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Genética

El ADN de las pampas brasileñas

Además de los españoles, los indios guaraníes y charrúas se encuentran entre los ancestros de los "gaúchos"

En la entrada de Porto Alegre, capital de Río Grande do Sul, un imponente jinete con lazo y traje típico – chiripá (faldón que hace las veces de calza) y pañuelo al cuello – rinde homenaje a los “gaúchos”. Símbolo de la capital del estado, el jinete fue esculpido a imagen del compositor João Carlos Paixão Côrtes, uno de los creadores del primer Centro de Tradiciones Gaúchas y responsable del rescate y difusión de la cultura de las pampas por todo el país.

En una especie de continuidad académica de restauración de la identidad gaúcha, las genetistas Andrea Marrero y Maria Cátira Bortolini, de la Universidad Federal de Río Grande do Sul (UFRGS), reconstruyeron ahora el perfil genético del típico habitante de las pampas brasileñas, los vastos campos que se extienden desde el sur de Brasil hasta Uruguay y el norte de Argentina. “Ese es un grupo cuyos ancestros son difíciles de determinar porque son el resultado de un mestizaje antiguo, que data de los inicios de la colonización”, dice Maria Cátira.

En colaboración con Francisco Salzano, quien hace 50 años que estudia la genética de las poblaciones indígenas, Andrea y Maria Cátira examinaron el material genético de 150 hombres de Alegrete y Bagé, localidades del interior de Río Grande do Sul, lugares cercanos a la frontera con Uruguay y Argentina, donde se cree que habría surgido el gaúcho. Y constataron que, así como el resto de la población brasileña, el gaúcho es producto de un intenso mestizaje entre indios, negros y europeos. Pero con peculiaridades importantes.

El análisis del cromosoma Y, que se transmite de padres a hijos varones e indica el antepasado paterno, reveló que el 90% de los gaúchos desciende de europeos. Pero, a diferencia de lo que se observa en otras regiones brasileñas, sus características genéticas son más similares a las de españoles que a las de los portugueses. Varios factores históricos explican lo que la genética registra. Durante dos siglos y medio, lo que hoy es Río Grande do Sul perteneció a la corona española por determinación del tratado de Tordesillas, que dividió el Nuevo Mundo entre España y Portugal en 1494. Zona de constantes disputas entre portugueses y españoles, esa región sólo sería integrada a Brasil en 1750, con la firma del Tratado de Madrid. Otra característica de los habitantes de esa región era trasladarse por las llanuras sin restringirse a las demarcaciones políticas del territorio, transitando libremente entre Brasil, Uruguay y Argentina. “Para el gaúcho, la frontera son las propias pampas”, explica Maria Cátira.

Por la línea materna, sin embargo, el aporte indígena para la constitución genética del gaúcho fue bastante superior al promedio del país – el 33%, según estudios del equipo de Sérgio Danilo Pena, de la Universidad federal de Minas Gerais – y cercano al observado en la Amazonia, según un artículo que será publicado en la Human Heredity. Más de la mitad (52%) de los gaúchos cuentan con un antepasado indígena, un 37% corresponde a descendiente de europeos y sólo el 11% de africanos.

Ante esa característica, Andrea y Maria Cátira centraron su atención en el componente indígena de los gaúchos. Al comparar con el material genético de 5 mil grupos nativos de toda América, verificaron que el porcentaje indígena puede tener dos orígenes: los guaraníes, grupo original de la Amazonia que migró hacia el sur del país hace unos dos mil años; y los charrúas, pueblo que habitó en parte del territorio de Río Grande do Sul y Uruguay. Los charrúas no se dejaron subyugar por los colonizadores y fueron exterminados por los uruguayos en el siglo XIX. “A pesar de ser rebeldes, existen relatos de mujeres charrúas integradas en las familias de estancieros”, dice la genetista.

Pero aunque se hayan extinguido, recientemente investigadores uruguayos recuperaron el material genético del último gran jefe charrúa, Vaimacá Perú. “Ellos desaparecieron como grupo etno-cultural, pero dejaron su estigma en los genes de los gaúchos”, dice Maria Cátira. Según ella, ni los genes ni la herencia cultural de los charrúas se han extinguido. Probablemente fue de ellos, de quienes el gaúcho heredó la destreza para lidiar con caballos y boleadoras, utilizadas para dominar al ganado y a los animales en el campo.

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