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Historia

Saudades al son de bossa nova

Onda nostálgica sobre Río de Janeiro, que debe aumentar con los Juegos Panamericanos 2007, idealiza una época

Algo inusitado llamó la atención de los telespectadores más atentos en la última novela de las 8, Páginas de la vida, de la Red Globo, exhibida hasta la primera semana de marzo. Al contrario que los filmes y programas de televisión enfocados en la miseria y en el mundo de la criminalidad de Río de Janeiro, el autor Manoel Carlos prefirió centralizar su historia en el universo de la clase media de barrios como Leblón e Ipanema. Al son de Wave, clásico de Tom Jobim, grabado por él mismo, por  primera vez en 1967, en un disco del mismo nombre, el melodrama dejó de lado las favelas cariocas para, tal como parece, rescatar un poco de la magia de un Río que se remonta a casi cinco décadas, al período del pregolpe militar de 1964, cuando la bossa nova  se convirtió la banda sonora histórica de una era de desarrollo, desencadenada por Juscelino Kubitschek (1902-1976).

Entre las múltiples posibilidades de interpretación del propósito de la novela se puede hacer una constatación: el deseo de rescatar un pasado que parece glorioso, en contraposición a una ciudad arrinconada por la violencia generalizada y por la incapacidad del Estado de combatir el tráfico de drogas. Un modismo que debe ganar refuerzo en el segundo semestre de este año, con la realización de los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro. El fenómeno se ha intensificado en los dos últimos años, con lanzamientos de libros, CDs y DVDs. Si antes la bossa nova era vista como un género típico de la clase media carioca, con penetración en algunas otras capitales, invadió la música electrónica y ganó hasta inusitados ropajes.

En las tiendas en la internet existen cerca de dos centenas de esos productos a la venta, relacionados con el género. Hay de todo, para todos los gustos, principalmente antologías  y relecturas: Zélia Duncan Pre-post-todo-bossa-band; Momento jazz: bossa nova; Clara Moreno  Morena bossa nova; Quincy Jones  Big band bossa nova; Bossa nova  Su historia su gente; Bossa nova for lovers; MPB bossa nova y canciones; Oiga, toque y cante bossa nova y las series Bossa nova lejos (cinco volúmenes), Puro bossa nova (doce volúmenes) y MPBaby bossa nova (cinco CDs). Entre las extravagancias, Koi  Sushi y bossa, descrito como un delicioso mix de culturas distintas en forma de música; y el roquero Supla, con Bossa furiosa  entre las piezas, Monkey Copacabana Beach Banana.

En las librerías, la última novedad fue Río Bossa Nova (Casa de la Palabra), de Ruy Castro, autor de la biografía del movimiento, Basta de nostalgia, de 1990, que acumula 40 mil ejemplares vendidos; y de otros dos títulos sobre Río: La onda que se irguió en el mar y Ella es carioca  los tres de la Compañía de las Letras.

Pero han sido los medios televisivos el principal vehículo difusor de la onda de nostalgia que se yergue de los tiempos de la bossa nova. En enero del año pasado, la Globo exhibió la serie JK, en que el ex-presidente fue presentado como una mezcla de héroe predeterminado y estadista visionario. Un poco antes, la Editorial Globo lanzó el libro JK: El presidente bossa nova, de Marleine Cohen. Con el ojo en las tendencias del  mercado, la Cónsul apostó en el Fogón Bossa Nova: Es bonito, moderno, resistente y fácil de limpiar. ¡Todo lo que usted necesitaba! Este año, los 80 años del nacimiento de Tom Jobim fueron celebrados con un programa especial de la Globo y una lujosa caja con tres DVDs.

Ya en abril del 2005 la revista Veja identificaba esa tendencia con el reportaje de la portada Nostalgia de Río…, en la cual buscaba resaltar la importancia vital de la ciudad para la construcción de una identidad brasileña y la mejor traducción del  alma nacional  dentro y fuera del país. El texto traía cinco soluciones factibles para hacer renacer a Río de Janeiro y las fotos y las historias del pasado glorioso. El lector no encontrará en las próximas páginas calles cerradas por tiroteos o imágenes del caos en los hospitales cariocas. Principalmente no leerá que  Río de Janeiro es un caso sin solución?, escribió la reportera Lucila Soares.

Los académicos dan diferentes interpretaciones de ese fenómeno a partir de sus observaciones personales y desde los ángulos de sus especialidades. Independientemente de motivaciones políticas, se cuenta y se recuenta la historia de Brasil de los años 1950 como talvez el único período en que tuvimos el chance de superar de una vez nuestra condición de país periférico, miserable e independiente, observa José Estevam Gava, autor de El lenguaje armónico del bossa nova (Unesp) y que lanza al final de marzo El Momento bossa nova (Annablume)  en que cuenta la historia del movimiento a partir del análisis de la revista semanal El Cruzeiro, que circuló regularmente entre 1928 y 1975.

Tragedia
Gava afirma que cayó la dictadura, se suceden gobiernos democráticos y la situación no cambió. Por el contrario, la economía tiende a permanecer estancada y crece la tragedia social, esta bien representada por los peores índices de desarrollo humano, criminalidad fuera de control y depredación del medio ambiente. En ese contexto poco alentador, agrega, es fácil entender el reciente encantamiento por un tiempo en que  parecía tener en las manos las condiciones para encaminar cambios de hecho en esa realidad tan sombría. JK y la bossa nova fue el pivote esencial de ese sueño. Se fue la dictadura y se fueron también los grandes ideales políticos, pero permanecen esas construcciones nostálgicas de un pasado en que todo parecía estar yendo bien.

Para Gava, la imagen que los medios de difusión y ciertos autores crean, hasta sin mucha  preocupación con el rigor de la investigación histórica, es una de las maneras de recrear el pasado. Es el pasado transformado en espectáculo, un tanto romanceado, pero que no deja de tener su función como forma de conocimiento. Los choques entre versiones, en este aspecto, son inevitables y perjudican, evidentemente, la diseminación de visiones históricas más correctas, pero no veo como cambiar eso, ni se si es necesario cambiar. En su nuevo libro, se ocupó justamente de ese momento bossa nova y de la manera como la canción participó y dialogó con esos movimientos que ocurrían, todos ocupados con una severa actualización de las formas artísticas.

Dos cuestiones parecen bastante relevantes para Marcos Correa, maestro y doctor en Medios de Difusión en la Unicamp con la tesis El discurso golpista en los documentales de Jean Manzon para el Ipes (1962/1963). Primero, en cuanto al Brasil de aquel período, cuando el país alteraba su estructura económica con la participación de grandes industrias multinacionales.

A grosso modo, explica él, se  trataba de un proceso de inserción en el comercio mundial mientras la economía periférica. Mientras, al margen de las grandes potencias económicas, el proceso acaba por causar cierto deslumbramiento de las potencialidades de crecimiento cuando las dificultades políticas y económicas habituales estaban ya establecidas: inflación, huelgas, cuestionamiento de los poderes instituidos, hinchazón de las ciudades, nuevos autores políticos etc. A pesar de eso, fue en ese período que tuvimos el primer momento en la historia republicana en que la democracia se estructuraba de modo más efectivo.

Por otro lado, tiene que ver con el hecho de que todos esos movimientos asombraban sin amenazar significativamente las estructuras políticas del período, toda vez que nuevos intereses económicos como la presencia de capitales internacionales exigían que el Estado tomase para sí el orden  del  crecimiento del país en beneficio de sus intereses. Fue con esa percepción que surgió un movimiento de oposición a la política económica y social adoptada por Jango y que vaticinó su separación de la Presidencia ya en 1961. La dictadura, que se opuso a la democratización del  período anterior, fue un marco significativo en nuestra historia. Pienso que ese cierto banzo que se observa puede tener su origen en esa profunda marca en nuestra sociedad que interrumpió un proceso democrático cuyas consecuencias jamás podrán ser evaluadas.

Válvula, en ese sentido, dice el investigador, al tratar de modo escapista el período, los medios de difusión intentan realizar un cierto ajuste de cuentas con el pasado, toda vez que en esa fase su participación fue significativa para ratificar los intereses sociales y políticos que estaban en juego. Me gusta pensar en las telenovelas de la Globo como parte de los buenos productos en términos de producción  en nuestra televisión  abierta. Mientras, es importante entenderla como parte del gran espectáculo que son los medios de difusión en Brasil que todavía hoy es una gran válvula de escape para una población con poco acceso a la cultura y al entretenimiento.

Autora de la tesis de maestría The Wonder Years: la identidad americana en los medios televisivos, Mírlei Valenzi concuerda en que existe una cierta tendencia nostálgica de la TV con relación al bossa nova. La televisión acaba por camuflar diferencias y conflictos para (re)construir una narrativa histórica que justifique la realidad vivida y refuerce valores considerados esenciales en la constitución y en la preservación de la identidad cultural de un país. Así, hechos históricos importantes o gloriosos son resaltados porque funcionan como símbolos que marcan una tradición cultural y crean condiciones de identificación y pertenencias para y entre los sujetos que viven en una determinada sociedad.

En la misma medida, resalta Mírlei, acontecimientos que culminan en derrotas o fracasos tienden a ser apagados, silenciados. En general, fenómenos como este ocurren cuando la sociedad pasa por momentos políticamente turbulentos. Un ejemplo es el caso del impeachment de Fernando Collor de Mello y el rescate de las luchas estudiantiles de los años 1960-70 promovido por la miniserie Años rebeldes. Ella no considera ese mirar para el pasado como una forma de escape. Pienso que esta nostalgia demuestra una búsqueda de valores importantes, sin embargo debilitados en la sociedad (post-moderna) actual. Mirar para el pasado no es algo negativo ni positivo. Es un intento de rescatar  tradiciones para  que se comprenda (¿mejor?) el presente y el futuro.

Gisele Almeida
Master en sociología en la Unicamp, defendió la tesis de maestría Las esperanzas del pasado  prefiere el término nostalgia antes que  la expresión escapismo. Nostalgia, en su evaluación, se adapta mejor a ese campo de reflexión que se vincula al estudio de las representaciones sociales, en particular a la memoria colectiva. Al no ser que entendamos el escapismo como aquello que escapa en los cuadros socialmente demarcados  o se pierde a través del proceso que selecciona eventos y situaciones a ser recordados u olvidados.

En su opinión, se puede apresuradamente decir que hay, sí, un cierto movimiento a partir de lo que se observa de la miniserie JK y del rescate de la  bossa nova, que ha destacado aspectos típicos de la realidad social brasileña de los años 1950-60, hasta el período anterior al golpe militar. Mientras tanto  dice ella, esa conclusión parece apresurada si no se observan más elementos para la discusión. Asistimos en la década del 1990 a un movimiento semejante, pero que se vanagloriaba de los años 1960-70, a través de la miniserie, también global, Años rebeldes, así como otros productos culturales (libros, películas y músicas), las dimensiones revolucionarias del período en cuestión. El movimiento de recorte y selección del pasado, por tanto, es mucho más circular y subjetivo que la línea del tiempo histórico, una vez que la cuestión invade el campo de representación e imaginación simbólicas.

En la evaluación de Gisele, la novela Páginas de la vida, como otras novelas de Manoel Carlos, presenta una realidad brasileña bastante particular: la de las clases media y alta, residentes en la Zona Sur de Río de Janeiro. O sea, no son solamente las imágenes iconográficas que son alteradas, coloreándose artificialmente el cielo, el mar y la laguna, retirando las favelas del  paisaje. Las ideas e imágenes también son revueltas: los conflictos sociales y de clase desaparecen. Eventualmente, agrega ella, las cuestiones sociales surgen como denuncia de la indignación de los ciudadanos de bien o como reflejo de la lucha por status de aquellos que desean formar parte de esta elite social, pero que de alguna forma fueron o son impedidos. En ese último caso, la búsqueda de la ascensión social se vuelve una locura/enfermedad o disturbio de carácter / ganancia exagerada.

Los llamados años JK fueron encantadores desde siempre, pues fue un momento construido con esa mentalidad, a partir de una postura del propio presidente Juscelino, de acuerdo con Sheila Schvartzman, profesora y doctora en historia social de la Unicamp y autora del libro Humberto Mauro y las imágenes de Brasil (Unesp). Se busca ese período porque fue culturalmente bueno, de modernización, paz y prosperidad  a pesar de los intentos de golpe. Nuestro tiempo selecciona los hechos por su propia necesidad, lo que va a tener sentido, para olvidar lo real y recuperar valores.

Como historiadora, Sheila acompaña las novelas de época y concuerda con el cineasta Jean-Luc Godard, cuando dice que, desde el punto de vista de los  medios de difusión, la historia es un inmenso parque de diversiones. La gente nota que cada período lleva a la propia interpretación del presente, lo que incurre en una artificialización de los hechos. Si fuéramos rigurosos, veremos que toda generación tuvo su escapismo. La historia tiene un movimiento: al traer algo de una forma, hace que la que la antecedió sea olvidada. La historiadora no ve con preocupación las adaptaciones históricas para  la TV. La televisión y el cine necesitan soluciones por necesidad de la ficción. La exactitud tiene sus percances y los medios de difusión necesitan un gustico espectacular para funcionar.

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