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Etología

Con piedras y palos

El mono capuchino emplea herramientas para abrir frutos o cazar hormigas

Los agitados monos capuchinos impulsan un debate científico que apunta a escudriñar las condiciones necesarias para la constitución de la inteligencia y de tradiciones culturales en el proceso evolutivo de los primates. Habitantes de  Sudamérica, conocidos por el tamaño modesto (tienen 60 centímetros de estatura y pesan algo más de 3 kilos) y el pelaje denso y oscuro en la cabeza, que se asemeja a una capucha, los monos capuchinos (Cebus apella) eran relegados hasta la década pasada a la periferia de la investigación sobre el comportamiento de los primates, aunque ya hace mucho se supo, por medio de observaciones en cautiverio, que son capaces de aprender a usar herramientas para abrir frutos secos, por ejemplo. Con todo, pocos investigadores se entusiasmaban con ese tipo de actuación. Sucede que la habilidad podría haber sido estimulada por condiciones específicas del cautiverio y por el contacto con los hombres, lo que descalificaría la actividad como tradición cultural desarrollada por cuenta propia y transmitida de generación para generación, dice Eduardo Ottoni, investigador del Instituto de Psicología de la Universidad de São Paulo, quien hace más de una década estudia el comportamiento de los monos capuchinos.

En los últimos tres años, estudios hechos por investigadores de Brasil, de Italia y de Estados Unidos comprobaron que, en determinados lugares y circunstancias, los monos capuchinos usan herramientas también en la vida  salvaje y transmiten la habilidad a las generaciones siguientes, en rituales, además, bastante peculiares. El uso de herramientas no puede más ser visto como competencia exclusiva de homínidos, sino también pertenece a los primates neotropicales, sostiene la italiana Elisabetta Visalberghi, del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Cognición de Roma, en un artículo publicado en enero en el American Journal of Physical Antropology, que relata ese tipo de habilidad en monos capuchinos en un área en Boa Vista, en Piauí. También firman él artículo los investigadores Eduardo Ottoni y Patrícia Izar, de la Universidad de São Paulo (USP), y Dorothy Fragaszy, de la universidad estadounidense de  Georgia.

Por razones que los investigadores todavía intentan definir con exactitud, no  todas las poblaciones de la especie, encontradas desde Argentina hasta  Venezuela, usan herramientas. En Brasil, los monos capuchinos ocupan ambientes tan variados como la Amazonia, el Cerrado, el Agreste y la Mata Atlántica. Pero las  imágenes de los simios en actividad en Piauí repiten lo que se observó en cautiverio y de esta vez no se puede decir que ellos aprendieron con nosotros o que su comportamiento fue inducido por investigadores en busca de similitudes con la especie humana. Los animales cargan por varios metros piedras con cerca de 1 kilo que usarán como martillo hasta sitios de ruptura rocas planas o troncos usados como apoyo, llamados yunques, en una referencia a la base sobre la cual se golpean los metales.

El uso estereotipado de herramientas ya fue registrado en innumerables especies, de arañas que arreglan un canto alrededor de su morada a buitres que utilizan piedras para perforar huevos de avestruz, sin que eso pudiese ser comparado a la destreza de los ancestrales humanos cuando ganaron cerebros aventajados o, desde los años 1970, a las evidencias de que los chimpancés (Pan troglodytes) pasan de generación en generación ciertos aprendizajes, como el uso de varetas para recolectar miel o capturar hormigas, como una autentica tradición transmitida culturalmente. En la década de 1990, se comprobó que el orangután (Pongo pygmaeus) y el gorila (Gorilla gorilla) también son capaces en cautiverio de usar piedras y palos como herramientas  para romper cocos y castañas. El escepticismo con relación al mono capuchino tenía explicación extra. ?Mientras los chimpancés y gorilas están próximos al hombre en la cadena evolutiva, los monos-clavo pertenecen a un tronco que divergió hace por lo menos 40 millones de años?, dice la investigadora Patricia Izar.

La evidencia de que un pariente tan distante del hombre consiguió desarrollar el uso de herramientas pone a prueba la idea de que nuestra especie sería la única en desarrollar esa habilidad, propuesta por Kenneth Oakley en 1949 en el libro Man, the toolmaker (El hombre, fabricante de herramientas). En el lugar, se sugiere que tal categoría de comportamiento puede ser deflagrada por condiciones más genéricas de lo que se imaginaba. Al confirmarse la teoría, el mono capuchino es candidato a  tornarse un gran modelo para entender como la especie humana evolucionó alrededor de 2,5 millones de años atrás, a punto de conseguir usar hachas, martillos, arpones y otros instrumentos. En los años 1970, la célebre primatóloga Jane Goodall ya colocaba a los chimpancés en el rol de especies capaces de usar herramientas aunque  los investigadores sean cuidadosos al comparar esas habilidades con el salto cognitivo de nuestros ancestros. Si la cultura puede ser definida como una innovación seguida de transmisión social, estamos encontrando patrones sugestivos de que estamos, sí delante de culturas, propuso, en una conferencia realizada en San Francisco, en el 2003, el holandés Carel van Schaik, director del Instituto Antropológico y del Museo de la Universidad de Zurich, en Suiza, y un estudioso del comportamiento de los orangutanes.

Singularidad
La constitución de la cultura humana involucra un conjunto de elementos mucho más complejos, como el lenguaje y las expresiones artísticas. Pero las investigaciones, como observó la antropóloga Eunice Durhan, de la USP, en su artículo ¿Los Chimpancés poseen cultura? Preguntas para la antropología sobre un tema bueno para pensar?, publicado en el 2005 en la Revista de Antropología, no buscan atribuir a los simios un lugar especial debido a su semejanza con los humanos. Por el contrario, su intención es sobrepasar concepciones pautadas en la singularidad humana absoluta, aproximándola, tanto como sea posible, de los grandes simios y de otros animales sociales inteligentes a partir de la profundización de las investigaciones sobre sus comportamientos?, escribió Eunice Durhan.

Curiosamente, la imagen de los monos capuchinos usando herramientas en la vida salvaje fue divulgada mundialmente gracias a un golpe de suerte. En el 2004, un fotógrafo británico visitó una hacienda de ecoturismo en Gilbués, en Piauí, y quedó fascinado con lo que vio: los monos capuchinos levantaban una piedra con las dos manos encima de la cabeza y daban un golpe certero en el coquito colocado en el piso, como un cazador que decide matar una cobra en medio del bosque. La escena fue registrada y divulgada por el mundo por la red británica BBC. La estadounidense Dorothy Fragaszy vio la foto del mono piauiense y decidió accionar sus contactos en Brasil. Mando una carta para Eduardo Ottoni y Patrícia Izar, que, ella sabía, ya hacía tiempos estudiaban a los monos clavos. La carta, al mismo tiempo que sirvió de incentivo para los investigadores, los cogió de sorpresa. Sucede que miembros del equipo de la USP también estaban en Piauí, pero en un local distante de Boa Vista, la pedregosa y árida sierra de la Capivara, justamente estudiando el uso de herramientas por monos capuchinos salvajes.

El interés de los investigadores de la USP despuntó una década antes de ese episodio. En 1994, Ottoni fue sorprendido por el relato de una alumna de iniciación científica que fuera a observar el comportamiento de los poco más de 20 monos capuchinos que habitan en el Parque Ecológico de Tieté, en la capital paulista. La estudiante describió la misma escena: los grupos de monitos se reunían para romper cocos producidos por los racimos de una palmera. En aquel momento, percibí que estaba delante de un gran desafió científico, dice Ottoni, que es investigador del Laboratorio de Ecología Cognitiva del Departamento de Psicología Experimental del Instituto de Psicología de la USP.

El problema es que las condiciones de vida de los monos capuchinos en el Parque de Tieté son excepcionales. Fueron aprehendidos por fiscales del Ibama e instalados allí. Pertenecen a una mezcla de sub-especies y no se conoce con seguridad su pasado. Podían muy bien haber aprendido a usar herramientas en situaciones previas de cautiverio, como Elisabetta Visalberghi ya observara en zoológicos de Italia, lo que descalificaría la hipótesis de la tradición cultural. Por fin, no viven en condiciones comparables a las de la naturaleza. Aunque estén sueltos, no consiguen salir de los limites del parque, que es cercado por el rió, y reciben provisiones de alimentos.

El estudio de aquellos animales, sin embargo, encendió la mecha de una línea de investigación en Brasil. En el inicio de esta década, el holandés Carel van Schaik, profesor del Departamento de Antropología Biológica y Anatomía de la Universidad Duke, en los Estados Unidos, y un estudioso del comportamiento de los orangutanes, propuso un modelo teórico capaz de explicar el advenimiento de culturas asociadas al uso de herramientas. Según él, la eclosión de ese comportamiento dependería de factores como la predisposición genética (asociada a cerebros grandes y destreza manual), factores ambientales (como la dependencia de alimentos de acceso complicado, como el mucílago endulzado incrustado en los coquitos) y el comportamiento tolerante de los adultos, condición para que los más nuevos tengan el chance de quedarse cerca de los más viejos y, así, aprender la técnica.

Hambre
Tales premisas fueron puestas a prueba por los investigadores de la USP y elevaron los estudios con los monos capuchinos en Brasil a un nuevo nivel. La tesis de la dependencia del alimento de difícil obtención, por ejemplo, enfrenta dificultades para encajarse en el rompecabezas. Ella combina con la observación en algunos sitios, pero no en otros. En el caso de los animales del Parque Ecológico del Tieté, el ritual de romper los cocos se da a pesar de que los macacos recibieron provisión de alimentos de los cuidadores. Ya en un área del Bosque Atlántico, el Parque Estadual Carlos Botelho, en São Miguel Arcanjo, interior paulista, la investigadora Patricia Izar observó lo opuesto. Hay tanta escasez de alimentos en la región que el ciclo reproductivo de los monos capuchinos es mas lento: las hembras reproducen a cada tres años, ante un intervalo medio de dos años en la naturaleza. Pero allí nadie parece tener tiempo para romper coquitos. El hambre los obliga a dividirse en grupos menores, para buscar proteína en la forma de insectos, reagrupándose en un segundo momento en fenómenos conocidos como fisión y fusión.

En un estudio publicado en la revista Science en el 2004, el brasileño Antonio Christian de Moura, actualmente en la Universidad Federal de Paraíba (UFPB), y la primatóloga Phyllis Lee, de la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, observaban que monos capuchinos de Serra da Capivara, Piauí, utilizan varetas para capturar hormigas y rompen frutos con piedras, como forma para garantizar comida en la aridez del agreste. En una correspondencia publicada en el 2005 en la misma Science, Elisabetta Visalberghi, Patrícia Izar, Dorothy Fragaszy y Eduardo Ottoni pusieron en duda la hipótesis de la búsqueda de comida, una vez que parte de los monos estudiados recibía provisión de alimentos. La comparación de la vida de los monos capuchinos en Serra da Capivara y en el Parque Carlos Botelho muestra que ni el agreste es tan pobre ni el Bosque Atlántico es tan rico como se supone, dice Patricia Izar.  La hipótesis del grupo explica la ocurrencia o no del uso de herramientas en una determinada población más en función del grado de territorialidad en el agreste o en el Cerrado los monos pasan más tiempo en el suelo  que cuando viven en los bosques que le ofrece alimento en el ambiente. Eso no quiere decir que el comportamiento no haya evolucionado en función de las grandes ventajas de poder tener acceso a estos recursos en ambientes en que hay escasez de otras fuentes, afirma Eduardo Ottoni.

Una hipótesis del grupo de la USP para el comportamiento corrobora otra premisa de Carel van Shaik: la de la tolerancia de los adultos con los aprendices. En un articulo publicado en la revista Animal Cognition en 2005, Ottoni, Patrícia y la investigadora de la USP Briseida de Resende observaron una curiosa correlación en el ritual del uso de herramientas: los monos que rompen cocos con mayor eficiencia tiende a conquistar plateas mayores, compuesta por animales todavía pequeños. Evidentemente, los más jóvenes están allí porque desean comer lo que sobra de los cocos rotos, dice Ottoni. Ellos observan a los más viejos, aprenden los gestos y, poco a poco, comienzan a hacer intentos, hasta convertirse adultos eficientes como sus maestros. Una posibilidad es que los machos adultos permitan la presencia de los mas jóvenes y los dejen comer los restos como una forma de llamar la atención de las hembras, dice Ottoni. Otra hipótesis, levantada por Patricia, es que en vez de simplemente matar el hambre la transmisión del uso de herramientas sería una forma de mantener la cohesión social do grupo.

En el pasado, se creía que los monos capuchinos pertenecían todos a una misma especie (Cebus apella), pero la nomenclatura cambió y hoy  se considera la existencia de varias especies. Una posibilidad, en la cual los investigadores de la USP no creen, es que la distinción del comportamiento tenga origen genético. Otra duda es con respecto a las evidencias de que, aunque los monos-clavo usen herramientas, puede ser exagerada la comparación con la habilidad de los humanos. En el 2001, Euphly Jalles-Filho, Rogério Grassetto Teixeira da Cunha y Rodolfo Aureliano Salm, investigadores del Instituto de Biociencias de la USP, publicaron un artículo en el Journal of Human Evolution mostrando que los monos-clavo no tienen la habilidad de transportar las herramientas en sus desplazamientos por el ambiente como lo hacía el Homo habilis, 2,6 millones de años atrás, la primera especie de homínido en ser asociada a las lascas de piedras usadas como instrumentos (ver Pesquisa FAPESP nº 66). Aún, cuando son forzados a eso, ellos transportan piedras y, con respecto a la bigornia, no es necesario, pues usan como base piedras fijas, el propio piso o troncos de árboles, responde Eduardo Ottoni.

Intriga de los investigadores
La buena noticia es que, en el afán de encontrar respuestas a esas cuestiones, crece la intriga de los investigadores que estudian los monos capuchinos en otros lugares de Brasil. En Goiás, Francisco Dyonísio Cardoso Mendes y Rogério Ferreira Marquezan, de la Universidad Católica de Goiás, se juntaron a Eduardo y Patricia para analizar el uso de herramientas por una de las especies de mono capuchino Cebus libininosus en el estado. El mano capuchino de pecho amarillo (Cebus xanthosternos), amenazado de extinción, es objetivo de investigación en el sur de Bahía. El responsable de esa investigación fue nuestro practicante y estudió los monos capuchinos en el Parque Ecológico de Tieté, dice Ottoni. Massimo Mannu, alumno de doctorado de Ottoni, constató que los monos-clavo de la sierra de la Capivara, en Piauí, usan varias herramientas al mismo tiempo, como varetas para sacar a los lagartos de la cueva y piedras para retirar raíces, algo no común hasta en chimpancés. Es esencial ampliar el panorama de las investigaciones para poder afirmar que el uso de herramientas constituye una tradición cultural, afirma Patrícia Izar.

La ampliación de esos estudios ya muestra que las evidencias de que los monos capuchino desarrollaron tradiciones culturales no se resume al uso de herramientas. En un estudio publicado en febrero en la revista Suiza Folia Primatológica, el brasileño Antonio Christian de Moura, de la UFPB, hizo un descubrimiento con los monos capuchino de Serra da Capivara: para apartar la amenaza de depredadores, ellos promueven una sinfonía de percusión, tirando piedras contra el piso. Según el investigador la especie es la única en que fue observado ese comportamiento. tirar objetos en superficies parece ser una característica innata, pero que puede ser moldeada en comportamientos sociales para nuevas funciones. Al tirar la piedra, el ruido se convierte una alarma eficiente, afirmó. En las observaciones hechas anteriormente, el toque solo se había manifestado por los monos para barrer o romper alimentos, principalmente en grupos en cautiverio. Esa vez fue constatado en un grupo salvaje. La falta del dispositivo en otras poblaciones de la misma especie, que tiene acceso a piedras, sugiere que tirar piedras pueda ser una tradición social de la población estudiada, dice. Los investigadores que intenten dormir con un barullo de esos.

El Proyecto
El uso de herramientas y forrajes extraídos  por monos capuchinos  (Cebus apella): sociedad ecológica y transmisión social de información
Modalidad
Línea Regular de Auxilio a la investigación
Coordinador
Eduardo Ottoni – USP
Inversión
212.375,15 reales (FAPESP)

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