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Genética

Recuerdos fugaces

Ratones domésticos con alteración genética sufren pérdida de memoria semejante a la del Alzheimer

El 14 de diciembre de 2004 salió del laboratorio de la bioquímica Vânia Ferreira Prado, en la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), el primer lote de un grupo especial de roedores: ratones domésticos genéticamente alterados para que no aprovecharan con eficiencia la acetilcolina, uno de los mensajeros químicos responsables por la transmisión del comando de una célula nerviosa a otra. Desarrollados por Vânia y su marido, el farmacéutico Marco Antonio Prado, los roedores fueron a parar al laboratorio del neurocientífico Iván Izquierdo, en la Pontificia Universidad Católica de Río Grande do Sul (PUC-RS), donde pasaron por una serie de exámenes de memoria.

Incapaces de liberar rápidamente la acetilcolina que fabrican, estos ratones domésticos presentan problemas de memoria y debilidad muscular. Ellos no reconocen objetos ni a otros roedores a los que fueron presentados minutos antes. También resisten menos al esfuerzo físico: caen exhaustos después de  cinco minutos de carrera, mientras que los ratones normales consiguen correr en una estera durante casi una hora, como mostraron experimentos hechos por los grupos de  Izquierdo y de la pareja Prado, descriptos en un artículo de la edición de septiembre de la revista Neuron. “Logramos producir animales que pueden ayudar a entender de modo más preciso la importancia de la acetilcolina para el funcionamiento del organismo”, afirma Marco Antonio.

Desde que el médico y farmacólogo alemán Otto Loewi constató en 1921 que la acetilcolina -el primer neurotransmisor identificado, formado a partir del ácido acético y de la colina- actuaba en la comunicación entre las células nerviosas, se intenta descubrir cómo y en cuáles procesos fisiológicos ella actúa. Se sabe, por ejemplo, que la carencia de acetilcolina dificulta el aprendizaje y perjudica la formación de la memoria, pero no se conocen los detalles. “Existen indicios de que ella ayude a mantener la concentración, esencial para el registro de informaciones”, dice Marco Antonio.

Otros modelos
Fuera del sistema nervioso central, ese neurotransmisor actúa en la comunicación entre nervios y músculos o entre nervios y glándulas, como las suprarrenales, productoras de la hormona adrenalina. “Nuestros ratones domésticos”, dice el investigador de la UFMG, “podrán ser útiles para  probar medicamentos contra la pérdida de la memoria vinculada a la reducción de los niveles de acetilcolina y a debilidad característica de algunas enfermedades  musculares (miastenias)”.

No es la primera vez que se crían roedores genéticamente alterados para simular los efectos de la carencia o de la dificultad de aprovechamiento de la acetilcolina -y se usan como modelo biológico del mal de Alzheimer. Hay animales que producen y liberan tasas normales de acetilcolina, pero no consiguen aprovecharla porque les faltan las moléculas a las cuales el  neurotransmisor se adhiere para accionar las células nerviosas. Los ratones criados por Vânia y Marco Antonio, en alianza con investigadores de la Universidad de Duke, Estados Unidos, son diferentes: producen acetilcolina normalmente, pero no la utilizan de manera adecuada pues su liberación es menos eficiente que lo necesario.

Marco Antonio apuesta que ese desfase en la liberación de la acetilcolina esté asociado a los efectos del mal de Alzheimer sobre la memoria. “Algunos investigadores que estudian el mal de Alzheimer se preocupan con la enzima que produce la acetilcolina”, dice el farmacéutico de la UFMG, “pero esa enzima puede existir en cantidad menor y aún así el animal producir tasas normales del neurotransmisor”. Ya la liberación reducida de la acetilcolina altera el comportamiento físico y mental de los ratones domésticos. Además de esos animales que liberan acetilcolina más lentamente en el sistema nervioso central y en los otros nervios del cuerpo, la pareja de Minas Gerais ha generado un otro linaje de ratones que manifiesta ese efecto sólo en el cerebro.

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