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Esper Abrão Cavalheiro

Esper Abrão Cavalheiro: La reconstrucción del hombre

Con potencial para alterar profundamente el desempeño humano, la nueva convergencia de tecnologías debe debatirse en el seno de la comunidad científica

El neurocientífico Esper Abrão Cavalheiro, 57 años, asesor del Centro de Administración y Estudios Estratégicos (CGEE), es en este momento el encargado de una tarea muy especial. O mejor dicho, se ve enteramente atravesado por una misión titánica: provocar un intenso y, de ser posible, productivo debate en el seno de la sociedad brasileña sobre las llamadas tecnologías convergentes, para que el país no se atrase más de la cuenta en ese nuevo campo tecnocientífico que podrá provocar, en un futuro cercano, transformaciones formidables en el desempeño del ser humano, en la explotación de sus límites potenciales y en la conservación de su salud entre otros efectos. Necesitamos tener una retroalimentación  de la comunidad científica sobre ese tema para que podamos discutirlo con el gobierno, con los empresarios y con los ciudadanos de este país, resume Cavalheiro.

En rigor, las llamadas tecnologías convergentes, una vasta área de interacción de la investigación en nanotecnología, biotecnología, tecnología de la información y ciencia cognitiva, hicieron su estreno en la escena pública con este nombre en junio de 2001, en una reunión organizada por los investigadores estadounidenses Mihail C. Roco y William Sims Bainbridge, con el apoyo de la National Science Foundation (NSF), en Arlington, Virginia. De ese encuentro salió el documento Converging Technologies for Improving Humam Performance, un mamotreto de casi 500 páginas de las cuales emergen posibilidades técnicas hasta entonces impensables, muchas de ellas bordeando la pura ficción científica, para ámbitos tan disímiles como el de la defensa militar y el de la salud humana.

Dos años después, la Comisión Europea decidió dirigir una mirada más enraizada en su tradición humanística a las tecnologías convergentes y publicó el pequeño documento Converging Technologies: Shaping the Future of European Societies, de alrededor de 70 páginas, pero ambicioso en el propósito de definir el nuevo campo según un european approach. De acuerdo con éste, los ciudadanos de Europa se beneficiarán con las CT si ellas fueran implementadas apuntando a los cuidados en salud, procesamiento de información y comunicación, mitigación ambiental, fuentes de energía y otras áreas de interés público y personal.

Es en ese universo complejo de las tecnologías convergentes (TCs) que Cavalheiro, profesor titular de neurología experimental de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), se ve inmerso desde hace algunos meses para coordinar la discusión acerca de lo que debe ser la participación nacional activa en la circunscripción de las investigaciones, las bases de financiación, los marcos reglamentarios, las políticas, en definitiva, aquello que va a consolidar los hitos fundadores de esa área. Científico respetado, con una contribución importante para la definición de modelos experimentales de epilepsia, desde hace algún tiempo ocupa puestos importantes en la administración de la política científica en el país, incluyendo la presidencia del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). Lea a continuación, los principales tramos de la entrevista que Cavalheiro concedió a Pesquisa FAPESP:

Hay un tema nuevo que en este momento ocupa bastante sus reflexiones, que es el de las tecnologías convergentes, principalmente en el área médica. Podemos comenzar por el concepto: ¿qué son las tecnologías convergentes?
Al observar el desarrollo de la ciencia, verificamos que existen momentos en que hay una fragmentación que facilita la comprensión de fenómenos más intrínsecos a una determinada área, y otros en que ocurre cierto agrupamiento, una convergencia. Esa alternancia es fundamental y, para ejemplificar con algo más reciente, se puede recurrir a la biología, que pasó por un período de fragmentación, de división en varias disciplinas derivadas de ella. En las últimas décadas, varias de esas disciplinas, en asociación con otros campos del conocimiento, entraron en un movimiento convergente alrededor del gen o del ADN y que propició el surgimiento de este fantástico campo de la genómica y sus ramificaciones. Más recientemente y ahora hablando de forma específica de ese tema al cual me estoy dedicando, Mihail Roco, un científico muy influyente del área de nanotecnología y que consiguió apalancar grandes financiamientos en Estados Unidos, fue llamado por la National Science Foundation (NSF) para provocar otro tipo de discusión. En 2001, él y William Bainbridge organizaron una reunión que denominó Converging Technologies for Improving Human Performance.

¿Fue entonces la primera reunión destinada a discutir esa convergencia de tecnologías?
Ese primer encuentro en Estados Unidos propuso la actuación convergente de cuatro áreas: la nanotecnología, la biotecnología, la tecnología de la información y la ciencia cognitiva hoy en día ampliada a toda la neurociencia, con el objetivo de promover la interacción entre sistemas vivos y artificiales en la búsqueda de nuevos dispositivos o fármacos que sirvan para expandir o mejorar las capacidades cognitivas y comunicativas, la salud y la capacidad física de las personas y, en general, producir un mayor bienestar social.

¿Dónde tuvo lugar la reunión?
En Arlington, Virginia, donde se reunieron investigadores de esas cuatro áreas y que, de alguna manera, ya trabajaban con el concepto de la convergencia. Por ejemplo, nanotecnología y biotecnología convergían dentro de un proyecto para encapsular nuevas drogas o para disminuir efectos colaterales de los medicamentos. Otros asociaban tecnologías de la información (TI) con biotecnología para el alerta de desastres biológicos por la vía de comunicación rápida. Así, algunas áreas que estaban caminando aisladamente fueron convocadas a participar conjuntamente (converging technologies) del esfuerzo en la solución de importantes cuestiones humanas. Pienso que el término tecnologías convergentes no es la mejor traducción, porque por sí solas no convergen, como por ejemplo en el caso de las tecnologías digitales. Allí, tecnologías inicialmente separadas son llamadas a contribuir con la construcción de un nuevo paradigma, de ahí que yo prefiera llamar nueva convergencia tecnológica o convergencia de tecnologías.

No son las tecnologías las que dialogan entre sí.
Estamos hablando de áreas de gran desarrollo reciente y que, aún aisladamente, son capaces de aportar modificaciones significativas a la sociedad y al ambiente. El simposio americano tuvo el objetivo de mostrar las innumerables ventajas que pueden advenir de su interacción, no en el sentido de aquello que una pueda proporcionar al desarrollo de la otra, sino en la construcción de propuestas a partir de preguntas comunes. Allí, el título apuntaba como objetivo el perfeccionamiento del desempeño humano y la discusión indicó las innumerables posibilidades de aplicación, como la mejora del desempeño humano, de la comunicación global, del prolongamiento de la vida etc.

¿Quiere decir que no tendía solamente a la salud?
Aunque pueda considerarse la salud humana como pieza central del simposio, se llegó precisamente a plantear un nuevo ambiente social a partir de la nueva convergencia, lo que, en determinado momento del simposio, fue propuesto como el renacimiento de la ciencia. Es decir, una nueva era de la ciencia y de la tecnología resultante del agrupamiento de esas áreas, y que podrá marcar diferencia en la sociedad del futuro. Otros aspectos estuvieron relacionados al uso de la convergencia en la seguridad de las naciones ante los nuevos tipos de agresión guerra biológica o química, por ejemplo, llevando a la necesidad de un perfeccionamiento en el sistema de defensa de los países, y que envolvería desde cuidar físicamente al soldado que está en el frente hasta proveerlo de ropas que pudiesen estar en contacto, vía satélite, informando sus condiciones de combate. Con todo, cuando se observa más de cerca el documento, se ve que gran parte de él se dirige al potencial humano, a los dispositivos para la sustitución de órganos o parte del cuerpo, a la comunicación sin la barrera de diferentes lenguas, es decir, en la dirección de una nueva sociedad.

Esas ideas estaban en ese entonces bien localizadas en Estados Unidos. Pero  en su reciente viaje para una reunión sobre el mismo tema en Austria este ya había adquirido una dimensión internacional. ¿Cómo se da la discusión de las tecnologías convergentes en 2007?
En 2004 salió el primer documento de la Comunidad Europea sobre el tema con un nombre diferente: Converging Technologies for a Diverse Europe. En ese texto se comprende que Europa históricamente más humanista, y que representa un conjunto de países con culturas en ocasiones muy distintas y con niveles diferentes de desarrollo económico y social busca incluir la dimensión humana, sus culturas y sus valores en la nueva convergencia, más allá de la búsqueda de un mejor desempeño. Cuestiones sobre qué y en quién perfeccionar esta o aquella función son complicadas y esa discusión no puede quedar restringida solamente al ambiente científico. De esa forma, el documento europeo se lanza sobre cuestiones más urgentes de la sociedad humana y de cómo la nueva convergencia puede auxiliar en la solución de problemas como la energía, cambios climáticos, polución, aumento de la obesidad, de la hipertensión, de la longevidad humana, el abuso de drogas psicoactivas etc., además de proponer la ampliación de la nueva convergencia con la inclusión de las ciencias humanas y sociales, parámetros fundamentales para la comprensión del humano.

Quiere decir entonces que Europa cambia el enfoque de las tecnologías convergentes.
Dentro del documento americano la importancia de salir al frente está claramente asociada a la noción de competitividad, no sólo científica sino de garantía de mercado. Europa intenta amenizar ese aspecto y se interroga hasta adonde se puede ir con la nueva convergencia sin que sus ciudadanos ya que son ellos los que realmente financian los avances científicos y tecnológicos participen del debate y decidan sobre su dirección.

El problema entonces es cómo se establece ese campo de las tecnologías convergentes sin que se lo asocie a la manipulación de la vida de los individuos por instancias de poder incontrolables.
Se puede decir de esa forma. La lectura atenta de cualquiera de los documentos producidos por diferentes países sobre la convergencia tecnológica hace posible antever que se abren las cortinas de beneficios fantásticos para la salud humana, los cuales han sido recibidos con verdadero entusiasmo. En la interacción hombre-máquina, por ejemplo, podríamos emplear as técnicas de información para resolver determinados problemas de motricidad o de comunicación de personas con problemas graves de lenguaje, visión o audición etc. Pero cuando se percibe que los límites entre la acción terapéutica y el perfeccionamiento de funciones cognitivas están poco visibles ese entusiasmo disminuye.

¿Es una discusión que se estableció con relación a drogas como el Prozac, no es cierto? ¿Se debe intentar librar a la humanidad de la tristeza, tratarla como si fuese una patología?
Esa discusión se ha dado más a menudo en los ambientes de las ciencias humanas y sociales, y que en cierta medida se asocia al repudio a aquello que se ha llamado medicalización de la salud, comienza a indagar quién tendrá derecho de decidir sobre lo que debe ser perfeccionado, y cuándo, y en quiénes. ¿Cuáles serán los posibles efectos sociales? ¿Qué instituciones van a encargarse de su reglamentación? Con todo, la nueva convergencia parece ya ser una realidad que vino para quedarse, basta para ello observar el gran número de eventos médicos que han ocurrido en los últimos dos o tres años con el título de Converging technologies and new drugs o Converging technologies for medical equipments etc. Aunque la nueva convergencia no sea en sí un programa formal para el financiamiento de la ciencia y de la tecnología, sus objetivos han norteado otros programas, tanto en Estados Unidos como en  Europa.

Pero antes de entrar en detalles operativos, hablemos de la reunión en Austria, para entonces sí llegar a Brasil.
En el marco del Programa Cuadro 6 de la Comunidad Europea se emitió un llamado para el estudio de la nueva convergencia no sólo del punto de vista del desarrollo científico, sino de su interfaz con el desarrollo de la sociedad europea. Así, se formó una red de investigación, cada grupo con un objetivo específico, liderados por investigadores de Alemania coordinados por Nico Stehr. Para él, que se ha dedicado al campo de estudios que intitula knowledge politics, la creencia de que un  mayor conocimiento redunda obligatoriamente en un mayor bienestar ha de ser repensada. Mayor conocimiento y su adecuada aplicación pueden, sí, llevar al mayor desempeño económico, pero no implica que la ganancia resultante sea compartida por la sociedad. Pero este asunto no era el foco central de esa reunión. Allí, y por ser la segunda de tres reuniones planificadas, los grupos presentaron los resultados parciales de sus estudios que buscaban entender el papel de la nueva convergencia como motor central de las iniciativas de innovación y sus posibles impactos sobre el futuro de la sociedad europea.

¿Y cuándo fue la primera?
El año pasado. Este año fue una evaluación de medio término sobre como las investigaciones están yendo y, en el próximo, debe ser presentado el documento de consolidación de las discusiones. Fue bastante interesante conocer un estudio que aborda aquello que los científicos europeos consideran o no realizable a partir de la convergencia de la nanotecnología, de la biotecnología, de la tecnología de la información y de la neurociencia. Y en esa reunión, con cerca de 80 participantes, fue interesante verificar discusiones acaloradas sobre el uso de esa convergencia en el transhumanismo, en la creación de seres híbridos (humano-máquina) etc. Alguien llegó hasta a decir: Llegamos a los Cyborgs.

Yo pensaba exactamente en eso…
Sólo que esta vez podemos querer ir más allá una película de ciencia ficción.

¿Su participación fue como asesor del CGEE?
El CGEE está iniciando un estudio que pretende abordar los desafíos y las oportunidades que la nueva convergencia puede traer a nuestro ambiente científico y tecnológico y a la sociedad. Yo aún estoy intentando comprender las diversas voces que escuché, en un momento entusiasmadas con las fantásticas posibilidades oriundas de las aplicaciones de la nueva convergencia, en otros, escépticas y pesimistas. Es posible que lo que más haya llamado la atención haya sido exactamente esa disposición de colocar la discusión en un ámbito público, ya que la nueva convergencia trae consigo dilemas éticos importantes para que ella se quede restringida a los ambientes científicos. No se puede postergar esta discusión para cuando sus efectos fueron conocidos en la práctica.

¿Lo qué se pensaba en llevar al debate público eran las aplicaciones potenciales de las tecnologías convergentes en la medicina?
La primera preocupación era con la institucionalidad de esas tecnologías y de como éstas permean a las instituciones humanas, entendiendo institucionalidad como las reglas del juego. Otros aspectos discutidos se relacionan con la administración y reglamentación de los productos y servicios resultantes de la nueva convergencia, sus aspectos éticos y legales, y su impacto sobre la sociedad. Un aspecto paralelo, pero no por eso menos importante, se relaciona al papel que las convicciones religiosas pueden tener en la percepción pública de la nueva convergencia, debido a que las decisiones individuales no son simplemente basadas en el conocimiento corriente.

Pero ante esa preocupación con el desmerecer el aspecto de la religiosidad personal, individual, se analiza algo bien complicado: ¿cómo el Estado laico puede moverse en ese terreno? Tenemos en Brasil con un problema alrededor de la autorización del uso de las células madre embrionarias para investigación, por presiones religiosas, y ya vamos a abrir la discusión sobre el límite posible de la intervención sobre el individuo propuesta por las tecnologías convergentes. En la condición de asesor de un órgano del CGEE, ¿cuál es su visión sobre eso?
Aunque haya una discusión bastante importante sobre la utilización de las tecnologías emergentes, tanto en Brasil como en varios otros países, yo aún no tengo una posición definida, si es que eso es posible, sobre el asunto y ni eso me ha sido demandado en mi actuación en el CGEE. Se trata de una cuestión relevante, principalmente al verificar que, al lado del avance reciente de la ciencia, vivimos un período de disturbios sociales significantes y que muchas veces son justificados por diferencias religiosas o culturales. La comprensión y la inclusión de esos importantes valores humanos en las discusiones sobre el encaminamiento futuro de la ciencia y de la tecnología pueden contribuir a mejorar nuestra convivencia social.

¿Cuál es su expectativa de que el tema de las tecnologías convergentes llegue a Brasil de la manera como ya es discutido en Europa y Estados Unidos?
Tenemos en el país una sociedad científica bastante actuante en las áreas-claves de la nueva convergencia. El trabajo desarrollado en el CGEE tiene este hecho en cuenta y será importante saber como esos investigadores pretenden participar en ese movimiento alrededor de la convergencia y cuales son los desafíos que ella nos presenta. Si observáramos los documentos ya referidos, vamos a notar que ellos señalan hacia los posibles beneficios que la convergencia puede traer para los países en desarrollo. Pero no creo que los investigadores brasileños quieran privarse del debate y de actuar activamente en esas decisiones.

¿Qué cambios concretos podremos ver dentro de cinco o diez años quizás?
No necesitamos esperar mucho, ya que algunos dispositivos concebidos a través del principio de la convergencia tecnológica ya están en uso. Pensemos en el área médica, por ejemplo, donde una microcámara incluida en un comprimido emite, en su recorrido después de haber sido deglutido, imágenes sobre todo el tracto digestivo para un receptor externo al cuerpo. Estas imágenes pueden auxiliar en el diagnóstico de varias patologías gastrointestinales sin el uso de técnicas invasoras. Otros ejemplos incluyen la incorporación de drogas en nanocompuestos dirigidos a órganos específicos que al mismo tiempo que aumentan la eficiencia del tratamiento pueden disminuir los efectos colaterales. Algunos de esos procedimientos ya están en uso o están en fases avanzadas de estudio aquí en el país.

¿Qué viene a ser el perfeccionamiento del individuo?
El sentido de esto es muy amplio, pero la nueva convergencia apunta a ese aspecto de dos maneras: en la corrección de limitaciones o en la aceleración de procesos normales. En el primer caso podemos desarrollar dispositivos que restituyan la visión, la audición o el movimiento a personas que presenten estos problemas, en el segundo, podríamos pensar en el uso de un chip que acelerase el aprendizaje o que facilitase la creatividad. En ese sentido, la imaginación puede ir lejos.

¿Entonces la discusión es: cuál es la legitimidad de este tipo de intervención?
Sí, pues al lado de esas increíbles posibilidades queda la cuestión de quien va a decidir sobre lo que vale o no la pena de ser perfeccionado y para qué.

¿Cómo será esa discusión en términos institucionales en Brasil? ¿Qué está articulando  con los otros órganos?
Organizamos, recientemente, una reunión en el CGEE con varios científicos de las áreas centrales de la convergencia al lado de otros de las áreas sociales y humanas. Fue sumamente provechoso para el delineamiento del estudio que ahora iniciamos. Con todo, fue sorpresa observar que, aunque varios de los presentes ya actuasen en la interfaz de la convergencia, algunos no estuviesen acompañando los desdoblamientos y las discusiones que están corriendo en el ambiente internacional de ciencia y tecnología. Esta observación vino a reforzar la necesidad de ampliar el debate en nuestra comunidad, principalmente por el hecho de que esa misma comunidad ha actuado de forma extremamente competente en la formación de recursos humanos para actuar en el futuro próximo. En el trabajo del CGEE está prevista la participación de órganos del gobierno, de empresarios y otros segmentos de la sociedad que actúan en el campo de la ciencia, la tecnología y la innovación.

¿Abrir canales para que esa discusión tenga lugar en Brasil ayuda al CGEE, que tiene cinco años, a cumplir su rol?
En cierta medida, nosotros los brasileños tenemos muchas dificultades en trabajar cuestiones de largo plazo y las preocupaciones del día a día toman casi todo el tiempo, dejando la sensación de que mucho resta por hacer. Sin embargo, no podemos dejar de preocuparnos con los posibles desdoblamientos de decisiones tomadas en el presente y cual el impacto que ellas podrán tener en el futuro de la sociedad. Los países más bien estructurados hacen de forma continua estudios de prospección y de futuro en la intención de prever escenarios probables y deseables para de aquí a 20 ó 50 años, de forma que se estructuren para que eso sea alcanzado. Las metodologías utilizadas en esos estudios son muy ricas y variadas y el CGEE se ha dedicado a utilizarlas en sus estudios dirigidos al campo de la ciencia, la tecnología y la innovación.

Por lo tanto, con enorme grado de inseguridad.
La ocurrencia de eventos no previstos y grados de inseguridad están incorporados al proceso de pensar el futuro de forma que los estudios no prevén un escenario único ni rutas de actuación rígidas que no puedan ser modificadas en el proceso de su ejecución. ¿Quién podría prever los cambios recientes consecuencias del ataque al World Trade Center de Nueva York y, en consecuencia de ellos, las inversiones financieras que vienen siendo hechas en lo que se relaciona a la seguridad nacional de aquel país? Estos hechos recientes deben obligatoriamente ser incluidos en las agendas de los estudios prospectivos.

¿Cuándo usted habla de proyectos para 2050 en Brasil, está pensando en qué áreas?
El país se ha destacado en temas importantes no sólo para nosotros los brasileños, sino para toda la humanidad. Pensemos en los cambios climáticos y en el desarrollo limpio, en las energías del futuro, en el uso sostenido de nuestra rica biodiversidad. No podemos más quedarnos solamente corrigiendo aquello que ya hicimos de errado, es necesario pensar cuales son los próximos pasos y que consecuencias ellos podrán tener en el futuro.

¿Cómo se dio su tránsito de la investigación y de enseñanza para el CNPq y el CGEE?
Puedo considerar ese cambio como un regalo de una persona admirable y que yo no conocía hasta aquél momento, el ministro Ronaldo Sardenberg, que durante su paso por el MCT me convidó a trabajar a su lado. Ampliar mi actuación del ambiente universitario para trabajar en la elaboración de programas y políticas de ciencia y tecnología fue una experiencia notable. Aprendí mucho, no solamente con el ministro sino con varios miembros del equipo, en particular con el secretario ejecutivo, Carlos Américo Pacheco, otra cabeza privilegiada. Y contribuí con mucha dedicación y trabajo en las propuestas del MCT.

¿Su interés por la política de C&T viene desde su tiempo de prorrector de la Unifesp, no es cierto?
El hecho de estar trabajando hace casi 30 años en la Unifesp ha sido un gran privilegio. Lo que, por un lado, fue siempre una gran ventaja, esto es, por ella haber sido centrada en el área de la salud, significó, al mismo tiempo, una desventaja como la vivencia del concepto de universidad, de la interfaz con otros dominios del conocimiento humano.  Cuando comencé a actuar como prorrector y a participar en los encuentros con docente de otras áreas, tuve la oportunidad de diversificar mis expectativas y de completar mi visión sobre el ambiente educativo y de la ciencia. Cuando fui electo presidente del Foro de Prorrectores de Posgrado e investigación pude, a través del encuentro de grandes personas, aprender aún más.

¿Y su experiencia en la CTNBio?
Ejercí la presidencia de  CTNBio en el mismo período en que era presidente del CNPq. Actualmente un desafío muy interesante, y si consideráramos aquel período como más sereno en relación a lo que tenemos hoy, puedo garantizar que los miembros de la CTNBio que trabajaban conmigo en aquella época tenían la nítida sensación de que aquel era el período más conturbado de la joven vida de la Comisión.

Nos gustaría que terminase hablando de su trabajo como neurocientífico y de las investigaciones sobre epilepsia y la droga pilocarpina.
La pilocarpina, una droga conocida desde hace mucho tiempo y que es extraída de arbustos de la región nordeste, viene siendo usada hace mucho tiempo en el tratamiento del glaucoma. También ya se conocía el hecho de que ella tenía efecto excitatorio cuando es aplicada en las neuronas. Uno de nuestros hallazgos que acabó siendo fundamental para los avances en el campo de las epilepsias fue el verificar que la pilocarpina, en altas dosis, podría ser utilizada como herramienta en el desarrollo de un nuevo modelo experimental de epilepsia muy semejante a aquel observado en seres humanos. En esos 20 años de trabajo con ese nuevo modelo experimental nuestro grupo y varios otros del país y del exterior han podido comprender como un cerebro anteriormente normal puede, a partir de una lesión, desarrollar mecanismos plásticos que acaban llevando a la epilepsia. El proceso todo es bastante complejo y ha demandado la participación de científicos de varias áreas, una verdadera convergencia. Creemos que la mejor compresión de ese fenómeno pueda contribuir en la búsqueda de nuevas estrategias de tratamiento, no sólo para las epilepsias sino también para las patologías cerebrales que resultan de la degeneración neuronal de las más variadas etiologías.

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