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Genética

África en los genes del pueblo brasileño

Los análisis de ADN revelan cuáles fueron las regiones que alimentaron mayormente el tráfico de esclavos hacia el país

EDUARDO CESARDurante algo más de tres siglos de tráfico de esclavos, la franja de África Occidental que abarca desde Senegal hasta Nigeria posiblemente ha provisto muchos más esclavos a Brasil de lo que se imaginaba. La proporción de hombres y mujeres capturados en esa región y trasladados por la fuerza hacia aquí puede haber superado – y por mucho – el 10% del total estimado años atrás por los historiadores estadounidenses Herbert Klein y David Eltis, estudiosos del tráfico de esclavos en el Atlántico. Los argumentos que ahora sirven de asidero para la revisión de los cálculos, en especial para el sudeste de Brasil, no sólo son históricos, sino también genéticos. Al analizar la constitución genética de personas que residen en tres capitales brasileñas, los genetistas Sérgio Danilo Pena y Maria Cátira Bortolini están ayudando a rescatar parte de esa historia aún no del todo esclarecida acerca del origen de los casi cinco millones de esclavos africanos que arribaron a los puertos de Río de Janeiro, Salvador y Recife, contribuyendo en la conformación del pueblo brasileño.

En dos estudios recientemente finalizados, el equipo de Pena, de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), y el de Maria Cátira, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), compararon el patrón de alteraciones genéticas compartido por africanos y brasileños. De esa manera lograron estimar la participación de las diferentes regiones africanas en el envío de esclavos para Brasil, el último país de Latinoamérica en eliminar la esclavitud, con la firma de la Ley Áurea, el 13 de mayo de 1888. Los resultados confirman que fueron tres las regiones de África – el oeste, el centro-oeste y el sudeste – las que mayormente exportaron mano de obra africana para el país hasta 1850, cuando el ministro de Justicia del Imperio, Eusebio de Queirós promulgó una ley tornando crimen al tráfico de esclavos. Hasta ahí, nada muy nuevo, y la genética sólo corrobora la información histórica respecto de una de las situaciones más crueles que un ser humano puede infligir a otro. Se sabía que Brasil fue uno de los pocos, sino el único, país de América que recibió africanos de todos los orígenes. La novedad está representada por el descubrimiento de un mayor tráfico negrero desde África Occidental, también conocida como Costa Oeste, región de donde llegaron esclavos como los yorubas, los jejes y los malés, que ejercieron una fuerte influencia social y cultural en el nordeste brasileño, especialmente en Bahía.

Durante los tres siglos en que los portugueses controlaron el tráfico de esclavos en el Atlántico – el más antiguo, de mayor duración y extensión en términos numéricos-, la proporción de esclavos embarcados en el oeste, centro-oeste y sudeste de África osciló bastante. Evaluando los registros de viaje africanos, Herbert Klein, de la Universidad de Columbia, y David Eltis, de la Universidad Emory, calcularon que, en total, el 10% de los esclavos habría venido de la región Oeste de África y el 17% de la Sudeste. El principal proveedor de esclavos sería asimismo el Centro-Oeste, donde se hallaba la colonia portuguesa de Angola, que habría contribuido con el 73% de los africanos enviados hacia Brasil amontonados en las bodegas de pequeños navíos. “Los datos acerca del tráfico de esclavos aun se hallan incompletos y los historiadores aceptan el hecho de que la mayor parte provino de la región de Angola”, comenta Marina Mello Souza, de la Universidad de São Paulo (USP), especialista en historia africana.

Conscientes de que los registros de viaje no siempre reflejan con precisión lo que sucedió en el pasado, en los últimos tiempos los historiadores comenzaron también a recurrir a la genética en el intento por comprender mejor lo que de hecho ocurrió. “Nuestras estimaciones anteriores se basaron en muestras parciales”, dice Klein a la revista Pesquisa FAPESP. “Estamos reviendo esas proyecciones, apoyándonos en el trabajo de genetistas y en la revisión de las cartas de viaje que el equipo de David Eltis viene investigando en la Universidad Emory”. Y, en ese punto, los trabajos de Pena y Maria Cátira pueden colaborar para esa revisión histórica. El análisis del material genético compartido por brasileños y africanos reveló que la proporción de esclavos oriundos del oeste de África – entre Senegal y Nigeria – puede haber sido de dos a cuatro veces mayor que el contabilizado hasta el momento, mucho más próximo al número de esclavos exportados por Angola.

Orígenes y destinos
Superior a la esperada, la contribución del oeste africano probablemente no se distribuyó de igual manera por el país. Pena y su alumna de doctorado Vanessa Gonçalves, analizaron muestras de sangre de 120 paulistas que se calificaron a sí mismos y a sus padres y abuelos como de raza negra, siguiendo la nomenclatura adoptada por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, que agrupa a los brasileños en blancos, negros y pardos – los movimientos de afro-descendentes en general utilizan la palabra negro para referirse tanto a negros como a pardos. Cuatro de cada diez negros paulistas presentaban material genético típico del Oeste africano. Esa proporción, sin embargo, fue menor en Río de Janeiro y en Río Grande do Sul, según un artículo del equipo de la UFRGS que será publicado en el American Journal of Physical Anthropology. De los 94 negros cariocas examinados por Maria Cátira y Tábita Hünemeier, el 31% portaban en la sangre las claves genéticas del Oeste africano, encontrada en apenas el 18% de los 107 negros gaúchos. Además de indicar orígenes y destinos, esos datos tal vez expliquen la incorporación heterogénea en el país del candomblé, religión con importantes estigmas culturales de yorubas y jejes.

MIGUEL BOYAYANEn busca de los orígenes del pueblo brasileño, no se trata solamente de los historiadores que investigan los hallazgos genéticos. También los genetistas necesitan a veces, consultar los libros de historia, sociología o antropología para comprender lo que las características genéticas revelan. Al menos un hecho histórico ayuda a entender por que la proporción de negros originarios del Oeste africano es más elevada en São Paulo que en Río de Janeiro o Porto Alegre. En los siglos XVI y XVII, los africanos oriundos del Oeste llegaron a los puertos de Salvador y Recife para ser vendidos en seguida a los propietarios de los ingenios de caña de azúcar del Nordeste. Más tarde, si embargo, la decadencia de la economía azucarera produjo el traslado de la mano de obra esclava hacia las plantaciones de café que florecían en el estado de São Paulo. Antes de esa migración interna, entre el fin del siglo XVIII y los comienzos del siglo XIX, São Paulo ya presentaba una concentración de esclavos del Oeste africano mucho más elevada que el resto del país. De acuerdo con Klein, las razones para esa diferencia aun no se comprenden completamente, pero tal vez puedan explicarse parcialmente por la importación de mano de obra directamente desde el Oeste africano.

Maria Cátira explica la proporción más baja de material genético típico del Oeste de África entre los negros de Porto Alegre por el hecho de que los esclavos llegaron al sur del país por vías indirectas: el 80% de la mano de obra africana de Río Grande do Sul provenía de Río de Janeiro, donde la presencia de pueblos del Oeste africano era menor que en el Nordeste brasileño. Aun así, se reconoce en la composición genética de los negros brasileños el tráfico más intenso hacia el país de los esclavos provenientes de Angola, en el centro-Oeste africano. Una proporción menor (12%), aunque significativa, llegó desde la región de Mozambique, en el Sudeste, sobretodo luego de que Inglaterra comenzara a controlar más rígidamente los puertos de embarque en la costa atlántica de África.

La presencia femenina
El aporte africano para la composición genética del brasileño no fue desigual solamente desde el punto de vista geográfico. Mientras que los hombres africanos fueron los brazos y piernas que movilizaron la economía azucarera del Nordeste, las mujeres ejercieron un encanto especial, de índole sexual, sobre los señores de los ingenios de origen europeo, como el sociólogo pernambucano Gilberto Freyre registró en 1933 en Casa-grande & senzala, ensayo clásico sobre la conformación del país. Por esa razón, el negro brasileño atesora hoy en su material genético una contribución mayor de las mujeres que de los hombres africanos, aunque el volumen del tráfico masculino haya sido mayor.

Esa desigualdad, que los genetistas denominan asimetría sexual, se torna evidente cuando se comparan dos tipos de material genético. El primero es el ADN que se encuentra en las mitocondrias, usinas de energía situadas en la periferia de las células. Transmitido por las madres a los hijos de ambos sexos, el denominado ADN mitocondrial permite conocer el origen geográfico del linaje materno de una persona. El segundo tipo de material genético estudiado es el cromosoma Y, que los padres transmiten solamente a sus hijos hombres y sirve como indicador del linaje paterno.

El equipo de Pena constató que el 85% de los negros de São Paulo poseía ADN mitocondrial africano, mientras que sólo el 48% presentaba el cromosoma Y característico de los africanos. De modo similar, el grupo coordinado por Maria Cátira observó que en el 90% de los negros de Río y en el 79% de los de Porto Alegre, el material genético africano era de origen materno. Por el lado paterno, sólo el 56% en Río y 36% en Porto Alegre contenía material genético típico de África. “Esos números, comprobaron la historia de explotación sexual de las esclavas por parte de los blancos”, comenta Pena, “una historia nada simpática, porque se apoyaba en una situación de poder”.

MIGUEL BOYAYANEsa asimetría sexual confirmada por la genética ya había sido documentada y detallada por el historiador Sérgio Buarque de Holanda, en el libro Raíces de Brasil, por el antropólogo Darcy Ribeiro, en O povo brasileiro, y además, en los libros de Gilberto Freyre. Y se tornó irrefutable cuando Pena y Maria Cátira comenzaron hace alrededor de diez años, en trabajos paralelos y complementarios, a investigar la conformación genética de blancos y negros brasileños con el auxilio del ADN mitocondrial y del cromosoma Y.

Las primeras evidencias de que el brasileño transportaba en sus células el material genético de indios, africanos y europeos surgieron en abril de 2000, cuando el país conmemoró los cinco siglos de la llegada del colonizador portugués a este lado del Atlántico, 500 años del descubrimiento de Brasil. Aprovechando lo oportuno de la fecha, Pena publicó – primero en la revista Ciencia Hoy, de divulgación científica, y luego en el periódico académico American Journal of Human Genetics – el trabajo que tituló como “Retrato molecular de Brasil”. En ese estudio, con 200 brasileños de las regiones Norte, Nordeste, Sudeste y Sur, el genetista de la UFMG constató que, en realidad, el 33% descendían de indios por parte de madre y un 28% de africanos. En otro estudio, publicado en 2001, reveló que el 98% de los blancos descendían de europeos por línea paterna. Obviamente, la colaboración de indios y negros variaba de acuerdo con la región del país.

Esa era la demostración genética de los que ya se conocía desde un punto de vista histórico, sociológico y antropológico. Los primeros grupos de colonizadores europeos que arribaron a Brasil después del 1500 estaban formados casi exclusivamente por hombres. A miles de kilómetros de sus hogares, tuvieron hijos con las indias. Más tarde, con la llegada de los esclavos durante el ciclo económico de la caña de azúcar, comenzaron a embarazar también a las africanas.

El análisis del material genético de negros realizado por Pena y Maria Cátira refuerza esos resultados: el 85% de los negros brasileños tienen una antepasada africana, pero los hombres africanos se hallan representados en apenas el 47% de los negros – el resto contiene ancestros europeos en su linaje paterno. “Es la otra cara de la moneda”, dice Pena.

Retrato molecular
Pero ¿qué es lo que el ADN mitocondrial y el cromosoma Y de hecho revelan? Depende. Son herramientas genéticas fundamentales para determinar la composición de una población porque son porciones de ADN que no se mezclan con otros genes y se transmiten sin alteración de una generación a otra. Pero ese material genético contiene muy poca información acerca de las características físicas de un individuo. Tener ADN mitocondrial africano, por ejemplo, indica solamente que en algún momento del pasado – reciente o no – existió una mujer africana en el linaje materno de aquella persona. Es por ello que alguien con cabello rubio y ojos azules puede tener entre sus ancestros una africana de piel oscura, así como un hombre de piel oscura y cabellos ensortijados puede ser descendiente de europeos.

En el intento por detallar es cuestión, Pena decidió investigar un tercer tipo de material genético: el denominado ADN autosómico, que se encuentra en el núcleo de casi todas las células del cuerpo. Pena y Flavia Parra seleccionaron diez tramos del ADN autosómico típico de la población africana y concibieron una escala denominada índice de ancestralidad africana: cuantos más de esos tramos una persona posee, más cerca se hallara de contar con ancestros africanos. Seguidamente, fueron a constatarlo en la población brasileña. Los investigadores mineros testearon ese índice en 173 hombres blancos, negros y mulatos de Queixadinha, en el interior de Minas Gerais, y observaron que, en promedio, los tres grupos presentaban proporciones similares de ancestralidad africana, que correspondía a un término medio entre la de un portugués de Porto, en Portugal, y la de un africano de la isla de Santo Tomé, en la costa Oeste de África.

En otro estudio, Pena y la bióloga Luciana Bastos-Rodrigues, analizaron 40 tramos del ADN autosómico y descubrieron que ellos son suficientes como para distinguir un individuo africano de otro europeo o de un indígena nativo de América. Al comparar esos mismos tramos recabados de 88 blancos y 100 negros brasileños con los de africanos, europeos e indígenas, Pena y Luciana observaron altos niveles de mezcla genética: tanto los blancos como los negros presentaban características genéticas de europeos y de africanos. Esa mezcla fue aún más evidente entre los negros, quienes, según Pena, “resultan de un proceso de intenso mestizaje”.

Basados en esos resultados, obtenidos en diez años de investigación de las características genéticas del brasileño, Pena y Maria Cátira no dudan al afirmar que, al menos en el caso brasileño, no tiene sentido hablar de razas, toda vez que el color de piel, determinado apenas por 6 de los casi 30 mil genes humanos, no permite conocer quienes fueron los ancestros de una persona.

El genetista brasileño Marcelo Nóbrega, de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, concuerda, aunque afirma que las diferencias genéticas entre poblaciones de continentes distintos pueden resultar útiles en el campo de la medicina – por indicar capacidades diferentes de metabolizar medicamentos – y utilizadas para definir raza. “Eso no significa que las razas sean profundamente diferentes entre sí ni superiores unas a otras”, afirma. Para él, el aumento del mestizaje en los últimos siglos, derrumbó las divisiones entre esos grupos, como en el caso brasileño, y debiera tornar obsoleto el concepto genético de razas.

Como ya dijera Gilberto Freyre en Casa-grande & senzala, “todo brasileño, aun el blanco, de cabello rubio, lleva en el alma, cuando no en el alma y en el cuerpo – existe mucha gente con rastros negros o mongoloides en el país –, la sombra, o por lo menos la apariencia, del indígena o del negro”.

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