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Calentamiento global

La cruzada de Al Gore

Película del ex vicepresidente de los Estados Unidos abusa del marketing político para convertir a los escépticos en defensa del medio ambiente

Las preocupaciones con los cambios climáticos globales y en especial con el calentamiento del planeta parecían alcanzar en las últimas semanas, en el país una resonancia solamente comparable a la que cerca grandes eventos vinculados a esos temas, a considerar los reflejos recogidos en los medios. Sería posible atribuir tanta visibilidad al encuentro internacional sobre cambios climáticos programado para el final de noviembre en Nairobi, Kenya, cuando Brasil debe plantear la creación de un fondo global para compensar a los países pobres que disminuyan la deforestación en los bosques tropicales y, de esa forma, contribuyan a la reducción del efecto invernadero. Además, la propuesta tiene de entrada el apoyo del Banco Mundial (Bird), que en un informe dado a conocer el lunes 23 de octubre, apuntó al carbono resultante del control de la deforestación como una gran “oportunidad aún no explotada” por el planeta para simultáneamente reducir la pobreza, conservar la biodiversidad y ayudar a  resolver la cuestión del clima.

Todo indica, no obstante, que alguna influencia Nairobi ha ejercido, que el primer responsable de la atención redoblada de los medios de comunicación a la cuestión ambiental fue Albert Gore Jr., o simplemente Al Gore, político de los más relucientes del Partido Demócrata y tenido, por muchos años, como él mismo dice con una nota de ironía, como el futuro presidente de Estados Unidos. En un ruidoso paso por São Paulo, el 17 de octubre, Gore trajo a cuestas su libro y la película del mismo nombre. Una verdad inconveniente, que viene produciendo calurosas discusiones mundo afuera en su esfuerzo de sensibilizar a las plateas contra el calentamiento global.

En un ambiente sensibilizado por el ex vicepresidente estadounidense precisamente antes de que él llegase aquí, la revista semanal Época, por ejemplo, se vistió literalmente de verde en su edición del 16 de octubre y recomendó a los lectores, en la portada un tanto extraña con ese color: “Piense verde: qué puede usted hacer para salvar el planeta”. En el reportaje especial sobre el asunto, ofreció tres páginas a un artículo firmado por el propio Gore, con el mismo título del libro y de la película. Folha de S. Paulo, en entrevista del editor de ciencia, Cláudio Angelo, el 18 de octubre, dejó que un cierto optimismo de Al Gore se desbordase, relativo a la convicción de que su país cambiará finalmente la política de clima. Y además rasgó elogios al documental en que él era la estrella.

Es verdad que sobró espacio también para el retorno mediático de voces extremamente alarmistas  en el debate sobre el futuro del planeta, como la del inglés James Lovelock, de 87 años. De las páginas amarillas de la revista Veja, en la edición del 25 de octubre, Lovelock, el controvertido autor de La venganza de Gaya  -y que en el pasado ofreció contribuciones efectivas para la prohibición del uso en buena parte del mundo del pesticida DDT y del gas CFC, utilizado en aerosoles y aparatos electrodomésticos como los refrigeradores-, volvió a anunciar la total irreversibilidad del calentamiento global en curso y vaticinó, sin sombra de pudor por la falta de evidencias científicas a sus afirmaciones, la probable desaparición del 80% de la humanidad hasta el año 2100.

En su tour paulista Al Gore participó en un evento en la Cámara Americana de Comercio, fue una de las estrellas en la fiesta de premiación de empresas brasileñas que se distinguieron entre 2005 y 2006 por sus acciones de protección al medio ambiente y, principalmente, garantizó una fuerte promoción a su libro y a la película, programada para entrar en cartelera en el país el 3 de noviembre.

No quedan muchas dudas de que la película trata con gran competencia técnica cuestiones ya vistas casi consensualmente como esenciales para un esfuerzo mundial por la preservación de la Tierra, en los próximos siglos, con las características ambientales próximas de las que existen hoy.  Ellas asegurarían  la supervivencia de una parte considerable de la actual biodiversidad del planeta, y de la especie humana en particular, en condiciones razonables. Y consigue explicar con claridad cómo y por qué se dio y se da el calentamiento del planeta, y cuestiones espinosas como el registro climático de los últimos 650 mil años de la Tierra, obtenido a partir del examen esmerado de los testigos del hielo de la Antártica.

“Técnicamente la película es hermosa, con sus efectos a lo Steven Spielberg. Explica muy bien el efecto invernadero y las consecuencias globales del calentamiento. Toda la parte histórica es científicamente muy buena”, comentó el secretario de Medio Ambiente del Estado de São Paulo, José Goldemberg, quien el miércoles, 18 de octubre, asistía al preestreno.  “El problema es que, al tratar del presente y del futuro, mezcla hechos con hipótesis, y ahí gana un tono alarmista, de cataclismo”, agrega.

El problema también es la desagradable estridencia del marketing que atraviesa la película entera. Y ese tono sólo parece adecuado, casi perfecto, si la película fuera tomada como pieza central para una nueva campaña de Al Gore a la  Presidencia de los Estados Unidos, intención que él hasta aquí niega enfáticamente. Fuera de eso, todo el lenguaje padece de exceso propagandístico en un documental elaborado, en principio, para sensibilizar a millones de personas, en el todo en mundo, con relación al combate por la protección del medio ambiente. El pesado tono adoctrinador, a despecho de algunos buenos momentos de ironía, la explicación melodramática de las razones políticas y morales que condujeron al político Al Gore a esa cruzada en favor del medio ambiente, difícilmente sensibilizan o crean empatía en relación a los dolores del planeta en quien ya no está previamente preocupado con los problemas del calentamiento global. Está claro que las cosas son diferentes si la intención de la película, en la cual muchas veces no se sabe si el personaje central es Al Gore o los cambios climáticos globales, es alcanzar el estadounidense medio por razones político-electorales.

De cualquier manera, en el transcurso del mes de noviembre se podrá tener una idea más clara de cómo la película repercutirá entre el público brasileño.

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