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Bioquímica

La boticaria del desierto

Tipo de rana produce secreción rica en compuestos capaces de eliminar bacterias y reducir la presión arterial

Un tipo de rana verde con listas negras y anaranjadas a los costados de su cuerpo produce una secreción cutánea que mantiene su piel húmeda aunque esté bajo el intenso sol de la región conocida como Caatinga, en Río Grande do Norte, donde vive la mayor población de esa especie en Latinoamérica. Es una gelatina viscosa y transparente que protege la Phyllomedusa hipocondrialis de la deshidratación y la torna una refección indigesta para sus predadores por contener una mezcla de proteínas tóxicas. Analizando su composición, biólogos de São Paulo y Minas Gerais descubrieron que la misma puede ser útil también para los seres humanos. Ellos identificaron en la secreción de la Phyllomedusa hipocondrialis péptidos (fragmentos de proteína) capaces de eliminar bacterias causantes de diarreas o infecciones hospitalarias y hasta reducir la presión arterial.

El equipo coordinado por Daniel Pimenta, del Instituto Butantan, en São Paulo, recolectó muestras de secreción de 12 ejemplares de la Phyllomedusa capturados en Angicos, en Río Grande del Norte. Al diluirla en diferentes solventes, los investigadores consiguieron separar tres péptidos que aún no habían sido identificados. Pruebas en laboratorio mostraron que dos de ellos  a filoseptina-7 y la dermasseptina-1 son potentes bactericidas, capaces de eliminar cuatro especies de bacterias vinculadas a problemas de salud que afectan a los seres humanos: la Micrococcus luteus, que provoca lesiones de piel conocidas como impétigo; la Staphylococcus aureus, causante de infección hospitalaria; la Escherichia coli, asociada a la diarrea; y la Pseudomonas aeruginosa, común en las infecciones respiratorias.

Tanto la filoseptina-7 como la dermaseptina-1 actúan de la misma forma. Abren pequeños poros en la pared celular de las bacterias, matándolas, como describió el equipo de Pimenta, formado por investigadores de la Universidad de São Paulo (USP) y de la Fundación Ezequiel Dias, en Minas Gerais, en un artículo en la Peptides de diciembre de 2006. Otro descubrimiento amplia el interés sobre el potencial farmacológico de esas moléculas. Mezcladas a la sangre humana, la filoseptina-7 y la dermaseptina-1 no danifican los hematíes, responsables del transporte de oxigeno. Esa es una indicación de que probablemente esas moléculas no sean tóxicas para los seres humanos, explica Pimenta, que hace cinco años investiga las propiedades medicinales de compuestos encontrados en la secreción de anfibios.

Pero lo que más llamó la atención del grupo del Butantan fue el tercer péptido: el Phypo Xa, abreviación del nombre del tipo de rana  sumada a la indicación del tamaño de ese péptido, formado por diez aminoácidos. Pimenta y la bióloga Kátia Conceición descubrieron que el Phypo Xa prolonga la acción de otro péptido: la bradicinina, que relaja la musculatura de los vasos sanguíneos y disminuye la presión arterial. Es la primera vez que se identifica en el veneno de un anfibio una molécula con esa función, dice Katia. Antes sólo se conocían péptidos con efecto semejante en el veneno de serpientes. El primero de ellos, descubierto en 1965 en el veneno de la víbora por el farmacólogo Sérgio Henrique Ferreira, de la USP en Ribeirão Preto, inspiró la creación del captopril, uno de los medicamentos anti-hipertensivos más vendidos en el mundo. En un artículo en la edición de marzo de la Peptides, Pimenta y Katia relatan que en las pruebas con ratones el Phypo Xa mostró efectos solamente un poco menos intensos que el captopril.

Una sopa de péptidos
A pesar de los resultados prometedores con los péptidos de la Phyllomedusa, el equipo del Butantan se mostró cauteloso. Al final, aún serán necesarios años de investigación hasta que se consiga producir algún medicamento a partir de ellos. Eso, claro, si alguna industria farmacéutica se interesa por la producción de una forma sintética de esas moléculas o si hasta allá no se descubre una forma más eficiente de separarlas de esa sopa de péptidos que es el veneno. Hay una gran variedad de moléculas en la secreción cutánea de la Phyllomedusa, razón por la que se estudia tanto ese tipo de rana, dice Pimenta. Los anfibios, muchas veces, son casi como boticarios, pues entre los compuestos que producen hay hasta medicamentos, cuenta el biólogo Carlos Jared, que participó en investigación de Katia y Pimenta.

Además de la variedad, otro factor complica la extracción de los componentes del veneno. El veneno de ese tipo de rana que vive debajo de piedras puede contener substancias diferentes de lo producido por otra que se esconde bajo las hojas, aunque ambas sea de la misma especie y vivan en un ambiente semejante, explica Jared, del Butantan, que hace más de 20 años investiga la relación entre las peculiaridades de la piel y de los anfibios y la capacidad de adaptación a ambientes hostiles. Y no es sólo el ambiente que influencia esa variedad de componentes del veneno, descubrió recientemente el biólogo Daniel Nadaleto, de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) en Botucatu. Él creó en laboratorio, en ambientes idénticos, dos especies de sapo (Bufo ictericus y Bufo schneideri) y constató que los animales de un mismo desove  o sea, sapos-hermanos, no necesariamente eran idénticos desde el punto de vista genético producían venenos con composiciones diferentes. Probablemente hay una influencia genética?, dice Nadaleto.

El Proyecto
Centro de Toxinología Aplicada
Modalidad
Centro de Investigación, Innovación y Difusión (Cepid)
Coordinador
Antonio Carlos Martins de Camargo – Instituto Butantan
Inversión
16.674.509,82 de reales (FAPESP)

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