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Las llaves del desarrollo

La salida para Latinoamérica puede estar en la "destrucción creativa" basada en ciencia y tecnología

Muchas cosas han cambiado en Latinoamérica  en los últimos 17 años. La receta de crecimiento del Consenso de Washington, formulado en 1989 que implica disciplina fiscal, desregulación y privatización de estatales, entre otras medidas, tuvo fuerte impacto en la economía, en los mercados regionales y aun en la innovación tecnológica, pero no fue suficiente para garantizar un desarrollo sostenible: la tasa promedio del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en la región no sobrepasó el 4% y las desigualdades sociales se profundizaron. Tenemos a un tercio de la población viviendo en el Primer Mundo y dos tercios en al margen del mercado, dice Jorge Katz, ex director de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), profesor de economía industrial de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, y profesor visitante de teoría de la innovación en la Universidad de Chile, quien estuvo en São Paulo. Necesitamos superar el idilio con el Consenso de Washington. La salida para el desarrollo latinoamericano, en su evaluación, está en la destrucción creativa, que, en la economía del conocimiento, tiene como claves la ciencia y la tecnología (C&T).

El nuevo carácter de la revolución necesaria en Latinoamérica  fue el telón de fondo del VII Congreso Iberoamericano de Indicadores de Ciencia y Tecnología, organizado por la Red Iberoamericana de Indicadores de Ciencia y Tecnología (Ricyt) y la FAPESP, entre los días 23 y 25 de mayo, en São Paulo. Hoy en día se registra una nueva revolución social inspirada en el conocimiento que llevará a los  cambios sociales. Necesitamos políticas de desarrollo que consoliden una nueva industria, creen nuevos mercados y permitan superar la dualidad regional atendiendo a las demandas sociales, explicó Mario Albornoz, secretario de la Ricyt. En ese nuevo contexto, la construcción de indicadores de C&T son herramientas estratégicas para dar soporte a las políticas regionales de desarrollo.

Esa es la misión de la Ricyt, creada en 1995, por iniciativa del Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo (Cyted): estimular y facilitar la producción de indicadores para el diagnóstico y la administración de la C&T  en los países latinoamericanos, España y Portugal. A la época constatamos que la mayor parte de los países de Latinoamérica y el Caribe carecía de estadísticas en C&T confiables y comparables internacionalmente, recordó Albornoz.

La red fue edificada como un emprendimiento colectivo, ya que los países involucrados tenían problemas comunes: bajos índices de inversión en innovación y de sus resultados para la sociedad, falta de políticas científicas y tecnológicas de largo plazo y escasez de emprendimientos. Ella articula organismos nacionales de C&T, universidades, institutos de investigación y entidades regionales y han avanzado en el desarrollo de indicadores de información, de percepción pública de ciencia, de impactos sociales de la C&T y de internacionalización de la ciencia. Hoy vivimos una nueva etapa, cuyos objetivos básicos deben ser alcanzar  mayor competitividad y equidad social, que se traducen en necesidad de aumentar las exportaciones y construir ventajas comparativas dinámicas basadas en el conocimiento, resumió Albornoz.

Indicadores de innovación
En un congreso iberoamericano Brasil tiene una posición, sobretodo cuando se trata de evaluar el avance del desarrollo tecnológico. El mismo Katz reconoce que aquí el Estado se mantuvo presente y, por medio del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) y del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), contribuyó, por ejemplo, a la consolidación de una industria fuerte y diversificada, sobretodo en el sector estratégico de bienes de capital fuerte. En Chile el Estado no interviene. Ahora es que está adoptando una política de selectividad de inversiones para construir el Chile 2020. En la Argentina es parecido, analizó.

El Brasil también está al frente en materia de indicadores de desarrollo. La principal iniciativa es la investigación Industrial de Innovación Tecnológica (Pintec, sigla en portugués), realizada por lo Instituto Brasileño de Geografía  Estadística (IBGE), y con apoyo de la Financiera de Estudios y Proyectos (Finep). En las dos primeras ediciones  en 2000 y 2003  la Pintec contabilizó el número de empresas industriales innovadoras en tecnología y procesos, las inversiones en investigación y desarrollo (I&D), las relaciones de cooperación con otras instituciones y personas ocupadas, entre otros. En la tercera edición, que va a ser publicada aún en este año, la Pintec deberá incluir también el sector de servicios.

La última edición de la Pintec reveló que la innovación avanzaba lentamente en el país. Entre 2000 y 2003, aunque haya aumentado el número de empresas que realizaban I&D, ese crecimiento se concentraba en las pequeñas empresas que desarrollaron innovaciones de carácter imitativo, de menores costos y riesgos. En las demás hubo disminución en los gastos con la innovación. Los datos de la Pintec revelan los puntos frágiles del avance de la innovación en el país y señalan la dirección en que deberían ser reforzadas las políticas de desarrollo tecnológico.

Las informaciones de la Pintec
Basadas en la metodología del Manual de Oslo, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE)  no permiten identificar el desempeño innovador de sectores específicos. Pero suministraron el insumo básico para la construcción de otro indicador más sofisticado  el Índice Brasil de Innovación (IBI) , resultado de una iniciativa editorial de la revista Innovación, en alianza con el Instituto Uniemp, el Departamento de Política Científica y Tecnológica del Instituto de Geociencias (IGE), de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), con el apoyo de la FAPESP.

El nuevo índice evalúa el grado de la capacidad de innovación de las empresas, teniendo en cuentas los esfuerzos de innovación y sus resultados, permitiendo así clasificar a empresas de los varios sectores industriales ordenados por la  intensidad tecnológica. El ranking de las empresas más innovadoras fue anunciado durante el VII Congreso de la Ricyt. Nuestro universo de clasificación fueron 30 empresas del sector de manufactura consultadas por la Pintec, explicó Carlos Vogt, presidente de la FAPESP, e idealizador del índice.

Además de las respuestas de las empresas al cuestionario de la Pintec 2003, voluntariamente cedidas al equipo de investigadores para la elaboración del indicador bajo compromiso de sigilo absoluto, el IBI también utilizó informaciones relativas a las patentes registradas por las empresas en Instituto Nacional de Propiedad Intelectual (INPI) y las de Investigación Industrial Anual (PIA, en las siglas en portugués) 2003, también del IBGE, que contabilizan la inversión en la calificación de personal, adquisición de equipamientos, entre otros.

Tecnología y mercado
La idea subyacente al índice es la de que los esfuerzos tecnológicos no son un objetivo en sí mismo, sino instrumentos para garantizar el crecimiento de la empresa, explicó Ruy Quadros, de la Unicamp. Así, el IBI se divide en dos grandes indicadores: Indicador Agregado de Esfuerzos (IAE)  que tiene en cuenta los insumos empleados en el proceso de innovación  y el Indicador Agregado de Resultados (IAR) que mide el impacto de la innovación en el desarrollo de la empresa. Cada uno de esos grandes indicadores fue subdividido en otros 15, como el de recursos humanos, de ingresos de venta con productos innovadores y de patentes, entre otros.

Las diferencias intersectoriales en los esfuerzos de I&D y el número de patentes fueron compensadas por medio de la ponderación de los resultados obtenidos por cada empresa con la media del desempeño innovador de su sector de actividad. Para evitar que el tamaño de la empresa beneficiase a grandes emprendimientos, en la evaluación del esfuerzo innovador los investigadores tuvieron en cuenta el ingreso líquido y el número de empleados.

Los rankings sectoriales de innovación fueron construidos con base en la similitud de comportamientos tecnológicos. A partir de ese criterio, las empresas fueron reunidas en cuatro grupos: sectores de alta tecnología; de media-alta intensidad tecnológica; de media-baja intensidad tecnológica; y de baja intensidad tecnológica.

En el grupo 1, de alta tecnología, uno de los más intensivos en actividades de I&D en el país, el sector automovilístico quedó con el primero y el tercer lugares. La primera colocada fue la Delphi, fabricante de piezas automotrices, con un desempeño tecnológico muy encima de la media del sector automovilístico. Embraer se ubicó en el segundo lugar porque su peso relativo en el sector es muy expresivo.

En el grupo 2, formado por empresas de sectores de media-alta intensidad tecnológica, que realizan I&D continua, los tres primeros lugares quedaron con la industria química. La campeona fue la Silvestre Labs, fabricante de productos farmacéuticos instalada en el polo de biotecnología de Río de Janeiro (BioRio), que tuvo realce en el indicador de resultados. Tiene 150 funcionarios, más de la mitad dedicada a la I&D, y ya colecciona seis patentes. El segundo lugar fue de la Vallé, de Montes Claros, Minas Gerais, que actúa en el área de salud animal.

El grupo 3, que agrupó sectores de media-baja intensidad tecnológica, tuvo resultados heterogéneos. El primer lugar fue de la Brasilata, fabricante de latas de acero con 900 funcionarios,  más de 50 patentes depositadas en Brasil y en el exterior, que obtuvo desempeño espectacular en los indicadores de resultados.  El segundo lugar le cupo a la Faber Castell, empresa clasificada en el sector de muebles y diversos, con realce para su Indicador Agregado de Esfuerzos. La Usiminas, empresa de metalurgia básica, presentó resultados equilibrados entre esfuerzos y resultados, quedando en tercer lugar.

El grupo 4 reúne a los sectores de más baja intensidad tecnológica de la industria brasileña. El primer lugar fue de la Santista Textil; el segundo de la Grendene, fabricante de calzado, y el tercero de la Rigesa, industria de papel y celulosa. En su próxima edición, el IBI deberá ser perfeccionado para corregir  desvíos observados en la comparación de pequeñas y grandes empresas e incorporar también el sector de servicios. Pero, según Quadros, ya presenta una triple ventaja: permitirá que la sociedad conozca la actuación de las empresas innovadoras por un prisma diferente de los indicadores tradicionales; servirá como referencia para que el gobierno y las agencias de fomento calibren instrumentos de política pública volcados para el sector privado; y posibilitará a las empresas a evaluar su desempeño innovador en relación a las demás competidoras en el mercado. El próximo paso será hacer el Manual de Campinas, una especie de gramática del IBI, con explicaciones sobre su sintaxis, anticipó Vogt.

Acceso a la ciencia
Los indicadores permiten también que se evalúe el grado de información del público sobre el desarrollo científico y tecnológico de un país. En el Congreso de la Ricyt fueron presentados los primeros resultados de la investigación Percepción Pública de la Ciencia y la Tecnología, elaborada por el Ministerio de la Ciencia y Tecnología (MCT), en alianza con la Academia Brasileña de Ciencias, la Fiocruz, con la colaboración del Labjor, de la Unicamp y el apoyo de la FAPESP.

Fue la segunda investigación a nivel nacional sobre el tema. La primera fue realizada en 1987 por el Instituto Gallup, por iniciativa del CNPq, cuando se constató que solamente el 20% de los entrevistados manifestaban interés en estudiar temas de la ciencia. Esta vez fueron consultadas 2.004 personas en todo el país con edad media de 36 años y renta mensual media de 952,29 reales  por medio de un cuestionario con preguntas cuantitativas, en noviembre y diciembre del año pasado. Se observó, por ejemplo, que al brasileño le gusta más la ciencia que la política. En Europa también es así, comparó el investigador Yurij Castelfranchi, del Labjor. Pero la atracción por la ciencia pierde con relación a temas relacionados con la medicina y la salud (60% del interés), medio ambiente (58%), religión (57%), economía (51%) y deportes (47%).

La investigación también reveló  discrepancias en el acceso al conocimiento: el acceso a la información científica varía en función de la renta y de la educación. El público de clase A había visitado museos de ciencia o de arte, frecuentado bibliotecas y zoológicos, o aún participado en olimpíadas de ciencias en los últimos 12 meses. Ese resultado se asemeja a patrones europeos. En la clase E, sin embargo, la frecuencia fue mucho más próxima a cero. Y hasta más: 90% de los entrevistados no supieron mencionar a ninguna institución de investigación científica en el país.

La investigación del MCT utilizó la misma metodología del Proyecto de Indicadores de Percepción Pública, Cultura Científica y Participación de los Ciudadanos, que comenzó a ser estructurado por la Ricyt en  el 2001, en el Uruguay, España, Argentina y Brasil. El proyecto revisó los indicadores tradicionales  que relacionan actitudes positivas con respecto a la ciencia con el nivel de escolaridad, por ejemplo, buscando ampliar el alcance del análisis  y observar el grado con que la cultura científica está impregnada en la sociedad. La metodología fue probada y perfeccionada y un manual de orientación de investigación deberá ser publicado en noviembre.

El acceso a la ciencia
Latinoamérica  también está empeñada en construir indicadores que permitan evaluar efectivamente su producción científica. La principal referencia mundial es el Thomson ISI (Institute for Scientific Information), que indexa más de 8 mil periódicos y revistas científicos rigurosamente seleccionados, referentes a 164 áreas del conocimiento. Por eso, hemos tenido la tendencia de publicar en revistas internacionales indexadas al ISI, afirmó Rogério Meneghini, del Centro Latinoamericano y del Caribe de Información en Ciencias de la Salud (Bireme). El impacto de los artículos de investigadores brasileños, medido por el número de citaciones y la regla vale para toda Latinoamérica, pierde su efecto ante la competencia cualificada: el índice de impacto de la ciencia brasileña en el Journal Citation Repport es de 0,20. Para efecto de comparación: el de Holanda es de 9,58 y el de Estados Unidos, de 38,33. Como promedio, los artículos producidos por países desarrollados tienen un factor de impacto de 1,90 y el de los países en desarrollo de 0,30, afirmó Meneghini.

La opción por publicar en revistas indexadas al ISI enredó a los investigadores brasileños en un círculo vicioso, alimentado por autores, que mantuvo escondida buena parte de la ciencia producida en Brasil en los últimos años. La SciELO, creada en 1997, con el apoyo de la FAPESP y la alianza del CNPq, amplió la visibilidad de la investigación nacional ? y de una parte significativa de la ciencia latinoamericana ? con 200 revistas indexadas, seleccionadas por medio de un proceso de evaluación crítico y riguroso. Su contenido es totalmente abierto y gratuito.

La consulta a los artículos en la gran mayoría de las bibliotecas electrónicas, sin embargo, es paga. En Brasil, la democratización del acceso es garantizada por la Coordinación de Perfeccionamiento de Personal de Nivel Superior (Capes), que invierte 32 millones de dólares anuales en la compra de subscripciones de 9 mil revistas indexadas. ¿Cómo lidiar con trabajos científicos, desde el punto de vista ético, que llevan a un lucro fabuloso, sin facilitar el acceso, preguntó Meneghini, que defiende  la idea de que los artículos científicos, sobretodo los que son producto de inversiones públicas, tienen que estar disponibles en el medio electrónico, sin cobro de tasas ni derechos de autores.

Índice Brasileño de Innovación

Las más innovadoras

Sectores de alta tecnología
1o Delphi (automovilística)
2o Embraer (otros equipamientos de transportes)
3o Marcopolo (automovilística)

Sectores de media-alta intensidad tecnológica
1o Silvestre Labs (química)
2o Vallé (química)
3o Natura (química)

Sectores de media-baja intensidad tecnológica
1o Brasilata (productos de metal)
2o Faber Castell (muebles y diversos)
3o Usiminas (metalurgia baja)

Sectores de baja intensidad tecnológica
1o Santista Textil (textil)
2o Grendene (calzados)
3o Rigesa (papel y celulosa)

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