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Divulgación

El origen de la polémica

Exposición en São Paulo muestra la trayectoria de Darwin hasta la teoría de la evolución

El 27 de diciembre de 1831 el navío H.M.S. Beagle dejó el puerto de Plymouth, en el sur de Inglaterra. A bordo iba Charles Darwin, un joven de 22 años que acabara de concluir sus estudios para convertirse en pastor. La expedición dedicó buena parte del tiempo a explorar América del Sur, donde el joven científico recogió copiosas impresiones en diarios y colectó especímenes de animales y plantas de todos los tipos, que periódicamente mandaba a Inglaterra: en total, muestras de más de 1.500 especies. Precedido por el material, por sus descubrimientos sobre la naturaleza tropical y por la correspondencia con figuras de realce en la ciencia británica, Darwin que desembarcó de regreso a Inglaterra cinco años después en vez de pastor ya era un teórico investigativo y un naturalista conocido. Quien visite la exposición Darwin, una versión incrementada de la muestra elaborada en el Museo de Historia Natural de Nueva York, en cartelera hasta el 15 de julio en el Museo de Arte de São Paulo (Masp), recorrerá una muestra de la trayectoria de observación y encantamiento que llevó al padre de la evolución a elaborar su teoría que explica como especies se diversifican en respuesta a presiones ambientales.

Inmediatamente después del inicio de la exposición el visitante encuentra esqueletos diversos, que ya eran estudiados en los siglos XVIII y XIX. Al compararlos queda evidente la estructura común a la mayor parte de los animales. Mirando con atención es posible percibir analogías hasta entre especies bastante diferentes, como murciélagos y caballos: los huesos del ala de un murciélago corresponden a los de la mano de una persona, que en el caballo son fundidos y dan forma a las patas. Sin embargo, a pesar del amplio conocimiento sobre anatomía comparativa e historia natural, antes que Darwin pocos cuestionaban el por qué de las semejanzas y diferencias entre animales. Erasmus Darwin, abuelo de Charles, en el final del siglo XVIII publicó sus ideas que describían la adaptación de los animales al ambiente. Pero era una visión aislada, en general se creía que los seres vivos habían sido creados un por uno, el mundo era considerado inmutable y dudar de esa óptica hería a los cánones religiosos vigentes.

Fue en ese contexto que el joven Darwin partió para explorar un mundo poco conocido y pasó en tierra dos tercios de los cinco años de viaje del Beagle. La expedición llegó a la América del Sur por el puerto de Salvador, en Bahía, donde Darwin quedó deslumbrado con la naturaleza (La mente es un caos de encanto, escribió) y horrorizado con la esclavitud. Sus cartas relatan la discusión más sería que tuvo con Fitzroy, capitán del Beagle, que defendió que los esclavos estaban satisfechos con su condición. Él defendió y alabó la esclavitud, que yo abominaba, escribió al narrar la pelea que llegó a hacer a Darwin pensar que tendría que abandonar el barco. A partir del Brasil recorrió varios países de la América del Sur inclusive las islas Galápagos, que acabaron por representar un desafío definitivo a la visión arraigada del mundo.

Expedición paulistana
El Beagle le dio la vuelta al mundo en su trayectoria del descubrimiento. Quien sale de la avenida Paulista, más de 170 años después, y baja la rampa que lleva al subsuelo del Masp, camina cinco minutos pero  también se siente viajar a otro mundo. El barullo de las bocinas de los carros y el murmullo de la calle a los pocos desaparecen substituidos por sones de insectos, cantos de pajaritos, iguanas vivas, esqueletos y orquídeas de diversas formas y colores, que sumergen al visitante en un ambiente tropical.

Al recorrer la exposición en el subsuelo del Masp, el visitante percibe lo mismo que Darwin observó: especies distintas tienen semejanzas intrigantes, y las diferencias entre ellas son igualmente inspiradoras. El caparazón de las inmensas tortugas de Galápagos cambia ligeramente de una isla para otra. Lo mismo sucede con el pico de los tentillones, aves que Darwin colectó sin dar la debida atención a registrar la localidad precisa donde cada espécimen fue recolectada. Al darse cuenta de que la forma del pico de las aves variaba conforme a la isla de origen, Darwin y sus auxiliares tuvieron que reconstituir la información que después vino a convertirse uno de los ejemplos más sobresalientes de la relación entre las especies y el ambiente que ocupan. Esas semejanzas y diferencias entre las especies, que se convierten naturalmente obvias a lo largo de la exposición, pusieron a Darwin en el camino de explicar lo que él llamó mutabilidad de las especies.

Además de la ciencia, la muestra  con reproducciones de fotografías, cartas, diarios y manuscritos  trae de vuelta a la vida al hombre Charles Darwin. Él aparece en el niño que a los 10 años de edad contaba las flores de las peonías del jardín a pedido del padre  eran 160 en 1819, 384 en 1820 y 363 en 1821. También era Darwin el adolescente que se deslumbró con la exhuberancia natural de los trópicos y más tarde relacionó en su cuaderno los pros y los contras de la vida conyugal, antes de optar por pedir la mano de su prima Emma Wedgwood, a quien escribió: Yo creo que usted me humanizará e inmediatamente después me enseñará que hay una mayor alegría en construir teorías y acumular hechos en el silencio y en la soledad.

El matrimonio tal vez haya humanizado a Darwin, que gozaba de las rutinas establecidas, del lar bien mantenido, de las sesiones de backgammon y de lectura de cartas con la compañera. La pareja tuvo diez hijos, que el padre científico observaba y cuyo desarrollo registraba como si fuesen experimentos. Pero no sólo de ciencia se alimentaba el corazón del padre científico: la muerte de la hija Annie a los 10 años, de tuberculosis, causó un dolor profundo que abatió definitivamente la fé de Darwin en Dios.

Trabajo solitario
Pero la supuesta humanización, si de hecho presentó alegrías mayores a Darwin, no parece haber quitado nada de su placer en construir teorías y acumular hechos. La teoría de la evolución exigió más de 20 años de trabajo, aislado en el escritorio cuya réplica está en la muestra paulistana. Al observar el gabinete con sus muebles y objetos es fácil imaginar que Darwin acaba de abandonar la observación de besouros o caracoles y salir para un paseo de reflexión en el camino de arena que recorría un bosque en su propiedad  también reproducido en el Masp en la forma de fotografías en movimiento, de modo que el visitante tiene la impresión de también pasear por él. En contraste con la ciencia altamente tecnológica del siglo XXI, la teoría de la evolución por selección natural tomó forma a costas de mucho reflejar y observar animales y plantas con poco más de lo que la ayuda de una lupa.

A lo largo de esos 20 años de trabajo, Darwin laboriosamente acumuló conocimiento y evidencias para explicar como funciona la evolución por selección natural. A pesar de ser la más famosa. El origen de las especies está lejos de ser su única obra. Además de innumerables artículos y monografías, Darwin es también autor de otros libros que tuvieron impacto en la ciencia, como La expresión de las emociones en el hombre y en los animales y El origen del hombre y La selección sexual, ambos publicados en Brasil.

Formular la teoría llevó tiempo, pero lo más difícil parece haber sido vencer el  miedo del jaleo que ella causaría en el medio científico y social, además del disgusto a la fe religiosa de Emma. La coleta meticulosa de evidencias solamente fue reunida en el volumen hoy conocido como El origen de las especies porque otro temor mayor se sobrepuso a la cautela del autor: o de perder la autoría de su idea tan largamente trabajada. En 1858 Darwin recibió, para su evaluación, un manuscrito de su coterráneo Alfred Russel Wallace, que después de un período en la Amazonia investigaba la naturaleza del archipiélago Malayo, entre el sudeste de Asia y Australia. A lo largo de sus estudios, Wallace llegara a las mismas conclusiones de Darwin: los integrantes de una especie no son todos idénticos, y los más adaptados al ambiente donde viven dejarán más descendientes. A lo largo del tiempo, esa reproducción desigual puede llevar a alteraciones en la especie como un todo.

Darwin procuró a sus amigos y mentores Joseph Hooker y Charles Lyell, con quienes discutiera sus ideas. Científicos influyentes, los dos organizaron un acuerdo que entró para la historia como polémico: Darwin redactó un resumen de su trabajo, que presenta en conjunto con Wallace en una reunión de la Sociedad Lineana de Londres, donde se reunía la nata de la intelectualidad. Por tener contactos influyentes, Darwin consiguió no ser dejado fuera y entrar para la historia como el padre de la evolución. Wallace tuvo que contentarse con un papel de figurante.

La idea de que todas las especies son en verdad emparentadas de hecho sacudió la sociedad victoriana, que se recusaba a aceptar el parentesco con primates. En 1859, Darwin publicó El origen de las especies, cuya tirada de 1.250 copias prácticamente se agotó en el primer día. Sus trabajos tuvieron impacto inmediato en la ciencia y en la sociedad. Después de la publicación de El origen del hombre, en 1871, un amigo le contó a Darwin que cenó fuera de casa tres veces en una semana, y en todas las mesas se hablaba de evolución como un hecho aceptado y, al respecto de la descendencia del hombre, con tranquilidad.

La selección natural continúa siendo la única explicación científica para la diversidad biológica en la Tierra, pero aún no dejó de ser considerada por algunos como una afrenta a la religión. Aún hoy movimientos religiosos, en especial en Estados Unidos, buscan sustituir la enseñanza de la evolución por el del creacionismo, la idea de que la vida fue creada por Dios como ella es hoy. La polémica, así como el proceso de descubrimiento científico, está representada en Darwin, la exposición  que también incluye en su programación la pieza de teatro After Darwin, realizada por el grupo Arte Ciencia en el Palco. Allí, cada uno puede hacer su propio viaje y sacar sus conclusiones.

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