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Plastinación

Lección de anatomía

desde Nueva York

¿Qué tenemos allí? El cuerpo visible en su completa materialidad, capa sobre capa y perceptible en las adaptaciones al movimiento, en sus múltiples funciones, una después de otra hasta la comprensión de su fantástica funcionalidad. El cuerpo insistentemente reiterado, entero, luego disecado en partes, en tajadas, huesos, músculos, nervios, vasos y vísceras. En una multiplicidad ensordecedora, se ofrece al mirar lego en esa exposición concebida en cada detalle para alumbrar un espectáculo fascinante, sorprendente a la vez, y minucioso, de la anatomía humana.

Estamos frente a Bodies… the exhibition en un espacio de casi tres mil metros cuadrados cubiertos en South Sea Port, Manhattan, Nueva York. Aunque podríamos estar igualmente en Miami, Seattle, Las Vegas, Londres, Berlín, Ámsterdam o Tokio, y la exposición podría denominarse Body worlds, Body exploration, The Universe within ou Bodies revealed, que no habría diferencia. En todas esas exposiciones, popularizadas en los últimos años al punto de haber atraído ya a decenas de millones de visitantes desde la pionera “Body worlds, de 1996”, lo que permite poner en escena a ese cuerpo humano hiperreal es una técnica llamada plastinación o plastinización, creada por el anatomista alemán Gunther von Hagens en 1975, patentada en 1977 y refinada hasta estar en condiciones de utilización en 1990.

Fue el mismo el organizador de la primera exposición que, a la plastinación, le agregaba un raro virtuosismo en la disecación, capaz de revelar, sin daño la integridad de lo que se quería exhibir, todo lo que se esconde debajo de la piel. Hagens dijo que recuperó técnicas de disecación de China y de otros países asiáticos. Ya en la muestra pionera quedó claro el potencial de tales exposiciones para originar polémicas, éticas principalmente. Hubo cuestionamientos acerca del origen de los cadáveres y la existencia o no de autorización previa para su uso, aunque Hagens siempre haya asegurado que los cuerpos le son donados voluntariamente, siguiendo los términos de un contrato rígido en lo que atañe a las donaciones. Se argumentó que la exhibición hería la dignidad humana y la ética del quehacer científico. Pero, sustentadas en el interés creciente del público, las exposiciones se multiplicaron, convirtiéndose al poco tiempo en un excelente negocio, con innegable valor educativo. Simultáneamente se diseminaba el uso de la plastinación en los laboratorios de anatomía del mundo entero, confirmando la excelencia del método para la formación de estudiantes de medicina y enfermería, entre otros, tanto en los detalles anatómicos del cuerpo humano como en su conjunto integrado.

La difusión de la plastinación en los medios científicos comenzó antes que las exposiciones, y a comienzos de los años 1990 llegó a América Latina de la mano del profesor Aldo Junqueira, de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (USP), que ese año hizo una práctica de cuatro meses con Hagens en la Universidad de Heidelberg, en Alemania.

“En un congreso en Río de Janeiro en 1988 conocí el trabajo de Gunther y me percaté de la importancia que tenía para la actualización de los estudios de anatomía”, dice Junqueira. Incluso de la anatomía seccional, fundamental para la interpretación de las imágenes obtenidas por tomografía, resonancia magnética y otras técnicas visuales que recortan el cuerpo. “Es preciso notar”, continúa, “que solo el 5% de los seres humanos tiene total capacidad espacial, habilidad de intuir con claridad, como los elementos se distribuyen en el espacio y conforman volúmenes, a partir de imágenes en dos dimensiones o de piezas dispersas”. Ese porcentual es válido también para los estudiantes de medicina. “Ahora bien, como intentar percibir la anatomía sin espacialidad, resulta algo estéril, cuanto más cerca coloquemos a los estudiantes de medicina de la anatomía real y espacializada, mejor los formaremos”, dice.

Experiencia brasileña
Fue con esa percepción que Junqueira comenzó un diálogo transoceánico con Hagens, hablando con el “una vez por semana”, hasta la práctica en Heidelberg – antes que el anatomista alemán fuera alejado de la universidad, entre otras cosas, por promover a disecación pública de un cadáver, cobrando entradas para el espectáculo. Como titular de Anatomía Quirúrgica en Medicina de la USP, Junqueira presentó a FAPESP, en 1994, un primer pedido de financiación para experiencias con plastinación, dentro del Programa de Apoyo a la Infraestructura de Investigación que en aquel momento la Fundación iniciaba. Otro financiamiento seguiría, alcanzando un total de 187 mil reales. El resultado es hoy mensurable, no en cuerpos plastinados para exposiciones (aunque algunas piezas estén en la Estación Ciencia, en São Paulo), sino en alrededor de 2 mil placas de resinas con rodajas finísimas del cuerpo humano, útiles para las clases de anatomía. “El récord es una pieza de sólo un milímetro de espesor, muy difícil de obtener. Lo común son piezas de 2,5 a 3 milímetros”, comenta Junqueira.

Con impecable concisión didáctica, además, explica los pasos para la obtención de esas placas y el método de plastinación de Hagens. “El método incide sobre dos cuestiones fundamentales para la preservación del cuerpo después de la muerte: la deshidratación y la creación de un medio adecuado para impedir la proliferación de hongos y bacterias y, así, asegurar la preservación de los tejidos y de las demás estructuras anatómicas”, dice. La deshidratación, conocida desde el antiguo Egipto, es obtenida por la inmersión en diferentes alcoholes, y luego en acetona. “En dos o tres baños de acetona, por la presión de vapor, donde había agua se logra colocar acetona. Si esa sustitución alcanza cerca del 99%, consideramos al cuerpo deshidratado”. Hecho eso, como la presión de vapor de la acetona es baja, o sea, ella se evapora entre 18 e 22 grados Celsius, la sustancia tiende naturalmente a salir del “espécimen”, para usar el lenguaje de los anatomistas, y allí queda al vacío.

Antes de proseguir con la plastinación, vale observar que la grasa es otro enemigo para la preservación del cadáver (aunque en la exposición Bodies se encuentre en los cuerpos trozos de grasa plastinada). Es por eso que en general trate de retirársela luego de la deshidratación. ¿Cómo?  Por medio de baños de triclorometano, sustancia que precisa ser manipulada con cuidado porque puede afectar la médula y los nervios de quien trabaja con ella.

Con las piezas deshidratadas y desengrasadas, se llega a la piedra basal del método Hagens: los espacios vacíos serán llenados con resinas de silicona o epoxi en forma de monómero, en el trabajo más meticuloso de lo que su descripción lineal puede parecer.

Ya en relación con las placas con las que trabaja en las clases de anatomía, y en cuya preparación entrenó a técnicos y estudiantes, Junqueira explica que las finas láminas son hechas con una sierra circular en el cuerpo congelado. “Sin eso no se podría mantener la sintopía, que es la correcta contigüidad entre un órgano y otro”, dice. Hasta que se realice todo el proceso de deshidratación y plastinización, en ese caso con la lámina colocada entre las placas de vidrio, donde se agregará más resina epóxi. Y con el cuidado adicional de retirar con varillas eventuales, las bolsas de aire de la pieza. Finalmente todo se coloca en una estufa a 57 o 58 grados Celsius durante 24 a 36 horas para que o monómero de resina epóxi polimerice. Lo que asusta de la técnica, sea para fines científicos, educativos o de buenos negocios, es el hecho de que el cuerpo humano, vivo o muerto, puede ser un objeto total y fascinantemente objetivado.

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