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Difusión

Al alcance de todos

El acceso libre a artículos científicos cobra fuerza y cambia la estrategia de las editoriales

Cobra fuerza en los ámbitos académicos y editoriales del mundo entero la idea de que los artículos científicos, sobre todo los que son producto de inversiones públicas, tienen que estar disponibles en el medio electrónico, sin el cobro de tasas ni derechos del autor. Esta tesis se remonta a los años 1990, cuando despuntaron acciones de investigadores e instituciones en defensa de la democratización del conocimiento, pero conquistó los contornos actuales en el 2003, con el lanzamiento de la Declaración de Berlín y de la Declaración sobre el Acceso a los Datos de Investigación con Fondos Públicos, endosadas por organizaciones como el Instituto Max Planck, de Alemania, y el Centro Nacional de Investigación Científica de Francia, además de academias de ciencias de 70 países.

Al principio, la iniciativa parecía utópica y sonaba como de difícil aplicación en un sistema de comunicación científica en el cual las grandes editoras controlan las revistas más prestigiadas y retienen el copyright sobre los artículos. Al final, fue la propia comunidad académica internacional la que consagró el modelo en el cual cabe a las editoras apreciar, por medio de la evaluación de pares, el contenido de los artículos sometidos a publicación y certificar su relevancia. Con todo, con el advenimiento de internet pudieron surgir alternativas a ese modelo. Y el acceso abierto se reveló útil no solamente para los consumidores de información, sino también para los autores, que consiguen aumentar la visibilidad de sus textos.

Varias editoriales encontraron los medios para adaptarse y sobre todo, de no perder dinero.   La editorial de la Universidad Oxford, por ejemplo, creó en julio del 2005 un modelo híbrido en sus publicaciones, según el cual los investigadores pueden optar por publicar sus artículos según el patrón habitual, con acceso restringido a los suscriptores durante un determinado período de tiempo, o sino con acceso inmediato en internet, pagando una cuantía extra a la editorial por ello. La experiencia se aplicó en 36 de los 49 títulos publicados por la editorial. “La aceptación fue mayor en áreas como las ciencias de la vida, donde parece haber más dinero para invertir en acceso abierto”, dijo Claire Bird, editora sénior de Oxford Journals, la división de publicaciones científicas de la institución. Tres de esos títulos, en las áreas de biología molecular y biología computacional, llegaron a tener un 20% de los artículos publicados en acceso libre. En otras áreas, el desempeño fue menos significativo. En revistas de medicina y salud pública, el 5% de los autores optaron por el acceso libre. En las publicaciones de las áreas de humanidades y ciencias sociales, el índice fue del 3%. En la media general, 10% de los autores optaron por el esquema de libre acceso. La Universidad Oxford no está convencida de que tal modelo vaya a tornarse universal. Pero continuará ofreciendo el servicio híbrido. Tan es así que los valores de las suscripciones y de la cuantía extra para publicación online se reajustarán en 2007 en las revistas donde el esquema fue más solicitado, para compensar la reducción de los ingresos.

Hoy ya se cuentan 2,5 mil publicaciones científicas de acceso abierto en el mundo. Solamente alrededor de dos centenares de éstas pertenecen a la base de datos Thomsom ISI, entidad estadounidense que indexa 8,7 mil periódicos científicos considerados los mejores del mundo y produce indicadores sobre el impacto de esas publicaciones. La comparación de las revistas de acceso abierto con los restantes 8,5 mil periódicos y revistas revela, en primer lugar, que es infundada la idea de que publicaciones de acceso abierto, por estar fuera del esquema riguroso de las grandes editoriales, serían necesariamente menos consistentes. “Sólo entran en nuestra base publicaciones que proporcionan información de alta calidad para el uso de los investigadores”, dijo James Pringle, vicepresidente de Thomsom ISI. “Si publicaciones de acceso abierto satisfacen esa condición, se las admite. Si no, se quedan afuera.”

Algunas publicaciones de la base Thomsom ISI experimentaron aumento en su factor de impacto -que equivale al número de citas que sus artículos tuvieron en otros periódicos- después de que se tornaron de acceso abierto. Un estudio llevado a cabo por Rogério Meneghini, profesor jubilado del Instituto de Química de la Universidad de São Paulo y coordinador científico de SciELO, la biblioteca electrónica brasileña de acceso abierto, analizó  la trayectoria de siete títulos que participan tanto de SciELO como de la base Thomson ISI. Meneghini observó que, entre 1998 y 2004, los factores de impacto de esas revistas crecieron en promedio 2,15 veces. La experiencia de la SciELO muestra que el acceso abierto también ayuda a dar visibilidad a la investigación hecha en un mundo en desarrollo.  La biblioteca, mantenida por el Centro Latinoamericano y del Caribe de Información en Ciencias de la Salud (Bireme), la FAPESP y el CNPq, ofrece en internet 158 publicaciones científicas, la mayoría en portugués, que resultan en alrededor de 6 millones de consultas por internet por mes. Su colección se convirtió una de las diez fuentes de información más visitadas por los usuarios del Google Scholar, herramienta del Google especializada en investigación académica.

Un conjunto de investigadores se viene inclinando a favor de la tarea de comparar el desempeño de las publicaciones de acceso abierto y las franqueadas solamente a suscriptores. “Aún no hay conclusiones definitivas, pero los datos disponibles sugieren que hay ventaja a favor del modelo de acceso libre”, explica Rogério Meneghini. Las estadísticas más elocuentes son de un estudio del británico Timothy Brody, profesor de la Universidad de Southampton. Éste indica que publicaciones de acceso abierto siempre tienen un impacto mayor. En el caso de los artículos en el área de biología, hay un 49% más de citas  en el acceso abierto. Ya en los casos de letras y lingüística, treparía al 1.236%. Los datos se obtuvieron con base en el impacto de artículos publicados en revistas de acceso libre o solamente para suscriptores de la base Thomsom ISI.

Gunther Eysenbach, de la Universidad de Toronto, Canadá, monitoreó el número de veces que 1.492 artículos publicados en el periódico electrónico Proceedings of the National Academy of Sciences fueron citados en estudios posteriores. El periódico sigue aquel modelo híbrido adoptado por la editora de Oxford. El contenido es únicamente para los suscriptores. Pero los autores pueden tornar sus artículos disponibles gratuitamente en internet, si pagaran por eso. Del total de artículos estudiados, una parte tenía acceso abierto y la otra parte no. Eysenbach constató que los de acceso abierto fueron citados dos veces más que los otros papers en el período de cuatro a diez meses después de su divulgación. En tanto, James Testa, director editorial de la Thomsom ISI, puso en duda la eficiencia del acceso libre al mostrar, con base en el desempeño de un conjunto de periódico del área de farmacología, que los de acceso abierto no fueron capaces tan siquiera de tener una repercusión más rápida que los demás. En ambos grupos, la proporción de citas en los tres años siguientes a la publicación evolucionó en un mismo ritmo.

La promesa de dar mayor visibilidad a un artículo científico o amplificar su impacto explica solamente en parte el crecimiento del modelo de acceso libre. El hecho es que el movimiento creado en 2003 también viene obteniendo importantes victorias políticas. En Estados Unidos, la Cámara de Representantes, como es llamada la Cámara de Diputados, aprobó recientemente una ley mediante la cual toda la investigación financiada con dinero federal en el país debe obligatoriamente estar disponible al público, ya sea en periódicos de acceso abierto o en repositorios de investigadores o instituciones. La ley aún aguarda la media sanción del Senado. La presión incentivó a un número creciente de revistas a cambiar de modelo. Plant Physiology, editada desde 1926 por la American Society of Plant Biologists (ASPB), pasará a ser de acceso abierto a partir de enero del 2007 -y sin cobrar ninguna tasa adicional a los investigadores. Se trata de una de las más citadas revistas de botánica del planeta. De la misma forma, el Journal of Nuclear Medicine y el Journal of Nuclear Medicine Technology, publicados por la Society of Nuclear Medicine, anunciaron en septiembre que sus artículos estarán disponibles gratuitamente, aunque solamente 12 meses después de la publicación. Nuevas publicaciones de acceso abierto están surgiendo con gran frecuencia. La Public Library of Science (PLoS), organización que publica los periódicos de acceso abierto PLoS Biology y PLoS Medicine, anunció en septiembre el lanzamiento de un nuevo título, abocado exclusivamente a las enfermedades tropicales olvidadas por la investigación de los grandes laboratorios y de los países desarrollados. En el Reino Unido, surgió en agosto el Open Acess Central, que pone disponible en internet el contenido de decenas de revistas de biomedicina y química.

Legitimidad
La investigadora Suzana Pinheiro Machado Mueller, docente del Departamento de Ciencia de la Información de la Universidad de Brasilia (UnB), asevera que las iniciativas de acceso abierto van abriendo un camino que las conduce a la legitimidad. Pero recuerda que la expectativa de los precursores del movimiento de acceso libre aún no se ha concretado. “Así como los utopistas del Renacimiento, algunos soñaron con un nuevo sistema de comunicación, en el cual el acceso a todo el conocimiento científico sería universal y sin barreras”, escribió Suzana en su artículo “La comunicación científica y el movimiento de acceso libre al conocimiento”.

La génesis del movimiento de acceso abierto se remonta a la llamada crisis de los periódicos, a mediados de los años 1980, que eclosionó cuando las bibliotecas universitarias estadounidenses perdieron la capacidad de correr con los costos crecientes para adquirir periódicos y pararon varias colecciones. En los años 1990 despuntaron las primeras iniciativas que quebraban la hegemonía de las editoras, como el archivo de artículos en el área de física montado en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en México, en 1991. Los autores enviaban sus artículos para Los Álamos y, simultáneamente, los sometían a las editoriales. Diariamente, los usuarios del sistema sabían que trabajos habían sido presentados y podían solicitar una copia.

También en esa época aparecieron los primeros periódicos de acceso abierto. Hoy en día el concepto se ha tornado mucho más amplio. Engloba formatos como los repositorios de investigaciones solventados por universidades, la descarga de artículos en las páginas personales de los autores. “Cada uno de esos formatos colabora para hacer dinámica la comunicación científica, lo que, esperamos, ayudará a acelerar la velocidad de los descubrimientos científicos”, afirma Rogério Meneghini.

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