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Alianzas

Investigación e innovación S.A.

Embrapa y la iniciativa privada pretenden crear empresa de tecnología para el etanol

La Empresa Brasileña de investigación Agropecuaria (Embrapa, sigla en portugués) se apresta liderar un consorcio que desarrollará investigaciones en el área de agroenergía en sociedad con la iniciativa privada. El modelo de la alianza será el de una Empresa de Propósito Específico (EPE), prevista en la Ley de Innovación. Se trata de un nuevo ordenamiento para la investigación que tiene por objeto ampliar el volumen de recursos para la investigación científica e incrementar la competitividad del agro negocio brasileño, generando empleo y renta, explica Silvio Crestana, presidente de Embrapa. Y eso solo sucederá si hay inversiones en el conocimiento.

El proyecto está siendo desarrollado con la Federación Industrial del Estado de São Paulo (Fiesp), con el propósito específico de hacer investigaciones y desarrollar tecnologías en la área de etanol. La expectativa es de que el emprendimiento sea anunciado el día 6 de junio, durante el Ethanol Summit 2007, promovido por la Unión de la Industria de la Caña de Azúcar (Única), en São Paulo, de acuerdo con el ex-ministro de la Agricultura y de la Pecuaria Roberto Rodrigues, presidente del  Consejo Superior de Agronegocios de la Fiesp y coordinador del Centro de Agronegocios de la Fundación Getúlio Vargas (GVagro). Por el momento,  Brasil está al frente con relación al resto del mundo. Pero en cinco o diez años podemos perder esa posición, justifica Rodrigues.

La nueva empresa, de acuerdo con Crestana, quiere juntar dos aptitudes: la de Embrapa, que produce conocimiento, y la del sector privado, que sabe transformar la tecnología en producto, multiplicarlo en escala industrial y colocarlo en el mercado. Pero la gran ventaja, él reconoce, está precisamente en la  agilidad y en la flexibilidad de operar bajo las reglas del derecho privado. Tenemos que aprovechar las oportunidades de negocio y producir investigaciones sin las amarras del sector público, como las de la Ley de Licitación, ejemplifica Crestana.

El anuncio de la constitución de la EPE dependerá de la finalización de un complicado e inédito modelo de alianza entre los sectores público y privado, que son regidos por regímenes jurídicos distintos. Tenemos poca tradición en trabajar en conjunto. Es un arreglo nuevo y nuestra asesoría jurídica ha trabajado bastante, destaca el presidente de la Embrapa.

Seguridad jurídica
La creación de la nueva EPE está prevista en el articulo 5º de la Ley de Innovación, que autoriza a la Unión y sus entidades a participar minoritariamente del capital de empresas privadas de propósito específico que tienda al desarrollo de proyectos científicos o tecnológicos para la obtención de producto o procesos innovadores. Los royalties o lucro serán propiedad de la empresa y su distribución será proporcional a la participación accionaría. En el caso del aliado público, esos recursos podrán ser utilizados para apoyar investigaciones en la forma de equipamientos, insumos, infraestructura de laboratorios y becas de productividad tecnológica, entre otros.

A pesar de los parámetros establecidos por la Ley de Innovación para la creación de la EPE, fue necesario escoger el modelo de asociación a ser adoptado. Estamos trabajando con el modelo de sociedad anónima, que, a nuestro modo de ver, protege mejor los intereses del socio minoritario, en este caso a la Embrapa, que tendría una participación del 49% en el capital de la nueva empresa, explica Crestana.

La elección del  modelo de alianza es fundamental para que la asociación se consolide a partir de un buen contrato, como él dice, que preserve la independencia de los socios. Embrapa no puede correr el riesgo de colocar el interés público al servicio de intereses privados, subraya. La regla vale también en el sentido contrario: los intereses privados no se pueden  someter a los mismos mecanismos de control que las instituciones públicas, que son auditadas por el Tribunal de Cuentas y por la Abogacía General de la Unión. No vamos a atraer a ningún socio si hubiera alguna inseguridad jurídica, dice Crestana.

El segundo desafío está en la confección del plan de negocio que debe señalar el volumen de recursos necesarios para la inversión, definir el papel y responsabilidad de los socios, entre otras medidas exigidas por el contrato. Los institutos de investigación no saben hacer eso y estamos discutiendo esa propuesta con los socios?, adelanta Crestana.

El tercer desafió es el de gestión. La Embrapa, con 49% del capital de la empresa, será el socio minoritario con asiento en el consejo administrativo de la EPE. Tenemos que tener respuesta para situaciones en que existan intereses en conflicto. En el sector público las elecciones son hechas por medio de competencias. Pero no será el caso en la EPE. El socio minoritario tendrá mucha importancia en situaciones como esa. También está en debate el grado de autonomía del representante de Embrapa en el consejo, así como  su estabilidad, en el caso de cambios de gobierno. El deberá tener estabilidad para tomar decisiones en un emprendimiento que es de largo plazo y prerrogativas garantizadas, subraya Crestana.

Algunas dudas importantes ya fueron superadas, de acuerdo con Crestana. Inicialmente pensábamos que, para participar de la empresa, necesitaríamos la aprobación del Congreso Nacional. Hoy está claro que debe ser un acto del presidente de la República, explica. Los socios establecen las condiciones de funcionamiento del punto de vista de gestión, definen el plan de negocios y las cuestiones jurídicas, elaboran contratos y encaminan al presidente, que tiene autoridad para decidir.

Otro problema superado es el de la constitución del capital de la empresa. Vamos a entrar con el capital intelectual, y no con recursos financieros. El activo de Embrapa en la EPE será la  base del conocimiento, sus talentos, sus colaboradores, su competencia y su red nacional de investigación. Esa es una ventaja que interesa a los socios, afirma Crestana. La dificulta es atribuir valor a ese activo intangible. Es un cálculo difícil, ya que no existe metodología universal para eso. La inspiración vino a partir de la experiencia de la Agro Ceres, que, cuando fue vendida, también avalo su capital intelectual. No podemos errar el cálculo por falta, bajo pena de ser acusados de entregar barato los recursos del estado, o por exceso, y ahí no conseguimos inversionistas.

La expectativa de Roberto Rodrigues es que la EPE reúna recursos para hacer frente a las inversiones estadounidenses en investigaciones con biocombustíbles y contribuya para consolidar el liderazgo del país en el escenario internacional. Los Estados Unidos van a destinar 1,6 mil millones de dólares en investigación con el etanol de maíz, advierte.

Para transponer fronteras – Embrapa no desarrollaba investigaciones con caña de azúcar desde el 2005, cuando Roberto Rodrigues, entonces ministro de la Agricultura y de la Pecuaria, creó la Embrapa Agroenergía. Entramos recientemente en el ramo de la caña no para competir con empresas privadas, como la CanaVialis (empresa de capital de riesgo del grupo Votorantim que trabaja con el mejoramiento de la caña de azúcar por medio de la genética clásica), el Centro de Tecnología Cañera (CTC) o aún el Instituto Agronómico de Campinas, subraya Crestana. Estamos trabajando en el sentido de la complementariedad.

De hecho, el país ha registrado avances importantes en las investigaciones sobre tecnologías de la caña de azúcar. La CanaVialis, mencionada por Crestana, prueba algo en alrededor de 2 millones de clones por año, de acuerdo con Fernando Reinach, presidente de la Alellyx. El objetivo de las investigaciones, él subraya, es obtener mayor proporción de  sacarosa, variedades más precoces y más bien adaptadas a suelos más pobres. Desde 2006, los mejores clones están siendo plantados por nuestros clientes, dice Reinach, refiriéndose a 43 centrales que suman 1 millón de hectáreas. La Alellyx, otra empresa patrocinada por la Votorantim Ventures, desarrolla investigaciones con el genoma de la caña. La Alellyx desarrolló una planta con proporción de sacarosa por hectáreas un 80% superior a la media que ya está siendo probada en campo. En seis años estará en el mercado, él prevé.

La contribución de la Embrapa, de acuerdo con Crestana, será en el sentido de desbravar fronteras agrícolas y garantizar la plantación en suelos con problemas como el estrés hídrico, por ejemplo. Tenemos que crear condiciones de plantación en los estados de Minas Gerais, Goiás, en el Cerrado y hasta en Maranhão, regiones con logística interesante y donde el precio de la tierra es más barato que el de la región de Ribeirón Prieto, compara.

Si el modelo de la EPE para el etanol tiene resultado, Crestana espera aplicarlos en otras empresas, siempre con alianzas privadas. El biodiesel también puede convertirse en un gran negocio. El problema es que los cultivos anuales como la soya, la ricino y el piñón-manso, utilizadas para la producción de oleaginosas, tienen ciclo corto y estarán en decadencia en diez años. Tenemos que substituirlas por plantas perennes, como las palmas, que producen el corojo.

Una nueva commoditie
Al mismo tiempo que moviliza el sector privado nacional alrededor de la EPE, Roberto Rodrigues articula alternativas de mercado para el biocombustible brasileño. Él integra la Comisión Interamericana de Etanol, una organización no gubernamental privada creada en diciembre del año pasado, de la cual también forman parte John Ellis Bush, hermano del presidente estadounidense; Luiz Alberto Moreno, presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID); y el ex-primer ministro japonés Homishiro Koyzumi.

La comisión, explica Rodrigues, tiene la misión de estimular la producción de etanol en los países de la América Central y el Caribe, transformando el combustible en commoditie. En esa tarea, el BID tendrá un papel fundamental, subraya. El banco está concluyendo un análisis del estado del arte de la producción de caña de azúcar en América Latina y el Caribe, para evaluar áreas disponibles para plantaciones y definir el apoyo para nuevas inversiones.

Rodrigues tiene una visión al mismo tiempo entusiasmada y pragmática sobre el futuro de la agroenergía y las perspectivas de negocios para  Brasil. La agroenergía va a cambiar de forma dramática la geoeconomía agrícola mundial, él prevé. Y explica: En el siglo XX el desafío de Europa era la seguridad alimentaría. Ellos tenían que producir comida a cualquier costo y eso incluyó una política de subsidios que está vigente hasta hoy y representa un 34% del PBI agrícola europeo. En el siglo XXI el desafío es la seguridad energética. Rodrigues no tiene dudas de que los Estados Unidos así como hizo  Europa en el siglo XX va a producir alcohol de maíz, no importa a que costo.

Difícilmente importarán alcohol. Así, cabra a Brasil liderar un mercado productor de materia prima y de etanol formado por países situados en la franja tropical, desde la América, hasta África. Vamos a vender tecnología, centrales de producción de etanol y carros flex, entre otros.

Pero son necesarios recursos para la investigación. Para eso, en otro frente de batalla, la Comisión Interamericana de Etanol va a pedir al presidente George W. Bush que use el dinero de la sobre tasa cobrada en la importación del alcohol brasileño para financiar las investigaciones de biocombustibles en el país. La suma de 250 millones de dólares puede parecer poco, pero es cuatro veces el presupuesto de Embrapa, de 40 millones de dólares, calcula.

El liderazgo brasileño dependerá también de recursos humanos para administrar nuevos emprendimientos de la economía del etanol. En el mismo seminario pretende anunciar la constitución de la alianza de la Embrapa con el sector privado, Rodrigues quiere lanzar también el curso de maestría en agronegocios, promovido por la Embrapa, la FGV y la Universidad de São Paulo. La propuesta de creación do curso está siendo evaluada por la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de la Enseñanza Superior (Capes) y, si es aprobada, deberá ser implantada en el  próximo año.

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