatura de la tierra, o referentes a volúmenes de determinados gases de la atmósfera-, él ordena palabras con la maestría suficiente como para llevar al oyente a entrever, casi a tocar mundos futuros. Son escenarios que en ocasiones asustan y que se dejan divisar entre sus frases, pero que cargan siempre aquel aire de malestar inherente a los cambios inevitables, en especial a los grandes cambios.

Cubano naturalizado estadounidense, Moran fue uno de los primeros investigadores que plasmó una mirada de cientista social en lo que hace al debate del calentamiento global, por mucho tiempo confinado al ámbito de la meteorología. Director del Centro Antropológico para la Capacitación y la Investigación de Cambios Ambientales Globales de la Universidad de Indiana, Estados Unidos, sugiere que la mejor manera de sensibilizar a la gente con relación al peligro real de estos cambios, con miras a provocar transformaciones en su comportamiento tradicional, consiste en estudiar la dimensión humana del fenómeno, haciendo cada vez más interdisciplinaria la investigación en este campo.

En el marco de una conferencia realizada en el auditorio de la FAPESP el pasado 8 de junio, Moran mostró que es poco productivo el debate sobre el aumento de la temperatura media en el planeta. Lo importante no es la elevación media de 3 ó 4 grados durante los próximos 90 años, sino los cambios extremos bajo la forma de inundaciones, nevadas y olas de calor, que deberán barrer el planeta con mayor frecuencia. Otro ejemplo de su mirar agudo: la idea de que la ocupación humana de la Amazonia es la villana de la deforestación no se sostiene. Es que la población de la región está concentrada en las ciudades y lo que se ve en los campos devastados es la ganadería extensiva. ¿Por qué la selva arde? Porque rige un círculo vicioso en el cual los pequeños productores talan para tener tierras gratis, se dedican a la ganadería y esperan algunos años hasta que la tierras se valúen, para entonces vendérselas a los grandes propietarios.

Moran, un estudioso de Brasil, se graduó en Literatura Brasileña e hizo posgrado en Antropología en Estados Unidos. En 1971 se enteró por un profesor y gran conocedor de América Latina, Charles Wagley, que algo importante sucedía en Brasil -la apertura de una carretera que cortaría la mayor selva tropical del planeta. Durante un año y medio hizo un seguimiento del comienzo de la ocupación humana en la carretera Transamazónica. En los años1990 le imprimió un giro a su carrera. Su campo de investigación actual combina métodos de sensoriamiento remoto con trabajos de campo en la Amazonia. Autor de diversos libros sobre la región, participa en el Experimento de Gran Escala de la Biosfera-Atmósfera en la Amazonia (LBA), coordinado por el Instituto Nacional de Investigaciones de la Amazonia (Inpa, sigla en portugués). Su interés en el país es más que académico. Uno de sus sueños es mudarse algún día a Brasil, especialmente a Río de Janeiro. “Sueño en portugués”, dice Moran, quien dejó Cuba a los 14 años de edad. Lea a continuación los principales tramos de la entrevista que le concedió a Pesquisa FAPESP:

Yo empezaría preguntándole lo siguiente: ¿cómo plantearle al público los problemas ligados a los cambios climáticos globales sin que el tema parezca irremediablemente aburrido, de interés únicamente para expertos? ¿Cómo introducir en el debate una dimensión más claramente humana, social, capaz de sensibilizar a la sociedad al respecto de este tema?
Yo creo que el punto de partida debe ser hablar de cómo el clima afecta y siempre ha afectado la vida de toda la gente. Cuando alguien sale al la mañana, al llegar a la puerta ya tiene que enfrentar el clima. Puede estar lloviendo o no, puede hacer calor o frío. Y de entrada eso influye en el modo en que la persona se viste, en la decisión de salir o no salir ese día. Actualmente se habla mucho del calentamiento global, pero, a decir verdad, en términos de cambios climáticos globales no es eso lo más importante. Porque ese calentamiento global tiene una media muy baja, se espera un incremento de la temperatura de pocos grados, 3, 4 ó 5 grados durante los próximos 90 años. Y eso en los peores escenarios del IPCC [siglas de Panel Internacional sobre Cambios Climáticos, en el original inglés].

¿Y qué es entonces lo más importante?
Son los cambios extremos de clima, que seguramente vamos a tener y que van resultar en diferentes experiencias para las personas. En cualquier lugar del mundo, en un área específica, la alteración puede ser de 10 ó 15 grados para arriba o para abajo. Esos cambios ya están en marcha. Sabemos, por ejemplo, que El Niño se da ahora con más frecuencia. Antes aparecía cada 20 años, cosa así, ahora ese intervalo ha bajado casi a cinco años y algunas personas dicen que surgirá en intervalos de entre tres a cuatro años pronto. En diferentes partes del mundo, como la Amazonia y otras áreas tropicales, va a haber sequías con más frecuencia, más fuegos descontrolados… En otras áreas, como Río Grande del Sul, va a haber más lluvias devastadoras… Por eso las temperaturas medias no traducen el problema. Me acuerdo de una discusión con una climatóloga de la ciudad de Belém (estado de Pará). Le informé que los colonos decían que se podía ver, al cabo de 20 años de deforestación, una caída en las precipitaciones. Y ella me respondió: “Eso no cierto”. Entonces salimos a recabar esa información en el archivo y pudimos ver que, en el promedio de años, la lluvia incluso había aumentado, pero según los datos diarios quedaba muy claro que había habido un gran cambio: antes no se registraba un solo mes con menos de 100 milímetros de lluvia y ahora, a menudo, durante dos, tres o cuatro meses se observaba casi cero de lluvia. En el año había casi 100 milímetros más, pero había más lluvias  que antes en la época lluviosa y casi nada durante el período seco.

Es decir, había una irregularidad mucho mayor en la distribución de las lluvias.
Exactamente. Y eso afecta a la agricultura seriamente. Y esas divergencias de precipitación pluviométrica van a aumentar. En todo el mundo. Y en diferentes partes del país de diferente manera.

Pero, ¿quiénes son efectivamente los grandes villanos de estos cambios globales que se verifican?
Bueno, hay una serie de gases que se emiten, calientan la atmósfera y crean ese calentamiento. El dióxido de carbono es el principal, pero existe también el metano, que viene de los fertilizantes, por ejemplo, y otros -pero esos son los principales. Y está el problema de la capa de ozono, que ahora más o menos se ha estabilizado…

¿Y qué actividades humanas están más vinculadas a las emisiones que provocan esos cambios climáticos globales?
La principal a nivel global es el uso de combustibles fósiles, sin ninguna duda. Existe lógicamente una variación entre países. En Brasil, la contribución de la deforestación es enorme, no sé exactamente en qué proporción, pero es casi igual o mayor que la emisión de los combustibles fósiles. Sin embargo, toda esta historia con sus villanos empezó ya en la Edad Media, con la agricultura en Europa, con los monasterios y los curas de los monasterios talando áreas para la agricultura. Europa entera fue deforestada.

Y así se llegó a la destrucción de los bosques europeos.
En mil años terminaron con las selvas de Europa. De ellas restaron únicamente unas pocas manchitas originales. Luego vino la fase de destrucción de las selvas de Estados Unidos, en el siglo XIX. En Indiana, donde vivo, había un 94% de bosques, y en un siglo esa superficie se redujo al 6%. Fue lo mismo en Ohio, Pensilvania, Nueva York… La gente llegó, colonizó, deforestó todo, quedaron solamente unas manchitas donde era más difícil el acceso. Y la cosa siguió así. Al final del siglo XIX, hubo una cierta detención económica en la agricultura, una transición hacia la actividad industrial; las ciudades empezaron a absorber gente que salía del campo, y las propiedades rurales que no eran muy bien manejadas, no eran muy económicas ni tenían buena producción, y empezaron a fundirse. En los años1930 entró en escena la gran depresión económica que terminó con esas haciendas. La gente las abandonó y los gobiernos empezaron a tomarlas para crear reservas forestales.

Es decir, en ese momento hubo una cierta reforestación.
Sí. Al final del siglo XIX el área de selvas se redujo al 6% de lo que había originalmente y en estos momentos se ubica en un 24% en Indiana, y hay otros estados en que es el 40% de la original, en la región de Nueva York.

Siguiendo esa perspectiva histórica, la deforestación se intensifica en América del Sur y en América Central durante la segunda mitad del siglo XX, ¿no es cierto?
Exactamente. Todo empieza con la expansión económica mundial promovida por economías como la de Estados Unidos, cuando se intensifica la industrialización, cambian los patrones de la agricultura, que se mecaniza siempre más, y se empiezan a usar más combustibles fósiles en la producción de energía. El mundo entero ingresó en una fase de crecimiento económico rápido, pero un crecimiento que favorecía a unos y desfavorecía a otros.

Los problemas de la deforestación en Brasil a decir verdad empiezan en el Bosque Atlántico…
Que casi se ha terminado también, ¿no es cierto? Se ubica en la misma franja del 6% ó el 5%…

La deforestación de Selva Amazónica es un problema más reciente. Pero antes de eso, ¿cómo se encuadra en ese razonamiento más global la cuestión de las selvas tropicales africanas y la cuestión de las selvas de Asia?
Bueno, las selvas africanas y las de Asia casi se han terminado también. Y la gran preocupación de mucha gente que trabajó en esas áreas y las conocen bien, como una colega mía que trabajó durante casi 20 años en Sarawak, Indonesia, y ahora se mudó a la Amazonia, es que las compañías de Malasia, que son los grandes madereros que terminaron con la selva allá, están yéndose a la Amazonia. Y si entran sin el control del gobierno, sin límites, sin áreas de protección ambiental bien protegidas, puede suceder en Brasil lo mismo que en Asia, porque esas compañías son devastadoras. Terminaron con la selva en Sarawak, incluso en áreas de difícil acceso. Eso es preocupante.

¿Y qué se puede hacer para evitar su acción dañina?
Hay una teoría, muy utilizada ahora en algunos círculos, según la cual si un lugar que tiene muchos bosques se vuelve accesible, la población humana entrará allí para usar esos recursos forestales. El gobierno es el principal actor en esa escena. Incentiva el acceso a un área antes inaccesible de selva para incorporar su riqueza a la riqueza nacional. En el caso de Brasil, se construyeron carreteras con la intención de integrar la Amazonia al resto del país, y ese movimiento vino seguido por los madereros, las empresas del área de minería, en definitiva, hubo un frente de colonización, luego seguido por otras oleadas económicas. Pero el objetivo principal fue dar acceso y crear las condiciones para que la gente entrase en la selva.

Al hablar de la Amazonia, estamos ubicándonos de los años1970 hacia acá. En el caso del Bosque Atlántico, es muy diferente: son siglos.
Sí, en el Bosque Atlántico la deforestación empezó en 1500, pero se aceleró mucho en la misma época, en los años1960, a comienzos de la era militar. Hubo un programa del gobierno dedicado al crecimiento económico, con una  estrategia de incorporación, cuyo lema era “Integrar para no entregar”, ¿se acuerdan? Había una mentalidad en aquel momento en América Latina que indicaba que sin una política de ocupación de esas áreas serían entregadas a otros. Y no solamente en Brasil. Los gobiernos de Perú y de Bolivia tenían programas idénticos de integración nacional.

Esto queda claro con relación a la Amazonia, pero en lo que se refiere al Bosque Atlántico, ¿qué tienen que ver las políticas de ocupación de territorios vírgenes en aquellos años con la aceleración de la deforestación? Al fin y al cabo estaba allí en el litoral, bien integrada a las áreas de ocupación más antiguas del territorio brasileño.
En ese caso se trata de efectos del desarrollo económico, industrial. Con el aumento significativo de la riqueza en el país, muchas personas pasaron a estar en condiciones de poseer una segunda casa en el campo o en la playa, y para ello se ofertaron tierras antes cubiertas por el Bosque Atlántico.

El discurso actual del gobierno brasileño sostiene que no existe ningún tipo de incentivo oficial para la ocupación de la Amazonia. Y de hecho, como política de gobierno, nada es igual a lo que había en la época del régimen militar. Sin embargo, la deforestación sigue a veces a ritmo acelerado, a veces un poco más lento, pero lo que se dice es que hay allí un movimiento de expansión económica que funciona naturalmente, sin ningún tipo de incentivo, y no se logra detenerlo. ¿Le parece que es así, no existe una manera de detenerlo?
Pienso que en esta cuestión aún hay alguna influencia de aquella ideología del gobierno militar. Mire, esa ideología llamaba a la nacionalidad, a la noción de que esa área grande de Brasil pertenecía y debía seguir perteneciendo al país. Y existe un compromiso de asegurar que toda esa área de la Amazonia quede en manos de los brasileños. En este punto, la ideología sigue siendo un factor que influye en la política de todos lo gobernantes de Brasil y de todos sus sectores sociales y políticos. Ahora bien, es cierto que ya existen actores con poder y dinero como para actuar independientemente del gobierno inclusive. Las madereras de Malasia están interesadas en aquella área y tienen conexiones y dinero como para influir en la política que les afecta. Igualmente, los empresarios de São Paulo pueden influir en la política de créditos para la Amazonia. Se dice que gran parte de la inversión allí es para la agricultura, pero se está yendo hacia la ganadería. Y ahí se ve que eso tiene una vida propia, la deforestación sigue, y la presencia del gobierno… desafortunadamente sigue siendo una ausencia. Solamente se registra una presencia mayor cuando sucede un desastre como el asesinato de la monja Dorothy Stang. Entonces sí, llegan veinte mil soldados, se quedan durante un mes o dos, y después se van. Las cosas van a seguir así hasta que la sociedad civil se torne más consciente de que la riqueza de la Amazonia sería más aprovechable en el futuro que en el presente, por ejemplo, con la explotación farmacológica de su biodiversidad, con su valor en términos de protección climática, de protección de las aguas… el agua es el probable objeto de una gran crisis futura, y eso es una posibilidad para Brasil y la Amazonia. Ésta es una cosa que debe estudiarse mejor, para que se pueda manejar mejor y ganar más dinero con los recursos de la Amazonia. Con la devastación se derrocha la mayor parte de sus recursos.

Existe actualmente una comprensión limitada del verdadero potencial de esos recursos.
Sí, ¿y cómo puede cambiarse eso? A través de políticas que valoren la visión de largo plazo. Pero los gobiernos cambian cada cuatro, cinco, seis años; es corta la visión del político, quizá más que la de los grandes empresarios aferrados solamente al ahora.

¿Cómo mantener ante los problemas anunciados una visión no apocalíptica del futuro con relación a los cambios climáticos globales en el planeta y acá en Brasil en particular?
Yo no soy pesimista porque creo que da para ver cambios en la manera de vérselas con los problemas. Con relación a la propiedad, por ejemplo, ya he demostrado en mis trabajos que los colonos aprenden en 20 años a proteger la selva, a dejar una buena mancha de selva en cada propiedad e incluso a dejar que la selva vuelva sobre áreas menos productivas. El problema es que se siguen abriendo carreteras. El programa “Avanza, Brasil” [del segundo gobierno del presidente Fernando Enrique Cardoso] fue un ejemplo de propuesta muy similar a la de los años1970. En aquella época se hablaba de la Perimetral Norte (una carretera situada a lo largo de la frontera brasileña destinada a facilitar el movimiento militar y proteger Brasil de las invasiones de países vecinos), que fue abandonada a causa de la crisis del petróleo de 1973. En el “Avanza, Brasil” yo vi la Perimetral Norte de nuevo, pero más extensa aún. Por eso creo que sigue habiendo la misma ideología, es decir, la idea de que para proteger la Amazonia hay que construir esa carretera. Pero al hacerlo se produce una apertura para la población que está sin recursos, sin tierra, y para los especuladores también. Y el mayor problema de la carretera no es dejar que las personas entren, sino dejar que los recursos salgan. Recursos que no quedan en manos de la gente de ahí, sino que se van afuera y se pierden. Y entonces, ¿quiénes se benefician con esa inversión del gobierno? Ésa es una de las grandes preguntas. Quien se beneficia no es el pueblo: en el transcurso de los años que hemos investigado en la Amazonia, nunca observamos, ni en el suelo ni en el espacio, vía satélite, más de un 4% del área dedicada a la agricultura alimentaria en la Amazonia. La mayor parte corresponde a áreas de pastoreo con menos de una vaca por hectárea. Algunas veces incluso menos. ¿Ése es un buen aprovechamiento, tomar una hectárea de tierra, que tenía 280 especies vegetales -una cantidad inimaginable de recursos farmacéuticos y de recursos de alimentación para  la gente-, destruir todo y poner una vaca? Una vaca flaca, por cierto, pues en la región amazónica las vacas son flacas, con carne que no es de buena calidad. Es eso lo que se esta haciendo en la mayor parte de la Amazonia.

En su conferencia en la FAPESP usted abordó algunos mitos ligados a la cuestión ambiental. Uno de ellos sería que el “crecimiento poblacional resulta en intensificación agrícola”, cosa que la realidad, según su análisis, desmiente. Yo querría que usted se refiriera un poco a ello.
A nivel global la correlación es posible, pero a nivel local no. Porque hay otros factores que influyen más que la intensificación agrícola. ¿Cuáles? Por ejemplo las políticas del gobierno con concesiones de crédito que facilitan la intensificación. Nadie intensifica la agricultura a menos que se vea obligado por el hambre o cuando se lo incentiva a sustituir el cultivo manual por el cultivo con tecnología. Y eso está faltando en la Amazonia, donde el crédito va a parar al productor ganadero. Casi todo el crédito rural para el pequeño productor en la Amazonia va a la deforestación, cosa que ya demostré en varias áreas de estudio. No existe hasta ahora una forma de proveer tecnología que facilite el uso más intensivo de la tierra para reducir la deforestación. Es más fácil deforestar una gran área, poner ganado en ella, esperar que suba el precio de la tierra… porque el problema es que la tierra es gratis en la frontera, y solamente con el tiempo va adquiriendo valor. El pequeño productor invierte en su cultivo y dentro de 10 ó 20 años, le vende su propiedad al gran productor, pues allí hay pasturas, que es lo que el gran producto quiere.

Pero insistiendo en los mitos…
Mire, sobre la cuestión de la población es necesario considerar lo siguiente: cuando la población aumente en el área rural, si no hubiera otra opción, la única salida será la tecnología de intensificación de la agricultura para producir la comida necesaria. Pero en muchos casos lo que sucede es otra cosa. Es decir, si existe la opción de migración del área rural al área urbana porque tiene empleo en la ciudad, se vacía el campo, y entonces existen dos caminos: se intensifica lo extensivo o se intensifica con tecnología, que es lo que está sucediendo con mayor frecuencia en el mundo. Sucedió en Estados Unidos, está sucediendo en Brasil también. El campo se vacía, la gente vende la tierra, entra el capital y existe la posibilidad de producir soja y arroz para el mercado mundial. La cuestión es hasta qué punto existe empleo en el área urbana. Muchas veces la gente del área rural va a una pequeña ciudad cercana. Esos poblados crecen y se produce un proceso de concentración urbana. Pero falta desarrollo industrial en las ciudades pequeñas e incluso en las grandes.

Hay factores que influyen de los cambios globales en marcha que pasan a lo largo de las selvas y tienen que ver con la producción de aerosoles, gases, etc. En las ciudades, en las áreas de densidad acentuada. Quería aprovechar para preguntarle lo siguiente: ¿cómo investigar esos cambios sin quedar sujeto solamente a los datos del clima, de la extinción de las especies, las aburridas proyecciones llenas de números, e introduciendo allí con fuerza y claridad cuestiones relativas los cambios poblacionales y los cambios sociales? En síntesis, ¿cómo hacer que esa investigación de los cambios globales se convierta en un tema legítimo para antropólogos, sociólogos, científicos políticos, filósofos etc., como de hecho lo es?
Vea, tenemos que crear preguntas integradas, que tengan que ver con la interacción entre la población y los factores climáticos. Por ejemplo: ¿cómo actúa la sociedad en términos de uso de energía? Tomemos el caso de los hoteles, en Brasil y en otras partes del mundo, que ya instalaron en todos los pasillos sensores de movimiento. Las luces se apagaron, y cuando una persona sale de un cuarto aparece solamente un punto de luz justo arriba del lugar en el que ella se encuentra. O si la persona camina por la derecha, las luces empiezan a encenderse del lado derecho y luego se apagan. Bueno, no se ha hecho un estudio sobre si es rentable o no instalar esos sensores, sobre el costo-beneficio de esa tecnología… En definitiva, hablo de comportamiento, de cambios culturales, de economía. En ese caso, el comportamiento con relación a la luz, a la energía, un factor importantísimo en las emisiones de gases calefactores, ¿pues esa energía viene de dónde? Del uso de combustibles fósiles.

Acá en Brasil la matriz es un poco diferente.
Sí, lo sé. La mitad de la energía es hidroeléctrica. Pero es lo mismo. Piense en el costo de una hidroeléctrica, en la inversión, en el costo enorme de la biodiversidad, en las inmensas áreas perdidas… Algo debe hacerse para que ese sistema funciona: es entonces que se queman combustibles fósiles. La cuestión es siempre conservar energía lo más posible. Veamos el caso del uso del automóvil: hay que pensar en un diseño urbano en el cual la gente de nuevo pueda ir caminando a hacer sus compras, en lugar de ir con un coche enorme a Carrefour. Esto cambia también el patrón de empleo. El pequeño comercio del barrio de la gente crea más empleos que aquel lugar enorme…

A decir verdad, usted se refiere a todo un cambio de mentalidad.
Y de comportamiento.

Pero insisto en lo siguiente: ¿cómo hacer, en términos prácticos, para que en los estudios científicos sobre los cambios globales haya un abordaje integrado de estas cuestiones ligadas al comportamiento, a la mentalidad, etc., con aquéllas vinculadas a la física, la química y biología que las investigaciones ambientales y climatológicas siempre involucran?
Pienso que actualmente en Europa, Estados Unidos, por ejemplo, existe una  aceptación en el ámbito de las ciencias ambientales en el sentido de que es preciso incluir la parte socioeconómica, la parte humana, en la investigación de clima y el cambio global. Hay programas apoyados por la NSF [Fundación Nacional de Ciencia de Estados Unidos] que hace diez años siguen esa orientación. Nosotros, por ejemplo, en un proyecto específico, escogíamos tres ecosistemas en 12 países, para comparar esa relación entre población y selva. Y era un proyecto que recibió muchos recursos para investigación. Esa investigación de seguimiento integrado prosigue y los programas han aumentado.

Usted podría hablar un poco de su participación en estos estudios pioneros que integraron ciencias exactas, biológicas y sociales?
A decir verdad, fueron los científicos del clima quienes vinieron hacia las ciencias sociales en 1988, en el marco de un movimiento internacional con base en Estocolmo. La invitación partió de ellos pues se dieron cuenta de que los modelos globales de clima eran muy lindos, pero con ellos no se podía cambiar el comportamiento que estaba detrás de ese cambio climático. Ellos sabían que el cambio era antropogénico, antrópico, como se dice más en Brasil.

En términos institucionales, ¿de quién fue la iniciativa en 1988?
Fue del Programa Internacional de la Geosfera-Biosfera Atmósfera, un comité de coordinación científica del cual ahora [el investigador brasileño] Carlos Nobre es el chairman. Los cientistas sociales invitados eran de una organización con sede en París. Ellos sugirieron a otros grupos que se movieran para aprovechar la oportunidad de interactuar con climatólogos, geólogos, etc. Comenzaron programas en varios países y se creó el Programa Internacional de Dimensiones Humanas. Tenía su sede en Suiza, en Ginebra, y después se trasladó para Bonn, Alemania.

Siguiendo en ese ámbito de los cambios sociales versus los cambios climáticos, usted se refirió en sus conferencias a futuras adaptaciones, cambios de cultivos, por ejemplo, que ciertamente habrán de darse en el mundo. ¿Se trata entonces de convencer a los empresarios y agricultores a sustituir sus plantaciones debido a la cuestión del cambio climático?
Sí, es algo inevitable. Si determinado cultivo no crece en dadas condiciones de lluvia y temperatura, no se puede plantar eso. Y si quieren plantarlo, van a tener que irse más al sur, comprarle la tierra al otro. Pero llega un punto en que ya se ha alcanzado la frontera, está Uruguay ahí, es el sur de Brasil, ¿y entonces? Hay un problema económico y un problema político muy serio.

Y usted ve eso ocurriendo a escala mundial.
Sí, hay un modelo climático en Estados Unidos que ya muestra que la frontera del maíz va a tener que mudarse unos tres grados de latitud en dirección al norte.

Y la ciencia debe ayudar con algunos modelados que brinden sustento a los planificadores de políticas. Pero usted decía que acá tenemos problemas con los modelos para las áreas tropicales.
En parte, más para la región amazónica. En São Paulo la información sobre el clima es excelente. En tanto, en la Amazonia, en centenares de kilómetros no hay una estación meteorológica. Pero la ciencia puede ayudar mucho más. Puede sugerir que en determinado régimen de lluvia, de temperatura, la mejor opción agronómica es x o y. Y entonces entra en acción Embrapa. Ahora bien, ¿eso tiene mercado? Allí entra el economista. A decir verdad, la mayor parte de la alimentación se restringe mucho aún en términos especies, y hay un montón de otras cosas que ya se investigaron, buenas comidas para el futuro de la humanidad que aún figuran únicamente en los libros de ciencia.

Usted vislumbra efectivamente el mundo en proceso de cambio: el clima, la geopolítica, el comportamiento, la dieta…
Por supuesto. Porque, ¿si no cambia con el cambio climático, entonces cuando cambiará este comportamiento? Creo que quien no cambia y no se adapta a los cambios, desaparece. Hay muchos ecólogos radicales que dicen “yo no me preocupo, porque el mundo va a continuar”. A veces agregan “sin la humanidad”. Porque si ella no se adapta a los cambios, si no reconoce con antecedencia esa situación, no va a sobrevivir. Ahora bien, tenemos interés, como especie de este planeta, en sobrevivir, ¿no es verdad? Entonces tenemos que pensar de manera creativa cómo mudar, dónde cambiar. Tenemos una característica de no cambiar más que lo necesario. Y ya hemos hecho una inversión tan grande en cultura, en economía, en infraestructura, que no queremos cambiar más allá de lo necesario. Lo que se pretende saber con alguna certeza es cuál es el cambio necesario. Ahí está el problema, en este momento. Hay divergencias todavía en la investigación… Pero tenemos que actuar.

¿Cómo ve la cuestión planteada por Carlos Nobre, durante su conferencia en la FAPESP, de que el futuro de la humanidad es incompatible con el hábito de comer carne, de andar en automóvil…? ¿No suena un tanto exagerado?
A lo mejor, pero creo que es punto importante ése. Si vivíamos bien sin el coche antes, ¿por qué ahora es tan esencial? Porque hemos creado sistemas de asentamiento urbano que dificultan el transporte. Podemos crear situaciones que favorezcan el uso de los pies también. O la bicicleta… En Dinamarca, en Suecia, todo el mundo anda en bicicleta, hasta los viejitos de 80 años. Y tiene preferencia ese modo de transporte en las ciudades. Muchas cosas son posibles.

¿Cómo ser optimista en ese sentido cuando el país que más produce emisiones nocivas se mantiene en una posición sumamente conservadora, sin admitir de ninguna manera adherir a los protocolos globales de reducción de emisiones? Y estamos hablando del país que es el líder de la economía mundial.
Soy un gran crítico de esa postura de Estados Unidos. Esto está ligado a un gobierno. Sería distinto si el presidente fuera Al Gore. Y todo puede cambiar dentro de dos o tres años. Existe un fuerte movimiento conservacionista en Estados Unidos también.

Volvamos a los cambios en el modelo económico, en el modelo social, cambios en la cultura contemporánea que usted vislumbra.
Mire, el comportamiento actual no se sostiene y terminará con el planeta, seguramente. Por eso tenemos que crear opciones… Por ejemplo, la India está en un momento fundamental. Será el país más populoso del mundo dentro de 30 años. Va pasar a China. La India tiene cultivos tradicionales, no consumistas, muy conservadores. Pero también tiene un movimiento rapidísimo hoy en día de consumo loco, descontrolado. Entonces éste es un momento de lucha cultural en la India entre los cultivos tradicionales, que muchos denominarían atrasados, y la nueva clase media, que quiere consumir todo lo que no tuvo hasta ahora. Si la India optara por el modelo americano, y China también, se acabaría el planeta. Nadie sabe lo que va ocurrir con el triple del CO2 del que tenemos hoy. Tenemos modelos para el doble, lo que va suceder seguro. El triple es probable, debido a la falta de atención de los grandes países como Japón y Estados Unidos, en lo que hacer a cambiar el comportamiento.

¿Qué escenario eso proyecta?
Si no hacemos nada, una gran parte de la Antártida se va a derretir. El nivel del mar va a subir, la mitad de Florida quedará sumergida, cosa que en términos económicos es algo enorme. Londres olvídese. Manhattan también será inundada. Sería un desastre económico, porque la mayor parte de la riqueza del mundo en todos los países está en la costa. Si el comportamiento no cambia, ése será el futuro. Si en 40 años no cambiamos nada, existe una gran posibilidad de que el patrón de mezcla de agua fría y caliente en los océanos, que mantiene la temperatura mundial, se rompa como ya sucedió hace miles de años, con lo cual se enfriarían algunas partes del mundo y se calentarían otras. Este tipo de cambio puede suceder nuevamente. Tenemos que empezar a cambiar ya. Es más, ya deberíamos haber empezado.

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